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Comparamos 10 estándares de belleza de antaño con los de hoy y estamos agradecidos de que ya no sigan vigentes

“La belleza cuesta”. Ese era uno de los dichos populares de hace muchos años, en el que se subrayaba el hecho de que para ser bellas, era necesario hacer muchos sacrificios. Afortunadamente, los estándares de belleza han cambiado y ahora ya no debemos someternos a torturas físicas para ser consideradas bonitas.

¿Qué sacrificios has hecho en el nombre de la belleza y te han costado mucho trabajo?

1. Frente amplia

En la época del Renacimiento, las frentes se consideraban más hermosas que el cabello. Las damas se arrancaban todo el pelo de la frente y hacían retroceder la línea del cabello. Otra teoría dice que la caída del cabello se convirtió en moda por necesidad. Las mujeres del Renacimiento usaban albayalde, en una mezcla llamada cerusa, para pintarse la cara, el cuello y el escote. El plomo blanco hacía que se les cayera el pelo. Y así quedó como una señal de riqueza y belleza (de aquella época). Actualmente, es todo lo contrario, los flecos han llegado para quedarse y se han vuelto una marca registrada de actrices como Zooey Deschanel o Ana de Armas.

2. Pies pequeños

En China, durante muchos años, los pies pequeños eran considerados un símbolo de femineidad. Esto ocasionó que muchas mujeres se los deformaran al vendárselos para reducir su tamaño.

El occidente también tiene una preferencia por los pies pequeños. En un estudio hecho en la Universidad de Albania, a varios hombres se les dio la oportunidad de escoger entre mujeres con pies pequeños y mujeres de pies grandes. Los sujetos del estudio determinaron que las mujeres con pies pequeños eran más atractivas que las demás. En la actualidad, los pies pequeños ya no se consideran un símbolo de delicadeza femenina; muchas famosas ya no ocultan el tamaño de sus pies, e incluso actrices como Uma Thurman los han lucido en tomas muy cercanas en sus películas.

3. Uñas demasiado largas

Junto con los egipcios, los chinos fueron una de las primeras culturas en perfeccionar el arte de las uñas. El crecimiento excesivo de las uñas era una muestra de estatus, ya que era imposible dejarlas crecer tanto tiempo y realizar cualquier trabajo manual.

Cualquiera con uñas tan largas habría confiado en los sirvientes para que los lavaran, los vistieran y los alimentaran, para evitar romperse una uña. En la época de la dinastía Qing, que duró desde el siglo XVII hasta el siglo XX, las uñas podían tener entre 20 y 25 centímetros de largo. En occidente ocurría lo contrario: durante los años 20, las uñas cortas bien cuidadas por un manicurista se volvieron un símbolo de riqueza. Empresas como Revlon se volvieron populares en los años 30 por vender productos para el cuidado de las uñas.

Actualmente, hay más variedad; muchas famosas prefieren las uñas muy largas pero cuidadas y otras han optado por uñas más discretas o incluso sin ningún tipo de adorno, como Eva Mendes.

4. Dientes muy blancos

Los antiguos romanos solían usar orina humana y animal como enjuague bucal para blanquear sus dientes. Aunque esa práctica en realidad funciona, no es muy saludable.

La orina contiene amoníaco, un compuesto que es capaz de actuar como agente de limpieza. Hoy en día, el amoníaco es un ingrediente habitual en los productos de limpieza más útiles para vidrio, porcelana y acero inoxidable. En nuestros días tener una dentadura saludable es básico, pero no se llega a los extremos de los romanos.

5. Color pálido de piel

Hasta principios del siglo XX, la piel pálida era un símbolo de estatus. Las personas muy blancas no trabajaban al aire libre. La blancura de su piel demostraba que se quedaban en casa y tenían a otros que hacían el trabajo por ellos.

Incluso usaban sustancias para hacerse más pálidos, como cerusa, que era la forma más común de pintura facial blanca. Pero era altamente tóxica. La base de plomo se comía la piel y provocaba erupciones que, a su vez, manchaban la cara, lo que animaba a las mujeres a utilizar aún más para cubrirse. Afortunadamente, en la década de 1920 el hechizo de la piel pálida se rompió cuando Coco Chanel puso de moda el tono bronceado.

6. Cabello abundante

En el siglo XVII, en Europa, el cabello de una mujer tenía que ser “grande”. Hasta 1760, la mayoría de las damas buscaban tener una cúpula de cabello en forma de huevo. Esta cúpula se creaba rizando el cabello y luego amontonándolo sobre almohadillas o estructuras metálicas para crear altura y volumen.

Sin embargo, Georgiana, la duquesa de Devonshire, llevó las pelucas a un nivel completamente nuevo. No contenta con una modesta cantidad de elevación, la joven duquesa fue pionera en una apariencia completamente nueva. Su cabello se elevaba hasta un metro por encima de su cabeza, adornado con accesorios como pájaros disecados, frutas enceradas e incluso barcos a escala. Para no quedarse atrás, otras damas de la sociedad inglesa siguieron su ejemplo y nació una nueva tendencia. Actualmente, muchas famosas han puesto de moda el cabello supercorto, e incluso se muestran totalmente rapadas.

7. Bustos prominentes

A lo largo de la historia, han existido varias tendencias en cuanto al tamaño de los pechos. En Francia, a principios del siglo XX, las mujeres, desesperadas por aumentar el tamaño del busto, experimentaron con grandes ventosas, que fijaban en sus pechos para reafirmarlos.

Por otro lado, entre los años 1910 y 1920, las mujeres comenzaron a tener trabajos importantes reemplazando a los hombres que peleaban en el frente. Ellas exigieron más independencia en todos los aspectos, incluyendo la vestimenta, por lo que empezaron a usar vendas y fajas que reducían el tamaño de los pechos. A comienzos de la década de 1960, regresó la moda de los bustos grandes, y los científicos experimentaron con algunos implantes, como bolas de vidrio y marfil, esponjas e incluso cartílago de buey. El primer implante fue un relleno de silicona de baja viscosidad y una cubierta delgada, y se usó para aumentar el tamaño de los senos de una mujer en 1964. Ahora hay variedad muchas famosas prefieren los pechos pequeños, e incluso algunas, como Drew Barrymore, se los redujeron a través de operaciones. Mientras que otras, como Salma Hayek, presumen sus atributos a los 50 años.

8. Cinturas de avispa

La forma de reloj de arena fue muy popular en el siglo XIX. Los corsés ayudaban a moldear el cuerpo para lograr esa figura deseada. Las mujeres, y a veces los hombres, comenzaron a usar corsés en el siglo XVI y continuaron hasta principios del siglo XX.

La forma del corsé evolucionó a lo largo de sus 400 años de uso, alternando entre variedades más largas que cubrían las caderas y versiones más cortas que se centraban en la cintura. En los tiempos modernos, muchas famosas se han alejado de las formas perfectas y han abrazado la naturalidad de su cuerpo.

9. Lunares en el rostro

Las marcas de belleza, como los lunares en el rostro, se pusieron de moda en la Francia del siglo XVI, y la tendencia persistió hasta el siglo XVIII. En México y España, no era raro ver a las mujeres con marcas de belleza falsas hechas de tela. Estos parches artificiales se llamaban chiqueadores y se colocaban en la sien o en la frente como un accesorio.

Ya en los años 60, Marilyn Monroe ayudó a popularizar el estilo con su lunar, aunque han surgido dudas sobre si era real. Después de ella, muchas actrices, como Cindy Crawford, Madonna, Eva Mendes y Blake Lively, han adoptado estas marcas como parte de su estilo característico.

10. Labios carnosos

Según la antropóloga Jamie Gordon, la fascinación por los labios carnosos viene de las culturas tribales africanas, que veían a las mujeres con labios carnosos y grandes más atractivas. En los años 50, íconos de la belleza como Marilyn Monroe pusieron de moda los labios carnosos.

Esta moda rápidamente fue imitada por muchas mujeres, que usaban todo tipo de trucos para hacer ver sus labios más grandes, incluyendo la inyección de sustancias. Afortunadamente, en los últimos años muchas celebridades han decidido lucir más naturales, con labios pequeños, sin nada de exageración.

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