21 Tacaños que merecen el respeto de Don Cangrejo

Historias
hace 7 meses

Ahorrar es un hábito que, sin duda, tiene muchos beneficios, pero hay quienes lo llevan al extremo y terminan convirtiéndose en unos dignos participantes de Tacaños extremos. Y eso de querer evitar que el dinero se vaya por la coladera, pone a sus conocidos en las situaciones más incómodas, todo por estar cerca de gente a la que le cuesta bastante compartir.

  • Nos invitaron a una comida y llevamos dulces y bebidas. Dejé las botellas en la cocina mientras saludaba a los invitados; aún estaban en la envoltura de la tienda. Cuando regresé a buscarlas, las habían sacado y puesto de adorno en una repisa. © Elisa Montes / Facebook
  • Fuimos a una fiesta de cumpleaños. Éramos cuatro cumpleañeros, entre ellos, mi hijo mayor y yo. Llevé un pastel grande y decorado. Cuando llegamos, la señora de la casa lo guardó en la cocina. A la hora de cantar el “Cumpleaños feliz” y partir el pastel, sacaron uno pequeñito y repartieron unas porciones casi transparentes de lo delgadas que eran. Como nos quedamos a dormir en esa casa, cuando desayunamos, yo fui a la cocina y saqué el pastel, repartí y les di a algunos para que llevaran a casa. No se lo dejé completo a la señora, como ella quería. Me pareció un abuso de su parte. © Mildred Rugeles / Facebook
  • Me pasó en una fiesta de Navidad de la familia de un amigo. Pidieron una cantidad de dinero por persona para la cena. Yo comí un pedacito de pastel y un refresco, porque estaba embarazada. Mi esposo no comió. Fue una total decepción. Tenían todo en una mesa para la familia del amigo y nosotros, por otro lado, ni agua teníamos. © Suhay Peña / Facebook
  • Cuando mi hermana era pequeña, en la escuela, la directora del curso organizaba una convivencia a fin de año con dulces, pasteles y bebidas con el dinero que los padres juntaban. Compraban un pastel enorme, pero a los niños con suerte les tocaba un trozo bien delgado. Sin embargo, siempre, al finalizar las clases, todos veíamos a la directora salir con bolsas de dulces y más de la mitad del pastel. Se llevaba todo para su casa. © Ana Luisa / Facebook
  • Una vez, una amiga de mi madre nos invitó a su casa por la tarde. Pasamos a comprar pan, jamón, queso y pastelitos. Al llegar, mi mamá entregó todo a su amiga y pasamos a la sala. Fue extraño que los de la casa desaparecieran de a uno, y cuando esa persona regresaba, se iba otra. Con el tiempo nos dimos cuenta de que habían ido de uno a uno a comer a la cocina. Estuvimos hasta casi la media noche y no nos ofrecieron ni agua. Pasamos toda la semana comiendo pan sin nada porque mi madre gastó el dinero de la semana en esa visita y no la aprovechamos. Claramente, al recibir la siguiente invitación no fuimos. © Miriam Aguilar / Facebook
  • Una vez, de niños, nos invitaron a un campamento. Mi mamá preguntó qué debíamos llevar para comer o dormir, pero ellos dijeron que nada, ni cobijas. Igual llevamos unas frazadas. Cuando llegamos al campamento, se empezaron a separar de nosotros, comenzaron a cocinar y a comer delante de nosotros. Ni siquiera nos voltearon a ver a la hora de dormir. Y, para rematar, desayunaron igual, nos excluyeron horrible, nos daban la espalda. Cuando al fin se quisieron ir y llegamos a las casetas de cobro fue cuando voltearon a vernos para decirnos que teníamos que pagar la caseta. Mi mamá estaba tan molesta que les dijo que no, que todos debían pagar. El chofer se indignó, igual que los demás. Jamás volvimos a dirigir una palabra a esas personas. © Thalia Os / Facebook
  • En mi trabajo, de vez en cuando hacíamos un convivio y todas poníamos una cantidad igual de dinero. Cuando se le pedía a una persona en concreto, siempre decía que no, pero si era gratis, siempre se apuntaba. Ella era de las que más dinero tenían, pero era tacaña como ninguna. © M Carmen Molina Forte / Facebook
  • Era el velorio de mi abuelito. Hice el almuerzo para mis hermanitos y papás. Al ver a una pariente le dije que pasara a servirse. Cuando volvimos, solo quedaban menudencias de estofado. Ella había invitado a sus amistades a nuestro almuerzo como si fuera una olla común. Hay gente que no respeta. © Lalla Karla / Facebook
  • Recuerdo una vez en que quedamos con unos amigos de mi ex. Salimos a dar un paseo y se nos hizo tarde; eran como las cuatro y algo. A esa hora yo ya no tenía hambre, se me había pasado, pero ellos pararon a almorzar. Empezaron a pedir como locos. Mi pareja me dijo que pidiera algo; yo le dije que no me apetecía, pero insistió, por lo que me pedí una tortilla francesa. Allí comieron y bebieron todo lo que se te ocurra y más, y, a la hora de pagar, yo tenía que pagar lo mismo que ellos, y la cuenta era bien grande. Si yo como pato y tú te comes un huevo frito, no te voy a hacer pagar lo mismo que yo, digo yo. © Miriam Ortiz / Facebook
  • Mi ex era el presidente del edificio donde vivíamos. Casi todos los vecinos eran extranjeros. Un día invitamos a uno para cenar a las 7. A las 8, aún no había llegado, así que nos pusimos a cenar. Apareció a las 8:30 con dos zanahorias crudas. No sé, tal vez creyó que éramos conejos. © Ada Bohorquez / Facebook
  • Un día, en la universidad, una compañera nos invitó a comer a su casa. Pasamos al OXXO, compramos refrescos, botanas, llegamos a su casa, vimos una película y comenzamos a comer. Le dijimos que muchísimas gracias por la comida y ya íbamos de salida cuando nos dijo: “Son 30 pesos cada una”. Eso fue hace doce años. Y nosotras, todas apenadas, le pagamos y salimos. Nunca me había sentido tan incómoda en mi vida. © Blanca Flor Méndez CamaCho / Facebook
  • Una vez nos invitaron a una fiesta; pusieron mesas y sillas para diez personas cada una, todas se llenaron. Esperábamos la comida y ¡oh, sorpresa! Solo sirvieron un plato de cueritos y tortillas para todos. No hubo nada más para comer. Nos ha de haber tocado un taco a cada uno. © Adri Lara / Facebook
  • Un amigo de la infancia me invitó al primer cumpleaños de su hijo. Viajé con dos pasteles por 3 horas en autobús y, cuando llegué, me puse a ayudar a preparar sándwiches. Su esposa preparó dos pasteles y, cuando vio los que había llevado, dijo que qué íbamos a hacer con tanto pan. Llegó el momento del festejo, después de las 6 p. m., y lo único que me tocó fue la mitad de un sándwich. © Carmen Vázquez / Facebook
  • Mi prima jugó al Santa secreto cuando estaba en el colegio. El regalo debía ser de, como mínimo, 7 USD. Ella le dio a la chica que le correspondía un peluche y accesorios para el cabello, pero a cambio recibió un par de aretes usados y oxidados de menos de 1 USD. © Alejandra Martinez / Facebook
  • Fuimos a hacer un trabajo grupal a la casa de una amiga desde la 1:30 de la tarde hasta las 8 de la noche. Nos fuimos al salir de clases porque nos urgía entregarlo. Éramos tres y la compañera. Cuando llegamos a su casa, sus papás y su hermano la estaban esperando para comer, entonces sacaron una mesa al patio y ella nos dijo que empezáramos. Ella comió con su familia y a nosotros ni agua nos invitó, y eso que llegamos acalorados por caminar bajo el sol. Para las 7 de la noche volvieron a comer y no nos dieron nada. La chica ni siquiera nos ayudaba, solo salía, nos preguntaba cómo íbamos y se volvía a meter a ver televisión. © Nercy Carrillo / Facebook
  • En un tiempo, solíamos ir a pasar Navidad a la casa de una hermana. Todos debíamos llevar algo para la cena porque ella no hacía nada. Cuando llegó la hora de cenar, nos dijo que no nos sentáramos a la mesa todavía, porque primero cenarían sus invitados. La mesa se llenó con gente que ni conocíamos. Nunca más volví a ir a cenar a su casa en Navidad. © Mimasol Falconetrevino / Facebook
  • Una vez hice pozole para unos amigos. Unos quedaron en llevar los refrescos, otra de traer el aguacate. Mi sorpresa fue cuando ella trajo a su hijo, que no era problema, y solo me dio un aguacate. Me quise morir. © Olga Orozco / Facebook

Si bien hay personas súper generosas capaces de quitarse la comida de la boca para dártela, también hay otras que con tal de no sacar un solo peso de su bolsillo harían cualquier cosa. Quizá ellos piensen que pasan desapercibidos y que el resto no se da cuenta de sus estrategias de tacañería extrema para mantener el puño cerrado, pero lo cierto, es que es más que evidente.

Ten en cuenta: este artículo se actualizó en diciembre de 2022 para corregir el material de respaldo y las inexactitudes fácticas.

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