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Cómo actuar cuando llegue la temida etapa de los permisos para nuestro hijo adolescente

A medida que nuestros pequeños van creciendo y alcanzan la temida adolescencia, se acerca toda una serie de momentos, sucesos y etapas que debemos sortear y superar. En la época en la que las hormonas se revolucionan, surgen un montón de inquietudes y aparece la rebeldía. Y aunque esto puede variar de un niño a otro, la realidad es que trae consigo una gran cantidad de novedades y problemáticas que, como padres, tenemos que aprender a afrontar sobre la marcha.

Genial.guru es consciente de las dificultades que trae consigo la adolescencia, y es por eso por lo que quiere contarte algunos de los puntos claves para tener en cuenta cuando llegue el temido momento de las peticiones y los permisos.

La adolescencia y la búsqueda de mayor libertad

La adolescencia es una etapa compleja no solo debido a los cambios físicos constantes que el niño va experimentando, sino porque es un período en el que se produce toda una serie de modificaciones en el ámbito familiar, educativo, personal y social, que requieren, a su vez, de una necesaria y obligada readaptación.

El adolescente comienza a explorar, a buscar nuevos horizontes y a querer ver más allá de aquello que ya le resulta conocido o cotidiano. Esta búsqueda repentina de libertad no es otra cosa que la necesidad de descubrimiento e independencia. Cuando aparecen estas nuevas curiosidades, llega el momento de las peticiones y, en consecuencia, de las autorizaciones o prohibiciones ligadas a un sinfín de preguntas y dudas para los padres.

El equilibrio necesario en la actuación parental

Como padres, nos encontramos ante un período en el que tenemos que hacer frente a multitud de cosas difíciles. Es por eso por lo que se hace aún más relevante y es de suma importancia que logremos y conservemos un equilibrio en nuestra forma de actuar, ya que proceder de manera errática o variable solo añadiría más complejidad a una situación ardua por sí misma.

Comenzar a otorgar más libertades a nuestros hijos y a concederles más independencia y espacio supone hacernos a la idea de que ya no son los bebés o los pequeños que fueron un día. Inician su propio camino de aprendizaje, autodescubrimiento, descubrimiento social y del entorno que les rodea. Por eso es fundamental el equilibrio entre el entendimiento o cercanía y la firmeza o excesiva rigidez parental.

La negociación y los acuerdos

Los jóvenes alcanzan una etapa en la que se sienten capaces de todo; sin embargo, aún siguen en proceso de crecimiento y aprendizaje. Son chicos inexpertos y, muchas veces, inmaduros que requieren de límites y reglas.

Ante las peticiones y solicitudes de nuestros hijos, es importante que escuchemos atentamente lo que tienen para decirnos, que les demos un espacio y tiempo para expresarse sin interrupciones ni limitaciones. Una vez que hayan terminado y se hayan explayado es el momento de plantearles nuestro punto de vista y los motivos por los cuales estamos o no de acuerdo con lo que acaban de comunicar. Así estaremos propiciando la reflexión de nuestros hijos, no sin antes haber prestado atención a sus argumentos y haberles expuesto los nuestros, facilitando una comunicación bilateral, fluida, equilibrada y basada en la confianza.

Cuando comenzamos el proceso de negociación con nuestros hijos para alcanzar una serie de acuerdos, es importante mantener la calma, no apresurarnos y dejar que expresen claramente sus necesidades. En este camino evitaremos las imposiciones, los imperativos y mandatos por ser contrarios a la finalidad del proceso en sí mismo, y porque únicamente lograríamos que nuestro hijo adolescente se revele y no atienda a razones.

Si no conseguimos llegar a un punto en común, estamos cansados o cualquiera de nosotros comienza a alterarse y a elevar el tono de voz, es necesario hacer una pausa, acordando un nuevo diálogo para más tarde.

Terminada la negociación, tanto nosotros, los padres, como ellos, los adolescentes y parte interesada, debemos de acatar y cumplir los acuerdos que hemos establecido y aceptado. De este modo, el adolescente se sentirá partícipe de la toma de decisiones relacionada con su persona, además de que fomentaremos y promoveremos su autonomía, lo haremos sentir y saber que es escuchado, mejoraremos o aumentaremos su capacidad de diálogo y argumentación, y estaremos ayudando en su proceso de desarrollo de la capacidad de reflexión.

Por ejemplo: si tenemos un hijo de 13 años que solicita permiso para llegar a casa a las 12 p. m., argumentando que esa es la hora de llegada de alguno de sus amigos (escuchamos sus motivos), nosotros, por obvias razones, nos opondremos, pero no responderemos con un tajante “porque yo lo digo” (no imponemos). Le explicaremos que, a su edad, estar en la calle hasta esas horas puede resultar peligroso por las actividades que se llevan a cabo, que aún debe aprender ciertos recursos que le ayudarán a responder ante las circunstancias y que esos conocimientos los irá adquiriendo poco a poco con el tiempo y la edad (explicamos los motivos de nuestro punto de vista). Le propondremos una hora que consideremos adecuada (damos opciones), y le aclararemos que es lo máximo que podemos concederle y que puede elegir entre eso o quedarse en casa y no salir (le toca decidir).

Preguntas que pueden ayudarnos a tomar decisiones

La adolescencia es una época compleja para el joven, pero también puede llegar a ser una etapa realmente tensa, llena de incertidumbres y temores para los padres. A pesar de los sentimientos o emociones que nos despierte el ver a nuestros pequeños crecer y la intranquilidad que puede producirnos que salgan de casa sin nosotros, debemos ser conscientes de que ellos también necesitan su espacio, y que una excesiva firmeza en las reglas o sobreprotección no eliminará los riesgos que puedan existir fuera, sino que solo los postergará, tensando la relación con nuestros hijos.

Algunas de las preguntas que debemos considerar hacerles a nuestros hijos antes de concederles algún tipo de permiso pueden ser: “¿A dónde irás?”, “¿Con quién?”, “¿Qué es lo que tienen pensado hacer?” o “¿A qué hora saldrán?”, entre otras. El punto aquí es que aunque nosotros como padres debemos asegurarnos de tener las respuestas suficientes para garantizar que nuestros hijos estarán bien, tampoco debemos convertir la situación en un interrogatorio, ni los adolescentes deben pensar o sentir que no confiamos en ellos.

Claves para tener en cuenta

Para lograr superar esta nueva etapa con éxito, manteniendo una buena relación y comunicación con nuestros hijos, podemos seguir algunos consejos:

  • Cuando el adolescente llegue con alguna solicitud, en primer lugar trata de practicar una escucha activa mientras te muestra su punto de vista. El hecho de que nuestros hijos se den cuenta de que son escuchados hará que se sientan apreciados y valorados, al mismo tiempo que estaremos predicando con el ejemplo.

  • Luego de que nuestros hijos hayan planteado su visión de la situación y hayan formulado sus peticiones, es el momento de valorar y dimensionar adecuadamente aquello que se nos plantea. Debemos tratar de ser empáticos, de ser conscientes de la importancia que ese asunto tiene para nuestro hijo y actuar en consecuencia (equilibrio).

  • Sea cual sea la decisión que tomemos, es importante que la argumentemos. Nuestro hijo debe ser consciente y darse cuenta de que realmente hemos valorado lo que nos ha solicitado y que la conclusión a la que hemos llegado tiene motivos y razones de peso detrás.

  • Es lógico que tratemos de proteger a nuestros hijos a toda costa, pero debemos ser conscientes de que no podemos mantenerles en una burbuja de por vida, ya que, de lo contrario, no estaremos permitiendo que ganen en independencia, autonomía y aprendizajes. Rechazar una petición a causa de nuestros propios miedos solo logrará transmitirles está emoción a nuestros hijos, y probablemente también haga que la relación con ellos sea mucho más distante.

  • Una vez expuestos los puntos de vista, terminada la negociación y llegados a un acuerdo, es fundamental que se mantengan las condiciones que se acordaron. El cambio constante de lo establecido hará que nuestros hijos piensen que, si insisten, podrán obtener más, y esto no les enseñará a cumplir.

  • Nuestros adolescentes, al pedirnos permiso, están mostrando respeto y reconocimiento de las figuras de autoridad, por lo que es recomendable respetar también sus opiniones y peticiones.

  • A la hora de tomar nuestras decisiones, es fundamental que tengamos en cuenta el equilibrio del que hemos hablado anteriormente. No se trata de ser un padre total y completamente permisivo, pero tampoco de denegar cada cosa que nos pidan, incluso antes de haber abierto la boca.

  • Nuestros hijos deben saber que el cumplimiento de los acuerdos establecidos dará como resultado un aumento de la confianza y, progresivamente, de las concesiones. Mientras que, de no cumplir con lo pactado, el resultado será el inverso.

  • Debemos ser conscientes de que dar permisos o hacer concesiones no supone ceder ante las exigencias de nuestros hijos, sino reconocer sus argumentos y fomentar su independencia.

  • Si las cosas marchan adecuadamente, debemos hacerles saber que estamos satisfechos y orgullosos de su actitud y de lo responsables que han sido. Si, por el contrario, las cosas no salieron como se esperaba, también es fundamental darles a conocer cómo nos sentimos al respecto.

¿Cuáles son tus mayores preocupaciones ante la llegada de tus hijos a la adolescencia? ¿Cómo afrontaste el momento en que te pidieron permiso por primera vez?

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