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20+ Hechos sobre a qué se dedicaban las mujeres en el siglo XIX, cuando se consideraba que debían quedarse en casa

En el mundo moderno, las mujeres tienen derecho a trabajar. Pero a pesar de encontrarnos en pleno siglo XXI, la sociedad aún no se ha librado por completo de los prejuicios relacionados con la elección de una profesión, la división de trabajo para mujeres y hombres, y la diferencia salarial. Sin embargo, qué podemos decir del siglo XIX, cuando las damas intentaban defender sus derechos, pero la vida dictaba otras condiciones y reglas. Trabajaban de manera plena y difícil, pero en la sociedad de aquella época, tales labores no se debatían y ni siquiera eran consideradas algo serio.

Genial.guru se interesó en saber cómo trabajaban las mujeres en el siglo XIX y por qué algunas profesiones ni siquiera podían mencionarse en voz alta.

Trabajo invisible

  • Las plebeyas y las mujeres de sangre noble tenían que saber hacer muchas cosas para el cuidado de la familia y el hogar, y puede decirse que incluso no solo aprendían una profesión, ya que estos conocimientos podían serles de ayuda después. Pero si una mujer plebeya podía considerarse una trabajadora oficial, una de origen noble daba tal paso solo por una gran necesidad o principios, y trataba de no contárselo a nadie.

  • Puede decirse que las mujeres de clase noble no tenían derecho a tener cualquier tipo de ingreso si no estaban listas para que la sociedad y sus seres queridos dejaran de hablarles. Se consideraban relativamente decentes los trabajos de institutriz, maestra y telegrafista. Por ejemplo, si una mujer aceptaba lavar, sembrar verduras y hierbas para su venta o un trabajo de vendedora ambulante, significaba que no tenía otra opción, y decirlo en voz alta era igual de vergonzoso que confesar que pedía limosna o robaba.

  • Sin embargo, no era tan fácil conseguir una profesión relacionada con las artesanías. En las grandes ciudades había talleres especiales para llevarlas a cabo y eran instalaciones a donde no dejaban entrar a las mujeres. Por eso, la oferta laboral no era tan grande, y las profesiones “femeninas” solo consistían en ser una vendedora de leche, pescado, empanadas u otro tipo de comida, costurera, bordadora, entre otras.

  • Los hombres eran los principales costureros de moda en el siglo XIX. Ellos se dedicaban a tomar pedidos y a comunicarse con los clientes, además de controlar todos los procesos, desde el corte hasta la costura. Pero a la costura se dedicaban costureras “invisibles”. Muy a menudo eran chicas solteras que no salían de casa y que dedicaban todo su tiempo a coser por unos cuantos centavos.

  • Las reparaciones de ropa tampoco traían muchos ingresos, y eran realizadas por mujeres casadas con hijos o viudas.

  • Para una mujer noble era humillante llamarse costurera o modista. En la clase noble existía una regla: una dama podía dedicarse a la confección de ropa por encargo, pero era indecente llamarla costurera. En una conversación socialité podía mencionarse que la mujer cosía, y esto daba a entender a los demás que ella tomaba pedidos.

  • El trabajo de nodriza se consideraba un empleo de prestigio para las mujeres de clase baja. La leche de las damas rubias se consideraba más beneficiosa, y la de las pelirrojas dañina. Las mamás lactantes podían elegir de acuerdo con sus creencias. Una mujer que había dado a luz recientemente podía darle de comer a cualquier bebé y no solo al suyo. Frecuentemente, a estas nodrizas las contrataban las mujeres nobles, las que no querían ofrecerles la lactancia a sus hijos. Si la nodriza trabajaba con una familia noble, ella podía contar con un apoyo financiero y una pensión hasta el final de su vida, aunque esa era una regla no escrita.

Trabajo pesado

  • Si hablamos de trabajo pesado al que se dedicaban las mujeres, con mayor frecuencia viene a la mente algo relacionado con la agricultura. Arar, sembrar, recoger la cosecha y cuidar de animales; todo esto tenían que aprender a hacer las mujeres de pueblo, además de saber cómo cuidar de una enorme familia y hogar. Les enseñaban a hacerlo desde una temprana edad.

  • Las habitantes de ciudad de clase baja a menudo aceptaban trabajos perjudiciales para la salud. Por ejemplo, las mujeres que se dedicaban al lavado se dividían en dos tipos. Unas tomaban varios conjuntos de ropa para lavar y con frecuencia trabajaban solo con la misma persona. Había otras que tenían grandes volúmenes de trabajo y un riesgo constante de lesiones, ya que la lejía causaba ardor en la piel y las membranas mucosas, al igual que exprimir la ropa y cargar cosas muy pesadas. Por eso, con frecuencia, tal trabajo era realizado por desesperación o temporalmente.

  • Podría parecer que incluso en aquellos tiempos el trabajo de estibador no era para mujeres en lo absoluto. Sin embargo, por ejemplo, en los ríos y en el mar, donde era común el trabajo de buques, un gran porcentaje de estibadores consistía precisamente en mujeres, quienes realizaban el trabajo más pesado en los puertos.

  • También existían las mujeres mineras. Ellas, por supuesto, solían trabajar como clasificadoras en la superficie y minas, pero a veces también bajaban, a pesar de que el trabajo bajo la tierra para mujeres y niños estaba prohibido a nivel legislativo en muchos países.

Ciencia y arte

  • Aunque las mujeres nobles frecuentemente recibían educación en casa, ellas no podían seguir estudiando en la universidad, a menos que fueran a Europa. Por eso, en el siglo XIX, las damas que se dedicaban a la ciencia eran muy pocas. Por ejemplo, una de las primeras mujeres químicas de Europa Oriental apareció solo a finales del siglo XIX. Vera Popova pudo conseguir el éxito en este ámbito porque era hija de un famoso cirujano. Además, estudió en Ginebra.

  • Lo mismo podía decirse sobre la profesión de pintor. Pero la actuación y el canto eran considerados casi ocupaciones femeninas, y no se contradecía a las mujeres que querían recibir clases de tales destrezas. Aunque “una dama” estudiaba arte por parte de institutrices, la educación profesional de las mujeres comenzó a finales de los años 1830, cuando en la Sociedad Imperial de Fomento de las Artes se inauguraron clases de arte para niñas.

  • Pero los prejuicios no se superaron tan pronto. Por ejemplo, a las pintoras no les enseñaban dibujo técnico, porque se consideraba que no lo usarían en la actividad profesional. Dedicaban gran parte de su atención al estudio de los paisajes, aunque los hombres estudiaban eso de manera superficial, ya que no se consideraba algo “serio”.

  • Se dejó estudiar solo a 30 mujeres en la Academia Imperial de las Artes. Aunque las damas solo consiguieron estudiar en la Facultad de Arquitectura en 1903.

  • Para las mujeres de clase baja, el camino a la educación profesional todavía estaba cerrado. Por eso, la aspiración al arte era revelado haciéndose autodidactas o trabajando en profesiones artesanales conexas. Trabajaban como fabricantes de sombreros, bordadoras, creadoras de muñecas, grabados en madera y huesos, entre otros empleos.

  • Muchas mujeres nobles ganaban dinero, pero de forma clandestina. Se dedicaban a reescribir textos, hacían traducciones y correcciones. Se consideraba de mucha suerte entrar en una editorial o periódico y escribir artículos, porque no todos los editores querían tener relación alguna con las damas.

Cuando surgió una revolución en la conciencia

  • Se cree que la comprensión de que las mujeres podían obtener una educación completa y trabajar avanzó un poco en 1812, cuando se creó la Sociedad Patriótica Femenina. Se dedicaba al cuidado de los necesitados y niños sin hogar, y este perfil de mujeres que no solo se dedicaban a la familia, sino a un asunto verdaderamente importante, sirvió como empuje para una posterior emancipación. Antes, las mujeres profesionistas en algún ámbito frecuentemente provocaban falta de confianza. Pero al final, este proceso de emancipación se lanzó después de 1860.

  • Provisionalmente, la educación femenina en Europa Oriental apareció durante los tiempos de Catalina II, cuando en San Petersburgo se abrió el Instituto Smolny de Nobles Doncellas. Pero no se asumió que las mujeres trabajarían. Sin embargo, a partir de 1862, cuando surgieron los primeros 4 liceos, la cuestión de la educación tuvo un mayor avance. Después comenzaron a aparecer los liceos privados.

  • Las mujeres abiertamente y sin condenas podían estudiar para ser enfermeras, obstetras, telegrafistas, contadoras y maestras. Y trataban de dedicarse a los negocios, por ejemplo, de libros. En 1863, en San Petersburgo surgió la primera y única editorial rusa de mujeres, un artel de traducciones. Dos amigas propietarias decidieron comenzar a lanzar libros tomando en cuenta todas las sutilezas de este trabajo.

  • En el siglo XX, la mujer trabajadora comenzó poco a poco a igualarse en derechos con el hombre, e incluso ya podía elegir casi libremente una profesión. Aunque diferentes prejuicios siguieron existiendo en la sociedad durante mucho tiempo.

Nos dio mucha curiosidad sumergirnos en “la realidad laboral” de las mujeres del pasado. ¿Omitimos algunos detalles que tú conoces?