12 Trucos que funcionarían hasta con el embaucador más experimentado

Historias
hace 2 meses

Hay gente a la que le gusta decir las cosas claras, tal como son. Pero a veces, para conseguir lo que quieres, tienes que seguir siendo astuto. Así puedes ahorrarte los nervios y conseguir lo que quieres más rápido. Y con la ayuda de algunos trucos puedes dar una lección a los que te ofenden o conseguir un buen trabajo.

Pero es importante no pasarte. En el bono demostraremos que los planes demasiado astutos fracasan.

  • Mi esposo y yo estamos todo el día en el trabajo, trabajando de la mañana a la noche, y tenemos una hija de trece años. No tenemos tiempo para cocinar y ella aún no sabe hacerlo, como mucho hace bocadillos. Decidimos contratar a una cocinera: tenemos una conocida que hace comida casera, minicenas, como para catering. Mi marido siempre le dice a la cocinera: “Cocina también para ti. ¡No te cortes! Vas a volver a casa y también tienes que dar de comer a tus hijos. ¿Cuándo vas a hacer eso? Así que échate la sopa en el termo, y en un recipiente mete todo lo que quieras. No hay problema. Pero cocina mucho para que no falte comida. Nosotros lo pagaremos todo”. Me maravillé de lo amable que era mi esposo, hasta que dijo que era para que ella cocinara platillos más ricos. Con la expectativa de que cocine no solo para nosotros, sino también para ella misma.
  • En mi infancia, cuando mi madre y yo nos peleábamos y ella no me hablaba, me ponía inmediatamente a hacer los deberes y empezaba a hacerle preguntas (como si necesitara su ayuda), a pesar de que sabía las respuestas. Creo que mi madre sabía por qué yo lo hacía, pero de esta manera empezábamos a acercarnos poco a poco. Un truco infantil.
  • Cuando empecé mi carrera, conseguí trabajo en un salón de belleza. Soy peluquera-colorista. No estaba permitido intercambiar contactos con las clientas, y se me ocurrió un truco: miraba la pantalla de sus móviles. En todo caso, tenían que pasar en el salón mucho tiempo y todas se metían en las redes sociales, así que memorizaba sus nombres. También guardaba las páginas de aquellas que dejaban comentarios. Después de 2 años me fui de aquel salón y envié mensajes a estas clientas. Algunas continuaron yendo al salón, pero muchas se fueron conmigo. No creo que haya hecho algo malo. Yo misma acudo en primer lugar a un profesional y no al salón.
  • Cuando era niño, comía muy mal, podía no comer nada en todo el día. Nunca me obligaron, pero mi madre empezó a utilizar cierto truco. Como a la mayoría de los niños les gusta hacer de todo desafiando, ella ponía un plato en la mesa y decía: “¡Hijo, no puedes comer eso!”. Yo me acercaba el plato diciendo: “¡Sí, puedo!”. Y comía. Sin duda, probaré este método con mis hijos.
  • Cada mañana enfrento a un desafío muy interesante: despierto a mi hijo para que vaya a la escuela. Y cada día se resiste. Hoy abre un ojo, me mira suplicante y vuelve a dormirse. No me rindo, vuelvo a intentarlo. Entonces abre los dos ojos y me mira largamente a la cara. “¿Qué?”, le pregunto. Hace una pausa teatral y sigue mirándome fijamente. Pensé que tenía algo en el rostro. Pero entonces mi hijo dice con voz soñolienta: “Todos los días te miro, ¡pero nunca me había fijado en lo hermosa que eres!”. Me sentí avergonzada, sonreí, permití que el astuto no fuera a la primera clase. ¡Pero mañana este truco ya no funcionará!
  • Convencí a todos los invitados que vienen a menudo de que es costumbre que nos lavemos los platos enseguida. Supuestamente para que nuestros hijos pequeños, al verlo, se acostumbren a fregarlos. Y que esta norma no debe romperse nunca. Al fin y al cabo, los niños, al ver los platos sucios, también dejan de lavarlos, porque piensan que mamá tiene que limpiar lo que deja todo el mundo. Al principio hubo muchas preguntas de los invitados, pero luego todos empezaron a seguir esta regla. Ahora ya no tengo que lavar una montaña de platos cada vez. Todo un éxito.
  • No necesito televisión por cable, pero la empresa fue muy insistente. Me bombardearon con folletos publicitarios. Reuní un montón de folletos, les añadí purpurina y se los envié al vicepresidente de ventas. El siguiente paquete fue al vicepresidente de marketing. El tercero fue al director general. Nunca me volvieron a enviar folletos. © Leigh McNally / Quora
  • Mi hermano salía con una chica, su familia era de Hungría. Le gustaba vestirse de forma inusual. Un día estábamos haciendo fila en una tienda y dos mujeres la miraban con reproche y le decían algo en un idioma extranjero. Resulta que eran húngaras y estaban hablando de su ropa. La niña decidió darles una lección. Les sonrió dulcemente y les deseó un buen día en húngaro. Nunca había visto cambiar así la cara de la gente. ¡Tomen! © Connie Stephens/ Quora
  • Mi hija va a la guardería. Todas las mañanas tiene problemas para levantarse, le cuesta mucho despertarse, aunque se acuesta a su hora. Hoy la he despertado y he visto que dormía con la ropa que había preparado para la guardería. Le he preguntado: “¿Por qué te has acostado con la ropa puesta?”. Y ella, sin abrir los ojos: “Me he vestido desde la noche. ¿Puedo dormir un poco más?”. ¡Truco de vida!
  • Trabajaba en una zapatería infantil. Una vez, un niño me tocó la nariz y fingió arrancármela: “¡Ja, ja! Ahora tengo tu nariz”. Yo también jugaba así cuando era niño. Pero a los cachorros hay que enseñarles que no se puede jugar con un perro grande. Le contesté: “Puedes quedártela, está llena de mocos”. La sonrisa de satisfacción desapareció de su cara. © Dave Norris/ Quora
  • En el kínder, embellecía todo para que me alabasen o me compadeciesen. En la escuela, fingía estar enferma, corregía mis notas en el boletín y me saltaba las clases de vez en cuando. Me gradué con matrícula de honor. En la universidad hice solo lo que quería: me licencié sin repetir un curso. En el trabajo todo me va bien: he ascendido, nunca me han privado de un bono por mis errores, me hacen favores. Y todo porque soy astuta desde niña y he comprendido cómo funciona el mundo. Y lo hago de tal manera que no me pillen ni me castiguen.
  • Como en mi infancia le hacía más caso a mi madre, mi padre recurría a un truco y se refería a ella: “Mamá dice que es mejor así”. Y así lo hacía. Funcionó durante mucho tiempo.

Bono

  • Hacía mucho tiempo que mi querido no me regalaba flores. Así que pensé en darle una pequeña pista. Llegó a casa a las once de la noche, dejó sus cosas y bajó a aparcar el coche. Le dije muy cariñosa: “Amor, llévate la cartera, cómprame una barra de chocolate”. Y pensé: “La tienda ya está cerrada, y al lado se venden flores hasta medianoche. Llegará, verá que la tienda está cerrada, se pondrá triste, ¡entonces verá las flores y me comprará una rosa!”. Al final, volvió con las manos vacías: se había olvidado de mi petición. Mi astuto plan fracasó.

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