19 Lectores de Genial que hicieron un gran esfuerzo para eludir la inteligencia de los niños

Gente
hace 2 años

Es bien sabido que los niños son criaturitas muy inteligentes, por lo que muchas veces tenemos que hacer uso de toda nuestra creatividad para tratar con ellos. En efecto, no siempre es fácil conseguir que respeten las normas o que manejen sus emociones de manera adecuada. ¿Quién no ha tenido que hacer toda clase de maromas para conseguir que se comieran todas sus verduras o que dejaran de hacer berrinches en público?

En Genial.guru nos encanta divertirte con relatos exclusivos acerca de los pequeñines. Es por esto que decidimos seleccionar a 19 seguidores que nos contaron de qué forma lograron lidiar con la sagacidad de los chicos, y cómo hicieron para que funcionara.

  • ¡A mi hijo no le gustaba nada cortarse el cabello! Un día pasaba un joven calvo y mi hijo me preguntó: “¿Por qué ese señor no tiene cabello?”. Le respondí que era porque no le gustaba ir a la barbería, entonces un bichito se comió todo su cabello y no le volvió a crecer. Hoy en día, él mismo pide ir a la peluquería cuando le ha crecido. ©Bianca X Lucas / Facebook
  • Mi hija perdía su chupete todo el tiempo, y ya no podía soportar gastar más dinero en eso. Un día le dije que íbamos a plantar los chupetes en el jardín para que creciera una matita y ella tuviera muchos, e incluso podría escoger el color. Le gustó la idea, y fue ella quien abrió el agujerito en la tierra y puso el chupete. Durante unos tres días regó la tierra esperando que creciera su matita y, de vez en cuando, decía: “Mamá, mi matita de chupetes aún no ha crecido”. En una semana ya se había olvidado de ellos. Un buen día pasamos por la huerta y dijo: “Todavía no nacieron, ¿verdad? ¡Ya no los quiero!”. ©Tania Tais Pontes / Facebook
  • Algunos días, mi hija decía que no quería ir a la escuela porque le dolía el estómago. Como ya sabía diferenciar el dolor real del de la mañana, le dije que le iba a dar una cosita que ayudaría a que el dolor se fuera. Entonces le di agua azucarada, y casi de inmediato se puso a jugar y a correr, diciendo que ya se le había pasado el dolor. ©Angela Costa / Facebook
  • Una vez, el padre de mi sobrina le regaló una bicicleta, era bastante simple. Un buen día, paseando por el centro, vio a otra niña en una bicicleta de Barbie llena de adornos. Mi sobrina se puso a llorar porque quería una bicicleta igual, lloró durante tres días enteros y nadie pudo hacer que la niña se calmara. Fue entonces cuando la levanté y le pregunté: “¿Por qué lloras?”. Ella dijo: “¡Quiero una bicicleta de Barbie!”. Entonces comencé a llorar en voz alta, ella me miró y me dijo: “Siento mucho que tu esposo no te quiera dar una bicicleta”. Y dejó de llorar inmediatamente. ©Tania Tais Pontes / Facebook
  • Mi hija me hizo una rabieta en el supermercado por un paquete de dulces que me negué a comprar. ¡Se tiró al suelo, gritó, lloró! Me acosté a su lado en el piso del supermercado e hice lo mismo. Fue suficiente para que nunca más pensara en hacer una rabieta conmigo. ©Ariane Leal / Facebook
  • Pasé cerca de un año y medio peleando con mi hija menor de 3 años porque no quería comer bien. Siempre decía que no tenía hambre y cada vez que la llamaba a comer, ya estaba llorando. Me quedaba horas en la mesa, hacía de todo para que comiera un poco, y nada. Busqué médicos, luché, le di vitaminas y hasta la castigué, pero nada funcionó. Fue entonces cuando decidí usar la psicología inversa: ese día invité a todos a cenar y la dejé jugar. No pasó mucho tiempo y mi pequeña se acercó a la mesa y dijo: “Mami, ¿dónde está mi plato?”. Entonces le respondí: “¡Pues no puse tu plato porque nunca tienes hambre! Decidí no servirte de comer, porque así no te estresas y puedes seguir jugando”. Se quedó mirándome y me respondió: “¡Mami, tengo hambre!”. Han pasado tres meses desde que hice eso y ahora siempre me dice: “Mami, ¿la comida está lista? ¡Tengo hambre!”. Y come de todo sin quejarse, feliz de la vida. ¡A veces tenemos que ingeniárnoslas! ©Roh Michel / Facebook
  • Aquí en casa, cuando servimos brócoli o coliflor, les digo a los niños que son arbolitos y jugamos a que somos dinosaurios herbívoros. ¡Se lo comen todo mientras juegan! Con ellos debemos tener estrategias. Otro truco que tengo es hacerles comer remolacha, el juego es mostrarse la lengua: “Quiero ver si tu lengua está rosada... no es suficiente, ¡come más!”. ¡Siempre funciona! ©Mariana Guimarães / Facebook
  • Cuando mis hijos eran pequeños, no querían comer pescado. Siempre he pensado que es importante comer de todo, así que compré filete de pescado y filete de pollo. Los sazoné a ambos con el mismo condimento y los hice empanizados. Serví el pescado diciendo que era filete de pollo, lo hice durante muchos años y ¡funcionó! ©Elza Lopes / Facebook
  • Cuando era niña, mi papá me estaba enseñando a cortarme las uñas y decía que cuando alguien miente, le salen manchas blancas en las uñas. Eso siempre me preocupó, y hasta el día de hoy las cuido y las corto muy bajitas. ©Eduardo Monte / Facebook
  • Tengo una técnica infalible para que mi hijo acepte ir a bañarse: me inventé una palabra llamada “caracanizar”. Le digo que si no se baña, su cuerpo se va a “caracanizar”. Resultado: cada vez que termina de ducharse, me pide que vea si tiene algún “caracanizado”. ¡Funciona a la perfección! ©Brandon Ribeiro / Facebook
  • Mi hija, de apenas 4 años, cada vez que se enfada, empieza a gritar. Yo le digo que no entiendo lo que dice cuando grita, y que solo puedo entenderla cuando habla normalmente. Ahora, si alzo la voz cuando la regaño, me dice: “Mami, habla normal porque no te escucho”. ©Lenne Oliveira / Facebook
  • Ayudé a una amiga a sacar a su hija de la piscina. La niña había estado en el agua durante mucho tiempo y cada vez que le pedían que saliera, lloraba y gritaba. Nadie sabía qué más hacer. Fue entonces cuando me acerqué a ella y le dije en voz muy queda: “Mira, si no sales de la piscina, te convertirás en un pez”. La niña respondió: “¡Eso no es cierto!”. Entonces le dije: “Es verdad y ya empezó tu transformación, mira cómo tienes la mano toda arrugada”. La niña se miró las manos y se asustó, me dio las gracias y salió del agua inmediatamente. ©Maggie Carrillo / Facebook
  • Mi hija, que entonces solo tenía 6 años, puso algo de ropa en una bolsa y dijo que se iba de la casa. Le dije que era mejor dejarlo para el día siguiente, porque ya estaba oscureciendo. Cuando se despertó, le entregué la bolsa y le dije que ya podía irse. Contestó que se iría después del almuerzo, pero nunca volvió a mencionarlo. ©Maria De Lurdes Fernandes / Facebook
  • Cuando mi hijo era más pequeño, me preguntó qué eran las “patas de gallo”. Me reí y le mostré las arrugas que estaban alrededor de mis ojos. Para no sentirme vieja, le dije: “¡Esto solo lo tiene la gente feliz! ¿Ves que solo aparecen cuando sonrío? ¡Los que viven de malhumor no tienen patas de gallo porque nunca se ríen!”. ©Ana Cristina de Jesus / Facebook
  • En Navidad decoré el árbol y quise dejar los regalos debajo para que todo se viera bonito hasta el 24. Pero mi hijo de 3 años quería abrir los paquetes. Le dije que las cajas estaban vacías y que Santa solo hacía su magia el día de Navidad, poniendo regalos dentro de las cajas. Funcionó, porque estuvo todo el mes esperando, mirando los regalos, convencido de que las cajas estaban vacías. @Hevilin Karine / Facebook

¿Alguna vez has tenido que inventar algo increíble para convencer a un pequeño? ¿Qué es lo más inusual que has hecho para que un niño te obedeciera?

Comentarios

Recibir notificaciones
Aún no hay comentarios. ¡Puedes ser el primero!

Lecturas relacionadas