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10 Realidades complicadas que me mostró la maternidad y cómo las he afrontado

Para nadie es novedad el gran cambio que representa la maternidad en la vida de una mujer. Como madres, sabemos perfectamente las significativas e incontrolables transformaciones que hemos atravesado. Mi nombre es Ania, soy mamá primeriza y, como muchas otras madres, tampoco desearía contar aquellas situaciones de la maternidad que no parecen tan encantadoras, principalmente por miedo a ser juzgada. Sin embargo, en esta ocasión, he decidido hablar con la intención de hacernos ver que no estamos solas y que, por amor, podemos seguir intentándolo una y otra vez.

Especialmente para Genial.guru, quiero contarte algunas de las experiencias más complicadas que he atravesado como una madre que ama profundamente a su bebé.

1. La maternidad golpeó fuertemente mi autoestima

Aunado a lo que viví, un estudio de la Universidad de Tilburg demostró que tener hijos puede influir en la disminución de la autoestima de una madre hasta por tres años. En dicho estudio participaron más de 84 mil mujeres que denotaron una baja en su autoestima con relación a su maternidad.

Las razones son múltiples y unas pueden afectar más que otras: el cambio físico que en muchas ocasiones percibí y mantuve negativo, la atención de mi pareja volcada al bebé y al trabajo, el tiempo que se redujo para dedicarme a mí misma, más algunas frustraciones laborales. Eso no quiso decir de ninguna manera que no quería a mi hijo; de hecho, entendí que lo amo tanto y con la suficiente fuerza como para soportar todo aquello y cambiar muchas veces mi propia autosatisfacción por su bienestar.

2. No, no tengo paciencia ilimitada como creía

Amo a mi hijo por sobre todas las cosas, pero eventualmente hubo y seguirá habiendo malos días. Por cansancio, por el cambio en las hormonas o cualquier otra condición, un simple llanto, travesura, berrinche o exigencia de su parte me han llevado al límite de mi paciencia y quiero salir corriendo de su lado, tan solo por un minuto, por un momento en el que lo único que deseo es un poco de paz y relajación; pero no, como mamás no podemos huir, y muchas veces nuestra única defensa, o ataque, es gritar.

Sin embargo, comprendí que no soy una mala madre por haberle gritado o por haber reaccionado de forma negativa, sencillamente soy humana y esas explosiones son tan comunes como normales.

3. Hay ocasiones (muchas) en las que siento que no doy más

Fue difícil entender que ahora tengo un trabajo 24/7 sin descansos, o muy pocos; y, aunque sí es lo más bonito que me ha sucedido, no puedo negar que es completamente agotador. Tal vez imaginé la posible exigencia que traía consigo tener un bebé, pero no sabía que podía sentirme rebasada por esa demanda de atención y presencia que mi hijo pide.

Todo ello me ha hecho sentir que no puedo más, que me desborda tanta dependencia y hasta llegué a pensar que no tenía la facultad para hacerlo. Pero sí, hoy sé que puedo y podré, porque amo más que a mi vida a ese pequeño ser y todo sería peor si no estuviera; y eso, el amor, es la mayor fortaleza de todas.

4. Lucho contra muchas tormentas emocionales

No solo es la autoestima, el cansancio o la impaciencia, también es el ir y venir de emociones positivas y negativas sin previo aviso. En un momento me puedo sentir tan fuerte e imparable como un huracán, con una energía y vitalidad que desconocía, y al siguiente segundo, me creo solo un pequeño viento que apenas puede mover una rama, con emociones que abruman y me hacen sentir vulnerable e incapaz de todo.

Son tantas las emociones que suben y bajan que me hacen sentir como si estuviera en una montaña rusa y en ocasiones pienso que me estoy volviendo loca. Pero, al reflexionarlo, entiendo que no es nada de eso, sino solo un conjunto de nuevas situaciones con las que debo aprender a lidiar tarde o temprano.

5. Soy capaz de sentir mucho amor y hastío al mismo tiempo y por la misma personita

Cuando mi bebé llegó a casa, me vi obligada a sumergirme en un ritmo de vida diferente al que me resistía. Las mujeres de hoy en día vivimos en una época de un ritmo más acelerado y de mucha acción, pero para un bebé todo esto es diferente, su ritmo es más lento, con menos expectativas, tranquilo; y eso para mí fue un tanto frustrante y aburrido.

Ser madre es una parte muy grande, importante y muy hermosa; pero no la única en la vida de una mujer. Al cuidar de mi bebé he llegado a sentir unas ganas incontrolables de hacer más que eso porque decidí hacer una pausa en mi vida para dar paso a la crianza. Paradójicamente, aunque deseo salir, cuando estoy afuera y tratando de tener un momento ameno, en lo único que puedo pensar es en volver junto a mi hijo, en abrazarlo y comérmelo a besos de lo mucho que lo extraño.

6. El cansancio es mi estado permanente

Ya lo he dicho, la maternidad es un trabajo de tiempo completo y sin descansos porque, aún en el descanso, un hijo no espera y sus necesidades requieren ser cubiertas principalmente por nosotras, sus madres. Y aunque soy una mujer que por voluntad y por amor he decidido dedicar gran parte de mi vida a mis hijos, nunca hay tiempo para el descanso.

Esos momentos en los que mi hijo me regala un rato libre, los ocupo para realizar un sinfín de tareas que tenía pendientes y que había pausado por atender a mi pequeño. Lo más increíble de todo es que hay que hacerlo en tiempos récords para optimizar cada segundo; algo que parece que nadie comprende.

7. Ser madre me renació en una confusa y nueva identidad

Sí. El amor más grande, sincero y fuerte que sentí por alguien fue por mi bebé, pero eso no evitó que atravesara un duelo por todo lo que dejé atrás, por lo que fui antes de él y que en definitiva y en automático dejé de ser y ya no seré. Todas las mujeres tenemos que dejar algo atrás y algunas lo toman de mejor manera que otras, pero todas renacemos en una nueva identidad que nos hace madres.

Como mamá llegué a sentir que mi individualidad se entremezclaba con los cambios de pañal, las atenciones, los juegos en el parque y las noches de sueño interrumpidas. Y estuvo bien, al final me sentí orgullosa por la increíble capacidad que tuve y tengo de atreverme a entrar en la profundidad de la maternidad, aunque muchas veces me asuste y me pierda; y sí, aunque también cueste demasiado reencontrarme.

8. Me siento rechazada y juzgada por la sociedad

Creo que una de las realidades más duras de la maternidad es la invisibilidad de esta labor. Nos ha tocado una sociedad que le da poco valor al rol de madre porque ahora “vale más” una mujer que trabaja y ejerce su profesión. Como mamá, se siente una presión social mucho más fuerte que antes no solo por volverte madre, sino por ser independiente, profesionista, proveedora y, al mismo tiempo, se añaden las clásicas ideas de que las labores domésticas nos pertenecen como si estuviera en nuestros genes.

Por si fuera poco, también tengo que lidiar con las críticas y opiniones que muchas veces me hacen dudar de mi propia capacidad para ser madre y conciliar todo lo anterior. Suena duro, pero he sentido que hasta mi pareja es incapaz de apreciar mi decisión de hacer un paréntesis en mi vida en pro de la crianza que a ambos nos compete.

9. Siempre he sentido culpa por pensar todo lo anterior

En mi caso, lo que más me ha consumido es la culpa, porque me hicieron creer que con un bebé me transportaría a un mundo rosa lleno de felicidad. Y sí, gran parte del tiempo es así: cuando la mano de mi bebé se aferra a mis dedos, cuando me reconoce y sonríe porque para él no existe nada en el mundo más que yo, cuando noto que disfruta de mí y de mi protección, cuando lo veo dormir, cuando me dijo “mamá” por primera vez o dice “te quiero” con su boquita pequeñita; o cuando se asombra por todo lo nuevo que sus ojos y todos sus sentidos están conociendo.

Sin lugar a dudas, lo amo, pero aun así, todo lo antes dicho me ha hecho sentir culpable y avergonzada. Pero no es algo que suela contar, porque cuando lo hice, nadie pareció entender que mis emociones “negativas” no significan de ninguna manera que no amo a mi hijo.

10. La maternidad me ha dolido como nunca nada lo ha hecho

Cada segundo en el que me convertía en madre ha dolido y no se trató solo de un dolor físico; todo lo antes mencionado me lastimó, a veces mucho, a veces poco. Dolió el sentirme poco atractiva, las faltas de atención, explotar y luego arrepentirme, el cansancio, las opiniones negativas de las personas o las culpas. Por fortuna, es un dolor que se mitiga con todo el amor que siento por mi hijo, pero que en ocasiones ha vuelto en cada oportunidad.

Cuando alguien se vuelve madre necesita mucha contención y, personalmente, creo que esa debería ser la principal tarea de nuestras parejas y padres del bebé: apoyar a la madre, que a su vez sostiene al bebé. Todas las mamás necesitamos ser apoyadas y cuidadas, aunque sea por nosotras mismas.

11. Una última realidad

Sé que ahora puedes ver que somos muchas las que pasamos por una o todas estas realidades y también sé que eso te hará sentir un poco más tranquila si es que estás pasando por ellas. No somos malas madres ni nacimos sin instinto maternal, tampoco somos malas personas por experimentar tantos pensamientos y emociones.

Por el contrario, tú eres una mujer increíble por atreverte a enfrentarlo por completo y una madre maravillosa con tu vulnerabilidad, tus esfuerzos de tiempo completo, tu gran intensidad amorosa y también desesperada. Eres una madre profundamente capaz de hacer que tus hijos emprendan vuelo y encuentren fuertes raíces al volver. La mejor parte es que ellos sí ven en ti lo que realmente eres: un ser único en el planeta, merecedora absoluta de amor infinito, su puerta al mundo, su refugio, su consuelo.

Mis consejos para las madres que pasan por lo mismo

Primero hay que entender que, si una persona se siente rebasada por el tamaño de una responsabilidad, no es porque no pueda con ella, sino que simplemente tiene una percepción equivocada de sí misma, sobre todo por esa sensación que a veces da de estar haciendo todo mal. Pero vamos, que hay que ir poco a poco transformándolo con estos tips que a mí, personalmente, me han ayudado bastante.

  • Valídate. Estamos en todo nuestro derecho de sentir y pensar, y eso es totalmente respetable. Convéncete de ello, agradece y dile adiós a la culpa, no estás haciéndole daño a nadie.
  • Cultiva tu paciencia. Todo lleva un proceso, incluyendo el crecimiento de tu hijo. Tenerlo presente te ayudará a predeterminarte en tiempos y espacios, para ir abriendo pequeños momentos para ti.
  • Nútrete. Tus necesidades son importantes, no te dejes para el final. Escúchate y cúmplete algunos caprichos. Te ayudará a cargar energía y seguir adelante. Si tú estás bien, tu bebé también.
  • Fluye al ritmo de la maternidad. No te autoexijas ni trates de cumplir con todo desde el primer momento. No es sano ni recomendable para tu salud mental. Solo ajusta tu día a las posibilidades del momento.
  • Date pequeños homenajes. Piensa en todo lo que has logrado hasta ahora, apláudete por esos pequeños logros que de a poco se convertirán en grandes. Yo te aplaudo y te admiro porque lo estás logrando.
  • Conoce las fases de desarrollo de los niños. Habrá momentos que te harán pensar que lo estás haciendo mal, pero muchos de ellos son solo etapas de los niños. Conocerlas y prevenirlas te ayudará a hacerles frente.
  • No te encierres en casa. Sal con tu hijo y busca un espacio en donde entres en contacto con la naturaleza. Eso les ayudará en la relajación y revitalización.
  • Escribe. Puede ayudarte muchísimo escribir todo lo que se te viene a la mente para regresar a tu centro cuando sientes que algo va mal, e incluso puedes hacer dibujos y garabatos.
  • Busca grupos. En las redes o en algún centro. Identificarte con un grupo te ayudará a no desanimarte y lograr objetivos en común desde sus posibilidades y espacios. El apoyo mental siempre ayuda.

Sé que hay mucho por derribar y construir para lograr nuestra propia salud mental y vivir nuestro presente, aceptando las luces y también las sombras. ¿Te has sentido identificada con alguna de estas situaciones que se enumeran en este artículo? ¿Cómo conseguiste hacer frente a ellas? Cuéntanos tu experiencia.

Ilustradora Anastasiya Pavlova para Genial.guru
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