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Verifiqué personalmente si un hombre puede hacer frente a los deberes de su esposa que está de baja por maternidad

En muchos países del mundo, tanto la mamá como el papá del bebé pueden irse de permiso parental. Pero en realidad, muy pocos hombres aprovechan este derecho. Mi nombre es Dimitrio, cumplí 8 meses llevando con orgullo el título de papá joven. Pero no puedo pasar mucho tiempo con mi hijo: trabajo, mantengo a mi familia y cumplo con mis responsabilidades masculinas en casa. Sin embargo, suelo escuchar las quejas de mi esposa, que pasa todo el tiempo en casa con el niño, de que está cansada. Discutimos con ella sobre quién de nosotros tiene una vida más difícil y decidimos cambiar de lugar por una semana.

Comparto los detalles de mi experimento, llamado “Destruyendo estereotipos, o papá de baja por paternidad” con Genial.guru.

Condiciones del experimento

Solicité vacaciones en el trabajo e iba a dedicar 7 días a las tareas del hogar. Y mi esposa iba a trabajar y reparar todo lo que se rompiera en casa. Como es una profesional independiente, para comenzar la jornada laboral solo tiene que acomodarse en su sillón frente a la computadora. Por la pureza del experimento, esta semana trabajó fuera de casa: se iba con su laptop a casa de su amiga. Esto se hizo específicamente para no tener la tentación de ayudarme.

Baja por paternidad: expectativas vs. realidad

Tenía pensado resolver los problemas relacionados con mi trabajo desde casa y advertí a mis colegas que permanecería en contacto: “Voy a responder todos los mensajes”. El primer día, estuve increíblemente feliz: ya no necesitaba prepararme para ir al trabajo, pasar tiempo en camino, son 3 horas adicionales por día. Además del trabajo y los cuidados del bebé, estaba planeando finalmente dedicar un rato a jugar a la PlayStation. Es que, después de nacimiento del bebé, mi consola de videojuegos se quedó totalmente abandonada.

Entonces, llegó el día X: mi esposa se va a trabajar, la acompaño hasta la puerta en pijama y con el bebé en brazos. Despedimos a mamá y nos quedamos en casa para permanecer juntos unas 8 horas. En la mesa encontré una hoja de papel A4 con instrucciones detalladas sobre qué hacer con el bebé: cómo, con qué y cuándo alimentarlo, a qué hora acostarlo, cuándo salir a pasear, cómo divertirlo y cómo vestirlo. El resto quedaba a mi discreción.

Quería estudiar detalladamente la nota dejada por mi esposa durante el desayuno tomando tranquilamente un café, pero resultó que mi hijo tenía otros planes: comenzó a comportarse mal. Traté de calmarlo, lo agarré en los brazos, lo apapaché, traté de alimentarlo, pero el niño me arrojó la papilla, manchándose con la que le quedaba de pies a cabeza. Mientras lo lavaba y le cambiaba la ropa, no paraba de gritar. Llamé a mi esposa diciendo que “el niño quiere verte”. Debo darle crédito: estaba preocupada, pero mantuvo la calma y no vino corriendo para salvarme. Bueno, así es como se convierte un metal suave, es decir yo, en acero.

Para poner fin a esta locura, decidí dar un paseo: tenía alguna experiencia en esto y comencé a empacar al niño en un overol. Sabía que a los niños no les gusta vestirse, pero el grito de mi hijo fue algo más que una simple protesta. Francamente dicho, pensé que los vecinos llamarían a la policía.

A pesar de todo, lo vestí, me puse la chaqueta y salimos corriendo a la calle, sin siquiera lavarme la cara. El paseo realmente nos tranquilizó a los dos, pero tenía que resolver el problema de mi dieta. Comí un hot-dog mientras mi hijo dormía en su carriola. Esto era lo único que comí durante el día, hasta que por la noche preparé la cena, mostrando todo mi talento culinario.

Permítanme presentarles el plato del día. Estaba tan ocupado con el niño que no seguí el tiempo de cocción y la cena explotó en el horno.

Al final del segundo día, me di cuenta de lo equivocado que estaba

Fui responsable de todo: cocinar, lavar, salir a pasear, comprar comida, incluso fui a la clínica infantil. Además, mi esposa fue dura conmigo. Por ejemplo, no pude evitar lavar los pisos, porque mi hijo gateaba en ellos, por lo que tuve que fregarlos a diario. Para la cena, tampoco tenía permitido preparar comida rápida ya que seguimos una dieta sana.

También me sentí impotente: cuando comienzas a vivir con una mujer, ella toma todo en sus propias manos tanto que a veces tienes que preguntar dónde están tus calcetines. En cuanto a nuestro hijo, aquí también, todo estaba en su poder. Bueno, imagínate: si le pregunto sobre mis calcetines, ¿cómo voy a saber dónde están los calcetines de nuestro hijo? En general, los hombres tienen una peculiaridad sorprendente de no darse cuenta de las cosas necesarias, incluso si están frente a sus ojos. Por lo tanto, tenía que llamar constantemente a mi esposa y averiguar dónde estaba lo que me hacía falta.

Mi esposa se adaptó enseguida

Mi esposa solía quejarse de que estaba cansada y se sentía aislada de la sociedad. Esta semana, siguiendo mi ejemplo, por la tarde, ella simplemente paseaba con el niño mientras yo preparaba la cena. Estaba contenta de que yo disfrutaba de los placeres de la maternidad. Y, volviendo a casa, me preguntaba qué hacer a continuación: cuándo bañar al bebé, con qué alimentarlo y a qué hora acostarlo. Menos mal que el niño todavía no va a la escuela, de lo contrario, debería ayudarlo con sus deberes por la noche.

El estado de ánimo de mi esposa era excelente, parece que incluso comenzó a verse mejor. Además, no se rompió nada en la casa durante la semana, no había necesidad de reorganizar los muebles, cambiar los focos de luz y reparar nada, por lo que no tenía nada que hacer después del trabajo. Mientras tanto, todavía me atormentaba la pregunta: ¿cuándo llegará el momento de la PlayStation?

“Todo fue un poco diferente. Por la noche, ayudaba en la cocina, sacaba la ropa de la lavadora que mi esposo solía olvidar allí, ordenaba el departamento. Además, solía apuntar en una hoja A4 la rutina de cada día, dejaba instrucciones y luego tenía que contestar sus llamadas telefónicas explicándole donde están los calcetines con conejitos, qué hacer si el niño no quiere comer o dormir. Y por la tarde otra vez lo mismo: el departamento está desordenado, mi esposo come a escondidas las papillas de nuestro hijo y el mismo niño comiendo galletas prohibidas y todo sucio. Inmediatamente llevo al bebé al baño y luego lo acuesto. No veo el beneficio de tal baja paternal. Pero dejo que continúe...”.
Esposa de Dimitrio

Comencé a entender a mi esposa

Nuestro hijo comía, dormía, lloraba, ensuciaba sus pañales y todo esto se repetía muchas, muchas veces durante el día. Al anochecer, me estaba quedando sin energía y emociones, y era más como un robot. Perdí por completo mi tiempo personal. Mientras que mi hijo dormía, tuve que hacer las tareas domésticas, pero a veces me quedaba inmóvil para aliviar el estrés emocional.

Por lo tanto, decidí hacer una rutina diaria clara, poner la alarma para todos los puntos principales del programa. Esperaba que de esta manera fuera más fácil saber la hora exacta de dar de comer o acostar al niño. Pero el chiquitín solía hacerme ajustar el horario.

Soy guardaespaldas

El bebé comenzó a gatear y trata de caminar. Se mete a todas partes, рor lo que hay que estar siempre encima de él, esconder todos los objetos potencialmente peligrosos. De esta manera, el chiquito explora el mundo: una vez lo encontré lamiendo las ruedas de la carriola que acababa de traer de la calle. Y no puedes explicarle de ninguna manera lo que no se puede hacer. “¡No toques el gato!” no funciona. Hasta que la propia mascota se defienda a sí misma, no la dejará en paz.

Fuimos a la clínica infantil: allí, los niños de un año y medio ya están jugando con dispositivos electrónicos y viendo dibujos animados. Me parece muy preocupante, pero los niños, por supuesto, imitan a los adultos. Tomé la decisión de minimizar el uso de mi celular y laptop en presencia de mi hijo: trabajé solo cuando él estaba durmiendo. Cabe mencionar que todavía no me dio tiempo de jugar a la PlayStation.

El día que se repite una y otra vez

Me despierto a las 6:00, desayunamos, jugamos, el bebé se queda dormido, hago las tareas domésticas, pongo la lavadora, el niño se despierta, vuelve a desayunar, jugamos, paseamos, de camino pasamos por la tienda... y todos los días se parecen al día anterior. Es difícil comprender el grado de monotonía que tienes que aguantar hasta que lo aprendas de primera mano. Pero tal modo de vida me trajo muchas habilidades nuevas y útiles: hago tareas domésticas y reviso correspondencia comercial, todo con una mano, mientras que con la segunda acunas al bebé.

Al principio, a menudo entraba en pánico y llamaba a mi esposa, por ejemplo, cuando mi hijo no paraba de llorar, incluso si lo tenía en brazos. Ahora incluso comencé a entender un poco las causas de su llanto. Lo que aprendí perfectamente es la regla: si el niño está durmiendo, también debes dormir. No podía permitirme echarme una siesta todos los días, pero traté de reservar una hora para ello, para que por la noche no me sintiera agotado.

A partir de ahora, concentración es mi segundo nombre. Comencé a olvidar lo que son la pereza y el pasatiempo inactivo. Antes de salir de la casa, podía pasar mucho tiempo en el departamento pensando si estaba olvidando algo, pero ahora estoy preparado para salir literalmente en un par de minutos, de lo contrario, mi hijo comienza a llorar. Es decir, me enseña a ser rápido.

Durante el experimento, me di cuenta de que...

  • Dividir las responsabilidades en masculinas y femeninas es un motivo para desacuerdos y peleas.

  • Debemos tratar de ayudar más a nuestras esposas y compartir todo este trabajo duro con ellas.

  • Nunca he usado algunos electrodomésticos en nuestra casa, por ejemplo, tuve que usar la licuadora. Anteriormente solía utilizar solo un modo de la lavadora: lavado rápido, aunque resulta que las prendas del bebé no se pueden lavar en este modo (también hace falta un detergente especial).

  • Los padres, al igual que las madres, que están de baja paternal sueñan con una sola cosa: dormir bien.

  • Mantener un equilibrio entre el cuidado de tu hijo y tu vida es un verdadero arte que no he tenido tiempo de dominar. Es imposible hacerlo en una semana.

  • Mi hijo es el proyecto más interesante de mi vida. Pero requiere muchísimos esfuerzos: no te permite ser perezoso, no puedes relajarte, ni tampoco tomar baja por enfermedad.

  • Esta experiencia me acercó más a mi hijo, porque la persona con la que el bebé suele pasar más tiempo se percibe como querida y segura.

  • Llegué a comprender lo difícil que es este trabajo: quehaceres domésticos, cuidado del niño.

  • Es muy difícil cuando dependes completamente del bebé: su estado de ánimo, el sueño, la dentición.

  • A partir de ahora, voy a pasar más tiempo con mi hijo. Anteriormente, esperaba a que empezara a hablar para poder establecer una conexión, pero resulta que no era necesario.

Entonces, le ofrecí a mi esposa que cambiáramos de lugar por más tiempo

Pero ella me respondió con un rotundo no. Creo que esto se debe al egoísmo femenino, que suena así: “No estoy dispuesta a regalar a quien sea los primeros pasos, la primera sonrisa, la primera palabra de mi bebé”. Ni siquiera a su padre.

¿Tienes hijos? ¿Quién en tu familia se ocupa más de ellos?

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