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Actitudes de un niño que pueden hacer que parezca malcriado pero que tal vez escondan otra condición

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No, no intentamos justificar las malas conductas de un niño ni pretendemos pasarlas por alto. Pero sí, sucede con frecuencia que las conductas inadecuadas o lo que parece a simple vista la postura de un niño sin límites, puede ocultar un síndrome o trastorno de conducta que nada tiene que ver con la mala educación.

A continuación Genial.guru te presenta algunas condiciones que pueden hacer que un pequeño tenga un comportamiento alterado y que no tienen nada que ver con una mala educación.

1. Podría padecer dislexia

La dislexia es un trastorno que altera la capacidad de leer, por lo que influye negativamente en el rendimiento escolar y, en consecuencia, en el desarrollo social y emocional del niño que lo padece.

“Cuando los padres y profesores desconocen que un niño presenta dislexia, es habitual que se lo catalogue de holgazán”, afirma el doctor Claudio Waisburg, neuropediatra. “El sujeto en cuestión presenta un rendimiento desigual y errores diferentes cada vez. Evita leer a toda costa, y es común que los adultos interpreten que no se esfuerza lo suficiente. La realidad suele ser distinta, ya que el niño, a pesar de sus esfuerzos, fracasa en sus tareas. Todo eso repercute en su autoestima y en su autoconcepto, a lo que se suman sus dificultades para interpretar algunas ‘señales’ sociales. También son comunes la impulsividad y la baja tolerancia a la frustración de estos niños, factores que, en ocasiones, conllevan a problemas de comportamiento”, añade.

Síntomas:

  • Omisión, inversión o adición de letras en la lectura o escritura.
  • Errores de ortografía frecuentes.

Tratamiento: la principal terapia para la dislexia se encuentra en el apoyo emocional y la comprensión de las personas cercanas. El niño que sufre de este trastorno necesita ayuda con sus tareas y, de ser necesario, acompañamiento terapéutico profesional. También es importante estar en contacto con sus profesores.

2. Puede ser hiperactivo

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es, como el nombre lo indica, caracterizado por la actividad excesivamente intensa y la falta de atención, lo que podría generar molestia y hacer pensar que el niño esta teniendo un mal comportamiento a propósito; sin embargo, no es así. Según los estudios, la causa del trastorno está en anomalías en la región frontal del cerebro y en las conexiones de neurotransmisores, ambos responsables de la memoria, atención, autocontrol, organización, planificación e inhibición de comportamientos inadecuados. Traumas y problemas de relación familiar también pueden estar asociados al TDAH.

Síntomas:

  • El niño habla frecuentemente y suele interrumpir a los demás.
  • Se mueve de lugares y posiciones con rapidez incluso cuando está sentado
  • Toca todo lo que está cerca de él o a sus alrededores
  • Tiene dificultad para permanecer tranquilo aún cuando es necesario

Tratamiento: Para un diagnóstico exacto es necesario el auxilio de un psicólogo o psiquiatra. A pesar de no tener cura, el trastorno cuenta con tratamientos que ayudan a amenizar los síntomas. Pueden ser realizados por el uso de medicamentos y psicoterapia.

3. Podría tener el trastorno de oposición desafiante

Considerado uno de los más comunes en la infancia por la Sociedad Brasileña de Inteligencia Emocional (SBIE), el trastorno de oposición desafiante (TOD) se caracteriza por la dificultad del niño para aceptar órdenes e imposiciones de las figuras de autoridad de forma persistente, especialmente de los padres. Estos chicos suelen sentirse resentidos cada vez que se los contradice. Claro que la oposición de un niño y una respuesta negativa ante una orden suele ser común y hasta saludable, sin embargo, quienes sufren este padecimiento tienen un patrón establecido de alteraciones en la conducta. Lo que distingue este trastorno de situaciones comunes es el nivel de gravedad y el tiempo de manifestación. A la larga, este problema puede provocar el rechazo de las personas y la dificultad del paciente para formar relaciones sanas.

Síntomas:

  • Estar enojado e irritarse con frecuencia.
  • Comportamiento desafiante.
  • Agresividad.
  • Pérdida de la calma rápidamente.
  • Comportamiento impulsivo.
  • Dificultad para relacionarse con otros.
  • Ansiedad.
  • Comportamiento antisocial y vengativo. Quienes padecen este trastorno suelen culpar a los demás por sus errores.

Tratamiento: este debe ser analizado por un psicoterapeuta, quien también puede definir el diagnóstico de forma correcta. Normalmente involucra una terapia conductista en la que los padres deben involucrarse para aprender estrategias para manejar el comportamiento y reparar la relación padre-hijo que se encuentra dañada.

4. Puede ser superdotado

Se considera superdotados a aquellos chicos que poseen altas capacidades intelectuales y que, debido a eso, sobresalen en áreas intelectuales, creativas o artísticas. Poseen capacidades de liderazgo en asignaturas académicas específicas, pero también pueden manifestar conductas de hiperactividad que hacen que frecuentemente se los diagnostique con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Síntomas:

  • Los niños que poseen un coeficiente intelectual igual o superior a 130 son considerados superdotados.
  • Pueden sobresalir en todos los ámbitos de la inteligencia, lo que indicaría una superdotación.
  • Pueden tener alta puntuación en una o varias aptitudes intelectuales, pero no en todas, lo que se denominaría talento.
  • Pueden mostrar una alta creatividad y productividad.
  • Suelen ser precoces en el desarrollo intelectual (aprenden a hablar con fluidez o a leer a temprana edad).
  • Son extremadamente curiosos.

Tratamiento: no se puede hablar precisamente de una terapia ya que, en primer lugar, es fundamental que las personas vivan esto como un privilegio, y no como un problema. Los padres de un niño con altas capacidades intelectuales deben informarse sobre el tema y acudir lo antes posible a un experto para que confirme o no el diagnóstico. La detección a edades tempranas favorece la canalización de su potencial y permite que los padres entiendan y atiendan las necesidades reales de su hijo.

5. Puede sufrir depresión infantil

La depresión infantil se define como un desorden caracterizado por una alteración en el estado de ánimo acompañado de un comportamiento notorio a nivel escolar, en el hogar y en el entorno del niño. Respecto de su prevalencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que un 3 % de la población infantil sufre depresión.

Síntomas: según la Clasificación Internacional de Enfermedades, el diagnóstico de depresión infantil incluye los siguientes criterios:

  • La duración del episodio depresivo debe ser, como mínimo, de dos semanas, y no relacionarse con el consumo de ninguna sustancia.
  • Humor depresivo: los niños y adolescentes pueden presentar un estado de ánimo deprimido o irritable. Además, los más pequeños no son capaces de describir cómo se sienten, y suelen quejarse de molestias físicas imprecisas y mostrar una expresión facial triste o una escasa comunicación verbal. También pueden tener ánimo irritable, el cual se manifiesta con una conducta agresiva o acciones que demuestran hostilidad o cólera.
  • Pérdida de interés hacia el entorno o incapacidad para disfrutar del juego o las actividades escolares.
  • Falta de energía: los pacientes no tienen ganas de jugar o de ir al colegio. Bajo ánimo en el hogar.
  • Alteraciones del sueño.
  • Variaciones de peso (por lo general, se produce un aumento en los niños).
  • Quejas somáticas (dolores de cabeza o de estómago).

Tratamiento: debe ser individual y adaptado al niño y a su fase de desarrollo según su funcionamiento cognitivo, maduración afectiva y su capacidad de mantener la atención. La participación de los padres será fundamental para lograr un mejor resultado. En algunos casos, quizás intervenga un psiquiatra, quien podrá recomendar la prescripción de determinados fármacos.

6. Podría padecer el síndrome del príncipe destronado

La llegada de un hermanito es un acontecimiento emocionante para toda la familia. Sin embargo, el hijo mayor puede experimentar celos, cambios de conducta o resentimiento ante tal suceso. Viendo la situación desde sus ojos, no parece ser algo tan encantador, porque deberá compartir a papá y a mamá, y ya no serán tres en la familia, sino cuatro. Deberá prestar sus juguetes, adaptarse a las nuevas rutinas, mudarse de habitación o, en el peor de los casos, tener que compartirla.

Síntomas:

  • Molestias físicas, como dolor de cabeza o abdominal.
  • Rabietas.
  • Excesiva inquietud.
  • Regresar a etapas del desarrollo que ya tenía superadas (el uso del pañal o de chupones).
  • Intentos por llamar la atención.
  • Llanto sin motivo y frecuente.
  • Agresividad.
  • Irritabilidad.
  • Problemas para dormir.

Tratamiento: tratar este síndrome dependerá absolutamente de la actitud de los padres. Por un lado, debe haber apoyo y contención, pero, por el otro, tampoco se debe dar demasiado, para evitar que el niño aproveche dicho episodio. Al mismo tiempo, debe permitirse un contacto entre ambos hermanos para la superación de este problema. Un poco de tiempo y una actitud adecuada serán los mejores remedios.

¿Identificaste alguno de todos estos síntomas en tus pequeños?

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