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8 Razones por las cuales los ex malos alumnos les va mucho mejor en la vida que a los que se sacan notas excelentes

Muchos de nosotros hemos escuchado en la infancia la estricta orden de nuestros padres: “¡Debes estudiar!”. Y cuando volvíamos a casa con una mala nota (para algunos bastaba que fuera solo un punto menos del excelente), escuchábamos obedientemente los encendidos regaños de mamá y estudiábamos los libros de texto durante horas. Pero, como a menudo demuestra la vida, la búsqueda de buenas calificaciones en la escuela es completamente inútil. ¿Cuántas veces te has encontrado con el hecho de que el mejor alumno de ayer va a buscar trabajo en una empresa dirigida por un ex “vergüenza de la clase” que vivía copiándose de todo el mundo?

Genial.guru consultó con los psicólogos e intentó responder junto a ellos la pregunta de por qué a los malos estudiantes a veces les va mucho mejor en la vida que a los que se sacan notas excelentes. Y a aquellos que lean el artículo hasta el final los espera un bono que les contará por qué no ser el mejor alumno de la clase no siempre es una desventaja, sino que incluso puede ser provechoso.

No persiguen las notas

Para la mayoría de los estudiantes excelentes, las calificaciones son un indicador de éxito: una vez que obtienen una buena nota, bien hecho, lograron algo. Pero esta forma de pensar no permite darse cuenta de que cualquier evaluación es subjetiva y depende no solo de la calidad del conocimiento, sino también de otros factores, por ejemplo, la actitud del maestro y, a veces, solo de su estado de ánimo. Los malos alumnos no necesitan confirmar su éxito con buenas calificaciones. En el camino hacia la meta, se guían no por la aprobación de otras personas, sino por la satisfacción interna del trabajo realizado.

No tratan de ganarse el buen trato de los demás

Para los estudiantes excelentes, por regla general, es muy importante causar una buena impresión en el maestro. Es por eso que muchos de ellos intentan ser estudiantes diligentes, levantar la mano incluso en las lecciones más aburridas y complacer a los maestros sin cuestionarlos. Los niños con bajo rendimiento generalmente no intentan impresionar a nadie. Aunque tratan a los maestros con respeto, no se desviven por complacerlos.

Como lo demuestra la experiencia, de adultos, tanto los buenos alumnos como los regulares, implementarán el mismo modelo y comportamiento frente a sus superiores.

No hacen todo por su cuenta

Muchos estudiantes excelentes, incluso después de graduarse de la escuela secundaria, continúan siendo guiados por la regla “si quieres hacerlo bien, hazlo tú mismo”. Todo porque se han acostumbrado desde la escuela a dar el 100 % de sí mismos en lo que sea, y controlar todo personalmente. Mientras que los malos alumnos, los perezosos y los estudiantes regulares usaban las capacidades de otras personas dependiendo de sus habilidades (“Copiaré la tarea de matemáticas de Natalia, mientras que la de química la hará mejor Pedro, me copiaré de él”).

En la edad adulta, tanto los excelentes estudiantes como el equipo de los regulares continúan siguiendo este principio: algunos se esfuerzan hasta quedar sin nada de energía, mientras que otros delegan tareas a sus subordinados o colegas.

Se permiten actuar imperfectamente

En psicología, existe el término “síndrome del estudiante”, cuando una persona construye su vida sobre el principio de “hacer todo perfectamente o no hacerlo en absoluto”. Vivir con esa actitud es increíblemente difícil, porque lograr el éxito en todas las áreas es imposible. Una persona se sentará durante días en un trabajo que no le gusta, obligándose a esforzarse aún más, o, por el contrario, nunca se atreverá a hacer lo que realmente le gusta, por temor al fracaso.

Y aquí hay un ejemplo perfecto de eso: “Hace mucho, un niño estudió conmigo en una escuela de arte. Dibujaba bien, pero en la última clase dejó de prestarle atención al estudio y, como un típico mal estudiante, dejó la escuela con un certificado, no con un diploma. Ni eso, ni el hecho de que sus primeras obras fueran criticadas le impidió convertirse en uno de los mejores artistas de grafiti del país. Ahora recibe pedidos de todo el mundo. Si fuera un perfeccionista, obsesionado con las evaluaciones, su talento no se habría revelado”.

No malgastan su energía

Un mal estudiante nunca se obligará a hacer lo que no le gusta y malgastar energía en algo de lo que no ve el punto, sino que se centrará en lo que es realmente interesante para él. Un buen estudiante se obligará a esforzarse hasta el desmayo solo para no bajar en los indicadores del buen rendimiento.

Posteriormente, a menudo sucede que el “excelente estudiante” también en la edad adulta gasta energía en lo que no le gusta, ya sea un trabajo no satisfactorio o una relación en la que no es feliz.

La lógica que guía a los malos estudiantes queda bien demostrada por la historia contada por Ivan Mitin, fundador y propietario de la red Ziferblat: “Fui a 7 escuelas diferentes y en todas partes era un mal estudiante. No quería estudiar temas que no me interesaban, y estos incluían todas las ciencias exactas. Cuando supe que en el 10° grado podía tener un insuficiente en todo el año, simplemente dejé de estudiar álgebra. Al mismo tiempo, leía mucho y estudiaba diferentes fenómenos que me interesaban. A eso hay que agregarle el hecho de que obtuve acceso a Internet en 1994, cuando ninguno de mis maestros entendía qué era. Todo mi tiempo libre lo pasaba en línea, jugando en la computadora, paseando y leyendo”.

Tienen algo que hacer además de estudiar

Mientras los compañeros de clase que son buenos estudiantes pasan horas sentados detrás de los libros de texto para no quedarse atrás en la carrera por el rendimiento académico, los niños que no estudian tan bien pasan su tiempo libre a su antojo: leen, practican deportes, hacen música, bailan o simplemente juegan con los chicos del barrio.

Según los psicólogos, es muy difícil para los niños que son excelentes estudiantes relajarse porque están en constante tensión, no solo mental, sino también psicológica. Desafortunadamente, los excelentes alumnos a menudo llevan este problema con ellos a la edad adulta: están perseguidos por una ansiedad sin causa y el miedo a no estar a la altura de las expectativas de alguien.

Son capaces de soportar no solo los altos, sino también los bajos

Probablemente, todos hemos conocido a esos estudiantes para quienes obtener un solo punto menos del excelente era como una afirmación de su propia inutilidad y mediocridad. En la vida, esas personas experimentan muy dolorosamente los fracasos, y cualquier error, incluso el más insignificante, es percibido por ellos como una tragedia. Los malos estudiantes están acostumbrados a obtener no solo buenas calificaciones, sino también las malas. Para ellos, un “insuficiente” no es el fin del mundo, sino solo una marca en un papel. En la vida, a esta clase de personas les resulta mucho más fácil adaptarse al estrés y se recuperan más rápido después de un fracaso.

Están listos para correr riesgos

A aquellos que alguna vez estuvieron pasando de una mala nota a otra, el estudio en la escuela les enseñó a actuar según la situación, buscar una salida e incluso arriesgarse en uno u otro momento. Sus padres no tienen su futuro programado por varias décadas y, por lo tanto, se permiten soñar, vivir sin seguir ningún plan estricto, y es más fácil para ellos relacionarse con sus propios errores.

Si un día un mal alumno comprende que quiere abandonar la universidad, cambiar de profesión o irse a vivir a otro país, lo más probable es que lo haga. Y, curiosamente, las cosas le saldrán bien, quizás precisamente porque esa persona está acostumbrada a escuchar su propia voz interior mucho más que las opiniones de los demás.

Bono: un discurso inspirador de Natalia Vodiánova sobre lo que los excelentes estudiantes deberían aprender de los que se sacan notas malas

“Queridos malos estudiantes, queridos alumnos que mostraron avances francamente débiles y calificaciones mediocres, queridos ’vergüenza de la clase’, hoy me dirijo a ustedes”, comenzó seriamente su discurso Natalia Vodiánova. Y luego, sonriendo, continuó: “Llegó su hora. Ha llegado el momento de hacer lo que pueden hacer mejor que nadie: cometer errores, violar los límites de lo que generalmente se acepta y cuestionar el statu quo. Los estudiantes excelentes incluso podrían aprenderlo de ustedes. Tanto ellos como todos nosotros necesitaremos estas habilidades más que nunca.

2020 es el año en que todo lo familiar se ha descarrilado, y todos necesitamos soluciones innovadoras y poco banales. Necesitamos como el aire movimientos innovadores. Necesitamos ideas inesperadas, lo que significa que todos necesitamos errores, o más bien, el coraje para cometer errores. Después de todo, es a través de los errores que llegaremos a esas soluciones que el mundo está esperando tanto.

Confucio advertía: ‘Dios no quiera que vivas en una era de cambios’, pero Confucio también se equivocó. No hay mejor momento que un momento de cambios. Es en ese momento que una persona puede realizarse. Ver en persona o, tal vez, incluso cambiar el curso de los acontecimientos históricos. Estas no son mis palabras, sino las de Fiódor Tiútchev. Pero si eres un verdadero mal estudiante, entonces no sabes quién es Fiódor Tiútchev. Y eso tampoco importa. No importa saber, lo importante es hacer. De hecho, solo puede haber un error imperdonable: bajar las manos, rendirse, no intentar y no hacer nada. ¡Así que adelante, chicos, y sean audaces!

Su Natalia Vodiánova, que no terminó el último grado”.

¿Y de qué trabaja ahora el peor estudiante de tu clase?