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Por qué los días parecen ser más cortos conforme envejecemos, explicado por un experto

¿Alguna vez has reflexionado sobre cómo el tiempo parecía transcurrir más lento cuando eras pequeño y, en la vida adulta, parece que le hubiesen quitado horas a tus días? Científicos se hicieron la misma pregunta y desarrollaron varias explicaciones para responderla. El físico Adrian Bejan inclusive publicó recientemente su propia idea.

Genial.guru sintió curiosidad por este fenómeno y decidió compartir algunos detalles sobre él con sus lectores, además de un bono especial con otra curiosa explicación.

¿El tiempo vuela?

Adrian Bejan.

Desde siempre, la percepción del tiempo ha sido un tema muy estudiado por la comunidad científica, y hasta el mismo Einstein aseguró que esta era relativa. Recientemente, fue Adrian Bejan, un profesor de ingeniería mecánica en la Universidad Duke, Estados Unidos, quién desarrolló una nueva explicación sobre por qué el tiempo que antes parecía bastante duradero, a veces solo alcanza para hacer un par de cosas cada día: la física.

Su trabajo fue publicado en la revista European Review, donde explicó cómo el funcionamiento de la mente respecto con las imágenes altera nuestra percepción del tiempo. El tiempo físico es siempre igual: 24 horas son 24 horas en un reloj digital, de pared o de cualquier tipo, pero no serán las mismas en el tiempo mental que se mide de acuerdo con el procesamiento de los estímulos observados.

La mente percibe la realidad a través de imágenes. Cuando una nueva llega a la corteza cerebral, se “siente” el cambio de tiempo, sin importar la hora que indique el reloj. Las mentes jóvenes suelen recibir más imágenes que las adultas, lo que da la sensación de estar experimentando más cambios de tiempo y mayor productividad.

No es que las experiencias de la infancia o juventud sean más profundas que las de la vejez, sino que su rápido procesamiento modifica la percepción del tiempo. Este fenómeno tiene que ver con el envejecimiento del cuerpo humano, ya que, cuando los nervios y las neuronas maduran, sus redes crecen y se acomplejan, haciendo que el procesamiento de imágenes se enfrente a una mayor resistencia y, por tanto, se ralentice.

El tiempo y el descanso

La percepción de un tiempo más duradero y productivo ocurre cuando el cuerpo y la mente están descansados. Adrian Bejan explicó esto poniendo como ejemplo el rendimiento de un atleta o de un estudiante: el deportista cansado no es capaz de anticipar jugadas y pierde velocidad, y el alumno es más propenso a cometer errores y fallar al intentar resolver un problema.

Cuando el cuerpo no descansa, parece que el tiempo no pasara. Una persona adulta suele tener más ocupaciones que le puedan impedir tener un descanso efectivo, mientras que, para un niño, es normal cumplir con ciertas horas de sueño sin mayores inconvenientes.

Además, el investigador también mencionó que la distorsión del tiempo en los jóvenes tiene que ver con pasar demasiado tiempo en redes sociales, privándose del sueño y alterando incluso su humor y procesos mentales.

Bono: ley de Weber

¿Qué pasaría si entraras a una habitación oscura y, al fondo, encontraras una vela encendida? La notarías enseguida, ¿verdad? Pero ¿y si la habitación estuviera completamente iluminada? Quizá te tomaría un poco más de tiempo notar que la vela está ahí. De eso precisamente se trata la ley de Weber, de cómo la magnitud física de un estímulo altera nuestra percepción sobre él.

También conocida como “Ley de la sensación”, fue propuesta por Ernst Heinrich Weber en su libro Elemente der Psychophysik, y formula una relación matemática entre la intensidad de un estímulo y la sensación que produce: mientras menor es el estímulo, menor la sensación.

Llevando esta ley a explicar la percepción del paso del tiempo, podemos decir que conforme envejecemos recibimos menos información novedosa que antes, por lo que parece que el tiempo pasa más lento.

Por ejemplo, si estás planeando hacer un viaje en dos semanas, pero algo pasa y debes posponerlo hasta tres semanas después, esa semana extra se sentirá especialmente larga; pero si inicialmente habías planeado el viaje para dentro de ocho semanas y debes posponerlo a nueve, esa última semana no se percibirá como mucho más larga. En ambos casos, la diferencia es de una semana, así que es perceptualmente allí donde yace la discrepancia.

La percepción del paso del tiempo está estrechamente relacionada con los estímulos físicos que recibimos, y las nuevas experiencias contribuyen a sentir que las horas pasan más lentamente. Así que, toma las maletas, haz ese viaje que tanto deseas realizar y sé dueño de tu tiempo.

¿Cómo utilizabas tu tiempo antes y cómo lo haces ahora? ¿Qué cambiarías? Cuéntanos en los comentarios.

Ekaterina Gapanovich para Genial.guru
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