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Estudios asocian la genética con la pasión por viajar y te damos 8 señales para saber si eres viajero innato

Todas las personas, alguna vez, han soñado con viajar; ya sea a otra ciudad, país o hasta la otra punta del planeta. Muchos postergan sus viajes hasta sentirse preparados o hasta que sus ahorros lo permitan. Sin embargo, hay personas que están dispuestas a llevar a cabo su anhelo de conocer otras partes del mundo una y otra vez sin que les importe si su equipaje es grande, y menos aún si su presupuesto es pequeño.

Si eres una persona que ama viajar, Genial.guru te presenta las razones que dieron los profesionales para explicar por qué las personas se sienten cada vez más dispuestas a hacer sus maletas e irse a explorar el mundo.

¿Te consideras un amante de los viajes? Entonces, esta es tu oportunidad de ponerte a prueba

Si eres una persona con un espíritu libre que ama conocer cosas nuevas y se atreve a hacer sus sueños realidad, entonces tal vez deberías empezar a preguntarte si el turismo es solamente un pasatiempo para ti o si realmente naciste para esto. Para que puedas confirmarlo, te dejaremos ocho señales con las que puedes identificarte, quizás tienes un gen viajero y no te habías dado cuenta hasta hoy.

  • Eres independiente, puede gustarte viajar en compañía, pero no es un factor determinante. Si debes viajar solo, lo harás con gusto con tal de lanzar vuelo y conocer nuevos horizontes.

  • No te importa tener una valija gigante, lo que quieres es viajar sin importar si lo que llevas contigo es mucho o poco. Lo importante para ti es tu pasaporte, lo demás es prescindible.

  • Ya sea viajar un fin de semana o un mes, lo disfrutarás de igual manera. El tiempo no es un factor determinante para ti cuando se trata de disfrutar las experiencias.

  • Conservas tu dinero con cautela porque no hay mejor manera de invertirlo que viajando.

  • Amas la novedad, conocer cosas nuevas, otras culturas, personas distintas a las de tu entorno. Te sientes curioso y con sed por ver todo lo que el mundo tiene guardado para ti.

  • Eres espontáneo; las rutinas no son lo tuyo, por lo que te consideras el tipo de persona dispuesta a viajar casi sin antelación cuando se te da la oportunidad de poder hacerlo. Y aún en el viaje, no te aferras a una agenda y estás dispuesto a salir de tu itinerario cuando una nueva alternativa se presenta.

  • Italia, Francia, China, Japón o cualquier país que tenga por idioma uno distinto al tuyo. ¿Qué importa si solo los escuchaste alguna vez de pasada en una película? Puedes no conocerlos y enamorarte de sus culturas porque, para ti, el idioma no es una barrera.

  • Conociendo o no el idioma del país, teniendo una valija pequeña o grande o cualquier otra cosa que podría afectar a cualquier otro mortal, lo cierto es que no importa lo que pase, siempre estás dispuesto a disfrutar de la experiencia al máximo, convirtiendo cada acontecimiento (por más alocado que sea) en una historia que contarás cuando regreses.

Por qué afirmar que el amor por viajar está en nuestra sangre no suena tan descabellado

La pasión por viajar puede deberse al gen DRD4-7R, que, según estudios realizados por el Biological Psychiatry Journal, es receptor de la dopamina, por lo que “puede estar asociado con medidas de búsqueda de novedad e impulsividad”. La dopamina es la que incita a la persona a realizar conductas que le despiertan placer y lleva a repetir acciones que se disfrutan, como una serie de televisión, aventuras y, por supuesto, viajar. Así que es muy probable que personas que tengan las condiciones para procesar la dopamina, en algunos casos, sean quienes tengan estas conductas aventureras y, por lo tanto, no se conforman con ver el mundo en la gran pantalla, sino que salen a investigar. Dawn Maslar, bióloga de la Universidad de Kaplan, sugirió que “El gen de la pasión por los viajes es muy poderoso. Parece que el gen DRD4 es más predominante en el tipo de persona que viaja”.

Sin embargo, la revista National Geographic especula que, así como muchas personas pueden tener esta variante en el gen, no significa que todas sean amantes de los viajes: “El valor de la variante, entonces, como el de muchos genes y rasgos, puede depender del entorno. Una persona inquieta puede prosperar en un entorno cambiante, pero marchitarse en uno estable; asimismo, con cualquier gen que ayude a producir la inquietud”.

Las acciones culturales pueden modificar nuestros genes

Un estudio realizado en el 2013 por la revista National Geographic sugiere que esta variante del gen pertenece al 20 % de la población. Y al justificar su hipótesis, el director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig reflexionó al respecto: “Ningún otro mamífero se mueve como nosotros. Saltamos fronteras. Empujamos hacia nuevos territorios incluso cuando tenemos recursos donde estamos. Otros animales no hacen esto. Otros humanos tampoco. (...) En solo 50 000 años cubrimos todo. Hay una especie de locura. Navegando hacia el océano, no tienes idea de lo que hay al otro lado. Y ahora vamos a Marte. Nunca nos detenemos. ¿Por qué?”.

Algunos investigadores han estudiado, según la revista New Scientist, que la variación “7R surgió como una mutación rara hace 40 000 a 50 000 años, después de que salimos de África. Luego se extendió rápidamente en las poblaciones humanas”. Así que se continúa indagando sobre si las migraciones de una cultura a otra podrían estar influyendo en la evolución. Sin embargo, aunque este gen pueda aportar al anhelo de la novedad en los viajeros, no es un factor determinante para ser de esta manera, tal como afirman los profesionales entrevistados en The Telegraph: “Los genes son como ingredientes en una receta: ciertos genes contribuyen, pero no hay un solo gen para, por ejemplo, la pasión por los viajes. Incluso algo como el color de ojos no se reduce a un solo gen”.

Síndrome wanderlust

Wanderlust es una palabra que deriva del alemán “wandern”, caminar, y “lust”, pasión, que unidos pueden traducirse como “pasión por viajar”. Hace referencia a estas personas con espíritu inquieto que siempre están imaginando dónde será su próximo viaje y qué aventuras les esperan en su destino. Para algunos estudiosos, esta necesidad impulsiva de trasladarse de sus casas a otro sitio es un fenómeno que se encasilla dentro del marco psicológico antes que el genético. En psicología, la definen como “dropomanía”. Quienes padecen este síndrome tienen un impulso anormal por viajar; están preparados para gastar más allá de sus posibilidades y sacrificar lo que sea por vivir nuevas experiencias. Y aunque suene muy bien, ningún exceso es bueno, así que el Dr. Brein advirtió al respecto que: “Como cualquier cosa, si dejas que te abrume, puede tener serios efectos en otros aspectos de tu vida”.

En su justa medida, la experiencia de atreverse a conocer nuevos horizontes aporta muchos beneficios en nosotros, como evitar el estrés, aumentar la confianza, fomentar la comunicación y el aprendizaje. Y ya sea que el ser viajero esté en nuestros genes o sea una cuestión psicológica, lo importante es que son miles de aventureros los que en el mundo se sienten inspirados a superar sus límites y enamorarse del mundo al conocer otras historias, colores y paisajes. Estas experiencias forman recuerdos invaluables difíciles de borrar.

¿Te sentiste identificado con el síndrome wanderlust? ¿Crees tener el gen? Cuéntanos cuáles han sido tus vacaciones favoritas y a dónde te gustaría viajar algún día.

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