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“Siento pena por ti”, un texto sobre cómo a veces es mejor guardar la lástima para uno mismo

La pena nunca ayuda a nadie. Es un gasto de energía mental y emocional totalmente en vano, y el texto que encontrarás a continuación es un claro ejemplo de la futilidad de ese sentimiento. La realidad es que la vida pasa mientras nos volcamos en nuestras suposiciones de cómo “debería ser” la existencia. Así que jamás olvides que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. Aquí no hay lugar para las “penas”.

Genial.guru quiere compartir este texto con el permiso de su autora, la psicóloga y bloguera Elena Pasternak.

La primera vez que escuché la frase “me das mucha pena” fue a los 9 años, de la boca de una compañera de clase. Yo acababa de regresar de un concierto en el que había bailado y saltado hasta la saciedad, me había comido todo el pastel que había en la alacena, me habían regalado una preciosa vajilla de juguete de porcelana auténtica, tenía una enorme bolsa de caramelos, un vestido blanco de lentejuelas como el de una princesa, y me iría de excursión al árbol de Navidad. La vida era hermosa. Pero mi compañera de clase se compadeció de mí porque saqué un uno por “mal” comportamiento en el trimestre.

No he decepcionado a la gente a la que le gusta “compadecer”. Se compadecieron de mí cuando me divorcié, cuando dejé mi trabajo, cuando empecé nuevos proyectos, cuando cambié radicalmente mi vida, cuando me enamoré. Ellos, sin escatimar nervios y tiempo, se compadecían de mí donde yo no me compadecía. Hace poco, una mujer se compadeció de mí porque vivía en departamentos de alquiler. A mi edad, “ya era hora de pensar en la vejez”.

Estoy muy lejos de ser una persona de la tercera edad. Soy una mujer joven, guapa, independiente, sin problemas de salud, con buenos ingresos. Alquilo un apartamento de 90 m2 en un edificio de clase business, y mañana me voy un mes al mar. Tengo un marido joven y guapo. Tengo muchos planes, ideas, ofertas de trabajo. Estoy escribiendo el guion de un largometraje en un equipo de profesionales geniales, y me aceptan como a un igual. Estoy planeando pasar el invierno en Florida. Pero esta mujer siente pena por mí. Porque mi vida no es como la de ella.

Podría sentir pena por ella, pero me da pereza. Mi sopa aún no fue cocinada, mi cuadro con acuarelas no está terminado, mis vestidos de vacaciones no han sido planchados todavía, y Juego de tronos tampoco se verá solo. Tengo demasiadas cosas que hacer para compadecerme de otra gente.

Mi amiga viaja por todo el mundo con una portátil y una cámara. Su equipo cuesta lo mismo que un apartamento de dos habitaciones en Kupchino, sus ingresos le permiten vivir como quiere y donde quiere, sus fotos son publicadas por los medios de comunicación de mayor audiencia, lleva 5 años saliendo con un hombre que apoya todas sus ideas. Pero hay gente que se compadece de ella. Porque, ¡atención! ¡No tiene trabajo fijo ni tampoco una familia “formada”! Tampoco se fijan en que solo tiene 30 años. Para ellos, el “propósito principal” de una mujer no está cumplido. Y, al final, siempre le desean que sus futuros hijos rompan sus esquemas y sus fotos, ¡y que ella por fin siente cabeza!

El mundo está lleno de gente cariñosa. Sienten pena por Monica Bellucci porque su marido la dejó. ¡Es una pesadilla ser la mujer más bella del mundo y estar divorciada! Les da pena. Sienten pena por Scarlett Johansson, por la celulitis apenas perceptible en sus caderas. ¿Cómo pudo ella, pobrecita, con piernas tan “terribles”, convertirse en la actriz favorita de Woody Allen? Se compadecieron de Stephen Hawking. Aunque vivía de una forma en que la mayoría de las personas “sanas” solo pueden soñar. Sienten pena por Quentin Tarantino porque tiene una “fantasía enfermiza”. ¿Cómo se puede llegar al puesto 12 del listado de los mejores directores de todos los tiempos? Él también les da mucha lástima.

Para algunos, el sueño final es una hipoteca pagada para un estudio en una zona residencial. Alguien sueña con Hollywood. Alguien sueña con casarse y tener tres hijos. Alguien compra unas zapatillas nuevas y viaja a Perú para fotografiar aves. Alguien está terminando su novela. Alguien “sueña” saber de quién es el hijo de una estrella de Instagram. Alguien actúa en películas, alguien se dedica a la ciencia. Y hay quienes se compadecen de los que viven de otra manera. Les cuesta aceptar que hay otra vida, otros sueños, otras prioridades, otros valores.

Vive tu vida de tal manera que no tengas tiempo para la compasión. Acepta el mundo en toda su diversidad y no tengas miedo de que te compadezcan. Sé magnánimo, porque solo una persona magnánima puede aceptar una vida diferente a la que imagina y jamás inmutarse. Al final, hay lugar para todo en este mundo. Y cada uno tiene derecho a elegir por sí mismo y por su cuenta.

Eso es todo lo que quería decirte hoy. Abrazos.

¿Alguna vez alguien sintió pena por ti? ¿Cómo reaccionaste a esa “compasión”?

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