Trabajo en un zoológico y voy a contar con sinceridad lo que ocurre a puerta cerrada

¿Te has preguntado alguna vez por el lugar al que enviará la policía a un cocodrilo rescatado con el que se fotografiaban turistas en una playa, o cuál será el destino de un osezno, cuya madre fue matada a manos de unos cazadores? Estos animales ya no son capaces de sobrevivir por sí mismos en la naturaleza, siendo un zoológico o una reserva natural el lugar para cuidarlos. En las últimas décadas, muchas cosas han cambiado: ahora estos son centros donde las personas crean espacios naturales y biosistemas protegidos, tratando a los animales enfermos y afectados, aumentando así la población de especies raras o en peligro de extinción.

Soy autora de Genial.guru y en mi tiempo libre trabajo como voluntaria en varios zoológicos del mundo. Después de haber aprendido cómo se organiza todo desde dentro y haber hablado con los empleados, quiero compartir contigo algunos datos e historias sobre por qué debemos reconsiderar nuestra actitud hacia este tipo de lugares.

Qué es un zoológico en la actualidad

  • Un buen zoológico es un lugar donde cada animal dispone de una amplia zona para llevar una vida activa, así como rincones aislados para la soledad, recibe un cuidado individual, atención médica, alimentación especial, entretenimiento y también la oportunidad de comunicarse con otras especies. Se practica un contacto mínimo con animales aportándoles el máximo cuidado.
  • Las reservas naturales no garantizan una buena vida a los animales. Allí no hay veterinarios, la fauna no es alimentada durante los períodos de “hambruna”, no existe protección contra incendios e inundaciones y las crías que perdieron a sus padres o los animales heridos están condenados a muerte. Allí pueden, además, entrar los cazadores.
  • La tarea de los zoológicos en la actualidad es la de salvar, preservar y aumentar el número de especies raras y en peligro de extinción, así como educar a las personas a convivir en armonía con la naturaleza.
  • Las reservas naturales donde los animales están protegidos toda su vida, a menudo son financiadas por los mismos zoológicos o bien forman parte de ellos, participando junto a estos en programas de rehabilitación y reproducción animal. Estas no son colecciones de animales, circos o zoológicos creados únicamente para la diversión del público y sacar beneficios, donde a nadie le importa la salud y la comodidad de los animales.

Cómo se organiza la vida de los habitantes de un zoológico

  • Cada habitante de un zoológico recibe atención por parte de una persona especial: un encargado (“keeper”). Este alimenta y cuida al animal. Para este “guardián del zoológico”, su pupilo es un amigo cercano con quien establece una relación especial. ¿Dónde está el secreto? No existe el castigo físico en absoluto, solo amor, paciencia y respeto, para que luego, poco a poco, el otro lo acepte, a pesar de cualquier diferencia entre ellos.
  • Si es necesario, el encargado puede establecer contacto físico, como acariciar al animal. Pero la práctica estándar es no interferir. Los animales no deben domesticarse.
  • A veces, los zoológicos tienen que literalmente “combatir con los instintos”. Por ejemplo, la hembra de un demonio de Tasmania da a luz a 20-30 crías. En condiciones naturales, solo cuatro sobrevivirán, porque esta es la cantidad de pezones que tiene la mamá, lo que significa que estos son los cachorros que puede alimentar. En el zoológico, el resto de estos pequeñines estarán a cargo del guardián, algunos incluso pueden ser enviados a vivir en un entorno natural. Este enfoque ayuda a recuperar la población de especies raras y en peligro de extinción en la naturaleza.

  • Tanto en la naturaleza como en el zoológico, el animal puede no manifestar su instinto maternal. Por ejemplo, una hembra de orangután puede dar a luz cuatro veces, pero solo a la quinta mostrará interés por su bebé, lo alimentará y lo criará, mientras que a la sexta volverá a mostrar indiferencia. En la naturaleza, sus crías simplemente morirían, pero en los zoológicos estas estarán a cargo del keeper. Por cierto, estos animales podrán vivir junto a su madre e incluso establecer relación de amistad.

  • Al elegir a su pareja, los mamíferos y las aves también evalúan la apariencia, el método de cortejo y, especialmente, la armonía en la comunicación. Si sus caracteres “no encajan”, es poco probable que se manifieste el instinto de reproducción.
  • Muchos permanecen fieles a su pareja durante el resto de su vidas porque valoran mucho el “trabajo en equipo”, ya que esto les otorga a ambos socios ventajas para la supervivencia. En el zoológico, también se forman parejas. Ocurre esto y lo contrario, cuando a cada animal hace falta crearle su propio refugio porque no encajaron o entre ellos surgió un conflicto insuperable.
  • Al perder a su pareja, los animales también sienten angustia y dolor y lo manifiestan a su manera: se niegan a comer, aúllan, cambian de comportamiento. Solo el tiempo puede ayudarlos y, a veces, la relación con el keeper o bien con otro habitante del zoológico.
  • Todos tienen su propia rutina: algunos duermen durante el día, otros cada 2–3 horas. Pero si quieres ver a casi la totalidad de los animales, acude por la mañana, de 8:00 a 12:00, cuando el 90 % de los habitantes del zoológico está activo y casi no hay visitantes.
  • Estando en un zoológico, no hagas ruido ni golpees el cristal ni las jaulas al aire libre, tampoco les des alimentos, ya que estos pueden ser perjudiciales para los animales.
  • Los zoológicos preparan por su cuenta la comida para sus habitantes. Tienen cocina, a veces incluso una granja privada, así como cocineros que, junto a los veterinarios, elaboran una dieta. Pero los visitantes siguen alimentando a los animales porque estos se lo “piden”. Algunos animales manipulan a las personas para su propia alegría, otros, como los caballos, simplemente no sienten saciedad y comen hasta que acaban sintiéndose mal.
  • Sucede que los visitantes arrojan plátanos a los monos, aunque a la mayoría de los primates no les sientan bien este tipo de alimentos. Incluso no se recomienda dar bananas como golosina, por lo que en los zoológicos, estas frutas son reemplazadas por otras. Por ejemplo, los titíes comen con placer la carne molida fresca; los lemures, los puerros; y los gorilas adoran las hierbas frescas.

  • A todos los depredadores les organizan “días de ayuno”. En la naturaleza, se mueven mucho y con frecuencia pasan hambre, pero en los zoológicos y reservas naturales no sufren la escasez de comida, lo que puede desencadenar graves problemas de salud. Por eso, una vez a la semana, se alimentan solo de frutas y verduras bajas en calorías, mientras que los empleados constantemente inventan para ellos nuevos entretenimientos. Por ejemplo, se sueltan en una piscina para osos a las carpas vivas al objeto de enseñar a estos depredadores a nadar y cazar bajo el agua, como lo hacen sus iguales en plena naturaleza.

  • Los cisnes y los patos mueren si se les alimenta con pan o bollería. Se lo comerán todo con apetito, pero te irás a casa sin ver cómo al día siguiente una de estas aves fallecerá. Y si esto sucede ante los ojos de los visitantes, estos creerán que todo se debe a que las aves “fueron mal alimentadas o torturadas por el personal del zoológico”.
  • Si te parece que el animal aparenta estar abandonado, puede que sea la temporada en que muda su piel. Antes de la hibernación, los mapaches ganan mucho peso, los camellos o los lobos, durante la muda, se ven muy flacos y en mal estado, la piel de un tigre se convierte en rastas reales. Los veterinarios vigilan con sumo cuidado todos estos procesos: si el animal “no puede hacer frente” de forma independiente, este se esquila. Pero esta es una medida extrema, ya que tal procedimiento requiere de anestesia y genera un fuerte estrés en el animal.

La araña no está muerta, simplemente mudó su piel.

  • A veces sucede que el aspecto no fotogénico de un animal es un síntoma de la vejez. Después de todo, el humano tampoco puede aparentar a los 80 años como si hubiera celebrado recientemente su mayoría de edad.
  • En los buenos zoológicos, los animales tienen una esperanza de vida más larga que en condiciones naturales, ya que allí se garantiza el acceso durante todo el año a una alimentación equilibrada y atención constante. Siempre queda la posibilidad de curar a un animal antes de que su enfermedad se vuelva crónica o comience a representar un peligro grave. En la naturaleza, incluso una nimiedad como una inflamación de las encías puede costarle la vida a un animal joven.
  • Para que los animales sean felices, físicamente desarrollados e inteligentes, se inventan entrenamientos especiales para ellos. Si bien la mayoría de las escuelas para humanos todavía utiliza el sistema de calificación e incluso castigos, en los zoológicos, el aprendizaje se convierte en un entretenimiento para sus habitantes.
  • Por ejemplo, las golosinas para los mapaches se entierran y ocultan en huecos de los árboles. En los recintos de felinos, plantan árboles para que estos depredadores afilen sus garras y mastiquen verde. Para los monos, cuervos, lobos y osos se construyen complejos juguetes de rompecabezas con algo sabroso en su interior. A los perros venaderos se les estimula a aprender a nadar dejando golosinas adicionales en el agua. En forma de juego y sin sometimiento, a su propia voluntad, cualquier ser vivo aprende rápido algo nuevo y, en consecuencia, se desarrolla. En algunos casos, el entrenamiento consiste en clases completas con el keeper, por ejemplo, juegos y natación con lobos marinos, lo que permite revisar mejor sus dientes y aletas.
  • Muchos animales aprenden cosas nuevas a través de la observación. Por ejemplo, a los pandas y monos se les muestran videos con sus iguales reproduciéndose. Existen expertos que realizan talleres educativos adicionales al video. Por ejemplo, cuelgan una manzana como una golosina en un hilo al objeto de que el oso macho se levante sobre sus patas traseras y la tome. Esto fortalece los músculos de la cadera y prepara el cuerpo del animal para un esfuerzo físico serio con el fin de continuar la descendencia.
  • En la naturaleza, la falta de ejemplos de conducta puede conducir a que el animal no vaya a reproducirse.
  • A la gente le gusta imaginar que otros seres viven de manera similar. Pero en la naturaleza, cada uno encierra modelos de comportamientos diferentes. Por ejemplo, el elefante macho siempre va por su cuenta, mientras que la hembra vive sola con sus hijos, y si tiene un bebé elefante, al pasar 8-9 años, también lo invita a salir de su familia para llevar una vida independiente. Y los pandas viven solos y solo una vez al año, durante un par de meses, están dispuestos a aguantarse el uno al otro en un territorio común, siempre si hay simpatía mutua, porque con solo el instinto de reproducción no es suficiente.
  • Incluso el modo de vida del gorila no es tan parecido al del ser humano. Una familia habitual en estos primates se conforma de un macho y un grupo de hembras con crías. A los machos les encanta “bailar”, mostrando su fuerza, golpearse el pecho y gritar, pero hasta la última evitan el conflicto, incluso si el destino de todo el “harem” está en juego. Y cuando atacan, se limitan a un mordisco. Las peleas en una manada casi siempre surgen solo entre hembras que no han compartido algo.
  • En cualquier zoológico se aplica la cuarentena. Cuando se trae a un nuevo habitante, durante un mes, este vive en una zona separada del resto de animales. El animal se acostumbra a un nuevo lugar y sus olores, mientras que los veterinarios observan su estado de salud. Es imposible simplemente traer y “entregar” a alguien sin más.
  • En el territorio de los zoológicos está prohibido fumar. Para los mamíferos y las aves, el humo del tabaco es más peligroso que para los humanos. Si fumas en casa, simplemente, estás envenenando a tu mascota.
  • Los animales, con mucho gusto, aprovechan los beneficios de la civilización humana: algunos adoran dormir en cestas de mimbre, los monos siempre se sienten felices con las alfombras y los trapos, los osos están encantados con los conos de goma, y los felinos, chacales e incluso pandas pueden pasar horas jugando con cajas.

Por qué no se deben cerrar los zoológicos modernos

  • La expansión del ser humano ha llevado al hecho de que ahora en los zoológicos de todo el mundo vivan más animales raros y en peligro de extinción que en la propia naturaleza. Para muchos de ellos, esta es su última esperanza: un lugar donde tienes la oportunidad de sobrevivir y generar descendencia.

La cría de un panda rojo. Está clasificada como una especie en peligro de extinción ya que quedan menos de 2 500 animales de este tipo en el mundo.

  • Algunas especies de animales, prácticamente, ya no quedan en la naturaleza. Por ejemplo, los hipopótamos pigmeos se reproducen bien en zoológicos, pero en su hábitat natural, desde 1993, están en peligro de extinción. Los cazadores los matan, los furtivos destruyen su hábitat y la situación se ve agravada por las constantes guerras civiles.

  • En zoológicos se introducen proyectos significativos para la restauración de la diversidad biológica en el planeta. Por ejemplo, en 2018, el último macho del rinoceronte blanco del norte falleció debido a una enfermedad grave y, para salvar a esta especie de la extinción total, solo es posible con la inseminación artificial de las hembras del rinoceronte blanco del sur, las cuales viven en zoológicos y en reservas naturales protegidas.

  • Ecologistas, biólogos, estudiantes y voluntarios ayudan a los zoológicos. Por ejemplo, recolectan piñas secas, esconden frutos secos y rocían con agua para que la piña “se cierre”. Estas piñas con una golosina dentro se dan a los monos, para quienes esto es, tanto una recompensa, como algo parecido a un rompecabezas bueno para su desarrollo. Se puede fabricar un juguete similar también para un gato doméstico o un loro.
  • Está prohibido a cualquier persona que no trabaje en el zoológico entrar en los recintos de los animales, tocarlos e incluso limpiar sus excrementos: se excluye cualquier contacto con los animales por cuestiones que responden a la cuarentena. Esto también se aplica a los visitantes: no se deben acariciar a los caballos en zoológicos, ya que para ellos puedes convertirte en una fuente de enfermedad. Al igual que ellos para ti.
  • Casi todos los zoológicos tienen programas de voluntariado para niños y adultos. Esta es una buena oportunidad para descubrir cómo se ve todo desde el interior, ayudar, no con palabras, sino con una acción, a los habitantes locales, e incluso para aprender algunos trucos que serán útiles si tienes mascotas. Algunos vienen a menudo, otros, una vez al año, todo es muy personal, al igual que lo son las posibilidades de ayudar, desde recolectar las cajas con las que se fabrican juguetes para animales hasta la participación en la organización de eventos y observaciones científicas.

A veces se puede hacer algo útil también fuera del zoológico como, por ejemplo, alimentar a los pájaros en invierno o plantar en el patio flores que atraigan a las abejas. Cuéntanos, ¿de qué manera ayudas tú a la naturaleza?

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