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La historia del primer hombre con síndrome de Down en Europa que se graduó de la universidad y logró conseguir un empleo

En 2009, se estrenó en la gran pantalla la película española Yo, también. El personaje principal es un joven con síndrome de Down, pero eso no le impide concluir sus estudios en la universidad, enseñar e interesarse por el arte. La cinta se considera de ficción, pero podría ser clasificada fácilmente como documental. Al fin y al cabo, el papel protagónico es interpretado, justamente, por el único europeo con ese síndrome que se ha graduado de la universidad: Pablo Pineda.

Después del lanzamiento de la cinta, este español consiguió fama mundial. Sin embargo, en su ciudad natal, Málaga, ya era una leyenda. Genial.guru vio la película y se sintió muy inspirado por esta persona, por lo que decidió contarte cómo es la vida de Pablo Pineda en realidad.

Pablo nació el 5 de agosto de 1974. Fue el cuarto hijo de una familia compuesta por una ama de casa y un jefe de sala de un teatro. La madre, cuya atención recaía sobre los hermanos mayores, tardó en darse cuenta de que el bebé no era como los demás. Solo 3 meses después, el padre, que lo había entendido todo desde el principio, se atrevió a hablarle acerca del diagnóstico de su hijo.

Hace 45 años, el mundo era muy diferente, y la historia de Pablo podría haber terminado allí, pero todo dio un giro. Tras llorar sin parar durante 3 días, la madre del niño, María Teresa, decidió que no dejaría que la peculiaridad genética de su hijo afectara a su vida.

Los padres optaron por no tratar al pequeño Pablo de una manera especial: no lo mimaron, no lo ayudaron a vestirse, ni a estudiar, ni a buscar amigos. Simplemente no renunciaron a su hijo y le dieron todo el amor y el apoyo que pudieron. Quizás fue precisamente eso lo que determinó su destino.

El padre de Pablo, quien trabajaba en el teatro Cervantes, era un hombre altamente instruido y educado. Le leía libros a su hijo todos los días, le enseñaba idiomas (incluido el latín), y su madre le hablaba de la vida y la sociedad modernas.

Como resultado, con 5 años de edad, Pablo pudo ir a la escuela, sorprendiendo a los maestros con su mente aguda y erudición. Se convirtió en el primer niño con síndrome de Down en España en asistir a una institución común.

Fue en el colegio en donde Pablo descubrió que no era igual que todos los demás: a la edad de 7 años, un maestro se lo contó. En respuesta a la afirmación de que tenía síndrome de Down, el chico preguntó: “¿Soy tonto?”. Y, al recibir un rotundo “no”, decidió no prestarle atención a esa peculiaridad.

El síndrome de Down es un trastorno genético causado por la presencia de un cromosoma adicional, pero es precisamente este el que afecta a todo el conjunto de características fisiológicas. La forma de los ojos, lengua larga, baja estatura, tono muscular reducido, dedos gruesos y posibles dificultades para procesar información nueva son algunas de sus características, y Pablo Pineda logró convertir todo eso en fortalezas.

La reducción del tono muscular le aporta una flexibilidad sin precedentes: por ejemplo, puede sentarse en la postura de loto sin siquiera esforzarse. Una lengua larga es solo una excusa para practicar mucha dicción (articulación de sonidos al hablar), y los dedos pueden entrenarse fácilmente cuando tomas apuntes en clase. Eso fue lo que hizo Pablo: de 6 a 7 horas al día, estudiaba y adquiría nuevos conocimientos. Y, para concentrarse, optaba por poner música con ritmo de fondo.

Con su ejemplo, Pablo inspiró a otros, y ahora es el primero, pero no el único. Después de graduarse en la escuela, en España comenzaron a remitir a los niños con síndrome de Down a las clases de educación general, y ahora el 85 % de estos asiste a un colegio común.

“Mantén la calma, es solo un cromosoma adicional”.

Pero la historia de Pablo tuvo una amplia repercusión cuando él ingresó en la universidad. Este estudiante con síndrome de Down se adentró al duro ambiente estudiantil y pasó por numerosas dificultades. Los compañeros de segundo año pasaban de él, y los profesores se mostraban escépticos. Durante todo un año, nadie quería siquiera hablar con el recién llegado, y todos tenían miedo de tocarlo.

Pablo sentía una total impotencia, y, en un momento, incluso quiso renunciar a sus estudios. Pero aun así pudo encontrar la fuerza interior para quedarse en la universidad y decidió que la opinión de los demás no volvería a afectarlo de nuevo.

Como resultado, la ceremonia de graduación fue el momento más feliz de su vida. Recibió su título universitario junto con un gran aplauso. Tanto los estudiantes como los profesores aplaudieron de pie a Pablo, y su madre, por la emoción, ni siquiera pudo levantarse de su silla.

A partir de ese momento, Pablo se volvió cada vez más popular. La etiqueta de “único” apareció, y no solo en su álbum escolar. Es el único en Europa entre las personas con síndrome de Down en haber recibido educación superior y en poseer varios títulos a la vez, incluso en arte y psicopedagogía. Además, es el único profesor con síndrome de Down, y ahora incluso el único español con esta patología genética en tener un papel principal en una película.

En 2009, tras el lanzamiento de la película Yo, también, todo el mundo conoció a Pablo Pineda, un hombre y actor. Los espectadores y los críticos se secaron las lágrimas y aplaudieron con entusiasmo después de ver la cinta, y, en la lista de importantes logros que ha conseguido en su vida, apareció la Concha de Plata. El jurado del Festival Internacional de Cine de San Sebastián le otorgó este galardón por haber ganado en la categoría de “Mejor actor”.

El protagonista de la película casi es la viva imagen de Pablo, y esto aplica no solo a sus estudios. La historia de un amor imposible entre una persona con síndrome de Down y una joven normal es algo que también le tocó vivir y superar.

Lo más difícil, confesó Pablo, fue la escena de amor. No sabía qué hacer, así que se calmó y dijo: “Que pase lo que tenga que pasar”. Pablo está seguro de que las chicas nunca acudirán a sus padres diciendo: “¡Mamá! Papá ¡Me enamoré de una persona con síndrome de Down!”. Ellas quieren estabilidad, por lo que un español de baja estatura y “rellenito” tiene que luchar por el amor. Y, por ahora, él va perdiendo esa batalla.

Pero esto no atormenta a Pablo Pineda. Él ha dicho que se ha enamorado cientos de veces, y que no es una tragedia que te digan “te quiero, pero solo como amigo”. Además, tener amistades es algo con lo que antes apenas soñaba.

A menudo es reconocido en las calles, y todos los días pasa por la glorieta que lleva su nombre. Después de regresar de San Sebastián, el alcalde de Málaga le entregó el Escudo de la Ciudad, y cambió el nombre de una rotonda por el de Pablo. Entre los malagueños famosos, se encuentra al lado de Pablo Picasso y Antonio Banderas, artistas que también nacieron en Málaga.

Pablo cuenta con los recursos económicos necesarios para someterse a una cirugía estética y transformar su rostro, eliminando los rasgos característicos de una persona con síndrome de Down, pero no quiere hacerlo. Le gusta su apariencia, y quiere transmitirles ese sentimiento a todos los que, al igual que él, están marcados por un cromosoma adicional.

En la actualidad, Pablo Pineda sigue viviendo en Málaga. Enseña, pasa mucho tiempo participando en obras de caridad, colabora con la Fundación Adecco y la organización Lo que de verdad importa, organiza reuniones con personas con síndrome de Down y las ayuda a creer en sí mismas y a encontrar trabajo.

Sin embargo, con respecto a su carrera de actor, Pablo ha decidido esperar un poco. Después de todo, le tocará interpretar historias de otras personas, mientras que él quiere contar la suya propia, la cual habla sobre cómo ir en contra de la naturaleza, romper estereotipos y cambiar un poco el mundo para mejor.

¿Qué piensas de la historia de Pablo? ¿Conoces a otras personas que también hayan tenido que enfrentarse a ciertas dificultades y hayan conseguido superarlas? Cuéntanos sobre ellas en la sección de comentarios a continuación.

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