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Un estudio explica por qué las personas postergan sus tareas (no siempre es por pereza)

Las personas tenemos distintas miradas sobre el mundo, distintas formas de entender lo que nos rodea, distintos gustos, distintas formas de pasar a la acción. En cuanto a este último punto, hay quienes se abocan a las tareas que tienen pendientes sin rodeos, deseosos de quitarse de encima esa obligación cuanto antes. Hay quienes son más cautos y se toman un tiempo para analizar las posibilidades antes de ponerse a trabajar. Y hay quienes extienden el momento de acometer la tarea pendiente apelando a distintos factores, a distintas excusas. Lo cierto es que necesitan que el plazo de entrega esté encima para ponerse, por fin, en acción. Y hay quienes ni siquiera eso.

Genial.guru comparte con sus lectores un estudio que se propone echar luz sobre este tema, y trata de explicar qué puede haber detrás de las personas que se demoran en realizar aquellas tareas que tienen pendientes.

La procrastinación

Para muchos, se trata de una palabra que han descubierto recientemente, o que, incluso, leen por primera vez en este artículo. El concepto de procrastinación cobró difusión en los últimos años. Y si bien no se trata de un fenómeno nuevo, sí define algo que muchos conocemos bien por padecerlo directa o indirectamente. Procrastinar significa postergar actividades o situaciones que tenemos la obligación de hacer, y, en su reemplazo, distraernos con cosas sin importancia pero que nos resultan más agradables.

Debemos aclarar que esto no solo se reduce a la laboral o al estudio. Quizás debemos hacer un llamado importante sobre un tema conflictivo, y en lugar de tomar el teléfono y hacerlo, miramos una película, nos ponemos a hacer algo que no es necesario o que sí podría esperar.

Seguramente, muchos fuimos presa de la procrastinación o conocemos a alguien que lo es. Incluso, quizás hasta debemos soportar que la procrastinación de otros nos termine afectando en diferentes niveles.

Un equipo de investigadores del Departamento de Biopsicología de la Universidad alemana Ruhr de Bochum publicó en la revista Psychological Science un estudio en el que intenta buscar explicaciones para la procrastinación, y llegan a conclusiones que son realmente interesantes.

El estudio

Los investigadores Caroline Schlüter, Dr. Marlies Pinnow, Onur Güntürkün y Erhan Genc encuestaron a 264 personas. Pero el estudio no solo se limitó a la interpretación de sus respuestas, sino que, además, escanearon los cerebros de los encuestados por medio de resonancia magnética mientras respondían. De este modo, los investigadores pudieron obtener datos de distintas fuentes para su estudio. El cuestionario apuntaba a que los encuestados contaran cómo se manejaban con los objetivos y tareas que debían llevar a cabo.

Resultados

Basados en los análisis realizados, los investigadores concluyeron que son dos las áreas del cerebro las que influyen en la forma en que una persona actúa respecto de sus obligaciones u objetivos pendientes. Es decir, si las va a realizar de forma inmediata o si va a dilatar el momento de llevarlas a cabo. Los investigadores notaron que la amígdala cerebral era más grande en quienes postergan las actividades.

Asimismo, pudieron determinar que las conexiones entre las amígdala cerebral y el córtex del cíngulo anterior (CCA) eran menores y más débiles en quienes acostumbran a dilatar el momento de ponerse en acción. Por lo tanto, cuando esta conexión es más fuerte la persona puede enfocarse en las tareas a realizar sin ceder a los estímulos que le proponen desvíos y distracciones. Esto llevó a los investigadores a concluir que, quienes tienen dificultadas para llevar adelante las tareas en el plazo que se propusieron son más permeables a las emociones que interfieren en sus objetivos.

Conclusiones en cuanto a la depresión

Otro aspecto interesante que los investigadores analizaron fue la relación entre procrastinación y estado de ánimo. Dado que la amígdala procesa las emociones, el estado de ánimo de una persona influye a la hora de abordar una tarea. Por lo tanto, según el estudio, la procrastinación crónica no tienen a la pereza como causa fundamental, ya que la causa puede ser emocional. Es decir, si una persona está atravesando un periodo conflictivo, o, incluso, una depresión que no puede o se niega a reconocer, dado que la amígdala no va a filtrar sus emociones es probable que procrastine.

En este caso, la persona debería recibir un tratamiento psicológico a fin de evitar que esta imposibilidad de cumplir con las tareas pendientes no agudice su malestar y termine llevando a la persona a una depresión crónica e inmanejable.

¿Alguna vez la procrastinación te ha jugado, directa o indirectamente, una mala pasada? ¿Puedes contarnos? Quedamos a la espera de tus comentarios.