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Por qué contar con expectativas altas puede arruinarte una experiencia

Hay situaciones en las que una persona puede sentir expectativas sobre algún acontecimiento o incluso una persona. Sin embargo, una vez vivida la experiencia, siente una gran insatisfacción debido a que no era lo que esperaba. La realidad no siempre va acorde a lo que pensamos o sentimos, por lo que creer que algo sucederá podría conducirnos a una pronta desilusión. Pero ¿por qué se da ese fenómeno? ¿Por qué no se debería tener tantas expectativas?

Genial.guru investigó sobre este problema y cómo hacer para que las expectativas no arruinen nuestras experiencias.

Si no esperas nada, serás feliz

Tras el estreno de la película The Last Jedi, muchos aficionados se sintieron desilusionados al ver que no era lo que esperaban. Por su parte, los que fueron al cine con bajas expectativas quedaron muy impresionados con la última entrega de la saga Star Wars.

Esto se supo gracias a un estudio, en el cual se encuestó a un grupo de personas que fue a ver la película para saber si la misma reflejaba lo que esperaba de la trama principal, desenvolvimiento de los personajes y otros elementos que forman parte de la saga. Por ese motivo, es mejor no mostrar altas expectativas para, de esa forma, disfrutar mejor de la experiencia.

Expectativas: ¿resentimientos premeditados?

Un psicólogo llamado Jean Piaget afirmó que una persona, especialmente en la infancia, tiende a confundir su mundo mágico interno con su entorno. Es decir, se le dificulta separar ambas realidades, haciéndole creer erróneamente que todo lo que está pensando podría aplicarse a la realidad. Esto puede suceder debido a que el desarrollo cognitivo infantil se lleva a cabo bajo dos procesos: la asimilación y la acomodación.

En la asimilación, el ser humano asimila su entorno sociocultural para desarrollar el pensamiento. La acomodación, por su parte, consiste en la modificación de sus esquemas mentales para incorporar un nuevo conocimiento. El problema surge cuando la “nueva información” no logra encajar en los esquemas preexistentes, generando así una crisis que lo lleva a buscar de nuevo un equilibrio que influya en su experiencia.

Y es por eso que la esperanza es un hecho innato en el ser humano, donde adquirimos el pensamiento de que cumplir nuestras expectativas es la clave de la felicidad. Sin embargo, dicha creencia puede generar una pronta decepción que abarca los aspectos más sencillos de la vida. Un ejemplo sería el consumo del café: creemos que tomar una taza nos hará más felices, pero olvidamos el hecho de que debemos prepararla con anticipación para disfrutar de la bebida, y puede resultar que, al final, nada salga como esperábamos en un inicio.

Las expectativas como contrato social implícito

En el ámbito de la relación, esperamos bastante de la otra persona debido a que manejamos el concepto de “dar y recibir” como un acuerdo para la convivencia. Sin embargo, esto no siempre resulta así, por lo cual lo vemos como un rotundo fracaso.

Por ese motivo, una buena solución sería hablar abiertamente sobre lo que esperamos de la otra persona. Es decir, no generarnos falsas expectativas porque los hijos no hayan cumplido con un pedido o esperar a que la pareja traduzca nuestro comportamiento hostil cada vez que sentimos que está fallándonos.

Aceptar nuestra naturaleza nos hará vivir mejor una experiencia

Para el psicoanalista Fritz Perls, el ser humano se mueve buscando cubrir una necesidad y, a lo largo de los tiempos, ha vivido satisfaciendo las expectativas de otros, generando así grandes huecos que afectan a su experiencia. Eso es porque vive en base a lo que cree que es correcto, rechazando por completo el dolor y la frustración que suele generar su entorno.

Fritz reflexionaba sobre el crecimiento personal, resaltando la importancia del control interno para evitar que un conflicto afecte a nuestra propia existencia. Es así como nuestro propio instinto de supervivencia hace que tomemos el control de un problema para afrontarlo dentro de nuestras posibilidades. Es así como una persona madura se adapta a los cambios, mientras que una inmadura demuestra rechazo a lo diferente. Al reconocer que la naturaleza nos ofrece siempre lo mejor de ella, el ser humano siempre actuará respecto a sus propias habilidades.

En este aspecto, es importante que una persona reconozca sus propias limitaciones y trabaje en aquello que realmente sea factible para la práctica real. Un individuo maduro es aquel que conoce sus propios límites, pero trabaja para alcanzar sus objetivos y conciliarse con la sociedad y la naturaleza.

¿En qué momentos tus expectativas te han llevado a una gran desilusión que afectó tu experiencia? ¿Cómo superaste la frustración de vivir algo que no era lo que esperabas en un principio? Cuéntanos en la sección de comentarios.