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Por qué es tan difícil evitar llevarse las manos al rostro

Existen ocasiones en las cuales queremos controlar nuestros gestos y movimientos, pero muchos de ellos son involuntarios, incluso los que involucran a nuestras manos. Por ejemplo, tocarse el rostro es una de las reacciones más comunes del cuerpo humano, y pasa tan desapercibida que podría asombrarte el saber cuántas veces lo hacemos a diario.

Considerando eso, Genial.guru quiere compartir con sus lectores algunas de las razones por las cuales nos cuesta tanto evitar llevarnos las manos al rostro y consejos para evitarlo.

Una respuesta natural del cuerpo

¿Alguna vez has notado que alguien dejó de prestarte atención mientras hablabas porque se llevó las manos al rostro con un gesto de aburrimiento? Esto se debe a que nuestras reacciones se relacionan de forma involuntaria con nuestros estímulos emocionales, y lo hacen de forma innata y primitiva.

Formas de expresarnos que todos compartimos

Además de ser un gesto instintivo, estamos predispuestos a llevarnos las manos al rostro porque es algo que vemos e incorporamos con facilidad a nuestra cultura y modales.

Aprendemos los unos de los otros porque genéticamente estamos preparados para repetir lo que vemos en lo que se conoce justamente como aprendizaje por imitación. Este proceso ocurre a través de una llamada red de neuronas espejo, vinculadas con comportamientos imitativos, sociales y empáticos como bostezar en cadena, momento en el que copiamos al otro y en el que, de forma automática, podemos llevarnos las manos al rostro.

Un reflejo del estrés

El estrés puede llevarnos a desarrollar movimientos involuntarios como llevarnos las manos al rostro, reflejo que, hasta cierto punto, nos ayuda a relajarnos a través de la activación del nervio parasimpático, el cual se encarga de controlar los actos involuntarios del cuerpo.

Lenguaje corporal al coquetear

Podemos llevarnos nuestras manos al rostro hasta 23 veces por hora, o, visto de otra forma, casi 3 veces por minuto. Ahora imaginemos que estamos ante esa persona que llama nuestra atención, comunicándonos con ella entre un 60 y 70 % de forma no verbal. En situaciones como esa, los impulsos e instintos son más difíciles de controlar, así que no debe extrañarnos que nos llevemos las manos hacia los labios o el rostro. En general, hacemos esto para enviar señales de gusto y atención positiva hacia esa persona.

Cambiar el hábito

  • Es aconsejable, en principio, detectar aquello que desencadena la reacción. Al identificarlo se refuerza la atención y se disminuye la posibilidad de volver a hacerlo.
  • Se puede utilizar una pelota antiestrés para mantener las manos ocupadas en momentos de ansiedad.
  • Colocar notas adhesivas como recordatorio y advertencia puede ser útil, especialmente en el caso de las personas que ya usan apuntes en su vida diaria.
  • Otra idea es el uso lociones o perfumes que hagan recordar que es momento de llevar las manos en otra dirección cuando justamente vayan camino al rostro.
  • Si el detonante es el estrés, lo mejor será tratar el problema desde la raíz con meditación, yoga, ejercicios de respiración o incluso considerando tomar unas vacaciones.
  • En cuanto a modificar costumbres como toser y estornudar con las manos en el rostro, funciona ser disciplinado, pero también sereno. Es posible cambiar los hábitos con un entrenamiento constante.

La conducta humana suele obedecer a la forma de ver y afrontar el mundo; por lo tanto, es posible repensar expresiones y hábitos como estos, especialmente si de higiene y salud pública se trata.

Como consejo de cierre, es importante procurar siempre tener las manos limpias, ya que, de forma imperceptible, los gérmenes se adhieren a nuestra piel. Y, aunque muchos son necesarios para el organismo, otros podrían llegar a causarnos algún que otro malestar, por ejemplo, un resfriado.

¿Te llevas las manos al rostro muy seguido? ¿Qué otro consejo podrías agregar a esta lista? Cuéntanos en la sección de comentarios. ¡Queremos leerte!