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Según la ciencia, la experiencia vivida con un primer hijo puede determinar la fertilidad de la pareja a futuro

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Cuando una joven pareja decide iniciar su propia familia, es natural que sienta una auténtica ilusión. Durante el embarazo, se puede ver a los futuros padres tan emocionados por ese primer bebé como por todos los que han de llegar. Sin embargo, algunas de esas parejas que aseguraban querer un segundo hijo no vuelven a tocar el tema y se quedan con uno y nada más. ¿Por qué esto se ha vuelto cada vez más común?

Genial.guru comparte un estudio realizado sobre la nueva paternidad y los desafíos a los que se enfrentan los progenitores en cuanto a las decisiones de planificación familiar.

La caída del bienestar de la pareja

El estudio realizado por la demógrafa canadiense Rachel Margolis y publicado en la revista Demography, investigó durante cinco años a parejas alemanas que estuviesen atravesando recientemente la paternidad. Se trataba de padres primerizos que, antes del nacimiento de su primer hijo, habían declarado querer dos pero que, luego de cierto tiempo, no tuvieron el segundo. Dicho estudio abarcó tres aspectos: los niveles de satisfacción de la vida de la pareja durante la transición a convertirse en padres, la ganancia de bienestar antes del nacimiento y la caída en el bienestar desde antes hasta después del mismo. Los resultados revelaron que, después de tener un primer hijo, las parejas pierden el bienestar en sus vidas. Esto elimina los deseos de tener un segundo hijo.

La transición a la paternidad

Sí, estos resultados pueden parecer muy duros; sin embargo, el estudio reveló que la experiencia de convertirse en padres, medida por los cambios en el bienestar durante el proceso de tener un primer hijo, influye en la fertilidad de la pareja. Antes de que esta tenga un bebé, desconocen todo sobre embarazo o niños, pues solamente pueden observar a sus compañeros o familiares sumergidos en las labores de crianza, pero no es una experiencia directa. Y es que la planificación de tener un segundo hijo es una decisión mucho más informada que con el primero. Por eso el estudio dice que, aquellos padres que han tenido una experiencia positiva con todo un primer hijo, tienen más posibilidades de tener otro.

La experiencia subjetiva de la crianza

Ni todos los hijos son iguales, ni tampoco todos los padres, incluso cuando se trata de la misma pareja. El estudio sugiere que las experiencias de crianza pueden ser más trascendentes para las mujeres que para los hombres, sobre todo a la hora de decidir si tener o no otro hijo. Las mujeres experimentan físicamente el embarazo y el parto, tienden a dedicarse más al cuidado de los niños y son quienes tienen más probabilidades de tomar una licencia de maternidad en el trabajo. Según la doctora Margolis, esta llamada transición a la paternidad podría aumentar de manera desproporcionada el conflicto entre el trabajo y el hogar y el estrés de los padres, lo que lleva a una menor probabilidad de tener un segundo hijo.

Otros factores determinantes

La transición a la paternidad puede ser un factor más o menos importante, pero el estudio también reveló que existen diferentes factores que contribuyen a la decisión de un hijo único; por ejemplo:

  • Las edades de los padres. Quienes se convirtieron en padres a edades relativamente mayores pueden sentir más agotamiento y dificultad en la crianza que quienes suelen ser padres a una edad más joven.
  • Estatus socioeconómico diferente. Tomarse un tiempo libre para lidiar con el embarazo, el parto o el cuidado de los niños puede ser más difícil para los padres en trabajos poco remunerados, porque generalmente ofrecen poca flexibilidad.
  • Grados de estudio. Los padres con grado alto de estudio también pueden valorar más sus carreras y, por lo tanto, es más probable que decidan tener un único hijo si creen que no pueden lograr sus objetivos profesionales con un segundo.

Un mundo no apto para la paternidad

Aunque el estudio tomó en cuenta tres variables para medir el bienestar de los padres (los niveles de satisfacción de la vida de la pareja durante la transición a convertirse en padres, la ganancia de bienestar antes del nacimiento y la caída en el bienestar desde antes hasta después de ese nacimiento), los entrevistados declararon que gran parte de la fuente de su infelicidad tiene que ver con la carga de ser padres, es decir, la crianza.

La soledad en el hogar, la depresión parental o, incluso, la ruptura en la relación de pareja son los principales puntos de quiebre. Estos factores, combinados a las cortas bajas laborales por paternidad, pocas redes de apoyo y encarecimiento de las estancias infantiles, pueden determinar la decisión de tener un solo hijo y no buscar más. Cabe destacar que esta caída del bienestar de la que hablan los padres no se produjo sino hasta los dos años después del nacimiento de su hijo, por lo que no fue solo el cansancio hablando por ellos.

Alemania, país de primer mundo, fue el contexto para este estudio sobre el bienestar de los padres y la vida fértil de la pareja. Así que las realidades o circunstancias de los padres primerizos son totalmente distintas en otros países fuera de Europa. Sin embargo, este estudio reveló una situación mundial.

¿Qué te ha parecido este estudio? ¿Crees que haber tenido un buen embarazo y tener una buena crianza con un primer hijo sea factor para decidir tener un segundo? Nos gustaría mucho leer tus comentarios.

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