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6 Estereotipos de la vieja generación que obstaculizan nuestra carrera laboral, nuestras relaciones e incluso nuestra propia seguridad

Algunos preconceptos son útiles e incluso pueden salvar vidas: la convicción de que unos perros callejeros definitivamente pueden atacar a la gente obliga a que una persona sea precavida. Existen actitudes complementarias que te hacen sentir bien y estereotipos molestos que solo ahora comienzan a ser cuestionados, como por ejemplo, que los niños deben vestirse de azul y las niñas de rosa.

Pero aun así, la mayoría de los clichés son bastante venenosos para la vida de las personas. En Genial.guru decidimos recordar y refutar algunas actitudes sociales de las cuales es momento de deshacerse.

Se tiene que respetar a los adultos mayores

El respeto hacia la edad viene desde los tiempos primitivos, cuando la generación mayor era la única fuente de saber sobre el mundo exterior. Ahora hay una gran cantidad de fuentes de conocimiento y el mundo cambia con tal rapidez que la experiencia de las generaciones anteriores instantáneamente se vuelve obsoleta. Y de pronto una abuela no le enseña a su nieta a tejer, sino que la nieta le enseña a la abuela a dominar los dispositivos y a llevar blogs.

Esto no significa que se deba tratar a las personas mayores con desprecio o indulgencia. Todas las personas, sin importar la edad que tengan, merecen como mínimo un trato respetuoso, pero el respeto debe reflejarse por las acciones y no por la edad. Por ejemplo, es poco probable que un adulto mayor rencilloso que ofende a sus familiares, vecinos e incluso a los animales merezca el mismo respeto que un adolescente que es voluntario en un asilo.

Por cierto, el estereotipo de un respeto obligatorio hacia los adultos mayores incluso puede ser peligroso. Un niño pequeño al cual le han metido esta afirmación en la cabeza no podrá decirle no a un adulto, incluso si se trata de un desconocido. Esto significa que el pequeño puede llegar a seguir a un extraño sin importar lo que le digan, ya que en su mente, ellos tienen autoridad a priori.

Se tiene que trabajar en una relación

Los psicólogos consideran que el amor no es un trabajo, ni una guerra. Aquí no hay que sacrificarse. En las buenas relaciones, las parejas no son rivales, sino un equipo. Entre ellos puede haber conflictos, pero ambos lados deben estar listos para resolverlos. Sin embargo, para ello no se debe trabajar en la relación, sino en uno mismo.

Si te sientes triste con tu pareja, el tiempo que pasas a su lado no te trae felicidad, te ignora y no entiende que te causa daño, entonces te encuentras en una relación tóxica, a la cual le debes poner fin. Esto no significa que tu pareja sea mala, simplemente quieres algo diferente; es decir, ustedes no pueden ser un equipo. En este tipo de relación no te sentirás cómodo, estarás en la posición de víctima o en el lugar de un padre que intenta educar a un hijo desobediente.

La pereza es algo malo

Todos nosotros por lo menos alguna vez hemos aplazado asuntos importantes para después, hemos faltado a nuestros deberes matutinos o hemos leído un libro interesante en lugar de prepararnos para un examen. Por lo general, después de esto una persona experimenta vergüenza, ya que cedió ante su propia flojera. Y en la sociedad no respetan a los flojos, escriben sobre ellos dolorosos dichos y los llaman débiles.

En realidad, todos tenemos derecho a la debilidad. Si tu flojera no se ha convertido en un hábito, entonces no tienes nada de qué avergonzarte, ya que ella protege a tu organismo de la sobrecarga. Muchas veces, después de un descanso, una persona se vuelve más productiva e inesperadamente encuentra soluciones interesantes para una complicada tarea. El hecho es que durante el descanso, nuestro cerebro enciende algoritmos de manera inconsciente para el procesamiento de datos acumulados.

“Nunca le pidas nada a nadie, especialmente a aquellos que son más fuertes que tú”

La novela de Mijaíl Bulgákov, El maestro y Margarita, se convirtió en el libro de cabecera de más de una generación, y la frase del escritor “¡Nunca le pida nada a nadie! ¡Nunca y, sobre todo, nada a los que son más fuertes que usted!” es un lema. Como resultado, una gran cantidad de personas están listas para menoscabarse a sí mismas y a sus intereses con tal de no pedir ayuda.

Pero Bulgákov colocó estas palabras en la boca de un diablo carismático y, de acuerdo con cualquier religión o folclore, realmente es mejor no pedirles nada a las fuerzas ocultas. Pero ¿por qué no pedirle un ascenso a tu jefe, a tu mamá que cuide un par de horas a tu hijo o a un pasajero que te ceda el asiento si por alguna razón te cuesta trabajo estar de pie?

El gran escritor agregó a su frase que uno mismo se otorgará todo eso. Pero ¿por qué las personas deben adivinar lo que necesitas? ¿Por qué tu jefe debería ofrecerte la vacante de supervisor de departamento precisamente a ti, si tú mismo no has expresado deseo por ocupar ese cargo? Por último, recuerda cuántas vidas han logrado salvar las organizaciones benéficas gracias a que esas personas no tuvieron vergüenza de pedir ayuda.

Hay trabajos para hombres y trabajos para mujeres

Hasta la fecha se siguen dividiendo las profesiones en masculinas y femeninas. Se cree que las mujeres no entienden de tecnología y los hombres no son capaces de mostrar empatía, por eso el cuidado de niños y ancianos, definitivamente, no es para ellos. Sin embargo, la neurobiología demostró que el cerebro no depende del género.

Nuestra materia gris refleja la vida que llevamos. Si a un niño le regalan un conjunto de Lego y constantemente construye algo, entonces probablemente se convertirá en un buen ingeniero. Si a una niña le regalan muñecas y le enseñan a jugar a la mamá y a la hija, entonces su cerebro se adaptará a esto. Es decir, nosotros mismos programamos en nuestros hijos las actitudes de género, y no es el cerebro el que dicta una tendencia para hacer una determinada actividad.

Si una chica con un título acude para una vacante de programadora y un hombre para ser un maestro de primaria, eso significa que sus cerebros están bien adaptados a esas esferas de actividad. Sin embargo, por culpa de los estereotipos, ambos se arriesgan a quedarse sin trabajo.

Las mujeres adoran chismear

Muchos están seguros de que en un grupo de mujeres solo hay rumores e intrigas, y además piensan que ellas solo van al trabajo a hablar de otros colegas. Frecuentemente este estereotipo juega en contra de las representantes del “sexo débil” en la admisión para un trabajo.

Sin embargo, algunos científicos realizaron un experimento que mostró que todos chismean por igual independientemente del sexo; además, no se gasta mucho tiempo en esto: aproximadamente un 14 por ciento de todas las conversaciones. Asimismo, las mujeres chismean con mayor frecuencia con una intención positiva o neutral, mientras que los hombres lo hacen de manera negativa.

Por cierto, a pesar de la creencia popular, los ancianos chismean menos que los jóvenes. Y además, ellos hablan sobre alguien de manera positiva y los jóvenes, en un contexto negativo.

¿Y tú a qué estereotipos te has enfrentado?