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Una mujer vio que los flamencos de su isla estaban muriendo y abrió un refugio para salvarlos, luego los libera

El planeta está lleno de animales hermosos. Algunos de ellos viven cerca de nuestros hogares y es posible verlos en su hábitat, embelleciendo el paisaje. Uno de ellos es el flamenco rosado, elegante y altivo. Tener la oportunidad de contemplarlos en bandada es una experiencia única. Pero, en la isla de Bonaire, los flamencos estaban pasándola mal. Elly Albers, una mujer que vive y trabaja allí, se dio cuenta del triste estado de estas magníficas aves y decidió hacer algo.

Genial.guru cree que la intervención de esta mujer para salvar a los flamencos es muy valiente y la comparte contigo, pues tiene un final feliz.

Cómo nació el refugio de flamencos

La isla de Bonaire, en el Caribe, perteneciente a los Países Bajos, tiene entre sus muchos atractivos habitantes muy especiales: los flamencos rosados. Lamentablemente, las grandes bandadas que viven en los manglares estaban muriendo de hambre, algunos heridos y otros huérfanos. Una mujer se percató de esa terrible situación y puso manos a la obra para frenarla. Así nació un refugio de flamencos llamado Bonaire Wild Bird Rehab.

Elly Albers tiene un centro de información donde ofrece paseos en bote o kayak por los manglares de la isla. Todos los días era testigo del estado de desnutrición de la población de los flamencos y otras aves que viven allí.

Ahora su trabajo consiste en rescatar a las aves enfermas o heridas y las lleva al refugio, donde las cuida hasta que recuperan la salud. Luego, las devuelve a la naturaleza.

Un día en el refugio

El trabajo en Bonaire Wild Bird Rehab comienza temprano. A las 7 de la mañana, Elly les sirve el desayuno a los flamencos adultos, que la esperan ansiosos. Al principio, había 40 aves. Con el correr de los meses, ese número se multiplicó a cientos.

En el refugio tiene un lugar dónde comer y descansar. También hay suficiente espacio para que las aves vuelen. Sin embargo, están tan cómodas que algunas prefieren quedarse todo el día.

Después de que los flamencos mayores quedan satisfechos, les toca el turno a los polluelos. El refugio cuenta con voluntarios que se ofrecen de buena voluntad para ayudar a alimentar con biberón a los bebés. El resto del día, se ocupan en curar a las aves enfermas y liberar a las que ya están listas para volver a los manglares, siempre bajo estricta supervisión de veterinarios, también voluntarios.

“Buena suerte, flamencos”

Aunque los voluntarios se encariñan con las aves, entienden que deben regresar a su hábitat. Es duro despedirse de cada flamenco, pues cada uno tiene su personalidad que lo distingue de los demás, como los perros y gatos. Pero no pueden ser mascotas. Son aves salvajes que tiene que volver a vivir en la naturaleza. Así que, cada vez que un ave es liberada, se la despide con esta frase: “Buena suerte, flamenco”.

Un grupo de aves decidió quedarse a vivir en el terreno ubicado frente al refugio. Esta situación no es la ideal, pero al menos se ven sanas y contentas. Por esa razón, Elly publicó una advertencia para los automovilistas que pasan por allí, ya que no es raro toparse con un flamenco en el medio del camino, que corre riesgo de ser atropellado.

Al tratarse de animales salvajes, el refugio no está abierto a visitantes. Los que quieren ver cómo crecen y se recuperan los flamencos pueden anotarse como voluntarios. Cada vez son más las personas que lo hacen, demostrando que es posible recuperar el equilibrio de la naturaleza si cada uno aporta su granito de arena. Los flamencos rosados de Bonaire están más que agradecidos.

Si tuvieras la oportunidad, ¿qué animal te gustaría rescatar? ¿Conoces a alguien que realice una labor parecida a la de esta mujer? ¡Agradecemos tus comentarios!

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