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Una joven rusa contó con sinceridad las peculiaridades inesperadas de trabajar con japoneses

Todos hemos oído hablar alguna vez de que los japoneses son un modelo en cuanto a actitudes respecto al trabajo. Se quedan en la oficina hasta última hora, tratan de lograr los máximos resultados en cualquier proyecto y, a veces, incluso mueren por sobreesfuerzo laboral. Pero estos son, en gran medida, estereotipos, al igual que los osos paseando por las calles de Moscú. Anna Lazareva trabaja con japoneses y comparte sus observaciones en su cuenta de Twitter.

Con el consentimiento de la autora, Genial.guru, hoy publica su historia.

  • La gestión japonesa es la más ineficaz de las que he conocido personalmente, como mínimo. Y antes de tratar con ellos, trabajé con franceses. Ahora, la efectividad de los franceses me parece estar en la cima de la eficiencia.

  • Todo está vinculado a los procedimientos y reglas ya establecidos. Si de repente aparece la necesidad de resolver un nuevo problema o de desarrollar un nuevo procedimiento, esto requerirá entre un par de meses e incluso varios años, dependiendo del nivel de los futuros cambios a realizar y las implementaciones.

  • La ineficiencia, de por sí, está relacionada con la incapacidad de improvisar. Si algo ocurre fuera de lo establecido, el “japonés japonés”, realmente puede quebrantarse y dejar de entender quién es, dónde está y qué sucede. El “japonés internacional”, con el tiempo, se acostumbra, pero le resulta cuanto menos complicado.

  • Si una empresa japonesa quiere desarrollarse por el resto del mundo, primero manda una oficina de representación a este país: una estructura sin fines de lucro con empleados locales, que será dirigida por un japonés enviado especialmente. Y si los empleados locales pueden trabajar allí durante años, la rotación de los japoneses es continua.

  • Cuando el japonés alcanza la cima máxima de su carrera profesional (si la compañía ha crecido por todo el mundo), comienza a “ir de gira”. A nuestra oficina de representación, a menudo, nos llegan “japones japoneses” para hacer una presentación de una hora y media sobre bushido y luego dar un paseo por Moscú como bonificación por el viaje.

  • Sin embargo, todo lo relacionado con la producción refleja la máxima eficiencia y calidad, precisamente porque está automatizado todo lo que se puede automatizar, siendo reducido el factor humano al mínimo. Cuantas menos decisiones se deban tomar, mejor será el trabajo.

  • Recientemente recibimos una reclamación: en la caja faltaban componentes. En respuesta a esto, la fábrica mandó un video de cómo se había completado, precisamente esta caja, hace 2 años, con la respuesta “revisen mejor la caja”. El cliente, tras esto, encontró los componentes.

  • Al mismo tiempo, es necesario, constantemente, dar explicaciones a las cosas más triviales y responder a la pregunta “por qué”. Hace medio año, aproximadamente, tuvimos que explicar con rigor a Recursos Humanos de la oficina central qué significaba “apostilla” (esta la necesitábamos para el papeleo). No lo sabían.

  • Hace un año, empezó a trabajar con nosotros un hombre de 45 años de edad. “Sí, llevo toda la vida en logística, lo organizaré todo y les contaré cómo deben trabajar, ¡estoy listo para todo!”. Sí. Claro. Comenzó su primer día de trabajo llegando dos horas y media tarde. En una empresa japonesa, donde el director general es japonés.

  • Por qué no lo despiden: en Japón, es una costumbre tener en el equipo a una persona que sea un vertedero emocional. Esta es una decisión de los superiores, no es nuestra. Si fuera mi responsabilidad, no le daría ni un par de días en periodo de prueba. Pero gracias a eso, todo el equipo de la oficina se siente muy unido. Esto es un hecho.

  • Sé que, en Japón, uno no puede irse del trabajo, bajo ningún concepto, antes que el jefe (aunque esto no está escrito en ninguna parte), y eso que trabajan desde la mañana hasta la noche. En otros países, a los trabajadores locales no se les exige tanto, se realiza teniendo en cuenta la cultura del país y las leyes laborales. Pero eso es cuestión de suerte.

  • Somos relativamente afortunados. La oficina tiene un reloj de cuco electrónico; suena a las 9:00 y a las 18:00. Antes de oír su cantar, todos tienen que estar en la oficina para reunirse en un círculo a las nueve en punto y reportar a qué se dedicará cada uno ese día. Quien no estuvo a tiempo para el canto del cuco, llegó tarde.

  • Si llegas tarde, debes avisar y contar por qué ha sucedido esto. Por supuesto, “Me quedé dormido” no es una buena razón, tienes que ser más creativo.

  • Después de intercambiar planes para el día, leemos la filosofía corporativa: cinco tesis, una para cada día de la semana. Todos juntos, en voz alta, con fuerza. Al principio me resultó muy extraño, ahora incluso parece que lo voy asimilando, leo más fuerte que el resto y tras la última palabra, añado “Amén”.

  • Y somos afortunados porque, justo después del cuco a las 6 de la tarde, podemos levantarnos y regresar a casa y esto no se percibirá como si tuvieras ganas de eludir tus responsabilidades laborales. Pero solo es así en nuestra empresa. Sé que en Rusia hay oficinas japonesas “tradicionales”, donde irse antes que el jefe es indigno y está muy mal visto.

  • Si en las empresas “europeas” se evalúa tu efectividad por lo mucho que hiciste, en las japonesas, todo lo contrario. Hablando en términos generales, comienzas el año con el 100 % y luego por cada error pierdes un porcentaje. Si sobresales menos y cometes menos errores, recibes más bonificación.

  • Y es muy importante esforzarse mucho para que todos lo vean. Tuvimos un empleado que se dedicaba a proyectos y, durante un año entero, no firmó ni una sola venta. Pero se esforzó tanto fingiendo que se esforzaba que le dieron una bonificación e incluso le subieron el salario.

  • La magnitud de la bonificación anual y el incremento del salario los decide el jefe basándose en sus sentimientos y sensaciones interiores.

  • Si trabajas con japoneses, tarde o temprano comienzas a manejar Excel como si fueras un dios. Tengo la sensación de que Microsoft tiene una versión ofimática especialmente para Japón, que consta de Excel y PowerPoint. No recuerdo la última vez que recibí un documento de Word de un japonés.

  • Si de repente resulta que eres un pobre gaijin (es decir, extranjero), entonces puedes olvidarte de generar ideas y proponer soluciones. Más precisamente, puedes proponerlas, y luego, tras pasar seis meses y celebrar 40 mil reuniones por Skype, entre el “japonés internacional” y el “japonés japonés”, descubrirán que ellos pensaron durante mucho tiempo y encontraron la solución perfecta. Precisamente aquella misma que habías propuesto tú. Pero no tienes nada que ver con eso, el mérito corresponde solo a ellos.

¿Te gustaría trabajar en una empresa japonesa y por qué?

Imagen de portada annonedomini / Twitter
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