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Los internautas contaron sobre los momentos más vergonzosos de sus vidas que se quedaron grabados en su memoria

Seguramente, cada persona recordará varias situaciones que le hacen sentir avergonzada incluso después de muchos años. Aunque es hora de olvidarlas, las repasamos en nuestra cabeza una y otra vez, sin poder deshacernos de ellas. Así que decidimos recurrir a los usuarios de Internet y hacer una publicación dedicada a todo tipo de situaciones embarazosas y fallos graciosos.

En Genial.guru sentimos pena por los protagonistas e incluso recordamos algunas situaciones embarazosas de nuestro pasado, pero no se las contaremos a nadie.

  • Tuve un amigo en mi infancia, un armenio regordete. Lo llamábamos Óvalo. Una vez fuimos con mis amigos a la casa de campo de un compañero de clase. Allí estaba viviendo su abuela. A la mujer le cayó bien el gordito armenio y no paraba de repetir: “¡Entra Óvalo, no seas tímido! Óvalo, come un pastel, es muy sabroso. Óvalo, aquí tienes tu jugo”. Y el chico estaba muy avergonzado, incluso se sonrojó. Cuando Óvalo se levantó de la mesa y se fue a algún lado mi amigo dijo: “Abuelita, no lo llames Óvalo. Se llama Arturo, y lo llamamos Óvalo entre nosotros, porque está gordo”. © MelvinFrohike / Pikabu

  • Hace unos 10 años, me fracturé la tibia de la pierna izquierda. Tuve que llevar una férula de yeso durante 7 semanas, y ya estaba a punto de recuperarme por completo. Y para poder caminar sin forzar la pierna, me compré un sencillo bastón plegable y ajustable. Era un día soleado de junio. Iba en autobús, en una de las paradas subió una chica. Ocupó el asiento frente a mí. Y después de un par de minutos noté que ella estaba mirando a su reflejo en mis lentes de sol y se alisaba el cabello. Luego se inclinó un poco hacia adelante e, intentando captar su reflejo en mis lentes, tratando de corregir los bordes del lápiz labial con el dedo. No pude soportarlo más, entonces le dije sonriendo: “Chica, ¿quieres que te dé un espejo?”. La pobrecita se apartó bruscamente y dijo: “Oh, lo siento. Pensé que eras ciego”. © Buhalsbomjami / Pikabu

Cementerio de animales.

  • El día de regreso a clases, a mi amiga no le dieron un día libre para asistir a la ceremonia solemne dedicada al inicio del año escolar. Planchó bien el vestido de su hija, le preparó un ramo de flores y le dio las instrucciones necesarias a su esposo. Después de la ceremonia llamó a su hija para averiguar si todo estaba bien, y la chiquita le dijo lo siguiente:
    — Todo está bien, solo que me cansé de sostener el jarrón.
    — ¿De qué jarrón me estás hablando?
    — Bueno, el de cristal. Papá me dio las flores en un jarrón con agua, y yo tuve que sostenerlo en mis manos durante la ceremonia. © Oído por ahí / vk

  • En las redes sociales vi un video de entrenamiento en las escaleras: hay que correr hacia los lados, primero a la derecha, luego a la izquierda, subir las escaleras de puntillas. En la oficina donde trabajo, a menudo subo las escaleras por lo que decidí subirlas corriendo para deshacerme de la celulitis antes del verano. Estaba orgullosa de mí misma, ya que pude aguantar una semana entera, hasta que un guardia viejito me hizo un cumplido, diciendo que yo era muy enérgica para una mujer de 40 años con dos hijos, y le encantaba mi forma de subir las escaleras. Se me olvidó de las cámaras de vigilancia que estaban instaladas en todo el edificio. © Oído por ahí / vk

  • Paseando por el malecón desierto noté que alguien estaba agitando la mano, como si estuviera saludándome. Me pareció que era un niño o un enano. Pero no conozco a ningún enano, los niños no están tan contentos de verme y tengo pocos conocidos en la ciudad. Devolví el saludo, pero decidí acercarme para ver quién era. ¡Qué sorpresa, era un encantador perro beige agitando su cola! Bueno, al menos lo acaricié y comencé a usar los lentes no solo conduciendo el auto. © Oído por ahí / vk

  • Después de la universidad, empecé a trabajar como agente de la policía. El día cuando me entregaron el uniforme fui a mi casa pasando por el parque. Repentinamente escuché un ruido y el grito de una mujer. Fui corriendo y encontré a un hombre con una pistola. Estaba apuntando a algo detrás de la capilla. Me acerqué y le noqueé con un puñetazo. Cuando estaba poniéndole las esposas giré la cabeza y me di cuenta de que detrás de la capilla había focos de luz, cámaras y un equipo de filmación... © Oído po ahí / vk

  • La madre de mi novio es farmacéutica. Me contó que hace mucho tiempo una mujer con bigote llegó a su farmacia quejándose de este problema. Bueno, mamá decidió tranquilizarla. Dijo: “¿Cree que es bigote? Lo que tiene es un poco de vello. En el pueblo vecino, la directora de la escuela sí que tiene unos bigotes impresionantes. Y lo que tiene usted no es nada en comparación con lo suyo”. A lo que la mujer, intentando mantener la calma, respondió: “Ella es mi hermana”. © Oído por ahí / vk

  • En el séptimo grado, una de mis compañeras de clase, una chiquita linda, me ofreció que compartiéramos el escritorio. Y le dije que mi madre me prohibió compartir el escritorio con las chicas. Pero mi mamá nunca dijo eso. © Risklotrman / Reddit

  • Todos mis parientes suelen estornudar muy fuerte, demasiado fuerte. Quizás esto se deba al hecho de que todos somos alérgicos. Una vez, en el mercado, mi madre estornudó tan fuerte que un hombre que llevaba varios paquetes de huevos a la caja se asustó dejándolos caer. © Oído por ahí / vk

  • Tenía mucha prisa, cruzando la carretera me detuve en la línea doble continua, esperando el momento para terminar de cruzar la vía. Llevaba una falda larga envolvente abrochada con un solo botón. Un auto que pasaba a mi lado me arrancó la falda con una antena sobresaliente. El auto se alejó, me quedé en ropa interior en el medio de la carretera. Toda la gente en el otro lado de la carretera me miraba riéndose. Menos mal que se acercó un hombre y me dio su chaqueta. © Oído por ahí / vk

  • Una vez estando en un parque acuático de repente me sangró la nariz. Para mí era algo habitual, eché la cabeza hacia atrás y decidí salir del agua. Pero un socorrista se dio cuenta y vino corriendo para rescatarme, por casualidad se resbaló y cayó sobre un escalón cerámico abriendo una tremenda herida en su pierna. En comparación con mi sangrado, era una inundación. Para mí fue el momento más embarazoso que he tenido jamás. Tuve que salvar al socorrista limpiándome la nariz, mientras que su compañero se acercaba cuidadosamente, apoyándose por si acaso en la pared. © Oído por ahí / vk

  • Una vez, por tener mucha prisa, me equivoqué de año comprando un boleto de avión. Voy al mostrador de facturación, entrego mis papeles y me dicen: “Pero señora, su vuelo sale en un año”. © Oído por ahí / vk

  • A los 18 años, decidí hacerme un tatuaje. No se me ocurrió nada más inteligente que un código de barras. Fui al salón de tatuajes y me hicieron uno. Más tarde descubrí que el tatuador “copió” mi “obra maestra” de un paquete de mariscos congelados de su propia nevera. Su broma le hizo mucha gracia, y se lo contó a todo el mundo en nuestro pequeño pueblo, por lo que me convirtió en el hazmerreír de la gente. Mi padre y mi tío se divertían más que los otros llamándome “marisco”. © Oído por ahí / vk

  • Paré en una estación de servicio donde se puede comprar café y refrigerios sin tener que bajar del auto. Le pregunté a mi hijo (estaba sentado detrás): “¿De qué quieres el sándwich?”. Silencio. Repito en voz alta: “Hijo, ¿de qué quieres el sándwich?”. Sigue sin responder. Vuelvo a preguntar gritando: “¡¿QUÉ QUIERES QUÉ TE PONGAN EN TU SÁNDWICH?!”. Me doy la vuelta, no hay nadie. Se me ha olvidado que dejé a mi hijo en casa. © Oído por ahí / vk

  • Una vez, estando en la tienda, olvidé la palabra “mayonesa” y le dije a la vendedora que solo necesitaba un “yemenesa” y nada más. En medio de la discusión, me di cuenta de que estaba diciendo tonterías, entonces salí con el rostro sonrojado de la tienda. ¡Maldita yemenesa! © Oído por ahí / vk

  • Decidí hacer trampa haciendo mi tesis. En lugar de teclear el texto del libro, descargué la aplicación de dictado. En este momento, mi hermano menor entró corriendo en la habitación, me dio un zape y salió corriendo. Entonces grité: “¡Oye, pequeño idiota!”, Olvidando que cada palabra se quedaba grabada. Se lo entregué al profesor sin eliminar esta frase... © Oído por ahí/ vk

  • A los 18 años, estaba enamorada de un chico, pero él ni siquiera me miraba. Entonces, elaboré un plan en mi cabeza: encontrarme “por casualidad” con él en la calle, resbalar y caer en sus brazos. Estoy en una cafetería, él está sentado en una mesita al lado de la mía con su compañera de universidad. Pero de repente se levantan para irse, ¡tengo que actuar! Voy hacia él, en este momento se me tuerce un tacón y me caigo en sus brazos. Me agarró, se volvió hacia la chica, como resultó más tarde, era más que una simple compañera de universidad, y le dijo: “¡Vamos a la oficina de registro civil, llegamos tarde!” © Oído por ahí / vk

  • Tuve que aprobar el último examen en la universidad. El maestro me dijo que si he visitado todas las conferencias me haría solo una pregunta. He cumplido todas estas condiciones. Justo antes de la última conferencia era el cumpleaños de mi novio. Quería felicitarlo primera. Le envié un SMS con la felicitación a la una en punto de la mañana: “¡Feliz cumpleaños cariño!”. Por la mañana antes de la conferencia se me acercó el profe diciendo “Cariño, vuelve a felicitar a tu novio, el mensaje que le enviaste de noche me llegó a mí”. Al final me puso un 10. Pero dijo que su esposa estaba a punto de matarle. © Oído por ahí / vk

  • Mientras que todo el mundo recibe lesiones a causa de accidentes o caídas, me logré dislocar el cuello durmiendo (por casualidad, dando vueltas en la cama). Como resultado: visita al traumatólogo, 3 inyecciones, píldoras e intentos infructuosos de enderezar la dislocación. © Oído por ahí / vk

  • En 1er grado, la maestra me preguntó a qué se dedicaban mis padres. Sin pensarlo dos veces, le respondí que mi madre lavaba los platos. La maestra concluyó que mi mamá era una ama de casa. Sin embargo, ella es profesora de química. Lo que pasa es que ni siquiera pensé a dónde iba mi madre todos los días, y seguí jugando con mis juguetes. © LoveCatPics / Reddit

Y tú, ¿cuántas veces has estado en situaciones embarazosas?

Imagen de portada MelvinFrohike / Pikabu