Madre alimenta a su bebé de meses con grillos para ahorrarse 200 USD a la semana y no se lo perdonan

Historias
hace 8 meses

Ser padres resulta una tarea más compleja de lo que uno creería: noches sin dormir, la angustia por si se enferma, la adecuada nutrición para que crezca sano y fuerte, sumado al golpe al bolsillo y no solo en pañales. La alimentación de un bebé puede resultar tan costosa que algunos padres acuden a su ingenio y conocimientos para ahorrarse unos cuantos dólares.

Tiffany Leigh, una escritora gastronómica canadiense, compartió que brinda a su niña, de tan solo 18 meses, grillos secos como fuente de proteínas. Según sus afirmaciones, esta opción le permite ahorrar considerablemente en su presupuesto de alimentos al visitar el supermercado, ya que utiliza los grillos como un bocadillo y también los incorpora en otras comidas habituales.

Incluso Tiffany contó que en sus viajes por Tailandia y Vietnam, aprendió a comer hormigas, tarántulas, grillos y hasta escorpiones. Lejos de molestarle, ella encontró que los insectos le daban una textura interesante a la comida. Por esa razón, al llegar a casa decidió incorporar los grillos a la dieta familiar. Hasta acá todo normal, cada quien es libre de comer lo que quiera.

Pero cuando se trata de un bebé, muchos querrán dar sus opiniones. Pues sí, la escritora, que está dispuesta a comer casi que cualquier cosa por su trabajo, decidió dar a su hija, de dieciocho meses, grillos mezclados con sus alimentos. No solo tiene que ver con la calidad de la proteína de los insectos, también hay un tema económico detrás de todo esto.

Y es que Leigh escribió que gracias a rotar los grillos con otro tipo de carnes más tradicionales, como de res, cerdo o pollo, ha logrado ahorrar entre ciento cincuenta y doscientos dólares semanales. También contó que con su hija, dan saltos para llegar al tarro de grillos, haciendo de la ingesta un acto divertido, en busca de crear una experiencia positiva y una relación sana con ese tipo de alimentos.

Claro que si quería un poco más de polémica la consiguió, al declarar que había comenzado tarde con la práctica culinaria, que esta ha debido comenzar a los seis meses. Eso sí, tendría que ofrecerlos de una manera más segura, como, por ejemplo, molidos en las papillas, y ya cuando hubieses desarrollado la habilidad de la pinza con su mano, entonces sí dárselos enteros.

La madre contó que la primera forma en la que se los dio, fueron escondidos en bolitas de arroz y que resultaron muy parecidos a los Cheetos, pero menos salados. Pero otra fue la historia de cuando comenzó a dárselos asados, no por la bebé, más bien por la misma madre que relató: “Podías ver sus pequeñas cabezas, tórax y abdomen, todos agrupados. Odio admitirlo, pero tocarlos fue un poco asqueroso para mí. Afortunadamente, contuve mis expresiones faciales, dejé que mi bebé mirara dentro de la bolsa y agarrara un grillo para ella. Sin dudarlo, le dio un mordisco, pero rápidamente arrojó el resto al suelo. Sacudió la cabeza y me dijo que no estaba interesada”.

Luego de ese desafortunado encuentro, Tiffany tuvo que inventar otras recetas hasta lograr que su hija se interesara, realmente. Lo consiguió preparándole un pastel con grillo molido y ahora sí pidió más. La madre entusiasta de la nutrición dijo que ahora quería probar con saltamontes, gusanos y hormigas, ya que su contenido nutricional es muy valioso.

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