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15 Historias de salones de belleza que son tan difíciles de olvidar como las tablas de multiplicar

Encontrar a tu profesional del cabello, manicura u otro especialista de belleza puede ser bastante difícil. Especialmente si alguna vez has caído en las manos equivocadas y luego padeciste por el resultado. Pero sucede que no solo los profesionales pueden fallar, sino que también existen clientes un tanto peculiares.

En Genial.guru nos hemos encontrado con muchas historias de salones de belleza, algunas de las cuales nos pusieron los pelos de punta y nos quitaron el deseo de visitar un lugar así en un futuro cercano.

  • Soy estudiante, y desde hace dos años he estado trabajando haciendo manicura. Tengo una clienta que se ha atendido conmigo durante todo este tiempo, y cuyo esmalte siempre se despega al segundo o tercer día. Ella dice que es porque trabajo mal, pero viene de todos modos. Sigo atendiéndola porque me recomienda a sus amigos y me deja una propina de entre 13 y 40 USD. El otro día me confesó que se quitaba el esmalte deliberadamente para venir a charlar conmigo. Si no fuera por el dinero, la habría dejado de atender hace mucho tiempo. © Oídoporahí / VK
  • Protagonicé un anuncio de un famoso salón de belleza. Yo, la dueña de una espesa cabellera de color rubio dorado, fui elegida entre cientos de participantes. La peluquera que tiñó y peinó mi pelo para la foto, me arruinó y quemó deliberadamente el cabello. Tanto que después de la sesión de fotos, tuve que cortarme el pelo por encima de los hombros. Hay pocas posibilidades de que crezca uno igual de sano. Además, en lugar de los 345 USD prometidos, me pagaron solo 40 USD. Ahora veo mi hermoso cabello solo en los carteles publicitarios. © Oídoporahí / VK
  • Alquilé un lugar en un estudio de manicura durante varios meses y una vez decidí que las chicas del lugar me hicieran la manicura. Bueno, puedo sobrevivir a las heridas de la cutícula, porque la piel es muy fina y no todos los profesionales se dan cuenta. Pero no solo había una broca rotativa que varios profesionales que tenían de 3 a 7 clientes al día se turnaban para usar, sino que ni siquiera parecía que la enjuagaran con agua, ni hablar de la esterilización. Simplemente sacaron una bolsa de herramientas con un indicador blanco del cajón (significa que las herramientas no pasaron por esterilización; de lo contrario, el indicador sería marrón o rosa oscuro. Aclaración de Genial.guru). En mi corazón estaba lista para gritar y chillar, pero debido a que había clientes en el salón, guardé silencio para no estropear la reputación del lugar. Como resultado, esa misma noche rescindí el contrato de arrendamiento, porque no quería que asociaran mi nombre con ese sitio. © Mankabrr / Pikabu
  • Era invierno, fui a depilarme. Luego del procedimiento, me acerqué a la recepcionista y le dije: “¿Hay alguna posibilidad de pedir un turno vía SMS o WhatsApp? Es un tema delicado, no es muy cómodo llamar desde el trabajo y apuntarme a un ’bikini profundo’”. A lo que ella dijo: “Por supuesto, aquí tienes una tarjeta de presentación, anotaré un número de teléfono al que tienes que comunicarte”. Un mes después, escribí al número especificado. Y esto fue lo que recibí:
  • Una vez, tuve que negarme a quitarle las extensiones de cabello a una dama. Se suponía que tenía que cambiarlas a los 3 meses, pero nadie se lo dijo, y las usó durante 7 meses completos. La miré y le dije que no podía ayudarla. Había un mechón de unos 15 cm de ancho, cubierto con pedazos de pegamento, con el pelo que sobresalía en diferentes direcciones. Solo tenía dos opciones para ella: afeitarle la cabeza o cortar casi todo su cabello. © hinky28 / Reddit
  • Hace unos años, mi marido me dio una sorpresa y me llevó a un salón para que me cortara el pelo. Fuimos y hablamos con la dueña. Me aconsejó a una excelente profesional, que podía hacer lo que yo quisiera. Le hablé a la peluquera sobre el corte y ella se puso manos a la obra. Pero cuando terminó, no me gustó en absoluto el resultado y me puse triste. Y junto conmigo, también se puso triste mi esposo. A la salida, le dije a la dueña que eso no era lo que yo quería y que no volveríamos. Para nuestra sorpresa, la peluquera nos alcanzó en la calle, se disculpó y dijo que ella quería hacer el corte de pelo que yo había pedido, pero la dueña le dijo que hiciera otro. © Anne B Blockley / Quora
  • El salón de belleza al que voy a hacerme la manicura está al otro lado de la calle de mi casa. Fui a la tienda con un chándal, zapatillas, un gorro y una chaqueta, y de camino decidí pasar a pedir una cita. En la entrada, la nueva recepcionista me regaló una mirada de desprecio, ni siquiera me saludó. Al irme, no me di cuenta de que la puerta de vidrio estaba cerrada y choqué con ella, tras lo cual escuché un insulto en mi dirección. Esa chica no sabía que la dueña del salón es mi amiga. Tendría que al menos haberse asegurado de que no la escuchara. © Oídoporahí / VK
  • Estaba en cuarto grado cuando mi abuela decidió llevarme a un salón. Estaba muy emocionada porque era mi primera transformación. Pero no duró mucho. Cuando me miré al espejo, me di cuenta de que parecía una anciana, solo que más joven: con el pelo corto y rizos apretados. Mis hermanos y hermanas mayores se burlaron de mí todo el día. © Roo514 / Reddit
  • Quería teñir mi cabello castaño oscuro de rubio en un salón conocido. El proceso, que duró 4 horas, terminó con la frase: “¡Mira, salió genial!”. De hecho, mi cabello se había vuelto amarillo, lo que se veía terrible en la vida real. Sabía que nunca volvería a esa peluquería. Tuve que buscar otro profesional, y después de un mes me tiñeron exactamente del rubio que quería. © Sue Croke / Quora
  • A principios de los 90, yo tenía 10 años. En ese momento, todos mis hermanos y hermanas mayores se habían hecho una permanente, así que yo quería lo mismo. Fui a ver a una peluquera y ella me explicó que una permanente solo funcionaría si me cortaba el pelo en capas. Acepté de mala gana. Me apartó del espejo, me cortó el pelo y empezó a rizarlo. Debido a los rizos, el cabello se acortó y ya antes del procedimiento, apenas me llegaba a los hombros. Si mi cabello hubiera llegado hasta la mitad de la espalda, entonces ese corte podría haber ayudado a crear un efecto de capas. Pero con el pelo hasta los hombros, resultó ser algo así como un mullet. Parecía un caniche y lloré durante varias semanas. © Candace Mathew / Quora
  • Una chica vino a verme con cita previa para hacerse una extensión de pestañas. Le puse un gorro y noté que su frente estaba bastante caliente. Le hice una pregunta razonable: “¿Por casualidad tienes fiebre?”. A lo que obtuve una respuesta negativa. Después de unos 10 minutos, su cabeza todavía estaba caliente, y le pregunté si realmente se sentía bien. Dijo que todo estaba bien. Entonces le dije que si tenía fiebre, había una probabilidad muy alta de que las pestañas extendidas se cayeran al día siguiente, y no le devolvería el dinero. ¡Y oh, milagro! De repente se dio cuenta de que no se sentía bien y podía tener fiebre. © Ram5ad3 / Pikabu
  • Trabajo haciendo la manicura. Llegó una clienta que quería que le hiciéramos todo a la vez. No tenemos un lugar preparado para hacer la manicura y la pedicura al mismo tiempo, por lo que ella dijo: “Que una persona me haga la manicura y la otra me haga la pedicura debajo de la mesa”. También había que teñirle el cabello y depilarla, y todo en una hora. Con el equipo nos dibujamos mentalmente esta imagen y resultó graciosa. Ahora, cuando nos llama, la anotamos como “todo a la vez”. © Oídoporahí / VK
  • Cuando mi hermana estaba en la escuela primaria, no le gustaba cepillarse su cabello grueso. Cada vez era una verdadera tragedia. Mamá la llevó a cortarse el pelo. La peluquera trató de peinarla durante un minuto y luego dijo que tendría que hacerlo ella misma. Por lo tanto, tuvo que sentarse en el pasillo con un peine hasta que todos los nudos desaparecieran. © unknown author / Reddit
  • Era mi primera visita a un salón de belleza. Mamá fue a cortarse el pelo y yo pedí ir con ella. Mientras la atendían, elegí un lindo peinado del catálogo. Se lo mostré a la peluquera y ella me llevó a lavarme el pelo. Mi madre y la peluquera quedaron en shock cuando incliné la cabeza hacia el fregadero y me subí a la silla de rodillas. Entonces mi madre gritó: “No, hija... Siéntate en la silla”. La miré por encima del hombro y me di cuenta de la tontería que había hecho. Sonrojándome, me levanté, me di la vuelta, me senté y me recosté. Quería que la tierra me tragara allí mismo. © Jennifer Coleman / Quora
  • Una mujer entró corriendo en nuestro salón y gritó que necesitaba teñirse con urgencia. Cuando le aplicamos la tintura, se puso de pie y dijo: “Listo, tengo que tomar el autobús”. Estábamos aterrorizadas: ¡¿qué autobús?! Si no se enjuaga a tiempo, el cabello se caerá. Pagó y se fue al galope. Al día siguiente regresó y dijo que cuando llegó el momento de lavar la tintura, ella se bajó del autobús y se lavó el cabello debajo de una llave de agua que había en la calle. © abereza / Pikabu

¿Después de qué caso pensaste que sería tu última vez en un salón de belleza?

Imagen de portada abereza / Pikabu
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