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La verdadera historia de Anastasia, la princesa rusa perdida que inspiró a impostoras a tomar su nombre

Muchas personas alrededor del mundo han escuchado diferentes historias de la desaparecida gran duquesa Anastasia, del “monje loco” Rasputín y de la trágica muerte de la familia imperial rusa. Durante años, las confusas versiones de los acontecimientos alentaron a que creciera el misterio y fascinación sobre la princesa, lo que ayudo a crear una de las leyendas más famosas del siglo pasado. Su historia inspiró la creación de docenas de libros y películas que solo sirvieron para perpetuar la creencia de que Anastasia había escapado de la brutal ejecución de su familia, pero hoy te contaremos lo que realmente sucedió con ella.

Genial.guru quiere compartir contigo la historia de Anastasia, la princesa rusa que inspiró una de las leyendas más famosas del siglo XX.

La gran duquesa Anastasia Nikoláyevna Románova

Anastasia vestida con un traje de corte en 1910.

La gran duquesa Anastasia nació el 18 de junio de 1901, en el palacio de Peterhof, Rusia. Era la cuarta y más joven hija del zar Nicolás II de Rusia y de su esposa, la zarina Alejandra. Su nacimiento fue recibido con algo de decepción debido a que sus padres y el resto del país esperaban con ansias que fuera un varón. Para ese entonces, los emperadores rusos ya tenían tres hijas: Olga, Tatiana y María, y deseaban un niño que heredara el trono.

Un soldado ruso pasea en un carrito a Anastasia (a la izquierda) y a su hermana, María.

Todos los detalles de la educación de las hijas del zar fueron supervisados ​​por Alejandra, quien a menudo se sentaba con ellas durante horas en el aula de clases. De hecho, fue ella misma la que les enseñó a sus hijas costura y trabajo de aguja. En 1904, la familia imperial creció aún más con la anhelada llegada del zarévich (heredero del trono ruso), Alekséi.

Anastasia junto con su hermano menor, Alekséi.

A pesar de formar parte de la familia imperial, Anastasia y sus hermanos tenían vida bastante normal e incluso hasta frugal: los niños dormían en cunas simples y realizaban ellos mismos sus tareas. Según varios relatos, Anastasia era “una niña inteligente y astuta” a la que le gustaba hacerles bromas a sus hermanos. Los niños Romanov fueron educados por diferentes tutores, como era común en los miembros de la realeza de esa época. Ella y su hermana, María, eran particularmente cercanas, ya que compartían la misma habitación y se llevaban pocos años de diferencia. Anastasia y María fueron apodadas “la pareja pequeña”, mientras que las hermanas mayores, Olga y Tatiana, fueron denominadas “la pareja grande”.

Relación con Grigori Rasputín

Grigori Rasputín era conocido como el “monje loco” en la corte imperial rusa.

Aunque no desempeñó ningún papel formal dentro de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Grigori Rasputín tuvo una gran influencia sobre la zarina Alejandra, a quien acreditó las milagrosas habilidades de sanación que tenía gracias a su inquebrantable fe en Dios. Él mismo afirmaba que poseía poderes curativos, por lo cual, la zarina lo llamaba frecuentemente para que orara y sanara a su hijo, Alekséi, quien sufría hemofilia.

Alentados por su madre, los niños Romanov veían al monje como un amigo y confidente. A menudo le escribían cartas, las cuales él respondía con amabilidad. Sin embargo, alrededor de 1912, una de las institutrices de la familia se preocupó cuando encontró a Rasputín visitando a las niñas en su guardería mientras vestían solo sus camisones. La mujer fue finalmente despedida, pero antes les contó lo que había visto a otros miembros de la familia.

Rasputín junto con Alejandra, sus cinco hijos y la institutriz de los niños en 1910.

Según la mayoría de los informes, no había nada inapropiado en la relación de Rasputín con los niños. Durante 10 años gozó del afecto tanto de Nicolás como de Alejandra, quienes estaban agradecidos con el monje por sus habilidades para curar a Alekséi cuando sufría un ataque. Fue así como se convirtió en una especie de curandero en la corte imperial rusa, lo que le permitió acumular una gran fortuna y estatus social.

Alejandra junto con sus cuatro hijas, las grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia, quien está en la primera fila viendo directamente a la cámara.

Con el tiempo, los rumores empezaron a salirse de control e incluso se decía que Rasputín estaba teniendo un romance con la zarina y sus hijas. Para contrarrestar los chismes, Nicolás lo expulsó de la corte por un tiempo. Eventualmente regresó a la capital, pero, en diciembre de 1916, fue asesinado por un grupo de aristócratas que estaban molestos por su influencia sobre la zarina. Anastasia y sus hermanos quedaron devastados por la muerte de su amigo.

Primera Guerra Mundial y Revolución rusa

María y Anastasia (derecha) visitando a los soldados heridos durante la Primera Guerra Mundial.

En 1914, la Primera Guerra Mundial estalló, y la zarina convirtió varios de los palacios en hospitales para los heridos. Junto con sus dos hijas mayores se ofreció como enfermera de la Cruz Roja. Anastasia y María eran demasiado jóvenes para unirse con su madre y hermanas, así que, en lugar de hacer eso, visitaban a los soldados heridos y jugaban con ellos para mejorar su estado de ánimo.

Tres años más tarde, en febrero de 1917, inició la Revolución rusa. Los ciudadanos protestaban por el racionamiento de alimentos que había tenido lugar desde el comienzo de la guerra y el descontento en general que sentían contra los zares, especialmente contra la zarina Alejandra. Incluso pendían que Nicolás II abdicara al trono. Durante ocho días hubo enfrentamientos y disturbios frente el palacio en donde se encontraba Anastasia, su madre y hermanos. Miembros del ejército ruso comenzaron a desertar y a unirse a las fuerzas revolucionarias. Alrededor de 1 500 personas murieron en las protestas que culminaron cuando la familia real fue puesta bajo arresto domiciliario.

El zar, Nicolás II, y su hijo, Alekséi. Circa, 1916.

Abordo de un tren, Nicolás II renunció al trono en nombre de él y de su hijo, Alekséi, designando a su hermano, el gran duque Miguel, como sucesor. Sin embargo, al darse cuenta rápidamente de que no tendría apoyo, este rechazó la oferta, dejando a Rusia sin una monarquía por primera vez en su historia y poniendo fin a la dinastía Romanov, la cual había gobernado por 300 años. Se formó un gobierno provisional que mantuvo a la familia bajo arresto domiciliario.

Años en cautiverio y la casa del “propósito especial”

Anastasia en Tobolsk, Siberia, en 1918.

En agosto de 1917, el gobierno provisional decidió trasladar a la familia real fuera del palacio para evitar que fuera tomada por los bolcheviques, quienes exigían la cabeza del zar. Los Romanov fueron enviados a Tobolsk, Siberia. Junto con sus sirvientes, se instalaron en la antigua casa del gobernador. La familia no fue maltratada durante su tiempo en ese lugar, y los niños continuaron sus lecciones con su padre y su tutor, Pierre Gilliard. Alejandra, a pesar de su mala salud, se encargó de la costura e inclusive de tocar música. Cuando los bolcheviques tomaron Rusia, la familia fue trasladada una vez más a una casa en Ekaterimburgo.

Anastasia junto con su padre, Nicolás, y sus hermanas, Olga y Tatiana, durante el invierno de 1917, mientras todos permanecían en cautiverio en Siberia.

A mediados de 1918, Anastasia, Olga, Tatiana y Alekséi fueron separados de sus padres y de su hermana, María, quienes se trasladaron a Ekaterimburgo. Anastasia y sus hermanos permanecieron un tiempo en Tobolsk, mientras Alekséi se recuperaba de un ataque de hemofilia. En mayo de ese año, la familia se reencontró en la casa Ipátiev, mejor conocida como “la casa del propósito especial”. Para ese entonces, los Romanov estaban bajo la custodia de los bolcheviques, quienes usualmente les mostraban su desprecio.

En Ipátiev, la familia estaba bajo el mando de Yákov Yurovsky, un revolucionario que les impuso duras restricciones: a los Romanov solo se les permitía hacer una hora de ejercicio en el jardín y no tenían ningún tipo de contacto con el mundo exterior. De esta forma, los revolucionarios querían evitar que Nicolás hiciera planes para retomar el gobierno o escapar.

Muerte de los Romanov

Anastasia junto con su hermano, Alekséi, y dos de sus hermanas en 1917.

A las 2:15 de la madrugada del 17 de julio de 1918, las tropas del ejército blanco se acercaban a Ekaterimburgo. Para evitar que la familia fuera descubierta y puesta en libertad, los bolcheviques dieron la orden de asesinar a los Romanov.

Obligaron a Nicolás y al resto de la familia, junto con sus fieles sirvientes, a vestirse y a bajar rápidamente al sótano de la casa para hacer una fila y ser fotografiados. Entonces, Yákov Yurovsky entró en la habitación y formalmente condenó a muerte a la familia imperial. La ejecución, que se suponía debía ser rápida y sin problemas, duró alrededor de 20 minutos. El zar fue el primero en caer, y pronto siguieron su esposa y Alekséi. Particularmente Anastasia, Tatiana y María sufrieron muertes más dolorosas que el resto.

Anastasia y sus hermanas en 1910.

De acuerdo con las “Notas de Yurovsky”, una vez que el humo espeso que había llenado la sala de tantas armas disparadas a corta distancia se despejó, escucharon a las chicas quejándose de dolor en el fondo y se descubrió que las balas de los solados habían rebotado en los corsés de Anastasia, Tatiana y María. Previamente, Alejandra les había indicado a sus hijas que cosieran las joyas de la familia real y los diamantes dentro de los forros de los corsés para esconderlos de sus captores. De este modo, las prendas sirvieron como una especie de “armadura” contra las balas.

Según el informe de Yurovsky, Anastasia y María trataron de agacharse contra una pared, cubriendo sus cabezas para protegerse, hasta que eventualmente fueron alcanzadas por las balas. Mientras los soldados colocaban los cuerpos sin vida de los Romanov y sus sirvientes en camillas para ser traslados, una de las chicas empezó a llorar y se cubrió la cara con el brazo, por lo que fue golpeada por los soldados en la parte posterior de la cabeza para silenciarla.

Leyenda de Anastasia y Anna Anderson

La gran duquesa Anastasia en 1914.

El misterio que rodeaba la muerte de los Romanov fue intencional, ya que los bolcheviques llevaron a cabo una campaña de desinformación sobre el destino de la familia durante casi una década. Solo informaron sobre la muerte del zar, pero no dieron datos sobre el resto. Además, nunca revelaron el sitio de entierro, el cual permaneció oculto hasta su descubrimiento, 61 años después de la ejecución. Debido a la incertidumbre comenzaron a surgir rumores, teorías de conspiración e impostores que aseguraban ser los hijos perdidos de Nicolás y Alejandra.

Los cinco hijos del zar Nicolás II.

Desde 1920, numerosas mujeres comenzaron a presentarse como la gran duquesa. Una de ellas, Eugenia Smith, escribió sus “memorias” como Anastasia, en donde incluía una larga descripción de cómo había escapado de sus captores. Otra fue Nadezhda Vasilyeva, quien surgió en Siberia y fue encarcelada por las autoridades bolcheviques. Y luego, en 2000, apareció Natalya Bilikhodze, quien incluso viajó hasta Rusia para reclamar la fortuna de la familia imperial.

Anna Anderson, la impostora que se hacía llamar Anastasia. Circa, 1920.

Anna Anderson fue quizás la más conocida de las impostoras. Afirmó que ella, Anastasia, había sido herida durante la ejecución de su familia, pero había sobrevivido y había sido rescatada del sótano por un soldado que le había tomado cariño durante su estadía en la casa Ipátiev. Anderson había sido rescatada a las orillas del canal Landwehrkanal, en Berlín, Alemania, después de intentar suicidarse. Tras ser llevada a una institución mental se negó a dar su identidad y no tenía documentación que la identificara. Permaneció durante dos años en el hospital, y, durante los primeros seis meses, no dijo ni una palabra. Sin embargo, los doctores y otros pacientes tomaron nota de su actitud distante, las extrañas cicatrices en su cuerpo y el acento ruso que emergió cuando finalmente habló.

Mientras tanto, los periódicos europeos comenzaron a informar sobre extraños rumores de Rusia: se dijo que una de las hijas imperiales había escapado del sótano con vida. Eventualmente, Anderson confesó ser Anastasia. Desde 1938 hasta 1970, luchó por ser reconocida como la única sobreviviente de los hijos del zar Nicolás II. Sin embargo, los tribunales en Alemania encontraron que no había evidencia concreta de que ella fuera realmente la gran duquesa.

La familia imperial rusa.

Miembros de la familia real incluso consideraron a la mujer como un fraude. En 1925, la tía de Anastasia y hermana del zar, la gran duquesa Olga, que no había visto a la chica desde 1916, visitó a Anderson en el hospital, y, aunque mostró afecto por su condición, determinó que no era su sobrina. Además, la mujer solo hablaba alemán y no podía comunicarse en ruso o inglés. Olga aseguró que Anastasia podía hablar perfectamente ambos idiomas.

Anderson murió en 1984, y fue su deseo que su cuerpo fuera cremado, eliminando cualquier rastro de ADN que pudiera confirmar su historia. Sin embargo, diez años más tarde, científicos utilizaron una muestra de su intestino que había sido conservada en parafina durante 43 años para determinar que no estaba relacionada con la familia Romanov. El ADN de Anderson sí coincidía con el de Franziska Schanzkowska, una trabajadora de una fábrica de Polonia que había desaparecido años antes.

Hallazgo de los restos de la familia imperial rusa

Anastasia junto con su padre, el zar Nicolás II, y miembros de la familia real.

En 1991, se encontraron los restos de los cuerpos de la familia en un bosque afuera de Ekaterimburgo. El príncipe Felipe, esposo de la Reina Isabel II del Reino Unido, ofreció una muestra de ADN que permitió a los científicos concluir que los cuerpos encontrados pertenecían a la familia imperial. Sin embargo, faltaban dos, el de Alekséi y una de sus hermanas. En 2007, un constructor ruso encontró huesos quemados en un lugar del bosque que coincidían con una descripción dada por Yurovsky cuando detalló dónde se habían dejado los cuerpos. Un año más tarde, se identificaron como los dos Romanov desaparecidos, aunque las pruebas no han sido concluyentes en cuanto a qué cuerpo era de Anastasia, y cuál de María.

Retrato familiar de los Romanov. Circa, 1905.

Los estudios de ADN concluyeron que toda la familia imperial rusa había fallecido en julio de 1918. En 2000, la Iglesia Ortodoxa Rusa canonizó a los Romanov como portadores de la pasión. Ocho años más tarde, en 2008, el tribunal supremo de ese país rehabilitó al zar, la zarina y a sus cinco hijos, considerándolos víctimas de la represión política bolchevique.

En el cine

Desde que inició la leyenda de Anastasia, su historia se ha llevado al cine, musicales de Broadway e incluso obras literarias. El libro La casa del propósito especial, del autor irlandés John Boye, narra la historia de cómo la gran duquesa se enamoró de un sirviente de la familia real. Tal vez, la película más recordada sobre la leyenda de Anastasia sea la versión animada de 1997. Este año, Netflix estrenó una nueva serie basada en la leyenda de los Romanov y su trágico destino.

¿Conocías la leyenda de Anastasia y su familia? Cuéntanos si consideras inapropiado que aparecieran impostoras afirmando que eran la gran duquesa perdida.

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