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Ingrid Bergman, la historia de la diva del siglo pasado que alcanzó el éxito sin dejar de ser ella misma

Ingrid Bergman, la legendaria actriz sueca protagonista de grandes clásicos de Hollywood como Casablanca, conquisto Hollywood con múltiples nominaciones y siendo galardonada en 39 ocasiones, de las cuales tres fueron premios Óscar. Una mujer sin igual para su tiempo, no solo por haber reivindicado su identidad femenina como algo más allá de su imagen, sino también por atreverse a cuestionar los estrictos paradigmas sobre la mujer de ese momento.

En Genial.guru, decidimos contarte su historia para que conozcas en detalle cómo fue que esta mujer supo permanecer fiel a sí misma tanto en su carrera como en su vida personal.

Ingrid Bergman no tuvo un comienzo fácil: desde pequeña conoció el dolor; no obstante, se convirtió en una mujer de fuertes convicciones. Nació el 29 de agosto de 1915 y, con tan solo dos años de edad, perdió a su madre, que era de nacionalidad alemana. Su padre, Justus Samuel Bergman, era un fotógrafo sueco, quien la animó a actuar. Sin embargo, él también murió, cuando ella tenía 12 años.

A sus 17 años, incursionó en el cine como extra en la película sueca Landskamp de 1932. Luego de participar en unas cuantas producciones con papeles pequeños, finalmente llegó su momento con la película Intermezzo. En este filme la descubrió el productor estadounidense David Selznick, quien la contrató para incursionar en Hollywood.

A finales de la década de los 30, cuando interpretó a su personaje Ilsa Lund en Casablanca, cuenta en su relato autobiográfico My story que tuvo que oponerse a las intenciones de los productores de Hollywood que querían efectuar en ella cambios de imagen y nombre. Era una época en donde los estudios solían tener un control casi absoluto sobre las carreras de los actores. Bergman se negó rotundamente, en parte, para proteger su reconocimiento como actriz en Europa, demostrando que tenía las riendas de su carrera.

La revista Vogue detalló este suceso comentando que la esposa del productor David Selznick, Irene, cuestionó el hecho de que ella no llevara maquillaje, así que le dijeron a Bergman: “Tus cejas son demasiado gruesas y tus dientes no son buenos, y hay muchas otras cosas... Te llevaré al departamento de maquillaje por la mañana”.

Bergman inmediatamente estableció un límite con el productor: “Creo que ha cometido un gran error, no debería haber comprado a ciegas. Pensé que me había visto en la película Intermezzo y que le había gustado, ahora que me ha visto, quiere cambiarlo todo. Así que prefiero no hacer la película... Tomaré el próximo tren y regresaré a casa”.

Al final, Selznick cedió, “Tengo una idea que es tan simple y, sin embargo, nadie en Hollywood la ha probado antes. Nada de ti va a ser tocado o alterado... Serás la primera actriz ’natural’”. Sin embargo, cuando empezaron las grabaciones, nuevamente el maquillador estaba esperando a Bergman y empezó a hacer sugerencias, pero esta vez, Selznick se impuso: “Entiende esto, no vas a quitar ni una ceja, ni un cabello. No vas a hacer nada”.

Con este carácter, Bergman marcó la diferencia, tomando las decisiones sobre su identidad como mujer y como profesional. Era como si supiese que su imagen pasaría a la posteridad, recordada por su versatilidad como actriz y su gran belleza natural. Interpretó en cinco idiomas: sueco, alemán, italiano, inglés y francés; supo dejar una buena impresión en todos aquellos con quienes trabajaba.

Sobre ella, el mismo Selznick dijo: “La señorita Bergman es la actriz más completamente concienzuda con la que he trabajado, en el sentido de que no piensa en absolutamente nada más que en su trabajo antes y durante el tiempo que está haciendo una película...”.

Después de la película, se convirtió en una estrella y recibió una lluvia de críticas positivas por su aporte de dignidad, compromiso y naturalidad. Un aire de admiración quedó en el set, las personas que trabajaron con ella “admiraron la concentración rápida y alerta que ella le dio a la dirección y a sus líneas”. Pero no solo impactó con su forma de ser a sus compañeros de trabajo, también el público se enamoró de ella.

Desde entonces, la carrera de Bergman no hizo más que nutrirse y crecer. En 1943, participó en Por quién doblan las campanas, por la que fue nominada al Óscar, que finalmente ganaría el año siguiente con Luz que agoniza. En 1945, actuó en tres películas: Recuerda, de Alfred Hitchcock, quien la convirtió en una de sus actrices favoritas; La exóticaLas campanas de Santa María, por la que nuevamente fue nominada. En 1948, cumpliría un sueño al protagonizar Juana de Arco, papel que tendría un enorme significado para ella y que haría de nuevo un par de veces.

Luego de casi una década de trabajo en Estados Unidos, regresó a Europa para trabajar con el director italiano Roberto Rossellini en Stromboli en 1950. Para ese entonces, Bergman ya estaba casada con Petter Lindström, con quien tuvo a su primera hija, Pia. Sin embargo, se divorció y contrajo matrimonio con Rossellini, del cual quedaría embarazada de su segundo hijo Roberto y, poco después, de las gemelas Isotta e Isabella.

La relación con Roberto duró seis películas; fue la época en la que Bergman tuvo menos éxito, además porque su esposo no la quería dejar trabajar con otros directores. La relación se deterioró y la actriz decidió divorciarse. Entonces, apareció el director Jean Renoir, quien la apreciaba y oportunamente la acogió para filmar Elena y los hombres en 1956, cuando a su vez protagonizó Anastasia, con la que ganaría su segundo Óscar.

Continuó actuando en múltiples producciones. En 1975, fue diagnosticada con cáncer de mama, pero aun así continuo trabajando, incluso después de su última aparición en pantalla grande con Sonata de otoño en 1978, por la que sería nuevamente nominada.

Se retiró después de trabajar en la miniserie Una mujer llamada Golda, por la que ganaría un premio Emmy a mejor actriz y un Globo de Oro que no alcanzó a recibir, pues falleció el día de su cumpleaños 67, luego de una pequeña celebración con sus amigos.

Sin duda, Ingrid Bergman se convirtió en un icono del cine; ocupa el cuarto puesto de la lista de los mejores actores del American Film Institute. Pero su legado no solo se limitó a la actuación. Bergman siempre tuvo presente ser ella misma: “El mundo venera la originalidad”, decía. Fue y será un ejemplo de mujer apasionada, soberana, de belleza natural, fiel a sí misma e, incluso, de estilo y elegancia

¿Qué harías si te pidieran ser otra persona para ser aceptada en un círculo social?

Imagen de portada Casablanca / Warner Bros.
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