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La historia del escritor Hans Christian Andersen, quien le temía a los niños y llevaba una cuerda a todas partes

Hans Christian Andersen es uno de los escritores de cuentos para niños más famosos. Pero pocas personas saben que, en la vida real, este danés era muy extravagante en casi todos los aspectos, empezando por su apariencia y terminando por sus hábitos. De hecho, él mismo no se consideraba un escritor de niños, por lo que rechazó un monumento que comenzaron a diseñar durante su vida y en el que se suponía que él estaría inmortalizado en el entorno de los niños. Sin embargo, poco antes de su muerte, le pidió a un compositor que compusiera una marcha para su funeral que se ajustara al paso infantil: el escritor estaba seguro de que sus pequeños admiradores vendrían a despedirse de él.

En Genial.guru nos encantan los cuentos de Andersen, pero ni siquiera sospechábamos que su propia vida podría servir de base para una novela apasionante.

Primeros años

“En el año 1805, vivía en Odense, en una habitación pequeña y pobre, una pareja de recién casados que se querían muchísimo; eran un joven zapatero y su mujer. Él tenía apenas veintidós años, una inteligencia asombrosa y un temperamento poético de verdad; ella era unos cuantos años mayor, ignorante de la vida y del mundo, pero de gran corazón. El hombre acababa de establecerse por su cuenta como maestro zapatero y él mismo se había fabricado el taller y la cama de matrimonio, utilizando para ello unas tablas de madera donde poco antes había estado expuesto el ataúd con los restos del difunto Conde Trampe. Como recuerdo habían quedado las listas de tela negra que adornaban el catafalco.

El 2 de abril de 1805, en lugar del cadáver del conde, rodeado de flores y candelabros, nos encontramos allí berreando a un niño lleno de vida, y ese niño era yo, Hans Christian Andersen”, — de esta forma el gran danés describe su nacimiento en el libro autobiográfico El cuento de mi vida.

La casa donde el escritor pasó su infancia

A pesar de que la familia era pobre y a menudo tenía que aguantar tiempos de crisis, los primeros años de la vida de Hans Christian fueron felices. Su padre, Hans Andersen, adoraba al niño, y solían pasar mucho tiempo juntos. El padre del futuro escritor, que amaba los libros más que cualquier otra cosa, le leía cuentos de hadas, fabricaba juguetes y pintaba cuadros. El escritor heredó de su padre el amor por las manualidades: sabía coser magistralmente y recortar figuras de animales y escenas fantásticas de papel.

El autor tenía dificultades estudiando en la escuela. Hans Christian era un estudiante capaz, pero tenía problemas con la escritura; hasta el final de su vida, escribió con errores. Hoy se llamaría dislexia. Los errores eran tan monstruosos que los editores a veces no aguantaban leer sus manuscritos hasta el final de la primera página, por lo que Andersen tuvo que contratar mujeres que tenían que reescribir sus obras antes de que llegaran al editor.

No tenía amigos. Los demás niños no querían jugar con el chico extraño, nervioso y caprichoso, y su único amigo, según el propio Andersen, era el futuro rey de Dinamarca, Federico VII, con quien el escritor mantuvo relaciones afectuosas a lo largo de toda su vida.

Monumento al escritor en su ciudad natal Odense

En 1812, el padre de Andersen, Hans, fue llamado a la guerra, de la que regresó después de 2 años hecho un hombre completamente destrozado y enfermo. Unos años más tarde, murió, y la familia se sumergió por completo en el abismo de la pobreza. Hans Christian tuvo que dejar la escuela e ir a trabajar como aprendiz de un zapatero, sin embargo, este trabajo no le gustaba al chico, que, más que nada, amaba el teatro y los libros. Cuando tenía 14 años, hizo sus maletas y se fue a Copenhague con 13 rixdalers en el bolsillo.

Copenhague

El primer libro publicado de H. C. Andersen

Los primeros años de vida en la capital fueron muy duros para el futuro escritor. Literalmente tuvo que sobrevivir. Hans Christian tenía una hermosa voz soprano, por lo que pudo ingresar al coro del Teatro Real y vivió con un modesto salario. Sin embargo, su voz pronto comenzó a fallarle, y tuvo que abandonar el coro.

El adolescente quería convertirse en un bailarín de ballet, pero su físico innato no le permitió hacer la carrera de bailarín. Andersen era alto, tenía los brazos y las piernas largos, las palmas y los pies grandes, además era muy desgarbado. Según los estudiosos modernos, el escritor sufrió el síndrome de Marfan.

Un día, Andersen le enseñó al director del teatro real, Jonas Collin, una obra que había escrito. El director decidió que el chico tenía talento, por lo que solicito al rey de Dinamarca, Federico VI, que asignara cierta cantidad de dinero para la capacitación de Hans, y el rey aprobó su solicitud. Así que Hans Christian fue a la escuela para completar sus estudios. No pudo quedarse allí por mucho tiempo debido a la intimidación de sus compañeros y el director, entonces Collin tramitó su transfiriera a un maestro privado.

En 1829 fue publicado el primer libro de Hans Christian Andersen. No fue un libro de cuentos, sino una historia fantástica llamada Caminata desde el canal de Holinen hasta la punta oriental de Amager. Esta obra lo hizo famoso en su Dinamarca natal.

“Viajar es vivir”

Un año después de la publicación de su primer libro, Hans Christian, de 25 años, emprendió su primer viaje. En una de las ciudades danesas, Faaborg, se alojó en la casa de su ex compañero de clase Christian Voigt durante 3 días e inmediatamente se enamoró de su hermana Riborg. La chica fue su primer romance. Pero ella ya estaba comprometida, y Hans Christian se vio obligado a retirarse. Sin embargo, el escritor nunca olvidó a Riborg: después del fallecimiento del escritor, encontraron en su pecho la única carta de la chica que Andersen había guardado durante 45 años. Jonas Collin quemó el mensaje sin leerlo.

Andersen había guardado la carta de Riborg Voigt durante 45 años.

En 1831, el escritor emprendió su primer viaje al extranjero, a Alemania. Un par de años más tarde, Hans Christian dejó su Dinamarca natal por 16 meses para viajar por Europa. El viaje se volvería su pasión para siempre, y en toda su vida pasaría más de 15 años en otros países. Es curioso que en sus viajes se revelara una de sus rarezas. Dondequiera que se alojara, siempre tenía guardada una cuerda. El escritor tenía mucho miedo a los incendios, y esperaba que, en caso de que algo ocurriera, podría salir por la ventana usando la cuerda.

Em 1835, el triunfo llegó a Andersen. La novela El improvisador, que contaba de su propio viaje a Italia en nombre de un tal Antonio, le trajo un gran éxito en su tierra natal. En el mismo año, se publicó su primer libro de cuentos donde, entre otros, estaba La princesa y el guisante. Un año después, los libros de Andersen lo convirtieron en un hombre bastante rico. Por cierto, el escritor tuvo tanto éxito en su negocio que, al final de su vida, se había convertido en casi un millonario.

En 1840, Andersen conoció a su segundo amor: la cantante sueca de ópera Jenny Lind, que era 15 años más joven que él. Él le confesó sus sentimientos en una carta solo después de que Jenny se fuera de Dinamarca, pero un año más tarde, cuando se conocieron, la joven no dio muestras de haber leído su mensaje. En una de las entradas del diario de Andersen del año 1843, aparece la frase “¡La amo!”, hablando de Lind. Por cierto, llevó diarios durante toda su vida; fueron publicados después de su muerte y ocuparon unos 12 volúmenes.

Después de eso, Andersen y Lind se encontraron solo una vez, pero mantuvieron correspondencia casi hasta el final de la vida del escritor. En las cartas, ella solía llamar al escritor “hermano” y “niño”, a pesar de la diferencia de edad. Es Jenny Lind a quien están dedicados los cuentos La reina de las nievesEl ruiseñor.

Cabe mencionar que el escritor nunca se casó y no tuvo sus propios hijos. El resto de su vida tuvo miedo de los niños: al parecer, lo afectó su infancia, cuando fue el objeto de burla de sus compañeros.

En 1847, se publicó el primer libro autobiográfico de Andersen, El cuento de mi vida. Existe la opinión de que este trabajo del escritor no es tan emocionante como sus cuentos, ya que en el libro se queja mucho de los críticos (hay que decir que las críticas negativas siempre afectaron a Hans Christian) y describe los detalles de las reuniones con personas famosas de su tiempo, ya que le encantaba hacer amistades con gente de la alta sociedad.

Los cuentos de Andersen no fueron del agrado de todo el mundo. Algunos pensaban que no eran lo suficientemente instructivos para los niños, además, algunos de sus cuentos contaban sobre la victoria del mal sobre el bien, a lo que el escritor respondía invariablemente: “El bien gana en la eternidad” y, en general, Hans Christian era un hombre muy religioso.

Hans Christian Andersen y Charles Dickens

Charles Dickens

Uno de los amigos más famosos de Andersen fue Charles Dickens, a quien conoció en 1847. Se conocieron en una fiesta e, intercambiando elogios del talento de cada uno, encontraron inmediatamente un lenguaje común. Durante 10 años, Andersen literalmente inundó a Dickens con sus cartas, aunque rara vez recibió respuestas. Pero en 1857, Dickens invitó a su colega danés a pasar un tiempo en su casa de campo, y la invitación fue inmediatamente aceptada.

En la casa de Dickens, el escritor pasó cinco semanas en lugar de las dos planeadas, y este tiempo le pareció una eternidad a la familia del escritor inglés. Apenas cruzado el umbral de la casa, Andersen declaró que en Dinamarca están acostumbrados a que el hijo mayor de los dueños afeite al invitado todos los días. Después de una semana de estancia de Andersen en su casa, Dickens se escapó a Londres, dejando a su frustrada esposa y sus numerosos hijos a solas con el excéntrico escritor.

Durante su estadía como invitado, Andersen se enamoró de la esposa de Dickens, se fue de borrachera y se deprimió debido a las críticas negativas de sus obras en un periódico. Un día, al amanecer, Dickens regresó a su casa, recogió personalmente las pertenencias de Hans Christian y lo llevo a Londres en un carruaje que condujo personalmente, brindándole instrucciones detalladas sobre cómo llegar a Copenhague.

Andersen consideró que todo esto era una manifestación de hospitalidad y habló con cariño de Dickens y del tiempo que pasó en su hogar. El mismo Dickens, al despedir a su invitado, dejo un mensaje en el espejo: “Andersen durmió en esta sala durante 5 semanas que a la familia nos parecieron SIGLOS”.

Las excentricidades de Hans Christian Andersen

La historia de vida de Hans Christian Andersen es, entre otras cosas, la historia de varias fobias y temores. Sufrió de dolor de muelas durante muchos años y, perdiendo cada diente, estaba muy preocupado porque creía sinceramente que su don de escritura dependía únicamente de la cantidad de dientes que tenía. Antes de fallecer en 1868, perdió su último diente y declaró que a partir de ahora ya no podría escribir cuentos.

Andersen tenía miedo de varias cosas: perros, el extravío de su documento de identidad, robos. El mismo Dickens contó que, una vez, antes de subirse al carruaje, escondió muchas de sus pertenencias dentro de sus zapatos, incluido un cuaderno, y como resultado, le salieron ampollas en los pies, lo que luego le hizo sufrir. También tenía miedo de ser envenenado. Una vez, los niños le regalaron una caja de bombones, y el escritor, sospechando que estaban llenos de veneno, los regaló a sus sobrinas. Pero después de asegurarse de que las golosinas eran inofensivas, retiró la caja.

Como mencionamos anteriormente, Andersen nunca tuvo esposa ni hijos. Además, en toda su vida, nunca había conocido el amor carnal. Mientras estaba en París en la década de 1860, visitó burdeles, pero no fue por mantener relaciones sexuales: a Andersen le encantaban las conversaciones con mujeres, pero cuando Alexander Dumas insinuó cuál era el verdadero propósito de las visitas del escritor al burdel, el famoso danés se quedó profundamente indignado.

A pesar de su riqueza, Andersen era un hombre tacaño (obviamente, como consecuencia de la infancia medio hambrienta) y solía aceptar invitaciones a comer. Además, tenía una lista de las personas con quienes iba a almorzar o cenar, para poder visitarlas por turno. Sin embargo, no era codicioso. A menudo recibía cartas de solicitud de ayuda de los pobres, las que solía satisfacer.

Otra fobia de Hans Christian eran las camas, ya que le parecía que algún día caería durmiendo y moriría. En realidad, es lo que le pasó. En 1872, se cayó de la cama y nunca se recuperó de esa lesión.

Últimos años

Desde la década de 1840, la popularidad de Andersen había crecido no solo en su Dinamarca natal, sino también en el extranjero. En todos sus viajes, conocía a sus admiradores, entre los cuales había gente famosa. Además, al final de su vida, Andersen se hizo tan popular que en Inglaterra fue reconocido como el mejor escritor vivo. Vale la pena señalar que en la Inglaterra victoriana sus relatos se publicaban con retoques, ya que parecían a la censura inglesa le parecían demasiado sombríos y crueles.

En 1867, el escritor llegó a Odense, su ciudad natal, donde recibió el título de ciudadano honorario de la ciudad, y poco después, el rey danés le otorgó el cargo de consejero de Estado por decreto personal.

En los últimos años de su vida, el escritor pasó mucho tiempo en la finca de la familia Melchior llamada “Rolighed” (Tranquilidad), donde tenía asignada su propia habitación. Melchior era admirador del trabajo de Andersen y, en general, le encantaba recibir a invitados distinguidos, y Hans Christian era quizás el ciudadano más famoso de Dinamarca en aquel momento. Los miembros de la familia lo cuidaban porque, después de caerse de la cama, había quedado muy enfermo. Cuando ya no podía llevar sus diarios, lo hacía por dictado a los hijos de los dueños de la casa.

El 12 de julio de 1875, llegó a esta finca por última vez y nunca más la abandonó. El 4 de agosto, a las 11 de la mañana, el gran Hans Christian Andersen falleció pacíficamente en su cama en la habitación con vistas al estrecho de Øresund. Casi todos los habitantes de Copenhague asistieron a su funeral

Creemos sinceramente que Hans Christian Andersen es uno de los escritores más talentosos del mundo, aunque algunas personas creen que sus cuentos son demasiado tristes y no aportan nada a los niños. Y tú, ¿qué opinas sobre las obras de este escritor?

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