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15+ Hechos sorprendentes sobre la vida en palacios y castillos que los cineastas no tienen prisa por trasladar a la pantalla

Al ver películas y series, disfrutamos de imágenes de palacios: hay salas elegantes, habitaciones y pasadizos secretos, además de cálidas chimeneas. Pero, de hecho, la vida en esos sitios no era para nada tan romántica como podríamos pensar.

En Genial.guru decidimos averiguar qué tan ciertos son algunos hechos en los que muchos de nosotros creíamos. Y en el bono te contaremos qué otras ideas erróneas sobre aquellos tiempos han permanecido entre la gente gracias al cine.

  • En primer lugar, es necesario separar conceptos como “castillo” y “palacio”. La diferencia entre ellos no está en la presencia de torretas. Los castillos, entre otras cosas, se construían para fines de defensa, lo que implicaba la presencia de gruesos muros, puertas pesadas, torres de observación y fosos defensivos. Los palacios eran edificios destinados a la vida pacífica. Contaban con salones para bailes, comedores, tronos y habitaciones lujosamente decoradas.
  • Por eso, es difícil imaginar que un castillo pueda ser acogedor. Estos eran edificios enormes y fríos, donde había corrientes de aire constantes, y también estaban oscuros todo el tiempo. La luz provenía de pequeñas ventanas, a menudo sin vidrio, porque en aquellos días, no todos podían pagarlo.
  • Los palacios y los castillos se calentaban con chimeneas. Para mantener el calor, las paredes eran cubiertas con telas y tapices. Y para proteger a los durmientes de las corrientes de aire, se instalaban toldos sobre las camas.
  • Los tapices representaban originalmente temas históricos y religiosos. Una de las ventajas de estas decoraciones de pared es que eran fáciles de transportar. Si lo deseabas, esta especie de alfombra podría trasladarse a otra habitación. Los dueños de castillos y palacios los llevaban a menudo con ellos cuando iban de viaje.
  • La vida en un palacio o un castillo era muy agitada. Los castillos no eran la residencia permanente de la nobleza. Los ricos podían permitirse cambiar de casa y mudarse con todos los sirvientes y utensilios. Y no solo los miembros de la familia se iban de viaje. El número de personas en movimiento variaba de 30 a 150. Por supuesto que los propietarios tenían que llevar consigo no solo a los niños, sino también a los caballerizos, niñeras y otros sirvientes.
  • Como todo el trabajo doméstico se hacía a mano, los castillos y palacios albergaban un gran número de sirvientes, sobre todo si el amo estaba en casa. La condesa Joan de Valence, por ejemplo, tenía unos 100 sirvientes en su pequeño castillo de Goodrich.
  • Además de gente de alto rango y sirvientes, muchas otras personas vivían en castillos. A menudo, los palacios tenían su propio sacerdote.
  • Con tantas bocas hambrientas, los cocineros tenían que trabajar duro. En el mismo castillo de Goodrich, el cocinero de la condesa alimentaba a 200 personas dos veces al día. Además, el menú incluía platos complejos que prácticamente no comemos ahora. Se cocinaban cisnes, pavos reales, alondras y garzas.
  • El rey Enrique VIII luchó contra la suciedad y el hedor. Incluso tuvo que dictar un decreto que prohibía a los cocineros trabajar desnudos o con ropa sucia, así como dormir en el suelo cerca del fuego.
  • Este gobernante era considerado uno de los más limpios. A pesar de esto, cuando él y su séquito se iban a otra residencia, comenzaba una “gran limpieza”: el castillo se aireaba y se sacaban los desechos acumulados en los tanques.
  • Para evitar que los sirvientes orinaran en el jardín, el rey Enrique VIII pintaba cruces rojas en los lugares “problemáticos”. Pero en lugar de usar el baño, los sirvientes comenzaron, por el contrario, a hacer sus necesidades en los lugares marcados por el rey.
  • Había ratas en los castillos y palacios. Por ejemplo, el palacio de Buckingham ha estado tratando de deshacerse de ellas desde el reinado de la reina Victoria. Entonces incluso había una profesión especial: cazador de ratas. En el control de plagas se utilizaban trampas, venenos y también gatos. Por supuesto que los cazadores de roedores no usaban flautas para atraparlos, este es otro mito común.
  • El olor en los palacios no era muy agradable. Se guardaban muchas cosas sin lavar en las habitaciones, y los habitantes mismos no se sometían a procedimientos de limpieza con agua con mucha frecuencia. A menudo, estos no se molestaban en buscar orinales, sino que defecaban donde estaban. Incluso en el Louvre había excrementos por todas partes: en las escaleras delanteras y detrás de las puertas.
  • Pero si los habitantes del castillo decidían hacer sus necesidades sin contaminar el recinto, lo hacían en orinales, que luego sacaban los sirvientes, o utilizaban el “guardarropa”, una pequeña habitación que se encontraba en el exterior del castillo. También estaba en uso el baño portátil: una silla con un agujero en el medio.
  • Sin duda, los palacios tenían pasadizos y habitaciones secretos. Eran necesarios si, por ejemplo, había que escapar con urgencia.
  • Contrariamente a la creencia popular, no todos los palacios y castillos tenían sus propios subsuelos; esto era más bien una excepción a la regla. Las mazmorras estaban ubicadas en torres, no bajo tierra.
  • Los dormitorios de Versalles tenían camas muy cortas, como para niños. En realidad, no era que personas de estatura baja vivieran en el castillo. Resulta que en esos días, la gente dormía mayoritariamente medio sentada. Como regla general, se apoyaban en la cabecera o en las almohadas. Se cree que se elegía este método para facilitar la respiración, así como para mejorar el proceso de digestión.

Bono: otro dato curioso sobre la vida en un palacio

En la Edad Media, los gatos eran tratados con gran prejuicio: la gente los asociaba con brujas y herejes. Los científicos han llegado a la conclusión de que la razón de esta hostilidad era la naturaleza independiente de estas criaturas. La gente medieval creía que los animales fueron creados para servir a las personas. Y un gato, incluso uno doméstico, no puede ser adiestrado como un perro. Pero no todo es tan triste: algunas personas no temían a los felinos. Como mascotas, los tenían, por ejemplo, las monjas.

¿Qué te pareció más extraño en la forma de vivir de los habitantes de palacios y castillos?

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