12 Hechos sobre la crianza en la antigüedad que demuestran cuánto ha cambiado la forma de cuidar a nuestros hijos

Bien lo indica un dicho popular: “Se necesita una aldea para criar a un niño”. Y es que realmente el cuidado de un hijo y saber que este ser depende totalmente de uno suena bastante abrumador, ¿no? Pues las recomendaciones, libros y expertos sobre el tema nunca faltan, y, como podremos ver, han ido evolucionando desde hace un par de décadas atrás hasta nuestros días.

Desde bañar a los recién nacidos con mantequilla hasta permitir que tomaran café desde los seis meses, Genial.guru encontró 12 hechos, consejos e ideas que se tenían en la antigüedad sobre diversos temas relacionados con la crianza, los cuales probablemente hagan arquear la ceja a más de uno.

1. Los bebés eran entrenados para ir al baño al poco tiempo de nacidos

A comienzos del siglo XX, se motivaba a los padres a que iniciaran con el entrenamiento de sus hijos para ir al baño cuando tenían unas cuantas semanas de nacidos, para que, cuando pudieran sentarse, esto fuera algo más constante.

Los pañales desechables influyeron significativamente en el retraso de la edad para enseñar a un bebé a ir al baño, ya que antes, como se utilizaban pañales de tela, este aprendizaje se iniciaba cuando los pequeños tenían entre 12 a 18 meses. Cabe destacar que se han encontrado piezas y dibujos que muestran el uso de bacinicas ya en la Antigua Grecia.

2. Bañaban a los bebés recién nacidos en grasa de cerdo

En un libro con consejos para las madres publicado a mediados del siglo XIX, recomendaban bañar al recién nacido para quitarle la sustancia pastosa que recubría su piel, conocida como vérnix caseosa. Después de que el cuerpo era bien untado y frotado suavemente con manteca de cerdo o aceite, el bebé era lavado con una esponja, jabón y agua tibia.

En la actualidad, la recomendación es bañar a los bebés después de 24 horas de nacidos para mantener su temperatura corporal y que la madre pueda iniciar con la lactancia en cuanto nazca. Además, no se debe remover esta sustancia que recubre el cuerpo del bebé, ya que le sirve como una capa de protección.

3. Cambiaron drásticamente las recomendaciones para el momento de irse a la cama

En el libro mencionado anteriormente, se recomendaba que los niños se durmieran a las 6 de la tarde en invierno y a las 7 en verano. Si lo hacían más tarde, el autor indicaba que los pequeños envejecerían antes de tiempo y se “sembrarían las semillas de la enfermedad”. También se recomendaba hacerlos correr media hora antes de ir a dormir, para calentar sus pies, evitar sabañones y para que durmieran profundamente. Por el contrario, actualmente se indica que los niños se relajen un par de horas antes de dormir en preparación para el sueño.

4. Se tenía arsénico cerca de los bebés sin saberlo

En la época victoriana estaba de moda un tinte artificial de un hermoso tono verde esmeralda, el cual era muy llamativo. Empezó a prevalecer en diversos elementos como papel tapiz, vestidos, flores artificiales e incluso en carriolas de bebés. El problema era que la materia prima para obtener este tono era el arsénico, una sustancia altamente tóxica.

5. No era bien visto dar de lactar, y después tenían ideas “algo diferentes” a las actuales sobre esta actividad

Durante el Renacimiento, era poco común que las mujeres aristocráticas dieran de lactar a sus bebés, ya que se consideraba pasado de moda. Además, les preocupaba arruinar su figura, no tener vida social y no poder utilizar la vestimenta de la época. Por eso, normalmente empleaban a una nodriza para que cumpliera con esta tarea, ya que era más económico tener a alguien que se hiciera cargo de los bebés en lugar de una persona que reemplazara a la dueña de la casa en sus tareas.

Ya a inicios del siglo pasado, se decía que si la mamá daba de lactar estando enojada o muy preocupada, podría causarles a sus hijos cólicos, convulsiones o alguna otra enfermedad repentina.

En otro texto de finales del siglo XIX, con consejos para las jóvenes esposas, recomendaban a la madre no extender la lactancia más allá de los 9 meses, ya que hacer eso podía causar enfermedades cerebrales en los niños y sordera o ceguera en las madres.

6. Se pintaban los dedos con quinina

La quinina es un fármaco tóxico, actualmente solo utilizado para el tratamiento de la malaria. Pero parece que en 1911 aún se desconocía este dato, ya que en un libro sugerían pintarles las puntas de los dedos a los bebés con este fármaco para evitar que los chuparan o se mordieran las uñas.

7. Se debía evitar ser muy cariñosa con los hijos

Un libro publicado por el reconocido psicólogo John B. Watson en 1928 tenía un capítulo titulado “Los peligros del exceso de amor materno”, y era bastante tajante en sus indicaciones, que incluían el nunca abrazar ni besar a los hijos. En ese entonces se creía que si se atendía mucho a un bebé se lo estaba malcriando, por lo que no se forjaría correctamente su carácter.

8. Iniciaban la ingesta de alimentos sólidos a las pocas semanas e incluso días de nacido

Un estudio sobre la alimentación de los bebés en la época de posguerra recomendaba a las madres que empezaran a alimentar con sólidos a sus hijos a las seis semanas de nacidos y que combinaran la leche de fórmula con alimentos envasados para bebés.

En otro libro publicado a inicios de los años 60, un doctor indicaba que se les podía dar cereales a los bebés de dos días de nacidos y también recomendaba darles “bebidas de mayores”, como té o café a partir de los seis o siete meses, para que fueran acostumbrándose a la alimentación regular de la familia.

9. No podían ser zurdos

También a comienzos del siglo XX, a los niños o bebés que mostraban signos de ser zurdos se les obligaba a utilizar la mano derecha para actividades como comer y escribir. Se pensaba que si un pequeño decidía utilizar su mano izquierda, era un reflejo de una personalidad desafiante, lo que podía corregirse mediante el cambio forzado. Incluso se les amenazaba con castigos, como amarrarles la mano izquierda cuando trataban de utilizarla.

10. Para viajar te recomendaban llevar a los bebés en una canasta o en una especie de hamaca para vehículos

Los asientos de bebés para autos son algo relativamente nuevo, así que no nos sorprende que en los años 30 se recomendara a los padres llevarlos en una canasta de mercado, siendo esto (según el panfleto) lo más cómodo y seguro para viajar con bebés. Ya en la década de los 60, podemos ver que en un catálogo se promocionaba una especie de plataforma colgante para colocar al bebé en el asiento trasero y que pudiera moverse y jugar libremente.

11. Había accesorios especiales para colgar a los bebés de las ventanas y que tomaran sol

Al inicio del siglo XX, debido a la tuberculosis, se recomendaba a las madres mantener el mayor tiempo posible a sus hijos en lugares abiertos, ventilados y con sol. Como respuesta a esto, para las familias que vivían en edificios se crearon jaulas para bebés, unos accesorios para prácticamente colgar a los niños en las ventanas y que pudieran tomar baños de sol y aire fresco.

12. Los bebés debían dormir bocabajo

Entre 1970 y 1980, los expertos en crianza infantil recomendaban que los bebés durmiesen bocabajo, sobre sus pancitas, indicando que era la posición más segura para ellos, pero desconociendo que esta forma de dormir podía provocar la muerte súbita en bebés pequeños. A partir de 1994 se realizó una campaña para literalmente darle vuelta a la situación y promover que los pequeños durmieran sobre sus espaldas, reduciendo así los casos a más del 50 %.

¿Habías escuchado sobre estas recomendaciones y prácticas antiguas? ¿Tienes alguna costumbre relacionada con la crianza de los niños que pueda resultar llamativa para otras personas?

Compartir este artículo