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14 Frases que los padres deberían olvidar para evitar que sus hijos visiten al psicólogo seguido cuando crezcan

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En las últimas décadas, los padres comenzaron a pasar más tiempo con sus hijos. Esto quiere decir que las mamás y los papás modernos se dedican al tema de la educación con más responsabilidad, lo que, desde luego, pone contentos a psicólogos y pedagogos. Pero incluso el padre más responsable no está a salvo de cometer errores. Por ejemplo, puede decir frases sin pensar que, en el futuro, afecten a la estabilidad psicológica de su hijo.

Genial.guru profundizó en el tema de la psicología infantil y preparó una lista de réplicas que pueden afectar a los niños de una forma no muy agradable, aunque no sea un acto intencional de los padres hacerlo.

“¡Eres tan bonita!”

Los psicólogos recomiendan no acentuar la atención de las niñas en su belleza. A medida que vaya creciendo, la muchacha creerá que la apariencia es lo más importante, por lo que se concentrará en las pequeñas imperfecciones. Como resultado, se dejará llevar por muchas ideas de inseguridad, perdiendo cierto tiempo que podría aprovechar para su autodesarrollo y creatividad.

“¡A tu edad, yo metía 100 goles a diario!”

Una comparación de desventaja siempre es dolorosa para un niño. Además, cuando lo comparan no con algún Fulanito o Pirulo, sino con el papá o la mamá como ejemplares adultos, la herida aumenta aún más.

Comparar constantemente al niño le provocará estrés, lo que bajará su autoestima e incluso puede llevarlo a alejarse de sus padres.

“No, no, no, ¡no vayas ahí, es peligroso!”

La preocupación y alerta por el bebé son naturales en todos los padres. Sin embargo, la intención de proteger al niño de todo y el cuidado exagerado pueden provocar el síndrome de Peter Pan. Las consecuencias llegan después de los 30 (en gran parte a los hombres): se niegan a madurar, son infantiles, inconstantes y emocionales como niños. A personas así les cuesta formar una familia, ya que no quieren tener hijos o ser responsables ni siquiera de sí mismos.

“¡Claro que puedes!”

Cuesta decirle “no” a tu bebé, pero la complacencia a veces es peor que la negación. El estilo de educación tolerante puede generarles resultados desagradables a todos los participantes. Estudios hechos por científicos demostraron que la transigencia puede ser la razón indirecta por la cual un niño, mientras va creciendo, se junta con malas compañías. Bajo la influencia de esas nuevas amistades, existe el riesgo de cometer actos ilegales.

“Eres mucho mejor que...”

Los niños creen todo lo que les dicen los adultos. Pero ni siquiera para motivarlos deberías asombrarte de forma exagerada y siempre convencerlos de su excepcionalidad. De esa manera, los padres solo pueden criar a un narciso personal casero.

“¡Te lo dije!”

Actuar orgulloso por haber sabido previamente el resultado de una acción del niño no le hará ningún bien. Él debe entender con su propia experiencia que el andar en bicicleta requiere concentración y cuidado, y que la ropa va a mojarse si corre o salta por los charcos. En vez de demostrar tu conocimiento de las consecuencias, apoya a los pequeños por sus conclusiones correctas y las ganas de superar las dificultades.

“A mí me criaron igual y nada, crecí normal”

Los métodos de educación que aplicaron nuestros padres son la base para actuar. Pero eso no significa que debemos educar a nuestros hijos de la misma forma. Es más importante tratar de entender lo que necesita tu niño en particular y no basarte en el algoritmo de educación que llevas. Cada persona es individual, siempre hay que recordar eso.

“¡Estoy tan gorda, debo hacer dieta!”

A veces, todos sufrimos ataques que bajan la autoestima y en el espejo no vemos lo que quisiéramos ver. Pero los padres siempre son los mejores para los niños. Por eso, si hablas de tus imperfecciones delante de ellos, no solo puedes perder autoridad ante sus ojos, sino también formar en los pequeños una comprensión errónea de la apariencia.

“¡No comas eso, ya estás gordito!”

Al hablar del peso extra y los límites de la comida, es más conveniente enfocarse en los sabores y el beneficio de los alimentos sanos en lugar de mencionar el daño de la comida chatarra. “¡El brócoli resultó ser muy rico!” suena mucho mejor que “Uy, las patatas fritas no hacen nada bien, solo te dejan grasa en los costados”. Recordar los problemas del peso extra puede bajar la autoestima del niño y provocar que coma demasiado en su vida adulta.

“Mentir está mal”

Todos mienten. Los niños empiezan a hacerlo a los dos años, y lo hacen con toda conciencia y placer: les gusta vivir una fantasía inventando una nueva realidad. Es una especie de arte y la prueba directa de que el cerebro de tu bebé está desarrollándose de forma correcta. No deberías prohibir definitivamente al niño decir hasta una pequeña mentira e inventar sus fantasías infantiles.

Los resultados de un interesante estudio dicen que los niños de 2 a 3 años que están más dispuestos al engaño tienen más desarrolladas las habilidades cognitivas.

“¡Voy a dejarte aquí!”

En varias ocasiones podemos observar que el niño no quiere regresar a casa de un paseo o estando de visita, por lo que los padres dicen la frase: “Bueno, quédate aquí, yo me voy”. Oír a menudo la amenaza de ser abandonado puede asustar al pequeño y quitarle la sensación de estar protegido. Incluso puede destruir su aferramiento hacia los padres como fuente de seguridad. En vez de amenazarlo, mejor sería tratar de distraer al pequeño caprichoso con un coche atractivo o proponerle contar la cantidad de perros que encuentren en el camino a casa.

“No hagas eso”

La frase “No hagas eso” lamentablemente no ayudará al niño a cambiar su comportamiento. Él no dejará de ponerse loco en el balancín, medir la profundidad de los charcos y tirar arena. Lo más conveniente es enfocarse en las expresiones sin ser negativo, conservando el sentido de la intensión. Por ejemplo, en vez de decir “¡No te metas al charco!”, puedes pronunciar “Esquiva ese charco”, agregando “Por favor” y reforzando lo dicho con el ejemplo personal. El resultado te pondrá muy contento.

“Ya eres grande, no tengas miedo”

El miedo es irracional. Hasta los adultos suelen temerle a algo, y ni hablar de los niños. Los temores infantiles son variados, y a veces les causan risa a los padres, pero esa no es razón para ignorarlos. Decirle al pequeño esta frase sin pensar solo demostrará que no lo escuchan, que el adulto no valora sus sentimientos. Lo correcto sería demostrar empatía y apoyar al niño o niña.

“El dinero no es asunto tuyo”

Discutir sobre los problemas financieros es un tema bastante delicado para muchos padres. En la mayoría de los casos, ellos prefieren no explicar por qué ahora no se puede comprar un juguete o ir al parque de diversiones. Pero se equivocan. Los niños se dan cuenta de muchas cosas, pero pueden interpretar el problema de forma incorrecta, por ejemplo, culpándose por la falta de dinero. Los convencimientos erróneos pueden acompañar al pequeño a la vida adulta y transformarlo en un adicto al trabajo que solo ahorra y tiene miedo de gastar dinero. O, al contrario, convertirlo en un malgastador que no sabe cómo controlarse.

En tales situaciones, los psicólogos recomiendan no ocultar de los niños los problemas financieros, pero, al mismo tiempo, tratar de evitar lo negativo y enfocarse en que los problemas son temporales y que mamá y papá seguramente van a solucionarlos.

¿Qué frases nunca les dices a tus hijos?

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