15 Historias de personas que un día perdieron los nervios y renunciaron a su trabajo dando un sonoro portazo

Historias
hace 4 meses

Incluso el trabajo que adoras puede, tarde o temprano, volverse odioso si tu jefe se comporta de manera grosera, tus compañeros traman intrigas y tu salario apenas alcanza para llegar a fin de mes. Los protagonistas de nuestro artículo decidieron no sufrir más en un lugar donde no se les valoraba, dimitieron con la cabeza bien erguida y nos contaron cuál fue la gota que colmó el vaso de su paciencia.

  • Renuncié a mi trabajo en mitad de la jornada laboral. Durante un año trabajé de 9:00 a 22:00 con un solo día libre a la semana, con 3 teléfonos móviles, los clientes llamaban casi de noche. Finalmente tomé 2 días de descanso, hoy volví a trabajar, y el jefe empezó a regañarme: ¿quién te permitió descansar? Le respondí que había avisado con una semana de antelación y el jefe adjunto había dado el visto bueno. Pero me dijo: “Yo decido aquí, si puedes descansar o no. Si no es necesario, te quedas trabajando un mes sin días libres”. No discutí, simplemente recogí mi taza de la cocina, me puse la chaqueta y me fui. El jefe adjunto me llamó y me dijo que me calmara y volviera, pero sentí que cometería un gran error si cedía a sus ruegos.
  • También quiero compartir lo mío. Hace exactamente 10 días, terminé mi último día en un trabajo que se había vuelto antitético a mis principios de vida. Empaqué mi mochila, me fui con mis amigas, y aquí estoy tumbada en un lugar colorido y pensando en mi itinerario turístico para mañana. Y sí, dentro de 10 días estaré buscando un nuevo trabajo, pero sé con certeza que todo ha sido para bien.
  • He trabajado para la misma empresa durante más de 6 años. Mi expediente era excelente, solo tuve 2 días de baja por enfermedad en todo ese tiempo. Tenía el mejor rendimiento de toda la región y puede que incluso de todo el país. Pero el nuevo jefe decidió que eso no era suficiente. Él me recortó las horas de trabajo (para reducir los costos laborales y así obtener bonos), pero me sobrecargó con un volumen de trabajo excesivo, y nunca oí ningún elogio suyo. Y eso después de haber corregido todos sus errores. Como resultado, hoy le he comunicado que renuncio. Ahora mismo no hay nadie que pueda ocupar mi puesto, lo que significa que sus planes de vacaciones para la semana que viene han llegado a su fin. Y deberías haber visto el horror en sus ojos cuando le dije: “Renuncio”. Supongo que se dio cuenta de que no podía hacerlo sin mí. Hacía mucho tiempo que no sentía ese tipo de satisfacción. © barrygibb / Reddit
  • Trabajaba de camarera en un hotel local. Un día enfermé de gripe, tenía unas náuseas terribles, estaba pálida como la nieve y tenía fiebre. Le dije a mi jefa que nacasitaba irme a casa. Ella me miró y me dijo: “Qué vergüenza. Estás defraudando a todo el equipo. Estoy muy decepcionada”. Me quedé estupefacta ante tales palabras, la verdad, porque antes siempre había sido amable y educada. Me fui a casa y al día siguiente llamé y renuncié. © Unknown author / Reddit
  • Trabajé como dependienta durante 4 años, yo sola para 2 departamentos. El último par de años con un horario 30/1, y hasta tenía que luchar para tener mi único día libre. La jornada laboral era de 11:00 a 23:00 sin pausa para el almuerzo. Comía debajo del mostrador, si tenía tiempo. Las condiciones a veces permitían pasar la noche en la misma tienda, y yo me quedaba en la trastienda entre los estantes de mercancías en el piso, envuelta en una alfombra. Entonces tuve una revelación: ¿qué demonios estoy haciendo? Tengo unos estudios universitarios, tengo experiencia laboral. Me cabreé, pregunté a mis amigos, me recomendaron una empresa. Desde hace 4 años trabajo como secretaria 5/2 de 8:00 a 17:00. Con pausa para almorzar y paquete social.
  • Eran alrededor de las 10 de la noche, acababa de ir y volver del almacén por encargo de mi jefe, que necesitaba algo urgentemente. Y hay que decir que hacía tiempo que pensaba renunciar y llevaba conmigo la carta. Volví y me dijo: “¿Has visto mi cartera?”. Llevaba fuera hora y media, ¿cómo iba a saber dónde estaba su cartera? Pero siguió: “La puse a la salida, no está ahí, así que te la llevaste”. Ya desesperado, entré en la habitación contigua, y allí estaba la chaqueta del jefe, en un rincón. Palpé los bolsillos: sí, la cartera estaba allí. Se la entregué, ¡y ni siquiera se disculpó! En fin, saqué mi carta, la arrojé sobre su escritorio con las palabras “Me voy” y me marché. Thomas Anderson / Quora
  • Trabajé en una empresa de prestigio, donde le gustaría trabajar a mucha gente. Ascendí a subdirectora de departamento y las perspectivas eran buenas. Cobraba mucho dinero, pero también mucho trabajo. En algún momento me di cuenta de que estaba en un laberinto del que no podía salir. Trabajo, reuniones de trabajo, cosas del trabajo. Toda mi vida giraba en torno al trabajo, ya empezaba a volverme neurótica. Renuncié, encontré un puesto en la oficina con un salario varias veces menor, pero el trabajo era muy sencillo. Con prudencia ahorré dinero para mí, tenía un departamento propio y un coche, y un segundo departamento para alquilarlo. Sí, ahora vivo más sencillo que antes, no puedo permitirme, por ejemplo, un bolso de 1200 dólares o ropa interior de 140. Pero asisto a las clases de baile, veo series de televisión los fines de semana, me relajo, monto en bici y no hago proyectos de trabajo frenéticamente.
  • Mi bisabuela falleció. En mi trabajo sabían que estaba enferma, porque lo compartía con mis compañeros. Llamé al trabajo para decir que no estaría en mi turno, pero no entendieron mi situación y me dijeron que me esperaban como siempre a las 13.30 horas. Me presenté, pero no paraba de llorar y pedí irme a casa casi de inmediato. Un par de días después, abrí mi calendario laboral para saber cuándo era el día de pago, y allí, el día en que murió mi bisabuela, escribieron “absentismo” bajo mi nombre. Terminé mi turno, recogí mis cosas y me fui a casa. Me llamaron más tarde para convencerme de que me quedara, pero me negué. © Working on ME / Quora
  • También trabajaba 13 horas semanales sin días libres. En la entrevista, el horario prometido era 7/7 (una semana de trabajo y una de descanso), pero en realidad: o bien trabajé un mes sin días libres, o bien 7/1, o lo que sea. El trabajo era nervioso, con la gente, no particularmente bien pagado. Iba a trabajar con fiebre, y con dolor de muelas, y en mis legítimos días libres. Comprendía que no había nadie más que yo para trabajar. Permanecí con este horario cerca de un año y lo dejé después de que el director me dijera: “El empresario no debe adaptarse a los empleados y entrar en su situación”. Me rendí y renuncié aquel mismo día. No me arrepiento de nada.
  • Trabajaba de mesero. Un día, al final de la semana, llegó un nuevo empleado y su turno coincidió con una noche difícil: en el restaurante se celebraba una boda. Le dijimos enseguida que no se esforzara demasiado, que lo ayudaríamos si no lo hacía bien, etcétera. Y entonces vuelve de la sala enfadado y rojo como un tomate. Resulta que uno de los clientes le dijo que las bebidas que había traído estaban demasiado calientes, le riñó y le ridiculizó. Nosotros ya estábamos acostumbrados a este tipo de cosas, pero él no. Salió un par de minutos después, tiró la mesa del cliente que le había insultado, rompió unas macetas a la salida, se fue del restaurante y nunca más supimos de él. © kirod20 / Reddit
  • Trabajé con mi hermana en una fábrica, nos fuimos de vacaciones. Descansamos bien y volvimos a nuestro departamento contentas para volver a trabajar duro. Y al día siguiente nos llamaron al despacho de la jefa con una queja: “¡Ayer faltaron al trabajo!”. La jefa nos llevó al borde de un ataque de nervios. Resultó que se sintió ofendida porque después de las vacaciones no fuimos a verla, ¡no la saludamos personalmente! Mi hermana y yo nos exaltamos y las dos redactamos una carta de renuncia. No nos hemos arrepentido ni una sola vez.
  • Conseguí un trabajo con una condición: “Quien muestre durante 2 meses los mejores resultados, será el jefe del departamento”. Trabajé duro y esperé un ascenso legítimo. Pero el jefe fue nombrado el sobrino del director general, al que ni siquiera habíamos visto durante todo este tiempo. Por eso, cuando nos pidieron que lo aplaudiéramos, se hizo un silencio sepulcral en la sala de conferencias. Y ese mismo día redacté una carta de renuncia.
  • Fui a vender fruta al mercado local, el sueldo era un porcentaje de las ganancias. El primer día estuve tímida, pero el segundo vendí rápidamente toda la mercancía. Al final de la semana, los dueños del punto de venta me dijeron que era demasiado lo que cobraba, y redujeron el pago 2 veces. No lo dudé y tomé mi porcentaje, originalmente acordado, de las ganancias. Y me fui. Dos días más tarde, estaba en casa, oí una movida fuera. Mi hermano entró y dijo que estaban preguntando por mí de mi trabajo. Resultó que los otros vendedores cobraban un sueldo fijo y no se molestaban en vender. La fruta se pudría y las pérdidas aumentaban. Los dueños del punto me pidieron que volviera, pero me negué.
  • Trabajaba en una oficina como jefa de departamento. Una vez estaba terminando un informe después de la jornada laboral, mientras que el director y sus amigos estaban celebrando algo en su despacho. Salieron y el director me dijo: “Recoge todo allí, es que somos todos varones”. Sonó tan humillante que en vez de terminar el informe, redacté una carta de renuncia. Por supuesto, no limpié el despacho del director. Si una persona no entiende la diferencia entre una limpiadora y la jefa del departamento, difícilmente merece la pena esperar nada bueno de ella.
  • Durante una semana he estado dando vueltas a la idea de renunciar. Hoy me ha llamado el director, me ha dicho que tendría que quedarme después de la jornada laboral otras 4 horas. Le pregunté: “¿Cuál es la paga?”. Obtuve la respuesta: “Nada. Te quedas porque te lo he dicho yo”. Me negué y oí: “Entonces tendrás que renunciar”. ¿Y yo qué? Simplemente renuncié. El jefe se quedó de piedra: no se lo esperaba, pero yo estoy feliz.

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Hace unos 3 años atrás trabajé en un call Center y justo hubieron revueltas en todo el país, nadie podía movilizarse, la jefa dijo que obligatoriamente tenía que ir, que no sabía cómo, pero que debía ir y punto. Le dije que no iría más y que me pagará lo mío!!
Me suplicó que regresará, no volví.

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