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11 Progresos en la vida de los hijos que son una nueva aventura tanto para ellos como para los padres

Ver crecer a nuestros hijos siempre es emocionante. Sus nuevos logros no solo nos llenan de orgullo, sino que también nos ponen melancólicos y nos hacen preguntarnos: ¿cuándo crecieron tanto? Pero a pesar de la alegría, sus nuevas conquistas también significan un nuevo reto, ya que las maneras de hacer las cosas se modifican y no todas son gratas sorpresas.

Genial.guru recopiló una serie de momentos en la vida de los hijos de los que todo papá se alegra, pero que también padece ante los nuevos cambios y desafíos.

1. Cuando empiezan a gatear

Entre los siete y diez meses, tu hijo adquirirá su primera habilidad para trasladarse. Con el gateo empieza a fortalecer sus músculos y a coordinar sus brazos y piernas para, tiempo después, finalmente dar sus primeros pasos.

Pero aunque sea emocionante verlo moverse por sí solo, esto también significa un riesgo, ya que puede meterse donde no debe, tocar cosas peligrosas o agarrarlas del piso. Debido a eso, la casa debe ser reorganizada para que nada esté a su alcance.

2. Cuando empiezan a comer solos

La autonomía a la hora de comer es algo que trae más dolores de cabeza que satisfacción. El caos puede hacerse presente al momento de sentar a la mesa al pequeño, ya que la comida pasará más tiempo esparcida por todos lados que en su boca.

Después de la hazaña, hay que limpiar todo, ¡especialmente a él! Pero es una tarea sencilla ante la alegría de saber que el pequeño está comenzando a hacer cosas por su cuenta.

3. Cuando dan sus primeros pasos

Primero agarrándose y después solito, ¡tu bebé ya empezó a caminar y ese es un gran logro! Pero al igual que cuando gatea, hay que estar alerta para ver a dónde su curiosidad lo conduce. Cuando comienza a andar se suma un nuevo problema: parado, ya alcanza con sus manitas cualquier cosa que esté en una altura a la que pueda llegar, e incluso puede treparse a cuanto mueble quiera subirse. Y ni hablar de cuando ya empieza a correr y hay que detenerlo.

Inevitablemente, se caerá más de una vez, ya que su equilibrio aún no es el mejor. Así que por más que intentes brindarle un ambiente seguro, los moretones no tardarán en aparecer. Sin embargo, hay que alentarlo a que continúe sin mostrarle lo que es el miedo.

4. Cuando dejan los pañales

Dejar los pañales es una liberación económica, pero también un nuevo reto en la vida de tu niño. No solo tiene que aprender a reconocer cuándo tiene que ir al baño de manera cognitiva y fisiológica, sino que también debe madurar en sus emociones, pues el deseo de usar el inodoro, no temerle y manifestar cuándo quiere ir no aparecen hasta los dos o tres años.

En cuanto a los padres, la comodidad de cambiarlo en cualquier lado se esfuma, ya que ahora hay que planificar que haya baños a donde vayan o controlar que el niño no beba mucha agua antes de ir a la cama para que no haya accidentes.

5. Cuando ya se visten por su cuenta

No tener que vestir a tu hijo es una tarea menos para ti, pero al principio es un proceso que lleva tiempo y que podría quitarte valiosos minutos de la vorágine diaria.

Que un pequeño seleccione y se ponga la ropa de manera correcta depende de la madurez y habilidades de cada uno, y para que no sea tan complicado, podemos ayudarlo dejando su vestuario preparado la noche anterior o practicando los fines de semana, cuando no hay prisas. También puedes incentivarlo a través de juegos, vistiendo a sus muñecos o con canciones sobre vestirse. Cuando menos lo esperes, ya lo hará solo (y te sorprenderá con sus combinaciones).

6. Cuando dejan de dormir siesta

Hasta la edad preescolar, los niños deben dormir entre 10 a 13 horas entre la noche y la siesta para desarrollarse de manera correcta. A veces, el momento de descanso vespertino puede ser escenario de lucha cuando no quieren hacerlo y se ponen de mal humor si no lo hacen.

Pero llega una edad en que la siesta no es realmente necesaria, así que esas tardes intentando que el niño se duerma quedan atrás. Sin embargo, eso puede volverse un problema: los padres ya no pueden aprovechar el bendito tiempo en que los hijos dormían para hacer cosas.

7. Cuando dejan de usar la silla del auto

Llega un momento en que el asiento trasero del auto se vacía un poco más porque la sillita del bebé ya no es necesaria, ¡y no hay que sacarla y volver a ponerla cuando viajan en otro vehículo!

Aunque esa acción quede en el pasado, también implica que los niños han adquirido más autonomía y, por lo tanto, más libertad. Ahora ya no están tan seguros como cuando estaban amarrados a su asiento. Hay que verificar que no se desabrochen el cinturón de seguridad (que debe ir en el regazo y hombro) y también que las puertas estén bien trabadas.

8. Cuando llegan a la etapa del “¿Por qué?”

Los niños no paran de descubrir el mundo ni un segundo, y estamos seguros de que más de un padre agradece la etapa en que los pequeños pueden expresar sus necesidades en palabras y no tienen que andar adivinando a qué se debe su llanto. Entre los 2 y 4 años, sus preguntas para comprender lo que los rodea se hacen (demasiado) presentes; el “¿Por qué?” está a la orden del día y lo escuchamos todo el tiempo.

Allí es cuando los adultos tienen que sacar todo su ingenio para responder de manera asequible a sus curiosas preguntas sin caer en grandes explicaciones difíciles de entender.

9. Cuando ya no puedes cargarlos

La autonomía de movimiento que adquieren tus hijos cuando empiezan a caminar te hace descansar los brazos que por tanto tiempo usaste para cargarlos. Pero la realidad es que no por tanto tiempo, porque existirá más de una vez en la que, aún ya crecidos, sigan pidiendo que los cargues a pesar de su peso, y tu espalda podría ser quien más lo lamente.

10. Cuando empiezan el jardín de infantes

El comienzo de la escolarización es uno de los momentos más importantes en la vida de una persona. Nuevos retos, enseñanzas, amigos y situaciones que quedarán para siempre en su historia. Para los padres también es un nuevo desafío, comenzando por cuando, de pequeños, no quieren entrar a la escuela o jardín. Debido a eso, los berrinches en la puerta no se hacen esperar.

Después llegará la etapa de no querer hacer la tarea, pero no es nada que no pueda solucionarse rápidamente.

11. Cuando tienen vida social y no quieren regresar a casa

Que tus hijos tengan amigos siempre es algo bueno. Esto impacta de manera positiva en ellos, y las amistades que hagan durante la niñez probablemente durarán el resto de su vida, o al menos las recordarán por muchos años. La vida social de los niños significa tiempo libre para los padres y momentos de diversión para ellos, pero una complicación de su socialización es cuando tienen que volver a casa y no quieren hacerlo.

¿Cuáles han sido las etapas en la vida de tu hijo que más esfuerzo te han costado? ¿Qué sentiste cuando lo viste hacer cosas por su cuenta por primera vez?

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