Genial
NuevoPopular
Inspiración
Creación
Admiración

12 Casos en los que el universo rozó con un codo una caja de felicidad y la dejó caer sobre las personas

Todos tienen su propio concepto de felicidad. Para unos es terminar de pagar un préstamo, mientras que, para otros, significa recibir un regalo de la infancia. Y para casi todos es ver una sonrisa en la cara de sus seres queridos. Este artículo es para todos aquellos que quieren envolverse en historias cálidas como en una manta, incluso llorar un poco de emoción, y principalmente para los que desean recuperar la fe en los milagros.

Genial.guru confía en que cualquier tipo de felicidad, incluso una aparentemente muy pequeña, ya es un regalo del destino. En el bono encontrarás algo que te calentará el alma y les dará esperanza a quienes se encuentran atravesando una situación difícil.

***

Mi hijo tiene 16 años. Como muchos, tiene un desastre salvaje en su habitación. Hace poco fui a limpiar allí. Al frotar el polvo de la mesa, noté un documento abierto en la computadora con un plan de un nuevo negocio: un centro voluntario inusual para ayudar a las personas con discapacidades y desfavorecidas. Ayer vino a hablarnos a mi esposo y a mí, nos contó sobre su plan y nos pidió ayuda física y material. Y, sabes, en ese momento miré a ese joven guapo, inteligente y ya casi adulto, y recordé a la pequeña criatura asustada que nos llevamos del orfanato cuando tenía 4 años. Recordé cómo siguió escondiendo la comida durante todo un año después de comenzar a vivir con nosotros, y cómo juntaba todo el dinero, los chicles y los juguetes que le dimos hasta los 6 años, porque tenía miedo de que de repente lo echáramos. Me acordé de la primera vez que dijo “mamá” y “papá”, de todas las dificultades, de sus peleas con su hermana menor... Y fue entonces cuando me di cuenta de que, con mi esposo, habíamos criado a una buena persona. Al menos hicimos algo bien en la vida. © Habitación N° 6 / vk

***

Nací y me crie en una pequeña ciudad del norte con una población de 8 mil personas. Cuando era pequeña, una anciana vecina me dio un caramelo. Me pareció increíblemente delicioso. Nunca había probado nada así, incluso recordaba el envoltorio: blanco con rayas rojas. Después de 20 años, me mudé a una gran ciudad y viajé a Finlandia, compré unos dulces locales, ¡y entre ellos estaban esos mismos caramelos! El sentimiento de una especie de milagro, de un saludo desde la infancia no me dejó por mucho tiempo. © Oídoporahí / vk

***

En los financieramente difíciles, para nosotros, años 90, mi madre consiguió un trabajo en una tienda. Yo tenía unos 5 o 6 años de edad. Me sentaba en silencio en un pequeño rincón para que sus superiores no me vieran, y, cuando era necesario, ayudaba. Una vez se formó una larga fila en el sector de lácteos y mi mamá se fue allí. Y al sector de confitería, donde estaba yo, se acercó una anciana. Bueno, salí de debajo del mostrador, la atendí, le extendí los pasteles y la barra de chocolate que me pidió. Y ella me regresó la golosina y dijo: “toma, querida, por tu trabajo”. Tuve un sentimiento irreal de felicidad, lo recuerdo como si fuera ayer. Y también fue genial cuando aparecieron las máquinas expendedoras de juguetes y recibí uno gratis de un señor desconocido. Sacó un dragón al primer intento y me lo dio, solo porque estaba al lado, mirando con interés. Gente, ¡los recuerdo! En esas ocasiones me hicieron muy feliz... © Przewalski’s Horse / AdMe

***

Tarde por la noche, un tren medio vacío. Yo y otras 10 personas volviendo a casa después de un duro día de trabajo. Entonces, sube un hombre con una olla. Nos mira a todos y dice: “No, así no está bien”. Abre la olla y todo el tren se llena de olor a albóndigas... ¡El hombre saca unos platos desechables y les entrega a todos los pasajeros una pequeña porción! Al principio daba miedo comer. Pero entonces dijo que esas albóndigas habían sobrado de la venta del día. Las habían preparado con su esposa. Y, sabes, ¡hacía mucho tiempo que no comía unas albóndigas tan deliciosas! © Habitación N° 6 / vk

***

Mi esposa y yo trabajamos juntos en uno de los bancos del país. Una vez, llegó una encuesta, de esas a las que nadie les da especial importancia. Había un par de preguntas sobre la infancia y la última era: “¿Qué soñaste tener cuando eras chico?”. Respondí que quería mucho un balón de fútbol, ​​y ni siquiera le pregunté a mi esposa qué respondió ella. Completamos la encuesta y la olvidamos.

En mi aniversario de bodas, fuimos a descansar a Chipre. En ese momento, en una de las redes sociales, como por casualidad, mi jefe me escribió: “¿Cómo estás? Bla, bla, bla... ¿Qué tipo de perro le gustaría a tu esposa?”. Sintiendo que algo andaba mal, comencé a averiguar y descubrí que, en un par de semanas, en una fiesta corporativa, entregarían “sueños de la infancia”, y mi esposa había ganado para recibir el de ella. © Rofelka / Pikabu

***

Una vez, mi hermano y yo fuimos a las montañas en invierno. En los primeros 2 días, simplemente fuimos aplastados por el aire del lugar, y no podíamos arrancar la cabeza de las almohadas. Y un día nos despertamos después del almuerzo: el Sol estaba brillando, el día estaba tan hermoso, ¡y estábamos desperdiciándolo! Bueno, subimos a las montañas. Oscureció de repente y comenzó a caer nieve. No era una tormenta, por supuesto, pero era desagradable. Era difícil bajar y, en general, no sabíamos a dónde debíamos ir. De repente, apareció un perro. Como en las películas, de la nada. Nos miró con reproche, se dio la vuelta y aulló, como diciendo “¿por qué están ahí parados, tontos humanos?”. Y nos sacó de allí. Resultó que, cuando comenzó a nevar, el dueño del chalet que habíamos alquilado lo envió por nosotros. Naturalmente, el perro estaba acostumbrada a los idiotas urbanos, pero para nosotros fue un verdadero milagro. © jeannne / AdMe

***

Cuando mi hermana y yo íbamos al kínder, nos cosían el mismo disfraz para las dos para los espectáculos de fin de año. En una ocasión era un disfraz de la noche: tela negra debajo, y encima una gasa pintada de negro, la cual se suponía tendría estrellas hechas de papel de chocolate pegadas. En la cabeza iría una corona en forma de Luna. Pero la gasa no quería teñirse bien, y hubo que pintarla varias veces, lo que atrasó todo el proyecto. Y llegó la tarde antes del espectáculo: los vestidos estaban listos, pero sin estrellas. Mi hermana y yo estábamos preocupadas de que no llegaran a terminarlos a tiempo, pero nuestros padres invitaron a sus amigos y familiares para que ayudaran. Todos eran jóvenes, de unos 25 a 30 años, se reían y se divertían. Mamá nos aseguró que terminarían a tiempo, y por la diversión y la relajación general, nos dimos cuenta de que sería así, pero igual seguíamos un poco preocupadas.

Por la mañana, mamá nos despertó, encendió la luz y vi mi vestido colgado en un gancho, lleno de estrellas que reflejaban la luz como diamantes. Me senté en la cama y vi a mi tío. Dormía en el suelo debajo de una silla, cuidadosamente cubierto con una manta. Poco a poco, todos se despertaron y comenzaron a reír, recordando cómo habían pegado las estrellas y cómo el tío se había dormido debajo de la silla. Y él se reía y nos mostraba el cometa pegado en la espalda: una estrella de un tamaño ligeramente más grande y con un haz de luz alargado. En el aire había algún tipo de magia y de paz. ¡Fue el mejor Año Nuevo de mi vida! © Nadezhda N / AdMe

***

Mi abuelo cumplió años el otro día. Es un respetable hombre de 75 años, un exmilitar, rockero, y simplemente un maravilloso esposo y padre que sacó adelante a toda su familia y les dio a sus 4 hijos maravillosas oportunidades en la vida. Y ahora, un par de días antes de la celebración, se me acercó, comenzó una conversación sobre su cumpleaños y me pidió que organizara para él... una fiesta infantil. Dijo que realmente quería comer en ese tal McDonald’s, jugar a la Xbox como su nieto menor, ir al teatro de pompas de jabón y al zoológico. Dijo que estaba muy avergonzado, así que me pidió que les dijera a todos que lo llevaría a un bar de striptease, porque ¿cómo un hombre como él podría querer algo así?

Hice todo lo que me pidió y, al final de la noche... lloraba de felicidad. Dijo que en su tiempo no tuvo esa clase de infancia, y que ni siquiera tenía un juguete cuando era niño, ya que tenía muchos hermanos. Él era el mayor, y su padre murió cuando tenía 6 años. Juro que fue la mayor felicidad que vi en mi vida. Fue muy conmovedor y sorprendente porque me pidió cosas muy simples. Fue asombroso. © Habitación N° 6 / vk

***

¡Gente! Terminé de pagar un préstamo, ¡y es una verdadera fiesta! Durante un año entero, después de cobrar el anticipo, le daba el dinero al banco y no me quedaba casi nada. ¡Pero hoy hice el último pago y es un día muy feliz! En mayo terminaré de pagar el segundo préstamo y, probablemente, lloraré de alegría. Experimenté la misma emoción cuando pagué la hipoteca. Les deseo a todos que cancelen sus préstamos, exhalen, sonrían y comiencen a gastar sus salarios en sí mismos y en sus familias. © DirInt / Pikabu

***

Pronto cumpliré 21 años. Hace cuatro que vivo y estudio en otra ciudad, lejos de mis padres. Cada vez que regreso a casa, mi papá va a buscarme a la estación de tren y, tan pronto como llegamos a la entrada de nuestro edificio, comienza nuestro juego: quién abrirá la puerta más rápido, quién alcanzará más rápidamente la puerta del departamento y quién la abrirá primero. Y, aunque vivimos en el tercer piso, son los 3 tramos de escalera más divertidos y felices de mi vida, cuando, habiendo olvidado los problemas en aquella gran ciudad, simplemente corres por la escalera, como en la infancia, con tu papá. ¡Eso es la felicidad! © Oídoporahí / vk

***

Una vez, para el Día de San Valentín, le regalé a mi esposa unas flores, un peluche y un kit de los 90. Ya sabes, esos que se venden en la red, que tienen goma de mascar Turbo, Coca-Cola, Yupis y otras cosas de la infancia. Después de recibirlo, se echó a llorar. El hecho es que pasó su infancia en un orfanato y había soñado con eso toda su vida... Después de eso compré todos los dulces posibles en todas las tiendas que encontré y organicé un día de dibujos animados de los años 90. ¡Qué poco se necesita para ser feliz! © Habitación N° 6 / vk

***

Mi novia me hizo un regalo para el Día de San Valentín. Al principio, al abrirlo, pensé que era una caja vacía (quizás estaba haciéndome una broma, pensé). Entonces vi la prueba...

P. D. Llevábamos intentando tener un hijo desde hacía mucho tiempo, y hace mucho que no lográbamos concebir. Estoy feliz. ¡Pueden felicitar al futuro padre! © nikita8631 / Pikabu

Bono: a veces, la felicidad no llega de inmediato

Hace exactamente un cuarto de siglo, en 1993, me quedé sin trabajo. No tenía mi propia vivienda, y mi esposa me abandonó, dejándome con nuestro hijo de 2 años y medio. Recordando mi juventud y mi primera especialidad, fui a trabajar como cerrajero en una granja avícola. Aquí se podría escribir un artículo entero sobre el trabajo en una suciedad inimaginable. Pero trabajaba, porque tenía que criar a un hijo, y no solo en mi trabajo principal, sino también a tiempo parcial, en cualquier lugar en el que podía. Y trataba de pasar mi tiempo libre con mi niño: hacíamos senderismo, pesca, rafting en botes en el río, y pasábamos la noche en la naturaleza. Cuando compré mi casa propia, construí toda una miniciudad de entretenimiento, la cual tenía desde un carrusel hasta una pequeña piscina. También abrí un pequeño zoológico. En el patio trasero siempre había un montón de niños, y luego adultos, amigos de mi hijo. Ahora que tiene 27 años, tenemos una gran relación y, en general, todo está bien. Y lo mejor de la vida es cuando mi hijo de la nada simplemente me dice: “Papá, te amo”. © MARK TWAIN / Pikabu

Estamos seguros de que tú también tienes historias similares a estas. Por favor, cuéntanos sobre tus momentos más felices en la sección de comentarios. ¡Nos encantaría leerte!

Imagen de portada Палата №6 / vk