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Viví con un tirano y traté de cambiar. Solo 5 años después me di cuenta de que tenía que huir

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Hola, mi nombre es Anna, y hace 10 años fui víctima de violencia doméstica. A muchas personas les parece que las peleas y los escándalos ocurren en familias disfuncionales donde abusan del alcohol y llevan un estilo de vida antisocial. No es así. Cualquier mujer (u hombre) puede ser víctima de un tirano doméstico, independientemente del nivel de ingresos, educación o apariencia.

Especialmente para Genial.guru cuento la historia de mi relación. Espero que ayude a alguien a evitar mi destino. O terminar la relación si ya has caído en las garras de una persona de este tipo.

Cómo conocí a mi futuro esposo

Crecí en una familia incompleta, mi madre tuvo que criarme a mí y a mi hermana menor. Bueno, le ayudaba nuestra abuela. Quizás los psicólogos sabrían encontrar en mi infancia las razones de lo que me sucedió. No me gustaría culpar a mis padres, las circunstancias o el horóscopo. Lo que me sucedió, sucedió por una simple razón: me casé con un tirano.

La historia de nuestra relación era muy banal. Vino con sus amigos al sito donde yo estaba trabajando, conversamos, acordamos una cita y empezamos a salir. ¿Cómo era el futuro tirano? Era encantador: tenía una amplia sonrisa, era guapo, era un poco mayor que yo. Sin cuernos ni cola de diablo: un hombre agradable y muy simpático.

Los primeros signos que pueden ayudar a reconocer al tirano

Al principio, un tirano no te va a pegar ni humillar: necesita que la víctima se relaje. Nosotros, por ejemplo, solíamos pasear bajo la luna y hablábamos de corazón a corazón. Mi caballero solía reiterar que nadie lo entendía, que tuvo una infancia difícil y una juventud poco agradable. Fue una especie de héroe con el corazón partido, que alguien debería curar.

Mintió sobre su carrera exitosa, sobre sus amigos. Creo que él mismo creía en sus fantasías. De hecho, era un hombre sin trabajo permanente, pero con deudas y grandes problemas psicológicos.

Mi novio era muy decidido, y nuestra relación casi de inmediato se volvió “seria”. Un par de meses más tarde empezamos a vivir juntos, adoptamos un gato y comenzamos a vivir como marido y mujer.

A menudo, estas personas aceleran el desarrollo del romance y arrancan a la mujer de sus raíces. Inician la mudanza a otra ciudad, donde ella no tiene escapatoria. Es lo que le sucedió a una amiga mía que tardó 2 años en ahorrar dinero y huir. Este es un modelo clásico de comportamiento tirano. Los psicólogos aseguran que un tirano necesita forzar la relación para que la víctima no entre en razón. Por lo tanto, una mujer pierde su identidad y deja de ser una persona independiente, sino que se convierte en un “suplemento” de su hombre.

Cómo me convertí de una mujer normal y corriente en una víctima

Mi amante era muy celoso. Estaba seguro de que le era infiel y le ponía los cuernos en cada oportunidad o soñaba con ello. Ahora, después de leer un montón de libros ya sé que los celos compulsivos son una mala señal.

Para poder controlarme y calmarse, revisaba mi celular. Después de un tiempo, comencé a temer las llamadas entrantes y los SMS: todas las llamadas no identificadas provocaban un escándalo. Me convenció para que dejara el trabajo y comenzó a controlar las finanzas. Poco a poco, de mi vida desaparecieron las amigas que “fumaban, tomaban alcohol y llevaban una vida inmoral”. Incluso dejé de maquillarme y cuidarme, para no provocar ataques de celos.

Cada día estaba destruyendo mi autoconfianza. Ante todo, comentarios sobre mi apariencia: me enteré por mi esposo que tengo una nariz larga, soy demasiado alta y tengo sobrepeso. No me dijo directamente “eres gorda”, pero hizo comentarios fugaces como “no te queda bien este vestido, resalta demasiado tu barriga”.

Aprendí de mi esposo, que en comparación con su mamá era totalmente incompetente. Al principio, cuando todavía estaba trabajando, iba corriendo a casa para fregar el suelo, prepararle la cena, pero resultó que era inútil. Además, mis habilidades mentales dejaban mucho que desear: no puedo conducir un auto (soy muy distraída) ni tampoco sé mantener una conversación seria.

El agresor tiene un método de opresión infalible

Toda nuestra vida se dividió en 3 ciclos: la búsqueda de un motivo de escándalo, el propio escándalo, la luna de miel. Y todas estas etapas se convirtieron en un círculo vicioso. Al principio, mi esposo buscaba cualquier motivo para armar un escándalo, solía calmar el “dolor” con el alcohol, estaba de mal humor y guardaba silencio durante días. Me daba la sensación de que necesitaba desahogarse, pero no lograba encontrar un motivo para la bronca.

Luego viene la culminación: una pelea. Puede consistir de amenazas verbales, insultos, bofetadas. Mi esposo me explicó que estaba gritando por un gran amor: quería que yo fuera una persona mejor, quería que nuestra familia fuera perfecta. Si repites lo mismo 2-3 veces a la semana, al final la víctima empieza a creer. Le supliqué, discutí, lloré, pero el agresor no necesitaba la verdad. Creo que él sabía perfectamente que le he sido fiel, solo quería sentir el poder.

Y lo último: la luna de miel. Después de disfrutar plenamente de mi humillación, mi esposo cambiaba de su actitud. Comenzaba a cuidarme, a pedir perdón, regalar flores y lloraba como un niño. De hecho, no estaba avergonzado, era nada más que un truco astuto. De esta forma “cuidan” a los caballos de tiro: primero los hacen trabajar hasta dejarlos medio muertos, y luego los alimentan para que sigan viviendo.

Es imposible curar a un tirano con tu amor y concesiones. Tratar de cambiar a una persona de este tipo es inútil, porque no lo necesita. Su objetivo es destruir lo mejor que hay en su víctima: bondad, confianza, ternura.

Por qué seguía con él

Las mujeres que enfrentan violencia doméstica tienen una razón para irse y miles de razones para quedarse. No nos quedamos con los tiranos porque hemos perdido la autoestima. Solo intentamos ser buenas con las personas que no lo merecen.

Durante muchos años, traté de demostrarle a mi esposo que yo era una buena persona, pero solo agravaba la situación. Cumplí todas sus exigencias, como renunciar a los cosméticos y la ropa de colores llamativos. Ahora entiendo: una persona normal no debe intentar demostrar nada a nadie.

Estaba segura de que era gorda y vieja, que su madre cocinaba mejor y que su ex esposa todavía lo estaba esperando. Creía que mi esposo era mi última oportunidad de crear mi familia. De hecho, es mejor morir en soledad compartiendo tu departamento con 40 gatos que tolerar el maltrato.

Me avergonzaba admitir que mi marido me humillaba. En nuestra sociedad, se cree que la víctima de la violencia es culpable de maltrato: habla demasiado o se comporta provocativamente. Para mí el divorcio era lo mismo que admitir la derrota.

En público, era el hombre más dulce que conocía. Nadie jamás hubiera pensado que un hombre como él podría pegarle a una mujer. Entonces, empecé a dudar de mí misma: ¿qué pasa si realmente merezco el castigo? Estaba metida en un espacio donde no había sentido común.

Logré dar a luz a nuestro hijo, porque me pareció que el bebé fortalecería a la familia y cambiaría el mal genio de mi marido. Sin embargo, la situación sólo empeoró. Sin trabajo, sin amigos, con un bebé en tus brazos, no te escaparás a ningún lado, y para él el niño se ha convertido en otra herramienta de controlarme. Mi marido amenazó con llevarse al bebé si decidía dejarlo.

El día en que me di cuenta de que debía huir

Todavía recuerdo el día en que decidí irme. Era de noche, mi marido descansaba de la vida familiar con sus amigos, mi hijo y yo estábamos juntos. El niño estaba jugando, de repente, se volvió hacia mí con un cuchillo de plástico para cortar la plastilina y dijo: “Te cortaré”. Mi hijo de 2 años escuchó esta frase durante una de las peleas.

Me di cuenta de que estaba destruyendo no solo mi vida, sino también la psique de nuestro niño: en un par de años nuestro hogar se convertiría en un manicomio. Así que tuve que organizar un escape al estilo de las películas de espías. Pedí dinero prestado a mi hermana para que mi esposo no viera cuánto dinero retiré de la tarjeta y nos fuimos mientras él estaba fuera.

No tenía a dónde ir, solo me quedaba regresar a casa de mi madre. Mi mamá y mi hermana son las únicas que me apoyaron en esta situación. Mi suegra no paraba de llamarme exigiendo que le entregara a mi hijo “porque se van a divorciar y no tendrán más hijos”. Mi esposo renunció a su trabajo y me vigilaba en su auto estacionado debajo de mis ventanas, llamando y enviando mensajes, amenazando, luego pidiendo disculpas.

Hice 2 cosas simples: solicité ayuda a la policía y comencé a grabar todas las llamadas telefónicas. Si algo me pasara, los policías no tardarían nada en encontrar al culpable. Mi marido era un tirano y un agresor, pero no era un tonto. Se amaba demasiado para ir a la cárcel.

Nuestro divorcio fue complicado: él no vino a las audiencias, luego apareció para hacer varias demandas ridículas. Sin embargo, en unos seis meses, perdió completamente el interés en mí e incluso en su hijo. Ahora está casado de nuevo y está criando un hijo nuevo.

Necesité varios años para acostumbrarme a vivir como una persona normal. Tuve que acudir al psicólogo para recuperar mi autoestima y confianza en mí misma.

En lugar de una conclusión. Para todas las mujeres que están pasando por malos momentos

Gracias a mi relación con el tirano, aprendí a determinar a primera vista a los agresores y detectar los síntomas de neurosis. Bueno, por supuesto, adquirí una experiencia muy valiosa. Y ahora quiero decirles a todas las mujeres que están en una situación similar, algo importante.

No tienes la culpa. Eres una persona buena y adorable. Los tiranos se apegan a las mujeres cordiales y empáticas solo porque ellos mismos no tienen estas cualidades. Son como si fueran vampiros, te chuparán lo mejor de ti. Ninguna persona en el mundo merece la humillación y el castigo por las palabras “incorrectas” o la ropa “inadecuada”. Y tú tampoco te lo mereces. Mantén la esperanza, no dudes en pedir ayuda a tus familiares y, si decides huir, no cambies de opinión. Porque cuanto más tardas en hacerlo, peor.

¿Te parece familiar la situación que vivió la protagonista del artículo? ¡Comparte tu experiencia en la sección de comentarios!

Imagen de portada Big Little Lies / HBO
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