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Internautas contaron lo afortunados que son de tener jefes como los suyos

De acuerdo con una encuesta, el 40 % de los mexicanos aman su trabajo. Esto es tan solo la mitad de los indicadores de países de Europa y EE.UU. Al mismo tiempo, en el trabajo, lo importante no siempre es el dinero: la comunicación, el horario y la relación con los jefes juegan un papel importante.

Genial.guru cree más en los relatos reales que en las estadísticas secas. Por ejemplo, las historias de las personas de las redes sociales, en donde nos cuentan por qué aman su trabajo y cómo tuvieron suerte con su jefe.

  • Trabajaba en el departamento de análisis en un pequeño banco. Mi colega descubrió un burdo error técnico y se lo mostró al jefe de departamento. Este se puso furioso y prometió quitarle al culpable su bono trimestral. Inició una investigación y se resultó ser que el culpable había sido el mismo jefe. En una reunión de trabajo dijo que no podía quitarse su bono, ya que esto comprometería a todo el departamento, PERO, su bono se lo daría a la persona que habían encontrado el error. Fue un jefe destacado, pero, por alguna razón, nunca fue promovido.
  • Soy ingeniero programador con 15 años de experiencia, durante un año y medio he trabajado de forma remota para una empresa de otra ciudad. La depresión me invadió y no pude hacer nada en 10 días. Decidí renunciar o tomarme unos meses por cuenta propia. Pero el director me pidió ir a la oficina, hablar personalmente y pasear por la ciudad. Él compró los boletos del tren para mí y mi esposa y nos alquiló una habitación en un increíble hotel. Hasta el último momento, estuve pensando como zafarme. Pero el viaje me despertó y dos días en la oficina levantaron mi entusiasmo. Además, me aumentaron el sueldo. Acordamos que terminaría el proyecto actual y después podía tomar unas largas vacaciones o intentar trabajar en otra de sus empresas. Regresé muy agradecido por la relación y la mejoría de mi estado de ánimo. Además, me di cuenta de por qué las personas llevan trabajando aquí más de 10 años.
  • Entré a trabajar como administrador en una empresa en la que casi todos los empleados eran mujeres, incluyendo la jefa. Teníamos una compañera llamada Lucía que era odiosa y mandona. Ella recolectaba dinero de todos para los cumpleaños, y al cumpleañero lo obligaba a servir la mesa. Una vez declaró que pronto sería el cumpleaños de la jefa y de la señora de la limpieza. Para la señora juntamos 2 USD por persona y a la jefa le regalaríamos un viaje VIP en helicóptero. Y todos teníamos que dar 40 USD. Todos protestaron, pero a ella le dio igual. Al felicitar a la jefa, ella exageró diciendo que con ella todo era más fácil y sencillo. Después de dos días, la jefa nos dijo: “Como habrán notado, Lucía ya no trabaja más aquí. Una empleada me contó todo. Yo no necesito regalos, para mí es suficiente que hagan bien su trabajo. A todos les firmaré 40 USD extra en sus bonos”. La “empleada” que le dijo a la jefa fui yo y se lo confesé a todas. La señora de la limpieza obtuvo un viaje VIP en helicóptero el día de su cumpleaños.

  • Trabajo en una pequeña empresa que alquila una fábrica en una antigua instalación militar. En la entrevista hablé inmediatamente con el director. Él me mostró todo y me dijo que a una persona con mi experiencia está dispuesta a pagarle tal cantidad, pero en lo que me adapto, unos 3 meses, el salario sería menor. Yo acepté. A final del mes, recibí mi nómina: la tarifa por hora era mayor de la que habíamos acordado y el tiempo que había trabajado era de 3 horas menos. Me acerqué con el director.
    — Hay un error, trabajé menos horas y la tarifa por hora es mayor de la acordada.
    — Te adaptaste bien al trabajo y te pagué tanto como trabajaste.
    — ¿Y por qué las hora son más?
    — Están bien, concuerdan con todo.
    — ¿Cómo? Si el total de horas no se puede dividir entre 8, hay 3 horas de más.
    — Tú viniste a la entrevista, en lo que me esperaste, en lo que te mostré la fábrica, en lo que hablamos. Ahí, más o menos, se fueron 3 horas.
    P.D. Actualmente llevo dos años trabajando aquí y no tengo ni el más mínimo deseo de cambiar de trabajo.
  • He trabajado durante 2 años en el sector de seguridad industrial en una empresa privada. El director y subdirector son dos hombres de aproximadamente 35 años. Ni una sola vez han levantado la voz y yo nunca me he quedado después de las horas de trabajo. Una vez, durante un par de meses, no hubo pedidos. Nosotros no íbamos a la oficina, pero nos manteníamos en contacto y al final recibíamos nuestro sueldo íntegro y a tiempo. El salario es más alto que el promedio en la ciudad y el bono aún no me lo han quitado. Con los directores hablamos de juegos, películas, fútbol, diseñadores, entre otros. Con tal relación no me dan ganas de llegar tarde, faltar al trabajo o perder tiempo.
    P.D. Yo llegué a este trabajo por casualidad. Después de 3 meses de estar acostado en el sofá, recibí una patada de mis padres y marqué el primer número que apareció en la página de empleo.
  • Hace poco conseguí un trabajo: dominio roto, telefonía descompuesta, videovigilancia y otras cosas. Yo esperaba las frases estándar: “arréglalo con lo que hay”. Pero por otra parte, estas son las conversaciones con el director:
    — Tenemos un servidor con información importante almacenado en un disco duro externo. Es necesario comprar una nube en Internet o servidor, organizar las copias de almacenamiento en otro disco físico.
    — Ok, de acuerdo, ¿cuánto sería?
    Después de una semana. El servidor es nuevo, y el almacenamiento está listo.
    — Tenemos una vieja telefonía análoga. La tenemos que dejar y comprar puertas de enlace VoIP o comprar teléfonos IP. La primera opción por 20 piezas es más barata.
    — Si lo vamos a cambiar hay que comprar cosas de calidad y sin dispositivos adicionales. ¿Cuánto sería?
    Director:
    — Los monitores de un par de trabajadores están un poco viejos, pide unos más anchos de 32 pulgadas, comenzarán a trabajar mejor.
    — Aquí está la cuenta.
    — Paga y colócalas.
    Llevo más de 11 años trabajando en el sector de informática y hasta ahora no me había acostumbrado a tal cosa.
  • Trabajo como administrador de red. El director tiene unos 50 años, es un buen tipo en todos los aspectos. Él maneja la empresa, la búsqueda de clientes, el papeleo y todo lo demás. El salario no es grande, pero sin atrasos ni faltantes. Un día, el jefe me habló. Teníamos que ir a una empresa que tenía un balance negativo. Me dio una bolsa con equipo y me dijo que hiciera todo perfecto para que el cliente pagara su adeudo. Tenía que firmar una acta de trabajo y cobrarles 50 USD. La tarea resultó ser sencilla. Conseguí hacer todo y después logré pasar por un par más de clientes. Al final del mes, vi que en mi cuenta había 25 USD más, por la visita a tal cliente. ¡Fui a la empresa que encontró el jefe, hice su trabajo, entregué el dinero y me dio la mitad! Me sorprendió tal actitud.
  • Al entrar a trabajar, la chica de Recursos Humanos me contó todo sobre el trabajo, precisó mi salario deseado, después tuve una entrevista con el director técnico, quien posiblemente sería mi jefe.
    — Al echar un vistazo a mi currículum, solo me hizo una pregunta:
    — ¿A qué hora exacta golpeó el rayo la Torre del Reloj en 1955 en Volver al futuro?
    — 22:04
    — Te felicito. El lunes puedes venir a trabajar.
    No me pude contener y dije la frase: “¡Finalmente he hecho algo que funciona!”. “Y vaya que sí funcionó”, respondió el director, se rio a carcajadas y dijo que haríamos un buen equipo juntos.
  • En el 2006, trabajaba como ensamblador de ordenadores. La percepción era normal y el salario promedio en la ciudad. Un día, el jefe de departamento me pidió salir un día de descanso por 2-3 horas para recoger unos ordenadores para un cliente corporativo.
    — Manuel, ¿puedes hacer un trabajo mañana? El lunes por la mañana ya debe estar instalado.
    — Está bien, pero vivo fuera de la ciudad y llegar hasta allí el fin de semana es complicado.
    — Yo puedo pasar por ti, te llevo al trabajo y también de regreso.
    Le dije un lugar conveniente para mí y quedamos en ello.
    — Bueno, ¿entre 9-10 a.m. para que duermas bien?
    Me recogió, me llevó al trabajo, después de terminar mis labores me llevó al mismo lugar, tomé el autobús y después de 30 minutos ya estaba en casa. Al final de mes, me pagaron un bono de 50 USD, en ese entonces, eso es casi un día completo. Nada de eso se ha repetido más de dos veces, pero en las dos me han dado un bono.
  • Entré a trabajar a una empresa que se dedica a la venta de materiales de construcción. El sueldo y las condiciones eran perfectas. El tercer día de trabajo tuve un incidente. Por la mañana, siempre compro cigarrillos, pero el puesto estaba cerrado y en la cajetilla quedaba el último. En la parada estaba fumando y llegó el autobús. Apagué el cigarrillo y lo coloqué en la cajetilla. Durante las horas de trabajo fui a la sección de fumadores. Mi encendedor se resbaló y cayó cerca del bote de basura. Lo levanté, la colilla se encontraba entre mis dientes y comencé a fumar. De pronto, veo que el director de la empresa estaba al lado y me miraba con atención. Me di cuenta de una situación ridícula, al lado del bote de basura estaban tiradas colillas como la mía y parecía que yo había recogido una del suelo.
    — Esta es mi colilla. (No quería que pensara que estaba por fumar basura.)
    — Por supuesto. Tírala. (Me dio un paquete abierto de cigarrillos). ¿Eres nuevo?
    — Es mi tercer día.
    En silencio continuamos fumando. Cerca de la tarde, me dieron una pequeña cantidad de dinero, que al parecer no había sido contabilizada en mis ingresos. Aún faltaba mucho para que me pagaran mi primer salario, así que no me importó aceptarlo.

Y tú, ¿amas tu trabajo? ¿Por qué o por qué no?

Imagen de portada dehkon / Pikabu