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La verdadera historia detrás de la película “Amigos intocables”

Suele suceder que nos enfocamos tanto en las cosas que nos hacen falta que no apreciamos todo lo que tenemos. Muchas veces, transitamos nuestra vida centrándonos en nuestras falencias y las barreras que nos detienen para poder ser el ideal que tenemos de nosotros mismos, postergando nuestra felicidad ante la desilusión de no ser quienes queremos ser. Pero en algunas ocasiones, si nos atrevemos a echar abajo los prejuicios y abrir nuestro corazón, existen personas que, sin importar la raza, clase social o edad, nos pueden demostrar con su afecto no solo nuestras virtudes, sino lo valiosos que somos para el mundo.

Y si no nos crees, Genial.guru te presenta las historias del conde Philippe Pozzo di Borgo y Abdel Yasmin Sellou, dos hombres que se sentían incapaces de avanzar pero cuya amistad venció las clases sociales, cambió sus vidas e inspiró la película Amigos intocables.

Quién es Philippe Pozzo di Borgo

Philippe Pozzo di Borgo es un conde francés, empresario y propietario de un importante hotel. Hijo de un duque, se crio en una familia opulenta con todos los lujos y comodidades que le permitieron estudiar, casarse y tener importantes trabajos, como gerente en la marca de vino blanco Moët & Chandon. Con un futuro prometedor, la vida de Philippe era envidiable; sin embargo, en 1993, tuvo un accidente en parapente que lo dejó en un estado de tetraplejia.

Imposibilitado de volver a moverse por sí solo y con su esposa que enfermó de cáncer en aquel entonces, Philippe entró en un estado de depresión que lo llevó a atentar, sin éxito, contra su propia vida. Para él, la tristeza “era insoportable, porque siempre tuve el control y, de repente, dependía de todos, especialmente de una esposa que estaba enferma”. Sin embargo, en la actualidad, se alegra de que aquel intento haya salido mal: “Me alivia no haber logrado quitarme la vida hace 19 años, porque he disfrutado los 19 años posteriores”.

Los antecedentes de Abdel Yasmin Sellou no lo hacían el empleado ideal

Abdel era el tipo de persona en la que uno lo pensaría dos veces, tal vez tres, antes de contratar. Vivió su infancia en una familia de condición humilde con 8 hermanos, desarrollando durante la infancia una personalidad impulsiva y un muy mal genio. A los 10 años, tuvo que mudarse a París a vivir con familiares que pudieran cuidarlo, y a los 16 años fue expulsado de la escuela porque le robaba a sus compañeros. Lejos de corregirse, a los 18 años, fue a la cárcel por primera vez por robarle cámaras a los turistas. Con acciones tan cuestionables a tan temprana edad, el futuro de Abdel era poco prometedor, pero, si algo lo hacía especial como persona, era su carisma que lograba cautivar y caer bien desde el primer momento.

Mientras cumplía una condena de un año y medio de cárcel, se le dio la oportunidad de salir en 10 meses si se reinsertaba a la sociedad asistiendo a cursos de mecánica. Lamentablemente, se dio cuenta de que la mecánica no le gustaba y tuvo que buscar un trabajo rápido, el que fuere, con tal de que le impidiera volver a la cárcel. Y fue así que terminó postulándose en un puesto como cuidador de un aristócrata millonario y tetrapléjico y su esposa enferma, en un trabajo que le cambiaría la vida.

Contratarlo fue la peor idea del mundo que trajo los mejores resultados

Luego de leer sobre la adinerada familia de Philippe y su buena educación, podemos preguntarnos ¿por qué alguien tan refinado como él contrataría a alguien como Abdel, que les robaba hasta a sus compañeros de escuela? Por empezar, Philippe, a lo largo de su vida laboral, había realizado muchas entrevistas de trabajo y vio en Abdel un empleado con potencial más allá de su apariencia de chico malo: “Era rápido, inteligente y estaba disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana; era capaz de actuar sin vacilar; de tomar la iniciativa y estaba listo para conducir rápido y sin licencia”, afirmó Philippe al justificar su decisión.

Siendo que Philippe se encontraba inmovilizado y su esposa pasaba los últimos meses de vida (fallecería tiempo después), contrató a Abdel aún sabiendo que su nuevo cuidador no tenía deseos de trabajar para él ni de quedarse mucho tiempo en el empleo que solo había aceptado para no volver a la cárcel y porque “la caja de seguridad del ’palacete’ parecía fácil de abrir”. Con ese panorama, todos los seres cercanos del conde intentaron disuadirle para que cambiase de opinión, pero él se mantuvo firme en su decisión. “Este es el tipo que necesitaba. Me importaba un comino que fuera de la cárcel. Lo necesitaba. Y luego se convirtió en un amigo”.

Sus diferencias los unieron cuando descubrieron que ambos necesitaban ser sanados

Teniendo como cuidador a Abdel, con su buen humor, espontaneidad y condición humilde que lo llevaba a actuar de una forma que contrastaban totalmente con las normas de etiqueta a las que estaba acostumbrado Philippe, poco a poco, fue sanándose de la depresión en la que había sucumbido tiempo antes. “Me trató como necesitaba ser tratado”, contó el conde al hablar de aquellos años. Abdel, con sus cuidados poco ortodoxos, era capaz de salir a correr en compañía de Philippe y colgarse de su silla de ruedas; crear situaciones de adrenalina manejando fuera de los límites de velocidad con Philippe como copiloto, situaciones sumamente descabelladas que llenaron de vida a Philippe cuando temió de sucumbir a la monotonía.

Pese al rechazo y objeciones de sus seres cercanos al ver como una persona tosca e imprudente como Abdel trataba y exponía a riesgos a una persona que estaba en estado de tetraplejia, Philippe hizo oídos sordos y se negó a despedirlo. Abdel ya no era su empleado, sino su amigo y lo que más le gustaba de él era exactamente eso, que no lo veía como un enfermo a quién había que tenerle lástima. “Necesitaba volver a la normalidad. La pena es lo último que necesitas. La pena no tiene remedio. La pena es lo que alguien te da porque tiene miedo de cuidarte”, reflexionó. Así como Abdel ignoró la condición física de su amigo, a Philippe le importó muy poco las claras diferencias sociales y educación que ambos tenían, porque la presencia del cuidador era para Philippe un “beso de vida” y para Abdel, trabajar allí fue la oportunidad de encarrilar su vida y descubrir todo su potencial, “Probablemente, si no hubiera conocido a Philippe, estaría ya muerto o en la cárcel”.

Una amistad que los salvó y conmovió muchos corazones

Antes de hacerse amigos “éramos dos desesperados en busca de una escapatoria; el rico loco de dolor por la muerte de su esposa y el joven golfo recién salido de la cárcel y que quería reventarlo todo. Dos marginales que se sostenían”, reflexionó Abdel. Y tras 10 años de mutua compañía y aprendizajes, en el 2003, sus caminos se separaron en un viaje a Marruecos, sitio en el que ambos encontraron parejas: “Abdel y yo terminamos nuestra colaboración cuando ambos encontramos a nuestras almas gemelas”, explicó Philippe, agregando que aquel tiempo juntos, como una historia que se desarrolla de la mejor manera, terminó “sin tristeza ni dificultad”.

Philippe se casó con una mujer musulmana, así que se mudó al país natal de su esposa para formar una familia con ella. Por su parte, Abdel también se casó casi al mismo tiempo y, actualmente, dirige una granja avícola en Argelia y tiene 3 hijos que consideran a Philippe como su tío: “Antes, ni siquiera me habría preguntado sobre sentar cabeza”, dijo Abdel. “Simplemente estaba interesado en las mujeres como el equivalente de la comida rápida. Ahora estoy asentado, enfocado en mi nueva vida”. Tras aquella amistad que les cambió la vida, ambos escribieron libros narrándola desde sus perspectivas. Abdel escribió Has cambiado mi vida, y Philippe Intocable, nombre en el que se inspiró la película francesa basada en ellos.

En la actualidad, Abdel viaja a Marruecos de vez en cuando para visitar a su amigo Philippe, y cuando no se ven personalmente, Philippe es quien lo llama para escuchar sobre sus aventuras y ocurrencias descabelladas. Ambos demuestran que desde la persona más opulenta hasta la más humilde pueden vivir grandes adversidades. Pero así como los problemas no hacen distinción de clases, la amistad y el afecto tampoco, y aun cuando sentimos que caemos, siempre existe una mano amiga que nos puede invitar a salir de nuestra área de confort para superarnos a nosotros mismos.

¿Qué es lo que más te gustó de la historia? Cuéntanos si has tenido una amistad que haya enriquecido tu vida y si conoces historias tan inspiradoras como la de Philippe y Abdel.