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Cómo evolucionó la relación entre los perros y los humanos desde la prehistoria hasta la actualidad

De todos los animales domesticados que existen en la actualidad, el perro es el favorito de un gran porcentaje de la población mundial. Y sucede que, desde la prehistoria, se han hallado vestigios de cómo la relación humano-perro contribuyó con el desarrollo de las distintas civilizaciones, aunque las diferentes culturas percibían a los canes de distintas formas y no tan solo como animales de compañía.

Genial.guru investigó más acerca del origen de la domesticación del perro y cómo sus distintos roles en la sociedad conllevaron a que se lo reconociera como el compañero fiel de cualquier persona a través del tiempo.

La separación de lobos y perros en la prehistoria

Desde el punto de vista genético, el perro es una subespecie de lobo. Tal es así que las primeras especies registradas de la prehistoria poseían un aspecto similar al de un lobezno. Según un estudio, solo bastó una alteración de un gen para convertir a una especie canina en un individuo sociable, contribuyendo así a su facilidad de domesticación.

Debido a eso, los llamados “lobos mansos” pudieron haberse acercado al ser humano primitivo para buscar alimento y refugio. A su vez, los distintos grupos humanos buscaban métodos más eficaces para la caza y la recolección. La domesticación de animales se dio mediante la selección de especies más pequeñas y mansas, siendo el perro el escogido por sus actitudes sociales y agudo sentido del olfato, lo que contribuía a hallar las presas a cazar más rápido.

En el continente europeo, cuando surgieron las primeras comunidades agrícolas durante el Neolítico, el perro ya formaba parte de los animales domesticados. Este, según otro estudio, surgió hace 20 000 o 40 000 años atrás gracias a un cambio de dieta a base de almidón, en reemplazo de la carne que solían consumir estos animales en su estado salvaje.

Anubis y la momificación de perros en el Antiguo Egipto

En la mitología egipcia se encuentra Anubis, el cual era considerado un guardián de las tumbas asociadas con la vida y la muerte. Generalmente se lo presentaba con una cabeza de chacal de color negro, el cual era símbolo de la putrefacción y de la resurrección. Se cree que la asociación con esta raza de perro salvaje se realizó por su hábito de desenterrar cadáveres para comer.

Además de representar a un dios con cabeza de perro, en Egipto también momificaban a estos animales. El caso más famoso es el de Abuwtiyuw, cuyo funeral fue bastante elaborado y estuvo acompañado por ofrendas que normalmente se les entregaban a los faraones. En cuanto a su raza, se cree que era un lebrel, debido a que se lo describe como un perro de caza con orejas erguidas y cola rizada.

El hallazgo fue realizado por un egiptólogo llamado George A. Reisner, quien, en 1935, encontró una lápida donde se mencionaba a Abuwtiyuw, el cual era descrito como un integrante de la guardia real. Hasta la fecha, se desconoce quién fue el Faraón que ordenó la momificación del perro, pero se piensa que vivió durante la sexta dinastía y que ordenó su entierro con un ataúd del tesoro real, lino fino e incienso para encomendar su alma a Anubis y permanecer juntos aún después de la muerte.

La revalorización del perro en la Antigua Grecia

A inicios de la civilización griega, el término “perro” era usado como insulto para referirse a una persona impúdica, pasional e indecente. Tal es así que en obras como La Ilíada de Homero se encuentran frases como “tienes mirada de perro”, o “no hay nada más perro que tú”. Si bien los griegos los domesticaban, creían que los perros rechazaban a su propia especie y cambiaban sus comportamientos de acuerdo con su conveniencia.

Sin embargo, esto cambió durante el siglo III d. C., cuando el filósofo Diógenes de Sinope tomó el término “perro” como un calificativo, apelando a lo espontáneo y natural. Asimismo, surgió un imaginario perruno, el cual se lo asociaba a la guardia y a la protección, por lo cual se les confiaba a los canes la custodia de las casas, los templos y las fortalezas.

La percepción agresiva de los perros en Roma

En el imaginario perruno romano, se les atribuían a los canes características de fiereza, protección y agresividad. Tal es así que el escritor Claudio Eliano, en su libro Historia de animales, describió a unos perros guardianes de templos con dichas virtudes, alegando también que eran capaces de reconocer a visitantes y ladrones.

Por otro lado, también se piensa que los romanos fueron unos de los primeros guerreros en usar a los perros con fines bélicos para enfrentarse a los enemigos. Un ejemplo que podemos mencionar es la guerra de las Galias organizada por Julio César, quien usó un ejército de perros para invadir el territorio enemigo.

El uso de perros de caza en el Medioevo

No se han hallado muchos registros de perros durante la Edad Media Europea, aunque se cree que su rol en la sociedad no difería tanto de las civilizaciones griegas y romanas. Sin embargo, un estudio realizado a unos restos óseos hallados en una tabacalera afirmaron que dichos animales eran utilizados exclusivamente para la caza, y normalmente eran de tamaños pequeños a medianos.

Aun así, no se descarta el hecho de que los perros también cumplían el rol de animal de compañía, en especial aquellos de menor tamaño y robustez. Esto se debe a que muchos de los restos examinados pertenecen a ejemplares de avanzada edad, algo que no puede suceder con animales salvajes o de uso para conflictos bélicos.

La alta apreciación perruna durante el Renacimiento

A la hora de analizar las obras de arte renacentistas, es posible detectar la presencia de algún perro en varios cuadros, como La Venus de Urbino de Tiziano. Aunque en muchas pinturas se lo utilizaba como símbolo de fidelidad, también era un animal de compañía muy estimado por las familias de la alta sociedad, debido a que lo relacionaban con las actividades elitistas como la caza, la protección y la lealtad.

El uso de animales de estimación ya se podía ver durante la Edad Media, y, en el Renacimiento, se afianzó su significado de fidelidad en diversas pinturas alegóricas. Eso puede verse en un cuadro holandés llamado El matrimonio Arnolfini, donde se retrató a una pareja de recién casados junto a un perro confrontando al espectador, simbolizando así el amor fiel de los enamorados.

Con el tiempo, este animal pasó a formar parte de la figura principal de muchos cuadros realizados por los más representativos artistas. Entre ellos se encuentran Tiziano, el cual sentía tanta fascinación por los perros que deseaba representarlos de forma natural y realista.

La crianza de perros en las sociedades americanas prehispánicas

Antes de la llegada de Colón, las diferentes sociedades del continente americano ya se dedicaban a la crianza de perros. Aunque no se sabe con certeza cómo fue que los canes ingresaron al continente americano, se estima que ya llevaban allí unos 10 000 años aproximadamente, realizándose esculturas de ellos en el Imperio azteca. A diferencia de los perros de Europa, los americanos eran de menor tamaño y, según algunos registros, eran bastantes mansos y tranquilos.

Por lo general, se hallan vestigios de perros en México y Norteamérica. Sin embargo, el hallazgo de restos óseos en el humedal del Paraná inferior (Argentina), reveló que los nativos del extremo sur de Sudamérica utilizaban a estos animales para la caza y la recolección.

El surgimiento del perro soldado durante la conquista

Al principio, los conquistadores utilizaban a los perros para que los acompañaran en sus travesías. Con el tiempo, fueron entrenados como soldados de combate y principales verdugos contra los indígenas que se revelaban ante el dominio de los europeos a sus tierras. El más famoso fue Becerrillo, el cual era un alano español de gran tamaño que se caracterizaba por su gran eficacia a la hora de atrapar al enemigo y su alto rendimiento en los combates.

En los primeros asentamientos coloniales, los perros cumplían la función de guardianes y eran capaces de detectar cualquier indicio de ataque sorpresa o terrenos dificultosos para el avance del poderío español. Es así como estos animales, junto con los caballos, fueron piezas claves para la conquista completa del continente americano.

El cambio de la relación perro-humano a finales del siglo XX

Hace tan solo 50 años, la relación del perro con el humano era muy diferente a como se la conoce hoy, donde es común tratarlos como un integrante más de la familia. Sin embargo, cuando todavía no estaban tan en auge los movimientos de derechos animales, los perros eran mascotas que servían para cuidar la casa o jugar con los niños. Por lo tanto, dormían afuera, eran soltados a la calle para que pudiesen correr por los alrededores y comían las sobras que les daban sus dueños.

No existía la conciencia de llevarlos a un veterinario y esterilizarlos para evitar su reproducción. Tampoco existían peluquerías caninas, almacenes de ropa ni restaurantes adaptados para los perros, como sí existen actualmente. Ni siquiera se los trataba como “alguien más de la familia”. Era solo la mascota y debía estar afuera, porque los animales estaban hechos para vivir al aire libre.

Con el tiempo, se comprobaron los peligros a los que los perros se exponían en exteriores, por lo que se crearon diversas leyes para concienciar sobre la importancia de tratar bien a las mascotas, generándose así el concepto de que forman “parte de la familia”, el cual influyó especialmente en los niños y jóvenes adultos.

La relación entre el perro y el humano en la actualidad

A lo largo de la historia, la percepción del perro fue cambiando. Asimismo, también influyó el aspecto cultural, el cual lo hace ser un animal con muchos matices y que formó parte del desarrollo de distintas sociedades. Esto también afectó al animal, ya que los ejemplares actuales cuentan con un cráneo y dientes más pequeños que sus antepasados, así como requieren de menos calorías para su desarrollo.

Hoy en día, el perro cumple diferentes funciones en la sociedad. Además de ser perfectos animales de compañía, también se los utiliza como perros guardianes, perros guías para personas no videntes, detectores de sustancias nocivas en aduanas y perros pastores. Gracias a su olfato y oído bien desarrollado, pueden realizar estas tareas e identificar fácilmente a las personas.

A su vez, también son utilizados como animales de terapia para aquellos que sufren de algún trastorno psicológico o, incluso, para terapias físicas. También se ha comprobado que los perros generan un sentido de responsabilidad, debido a que muchas personas consideran a su mascota como un integrante más de su familia, incentivando el apego en los niños y fortaleciendo las relaciones sociales con el entorno.

¿Qué aspectos de los perros te agradan más? ¿Conoces algún otro dato sobre la relación de los canes y de los humanos a lo largo de la historia? Cuéntanos en los comentarios.

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