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16 Historias sobre Santas que trabajan muy duro mientras nosotros comemos y brindamos

Diciembre y las fiestas navideñas son una época de magia, donde reinan el ánimo festivo, la anticipación de los regalos y la preparación de montañas de comida casera. Pero ¿cómo son estos días para aquellos que trabajan creando esta magia para nosotros: los Santas y los duendes de todo tipo?

Genial.guru les trae a sus lectores una porción de historias navideñas de aquellos que tuvieron la suerte de estar del otro lado de la festividad, allí donde se crea. Y al final encontrarás un bono: historias sobre cómo las personas pueden marcar una diferencia en la vida de alguien con un simple y pequeño acto.

  • Un niño de unos 6 años pidió algunos de los juguetes más populares de ese año y luego me entregó una carta. Le pregunté si se había portado bien y él resopló, señalando la carta y diciendo que no me preocupara por eso. Sentí una gran curiosidad por saber qué estaba insinuando e inmediatamente metí la mano en el sobre. Contenía una nota y un billete de 5 USD. Estaba horrorizado e impresionado al mismo tiempo. ¿Qué habrá hecho como para decidir sobornarme? © Junglejimirish / Reddit

  • Soy el hombre de pan de jengibre. Constantemente me preguntan si me pueden comer. © Phantom_Scarecrow / Reddit

  • Una de mis historias favoritas trata sobre un caballero de unos 30 años con síndrome de Down. Antes de irse, de repente me susurró al oído: “Sé que solo eres uno de los ayudantes de Santa, pero la Navidad es realmente importante para mi mamá. Por lo tanto, no quiero que esté triste porque yo sé que no eres real”. © Junglejimirish / Reddit

  • Un niño me pidió que reviviera a sus peluches. No esperaba ese giro en absoluto. Pero fui rápido y le respondí que primero debía preguntarles a sus padres, porque tener muchos animales en la casa es una gran responsabilidad. Acordamos que si le se lo permitían, lo escribiría en una carta a Santa Claus. © lejameson87 / Reddit

  • Cuando estaba en la escuela, mi padrastro me consiguió un trabajo como Santa en un supermercado. Mi maestra a veces se lamentaba por la creciente sospecha de su hijo de que Santa no era real. Y un día, por pura casualidad, se acercaron a mí en el trabajo. Saludé al niño por su nombre y le pregunté cómo estaba su cachorro. Luego le pregunté si le había gustado mi regalo del año anterior. Hubieras visto sus ojos, grandes como platos, cuando regresaba con su madre. Santa siguió siendo real para ese niño durante un año más. © edgehillfla / Reddit

  • En el noveno grado, me ofrecieron ser Santa Claus en un evento escolar. Estaba parado con un bastón y una canasta de dulces en el cuartito del maestro de educación física, esperando que me llamaran, y algunos chicos particularmente insolentes estaban tratando de robar dulces de la canasta, pero yo repelía el ataque. Por fin salí, actué y llegó el momento de repartir los dulces. Santa Claus caminó en círculo, entregando los bombones a los niños. Pero no les dio nada a aquellos que habían intentado saquear su canasta. Y entonces esos niños atrevidos, habiendo reunido un grupo más grande, corrieron hacia mí todos juntos y me derribaron. La canasta fue literalmente hecha pedazos, yo solo terminé con un trauma moral. Seis años después, conocí a una chica y ella tenía un hermano. Y entonces, un día, durante una salida, él me habló con entusiasmo sobre cómo una vez le enseñó una lección a un Santa Claus descarado. Lo escuché y al final, con una leve sonrisa, le pregunté: “¿Sabes quién era ese Santa Claus?”. Todo lo que pudo pronunciar fue un incrédulo: “¿¡Tú!?”. La expresión elocuente en el rostro del chico evaporó los restos de resentimiento por ese incidente y nos reímos juntos. © OleGuNn / Pikabu

  • Una vez fui Santa en una fiesta corporativa, donde todos los empleados estaban con sus familias. Los padres trajeron sus regalos y mi tarea era entregarlos. Todo salió bien hasta que un niño rechazó su regalo, porque todo lo que quería era convertirse en Santa. Dijo que quería volar en un trineo, vivir con elfos, hacer juguetes y trabajar 1 día al año. Le respondí que primero tenía que dejarse crecer la barba, y luego podía venir y preguntarme de nuevo. © ThisStory_IsFalse / Reddit

  • Una niña dijo en tono serio que quería todos los regalos de debajo del árbol. Tuve que responder que primero les daría regalos a todos los demás y le dejaría quedarse con todo lo que sobrara. Funcionó. © Deleted / Reddit

  • Una vez fuimos a ver a un niño con varicela. Yo no tuve varicela cuando era pequeño, pero no podía no ir. Tuve que ponerme 2 tapabocas médicos y “anteojos mágicos”. Era casi imposible respirar. Pero lo logramos y le regalamos al pequeño una fiesta. Aunque después tardé como 10 minutos en recuperar el aire en la calle. © MMZZ / Pikabu

  • ¡Por alguna razón, los niños creen en Santa Claus con botas! No sé por qué, pero en 12 años de trabajo, ningún niño me ha jalado de la barba, pero uno de cada cinco revisa si las botas están en su lugar. Pero caminar por las escaleras de los edificios y por el asfalto con esas botas decoradas es un placer dudoso, así que me compré unos chanclos de goma. Le hacen frente a toda la humedad y la suciedad, y simplemente me los quito en la puerta de la celebración. © MMZZ / Pikabu

  • Una amiga de la familia, una chica en plena floración de belleza femenina, comenzó a quejarse frente a mí de que no conseguía ningún hombre.
    Ella: “¿Dónde puedo encontrar un hombre?”.
    Yo (enderezando mi espalda y sacando el pecho): “Pequeña, ¿y yo?”.
    Ella (me mira atentamente, se le ilumina el rostro): “¡¿Cómo pude olvidarme de ti?! Genial, ven mañana a nuestro kínder, ¡serás Santa!”.
    Yo: ...
    Y al día siguiente ya estaba estudiando el texto de Santa. © Superomsk / Pikabu

  • Un duende y yo estábamos comiendo unos deliciosos pasteles y bebiendo té en el auto. De repente, un chico corrió hacia nosotros y comenzó a llamar a la puerta: “Ayúdenme, tuve una pelea con mi novia”. Cuando recuperó el aliento, lo acompañamos a la casa de su novia, donde él nos dio un regalo: una pulsera en una caja. Cuando entramos al departamento, los padres de la chica nos cantaron todas las canciones de Navidad que conocían. El padre incluso recordó algunos poemas de la infancia, por los que recibió dulces. Durante todo ese tiempo, la chica nos miraba desde detrás de un rincón y se reía de buena gana. Entendió de quién era el regalo y, por supuesto, lo perdonó. El chico estaba en el séptimo cielo de felicidad y nos agradeció desde el fondo de su corazón. © MMZZ / Pikabu

  • Hace un año, trabajamos a pedido con mi esposa como Santa Claus y su ayudante. Era tarde, ya se nos estaban acabando las fuerzas. Hambrientos y enojados fuimos a la casa de unos clientes. Una niña de 12 años había pedido en una carta que se le regalara un gatito. Le consiguieron un gatito de verdad, bonito y esponjoso, y uno pequeño de peluche. La hermana mayor de ella estaba parada en el rellano con el gato real, y a mí me entregaron el de peluche. Le entregué el juguete a la niña. Sus ojos se llenaron de añoranza y tristeza. Entonces yo, golpeándome la frente con las palabras: “Oh, mi hueca cabeza gris, se me olvidó por completo...”, corrí hacia la hermana por el gatito. Su alegría y su felicidad no conocían límites. Brillaba tanto que incluso los colores a su alrededor se volvieron más fuertes. En ese momento, mirando a esa nena absolutamente feliz, mi esposa y yo casi rompimos a llorar. Y el ambiente en sí de repente se volvió festivo. © ASX.4F / Pikabu

  • A veces los niños me preguntan por qué no traigo regalos para su mamá o papá, abuelo o abuela. Suelo responder que los adultos no me escribieron una carta, o que solo felicito a los niños. Pero me pasó varias veces que un niño entraba corriendo a la habitación y me traía los regalos que quería entregar, y me decía al oído en voz baja que les diera sus dibujos a sus padres. Menos mal que tengo barba y maquillaje resistente al agua... © MMZZ / Pikabu

  • En Navidad, llegamos a una casa a pedido: dos hijos, mamá, papá y abuela, el pedido fue hecho por el padre. Entramos, el papá ya estaba dormido después de una fiesta corporativa, la mamá y la abuela se veían sorprendidas, los niños no estaban vestidos de fiesta. Bueno, todo se hizo rápidamente: los niños fueron felicitados, los regalos fueron entregados, nos pagaron, nos subimos al auto y fuimos al siguiente pedido. De repente, una llamada del pedido anterior: “¿Dónde están? ¡Los estamos esperando!”. En el apuro, nos confundimos de edificio y caímos en un departamento de completos extraños y dimos felicitaciones que no nos habían encargado. Solo he visto tales coincidencias en las películas. Al final arreglamos todo y felicitamos a todos, pero ahora revisamos cuidadosamente la dirección y les pedimos que nos reciban. © MMZZ / Pikabu

  • Todavía estaba estudiando en la escuela, y una Navidad tuve la oportunidad de ganar algo de dinero como Santa Claus. Fuimos a un departamento donde había que felicitar a un niño de unos 6 años, y de repente la madre me interrumpió, me puso algo en la mano y me pidió que le diera eso también. El niño estaba muy feliz, jugamos con él, resolvimos acertijos, bailamos. Y de repente se me ocurrió decirle que también pidiera un deseo. Le dije que solo lo pensara, pero dijo en voz alta: “¡Quiero entradas para el circo!”. ¡Abrí la mano y vi que allí, mágicamente, había unas entradas para el circo! El pequeño tenía los ojos como platos. Yo también. La duende se quedó de pie con la boca abierta. Así fue como me convertí en mago por primera vez. © skinhipster / Pikabu

Bono: historias sobre aquellos que aún no se han convertido en Santa, pero tienen todas las posibilidades de hacerlo

  • Mi tío es un hombre muy alto y guapo con una barba gris. Una vez, acababa de entrar en su casa cuando alguien tocó el timbre. Había un desconocido detrás de la puerta que murmuró avergonzado: “Sé que es extraño, pero mis hijos te vieron y te confundieron con Santa. Se niegan a seguir sin saludarte. ¿Podrías ayudarme?”. Mi tío se rio a carcajadas y le pidió que esperara un minuto, sacó galletas de su casa y se las regaló a los pequeños que esperaban en el auto. © this_wasamistake / Reddit

  • Subí con mi hija (4 años) a un autobús. Frente a nosotros estaba sentado un hombre con una espesa barba gris. Mi hija preguntó:
    —Papá, mira, ¿es Santa Claus?
    Dije que no, que solo era un hombre común, además, ni siquiera era invierno. Entonces sonó el teléfono de ese señor, él atendió y dijo con una voz profunda y grave:
    —Santa Claus habla.
    Mi hija se volvió hacia mí y, con cara de satisfacción, declaró:
    —¡Te lo dije! © Oídoporahí / Ideer

¿Creíste en Santa Claus durante mucho tiempo?

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