10 Consejos para comprar en el supermercado y evadir las trampas de los publicistas

Ir al supermercado posiblemente sea para todos una rutina diaria o semanal. Para algunos es algo placentero, mientras que para otros puede significar una tarea molesta. Cada persona lo recorre a su manera, y esto habla también de su personalidad y su modo de vida. Ahora, cuando recorres un sitio como este, ¿sabes que detrás de esas góndolas repletas de alimentos hay mentes estrategas dedicadas a intentar influir sobre tus decisiones?

Genial.guru recopiló estos 10 consejos sobre compra inteligente que ahora quiere compartir contigo. Lee hasta el final y estarás listo para esquivar las trampas del marketing.

1. Los últimos son los mejores

El sistema de almacenamiento de alimentos tiene una norma que siguen los comerciantes: ya sea que se trate de alimentos frescos, congelados o envasados, los artículos con fechas de caducidad más pronta se colocan al frente, y aquellos cuya fecha es más lejana se acomodan en la parte posterior de la góndola, aquella que es más difícil de ver. Este es un modo de asegurarse de que los alimentos con fecha de caducidad más cercana se vendan primero.

Por eso, a la hora de elegir sobre todo lácteos, productos agrícolas y otros alimentos frescos, mejor alargar el brazo y buscar los que están “escondidos” en la segunda, tercera o cuarta fila.

2. Primera y última hora; los productos más frescos

Para encontrar frutas y verduras frescas, lo mejor es ir de compras temprano por la mañana o justo antes del cierre de la tienda. Estos suelen ser los horarios que coinciden con las entregas. Así es como encontraremos más diversidad y frescura en los productos que vayamos a consumir ese mismo día o al siguiente.

3. El carrito de compras nos beneficia

Es posible que alguna vez hayamos leído que recorrer un supermercado con una canasta es un método para no gastar de más, ya que, aparentemente, de esta forma nos limitaríamos a comprar solo lo necesario. Sin embargo, distintas investigaciones sostienen que quienes eligen la canasta a la hora de hacer sus compras tienen más posibilidades no solo de derrochar dinero, sino también de comprar productos poco saludables.

Aparentemente, el esfuerzo de cargar una canasta nos hace más propensos a comprar rápidamente y solo aquello que está más a la vista y al alcance de nuestras manos. Además, un dato muy curioso: la incomodidad que genera la tensión en el brazo hace que las personas sean más propensas a elegir la gratificación instantánea que puede darles el consumo de caramelos, galletas y snacks como una especie de resarcimiento al esfuerzo.

4. Muchas veces, el producto congelado es la mejor opción

Existe una creencia muy instalada de que los productos frescos son siempre más saludables que los congelados; sin embargo, con frecuencia esto no es así. Ocurre con las frutas que no son de estación, la verduras, los granos e incluso el pescado: puede que hayan hecho un gran recorrido hasta llegar a la góndola donde ahora se exhiben aparentemente frescos y saludables.

A menudo, los alimentos se congelan en su punto máximo de frescura. Por ejemplo, los frutos rojos comienzan a perder nutrientes momentos después de ser recogidos, de modo que congelarlos ni bien se recolectan es la mejor forma de conservar todas sus propiedades. Luego de leer la etiqueta y asegurarnos de que no contengan sodio, azúcar o productos químicos, podremos estar tranquilos de ingerir un alimento rico en nutrientes y en el momento que queramos.

5. No confiar en lo que nos dice el paquete

Por ley, las bebidas y los alimentos envasados en el supermercado tienen una declaración de ingredientes. Como regla general, estos se enumeran por peso, de mayor a menor. Esto quiere decir que que veremos primero en la lista aquello que está presente en mayor proporción, y así sucesivamente. De modo que es aconsejable adquirir el hábito de ignorar lo que afirma la caja e ir directo a la información nutricional. Allí está la verdad.

Afirmaciones como “reducido en grasas”; “sin azúcar agregada”, etc., pueden hacernos creer que estamos comprando un producto saludable y que no nos hará subir de peso. Sin embargo, incluso los productos “lightpueden aportar azúcares o cantidades de grasa significativas. El color verde y las afirmaciones demasiado generales no son igual a 0 calorías, 0 grasas y 0 colesterol.

6. Para comprar, mejor los límites

Si visitamos un supermercado en un horario muy frecuentado, seguramente los pasillos del centro sean el lugar donde nos encontremos con mayor concentración de gente; es allí donde solemos pasar más tiempo cuando vamos de compras. Pero el lugar que más deberíamos recorrer si queremos cuidar nuestra alimentación no está en los pasillos sino en los perímetros exteriores de la tienda. Es allí donde encontraremos los alimentos más frescos y menos procesados: frutas, verduras, carnes, productos lácteos y panes.

En cambio, la mayoría de los alimentos de las góndolas centrales son procesados. Esto significa que tienen productos químicos que los mantienen estables y conservados lejos de las heladeras. Esto explica por qué, si queremos una alimentación saludable, mejor los bordes que el centro.

7. Descartar las tarjetas

Un estudio publicado en el Journal of Consumer Research (Revista de investigación del consumidor) rastreó los hábitos de compra de distintos hogares durante un período de 6 meses y llegó a una conclusión que puede que ya sospecháramos: los compradores que pagan en efectivo no solo gastan significativamente menos en sus compras de comestibles; también compran menos alimentos procesados y más artículos nutritivos que quienes optan por crédito o débito.

8. No todo lo que brilla es oro

Las verduras exhibidas en bandejas, relucientes, perfectamente simétricas, cortadas y brillosas, pueden resultarnos atractivas; pero, una vez más, en este caso no debemos dejarnos llevar por las apariencias. El que estén exhibidas de esa forma puede deberse justamente a que quieren llamar nuestra atención. Quizás sean de calidad inferior o estén menos frescas.

Por el contrario, las frutas frescas y de primera calidad son las que suelen tener formas más irregulares y ligeras imperfecciones. Lo mejor siempre es poder tocarlas, olerlas y mirarlas. Por eso; no nos dejemos llevar por la tentación y alejémonos de aquellas que están en bandejas y parecen sonreír bajo la luz de los flashes.

9. Bajar la mirada es una buena opción

El lugar donde se coloca cada artículo dentro de un supermercado no es de ningún modo azaroso. Detrás de cada góndola hay un experto en marketing que planificó la mejor forma de atraer la atención sobre algunos productos y de desviarla de otros. Le regla principal: “el nivel de los ojos es el nivel de compras”; esto significa que es muy probable que los productos ubicados al nivel de los ojos se vendan mejor.

Si miramos con atención, no tardaremos en notar que las opciones más caras están en ese nivel, mientras que las marcas más económicas o menos conocidas estarán más arriba o más abajo. Pero más caro no significa de mejor calidad; simplemente significa que los fabricantes de esos productos costosos han podido pagar el alto precio que les impone el supermercado para poder exhibirse allí y garantizar su venta.

10. El pescado, solo envasado al vacío

Quienes saben de pescados y mariscos aconsejan no comprar estos últimos en supermercados, porque no podrían llegar hasta allí frescos, y, de comprar pescado, hacerlo solo si se ofrece sellado al vacío. No es aconsejable elegir los que están en bandeja de espuma de poliestireno porque, como los mariscos, es probable que no se hayan podido conservar frescos el tiempo que tardan en distribuirse en los supermercados.

¿Qué tienes en cuenta a la hora de comprar en un supermercado? ¿En qué lugares te detienes más tiempo y qué sector es el primero que recorres?

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