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Cómo han cambiado los estándares de belleza desde la antigüedad hasta la actualidad

Cada siglo tiene su propio concepto de lo que simboliza la belleza. Aquello que todavía ayer se consideraba hermoso y atractivo, hoy parece extraño y loco. Las rubias reemplazan a las morenas, las rellenitas son sustituidas por las flacas, las mujeres de piel oscura, a las de piel blanca. Pero una cosa siempre permanece sin cambios: el ideal imaginario de la belleza, al que las personas de la sociedad del momento tienden a aproximarse.

En Genial.guru construimos nuestra propia máquina del tiempo para descubrir cómo ha cambiado el concepto de belleza por el paso de diferentes épocas.

Antigüedad (del siglo VIII a. C. al siglo V a. C.)

En el centro de la cultura antigua se encontraba el cuerpo humano, que encarnaba la naturaleza y la libertad. Los antiguos griegos no solo no se avergonzaban de su propio cuerpo, sino que también lo perfeccionaban en todos los sentidos recurriendo al maquillaje, las vestimentas y la actividad física. Después de todo, se consideraba que una persona exteriormente bella tenía una mente maravillosa.

Una belleza antigua tenía que ostentar una piel clara, cabello rojo, labios gruesos y anchas caderas. El maquillaje se consideraba una parte integral de la vida cotidiana de las damas de la nobleza. Los cosméticos se importaban de China, la Galia o se pedían por encargo. Las mujeres adineradas, incluso poseían esclavas especialmente entrenadas que maquillaban a su ama y arreglaban su maquillaje durante el día.

La piel blanca pura era un atributo importante de la belleza antigua, aunque las mujeres griegas y romanas poseían, por naturaleza, una piel morena. Para hacerla más blanca, utilizaban el aceite de oliva, recurrían al peeling y tomaban baños de leche. Para combatir las pecas y las arrugas, las mujeres se aplicaban mascarillas a base de grasa de cisne, miel o vinagre. Estas olían muy fuerte, lo que provocaba descontento entre los hombres.

Las mejillas rosadas se consideraban atractivas, mientras que las pestañas largas eran una señal de pureza. Tener vello en el cuerpo se consideraba inaceptable para una mujer romana. Lo depilaban, lo eliminaban con resina y lo raspaban con piedra pómez. Curiosamente, entre las mujeres griegas, era popular la así llamada uniceja: cejas gruesas y oscuras unidas en el puente de la nariz. Así que las habitantes de la antigua Grecia, no solo no se depilaban las cejas, sino que también las teñían, y si esto no resultaba suficiente, incluso pegaban unas artificiales.

Se exigía mucho más al cuerpo masculino que al femenino. Hombros anchos, una pelvis estrecha, una postura recta y músculos bien desarrollados, eso era lo que tenía que poseer un hombre en la Antigüedad. Para conseguirlo, los niños varones se entrenaban en los gimnasios durante 8 horas al día.

Los hombres también recurrían a los cosméticos, pero la sociedad no lo veía con buenos ojos, estos representantes del sexo masculino eran considerados afeminados. El cuerpo de los hombres, a diferencia del de las mujeres, tenía que verse bronceado como si fuera fruto de un trabajo bajo el sol. Se alentaba el uso de perfumes y la depilación corporal. Un hombre demasiado peludo se consideraba sucio.

Edad Media (del siglo V al XIV)

Durante casi toda la Edad Media, la Iglesia gozó de una fuerte influencia en la vida de las personas, que incluía también su apariencia. Contrariamente a la creencia popular sobre el incumplimiento de las normas básicas de higiene, se preparaban baños cerca de grandes monasterios y lugares de peregrinación. Los pobres asistían a baños públicos y los ricos podían permitirse una bañera privada.

El ascetismo se manifestaba en todo: en la idea de una figura ideal, la ropa y cosméticos. Un modelo medieval de belleza femenina sugería senos pequeños, brazos y piernas delgados y labios finos. Para lograr este ideal, a las niñas les vendaban el pecho desde la infancia.

Los vestidos femeninos eran modestos y moderados. La individualidad del traje se expresaba con la ayuda del peinado y un tocado: estaban de moda los sombreros de paja; los sombreros cónicos que se elevaban hacia arriba; capuchones. Las damas de la nobleza introducían en sus peinados el cabello artificial o de las personas fallecidas, lo cual estaba mal visto. La Iglesia católica consideraba que el maquillaje era un gran pecado. Pero a pesar de las prohibiciones, las mujeres se aplicaban mascarillas faciales, teñían y rizaban su cabello.

El culto a la Virgen María también influyó mucho en la apariencia de las jóvenes del medievo. El embarazo se puso de moda. Y cuando una mujer no esperaba a un bebé, utilizaba fajas especiales o un vestido con pliegues a la altura de la barriga.

Un hombre de la Edad Media era, antes que nada, un creyente cristiano. Una señal de nobleza pasaba por un rostro perfectamente afeitado, pero también se aceptaba llevar bigote y barba. La cara estaba enmarcada por el cabello que caía sobre los hombros.

Los varones optaban por una ropa simple, pero decorada con piedras preciosas y bordados. En la Edad Media, aparecieron los pañuelos masculinos e inmediatamente se pusieron de moda.

Además, los hombres no se negaban a sí mismos recurrir a varios procedimientos de belleza. Se teñían y rizaban el cabello, lo lavaban en barberías, se aplicaban diferentes mascarillas contra la calvicie, combatían las arrugas y mejoraban su color de tez de todas las maneras posibles. Y todo esto lo hacían para gustar a las féminas.

Renacimiento (del siglo XIV al XVII)

Una persona del Renacimiento era un ciudadano libre, dotado de buena inteligencia, un alma inmortal y habilidades creativas. Era humilde, valiente, paciente, humano y feliz. Y lo más importante, buscaba aprender algo nuevo. La belleza y la fuerza del hombre, a diferencia de la Edad Media, en aquella etapa, se consideraban buenos dotes.

Aparecen las primeras obras dedicadas a la apariencia: cómo hacer un peinado, cómo cuidar el rostro y el cuerpo, cómo elegir la ropa según la posición social. Se prestaba especial atención a los movimientos y a la postura. La espalda tenía que estar recta y los movimientos calmados y con confianza en uno mismo.

La mujer renacentista era alta, con cabello largo, anchas caderas, senos grandes y cintura fina. Por primera vez en mucho tiempo, aparece en la vestimenta femenina un escote que deja al descubierto el cuello, los hombros y la parte superior del pecho.

Y, por supuesto, ella tenía que ser rubia como la Venus de un cuadro de Botticelli. Las mujeres trataban de aclarar su cabello y las cejas bajo sol, utilizaban una infusión de nueces, jugo ácido de manzana o alumbre. En el siglo XV, las mujeres, a menudo, se afeitaban la línea del comienzo del crecimiento del cabello, haciendo que su frente se viera más alta y grande, porque una frente grande revelaba inteligencia. Los peinados poseían unos trenzados complejos, mientras que eliminar el vello del cuerpo se llevaba a cabo con el fin de evitar un posible contagio de piojos.

Un hermosa piel era blanca. Para conseguirlo, las féminas recurrían al óxido de plomo y mercurio, y para conseguir rubor, cinabrio.

El hombre renacentista era un intelectual deportista. Llevaba una barba corta que regaba generosamente con perfume, peinada con la ayuda de cera o almidón. El cabello, o bien se recortaba por debajo de una olla o bien quedaba largo hasta alcanzar los hombros.

La ropa se decoraba con cuentas y campanitas. Para que la figura se asemejase a un triángulo invertido, las mangas de la ropa de abrigo se hacían voluminosas. Los hombres se ponían las joyas con mucho gusto, mientras que los jóvenes llevaban en la oreja un pendiente o un trozo de seda enhebrado a través de un agujero en el lóbulo de la oreja. Ellos cuidaban su apariencia no menos que las mujeres: se aplicaban diferentes mascarillas antiarrugas y blanqueaban la piel con el mismo polvo de plomo.

Barroco (del siglo XVII al XVIII)

La época barroca cambió mucho la vida de los habitantes de las ciudades. Aparecieron muchos entretenimientos sin precedentes: paseos por el parque, a caballo, fuegos artificiales y bailes de máscaras. El hombre rechazaba la naturalidad, considerándola salvaje e ignorante. Esta era una época para el ciudadano noble, pensador y educado.

Aparecieron las primeras revistas de moda que hablaban sobre las últimas noticias, tendencias de moda y estilos de ropa.

La mujer atesoraba la palidez en su piel, por lo que la cubría en abundancia con una mezcla de blanco de plomo y clara de huevo. Los labios y las mejillas, por supuesto, tenían que ser rojos.

Para embellecer el rostro, las damas recortaban estrellas, flores, corazones de trozos de tela y los pegaban, creando lunares originales. Eran necesarios para ocultar las marcas de viruela o acné. Pero más tarde, los lunares postizos adquirieron un significado adicional. Una pequeña “mosca” solitaria en la mejilla derecha revelaba que la mujer estaba casada; a la izquierda, que estaba comprometida; por el rabillo del ojo, que era la amante de alguien.

La figura ideal de aquella época pasaba por una cintura delgada, grandes senos y anchas caderas, por lo que un corsé, una falda voluminosa y zapatillas de tacón acabaron convirtiéndose en una parte imprescindible del vestuario de una mujer a la moda barroca. Las damas recurrían a peinados extremadamente elevados donde añadían cabello artificial. Y para fijar esto, utilizaban tocino o mantequilla como laca.

El hombre de esta época resultaba ser un caballero bien educado que se afeitaba el bigote y la barba, oliendo deliciosamente a perfume. Iba vestido con calzones, medias, una camisa con volantes, chaqueta y zapatos de tacón medio. El accesorio más de moda entonces era un bastón, el cual colgaba del botón del chaleco o de la chaqueta.

La peluca se consideraba, al principio, un accesorio masculino, su forma cambiaba constantemente. El cabello se rizaba, se añadían cintas y se aplicaba polvo. Los hombres visitaban barberías donde los afeitaban y peinaban. La ropa limpia era un signo de alto estatus y riqueza.

Apareció una nueva cultura masculina, cuyos representantes fueron llamados “macaroni”: una especie de prototipo de hipsters modernos. Los macaroni llevaban trajes con bordados complejos y numerosos volantes, pantalones ajustados, pelucas de tamaños considerables, las cuales terminaban con un pequeño sombrero. Representantes de este estilo fueron criticados por su excesiva feminidad, mientras que su apariencia, a menudo, se condenaba en las páginas de revistas de moda de la época.

Era industrial (siglo XIX)

“Demasiado y muy poco”. Comparativa de un vestido de mujer de mediados del siglo XVI y otro de principios del XIX.

La moda del siglo XIX era muy inestable. Cambiaban los estilos de ropa, la figura ideal, los peinados, el maquillaje y la actitud hacia su propio cuerpo. La Inglaterra victoriana fue muy influyente en la moda europea.

La ropa comenzó a utilizarse, no para destacar el estatus social, sino para expresarse uno mismo. El progreso científico y tecnológico permitió utilizar una gran variedad de estampados en las telas y teñirlas de diferentes colores.

En el vestuario femenino comenzaron a penetrar las prendas de los hombres. Las señoritas se atrevieron a llevar camisas, chaquetas y chalecos. En la primera mitad del siglo XIX, los vestidos cortos ganaron popularidad. De los guardarropas, se eliminaron los corsés rígidos, aparecieron vestidos que entreabrían el pecho y las clavículas. Se pusieron de moda los hombros caídos, la cintura estrecha y las caderas anchas.

El blanqueamiento masivo de la piel quedó reducido a cenizas, pero comenzó una fuerte pasión por los tintes para el cabello. Se fabricaban a base del mismo plomo o nitrato de plata. En el cabello de las jóvenes se añadían cintas y flores. Los peinados a la moda contemplaban flequillos y rizos de ángel.

El vestuario de los hombres también sufrió en aquella época cambios. Las polainas, medias y los calzones fueron reemplazados por pantalones. Los pantalones cortos, junto con las medias, comenzaron a llevarse principalmente en bailes o recepciones. Una parte importante del vestuario de los hombres pasaba por los tirantes. Guantes blancos, un bastón y un reloj con cadena complementaban la imagen global de lo que se consideraba un caballero en aquella época. Entonces, se puso de moda un rostro afeitado y las patillas.

Siglo ХХ

El siglo XX ha transformado la percepción del mundo en las personas. Dos guerras mundiales, la aparición del feminismo y el progreso científico y tecnológico a lo largo de todo el siglo han cambiado la idea de la belleza del cuerpo. La ropa, el maquillaje y el peinado se han convertido en un medio de expresión.

Las mujeres se liberaron de los corsés, se pusieron pantalones, minifaldas y se cortaron el cabello. Se volvieron más libres, independientes y no se avergonzaban a la hora de utilizar los cosméticos.

Los estilos de ropa cambiaban igual de rápido que el concepto de la figura ideal:

  • en los años 20, estaba de moda una figura de un chico joven;

  • en los 50: senos grandes y una cintura delgada;

  • en los 60, una delgadez excesiva;

  • en los 80: un cuerpo fuerte y atlético;

  • en los 90: alta estatura y los famosos parámetros 90-60-90.

Un hombre del siglo XX tenía que ser delgado y atlético. Su estilo de ropa dependía del lugar de trabajo, pertenencia a distintos movimientos (moteros, hippies y similares). Los representantes del sexo masculino se afeitaban por completo, se dejaban el cabello largo o se hacían peinados complejos. La ropa deportiva se volvió cotidiana, mientras que las chaquetas y corbatas formales fueron más allá de la oficina.

Siglo XXI

En el siglo XXI, la moda de la delgadez y la “heroin chic” desaparecen por completo. Entre las tendencias, se encuentran cuerpos de diferentes constituciones y tamaños. En las portadas de revistas y catálogos de moda, aparecen modelos plus size y middlesize. La locura por el bronceado a principios de la década de los años 2000 da paso al deseo de tener una piel clara con pecas; y un rubio quemado es sustituido por colores naturales.

La cirugía plástica está al alcance de muchos. No solo las mujeres recurren a los servicios de los cirujanos, sino también los hombres. Poco a poco, los labios voluminosos, como los de Jolie, y los grandes pechos artificiales ya forman parte del pasado. Hoy en día, la naturalidad marca la tendencia.

¿Cómo cambiarán los estándares de belleza en este siglo XXI? ¿Qué opinas sobre esto? Comparte tus suposiciones y perspectivas en los comentarios.