20 Personas sufrieron la traición de sus propias palabras en el momento menos indicado

Historias
hace 11 meses

Si hay algo que nunca faltará en nuestras vidas, es esa persona indiscreta que parece no tener filtro y termina diciendo las cosas más ocurrentes cuando menos debería. Y todo es risas y juegos hasta que ese comentario indiscreto se te sale a ti. Entonces la única solución razonable al momento de vergüenza parece ser que se abra la tierra y nos haga desaparecer, porque se vale soñar.

En nuestra vida cotidiana, todos hemos experimentado esos momentos incómodos en los que nuestras palabras parecen traicionarnos justo en el momento menos indicado. Ya sea en una reunión de trabajo, una cena familiar o incluso en una conversación casual con amigos, las palabras que elegimos pueden salir de nuestra boca de una manera completamente inapropiada, causando momentos de vergüenza y arrepentimiento.

Sin embargo, la verdad es que todos somos humanos y estamos sujetos a cometer errores. A medida que navegamos por las complejidades de la comunicación, es importante recordar que incluso las palabras más inapropiadas pueden servir como lecciones valiosas sobre la empatía y la autoconciencia.

  • En el entierro de mi papá, todos estaban hablando de lo gran hermano, amigo, compañero que había sido. Yo estaba muy molesta, así que dije: “Qué bueno que fuiste un gran hermano, amigo, compañero y primo, lástima que nunca fuiste un buen esposo ni un buen padre”. Entonces todas las miradas las sentí de golpe, y uno de mis tíos solo dijo: “Vamos a cantar”. © Tania Hirales / Facebook
  • Estaba en un descanso en el trabajo con unas compañeras, como era nueva, recién las conocía. Entre la charla se me ocurrió comentar si habían visto cuántas arrugas tenía una señora que trabajaba en la enfermería y lo profundas que estaban. Entonces una de las chicas dijo: “Esa es mi tía”. No recuerdo nada más, pero no lo dijo enojada. Menos mal. Yo tenía 19 años apenas. Igualmente sigo metiendo la pata hasta el día de hoy, y eso que me cuido. © Monica Conca / Facebook
  • Como ser humano, dice uno muchas burradas, pero la única vez que me sentí mal fue con una amiga. Estábamos platicando de capacidades, y le dije: “A mí no me falta ni un brazo ni una pierna, así que puedo trabajar en todo”. En ese momento recordé que al papá de mi amiga le habían amputado una pierna por diabetes© Carlos Martin Morin / Facebook
  • Un día fui al velorio tío lejano, tendría unos 16 años más o menos, vamos que ya no era yo una niña. De pronto se me ocurrió preguntar que de qué había muerto, qué le había pasado y la forma en que me contestaron fue: “¡Se cayó y se murió!”. Luego hicieron el gesto de pasarse el dedo por el cuello. Eso fue lo que realmente desato en mí un ataque de risa imparable. Me causó una gracia para morirme, pero de risa. Todos en la funeraria me miraban, hasta que me echaron y yo seguía riendo. Luego de un rato me fui muy, muy avergonzada © Yaneth Diaz / Facebook
  • Tenía una compañera de trabajo y un día yo estaba parada trabajando al lado izquierdo de ella, le hablaba y no me contestaba. Le pregunté tres veces lo mismo y nada, le toqué el hombro y le dije: “Ya van como tres veces que te pregunto lo mismo y no contestas, ¿estás sorda o qué?” Y me dice: “Sí, con este oído no escucho nada, no traigo mi aparato auditivo porque se me descompuso”. Me sentí muy mal, mi cara se puso roja de vergüenza y para acabarla que me suelto riendo de la vergüenza o no sé. Ella también se soltó a reír conmigo hasta que se nos salían las lágrimas. No me tuvo rencor, fue bien linda ella, después de unos días ella hizo lo mismo conmigo por otro asunto y quedamos a mano. © Tania P Enríquez / Facebook
  • Soy enfermera y una vez en el área de maternidad, una chica como de unos 25 años tuvo un bebé. Cuando llegué había un señor mayor, como de entre 60 a 70 años, estaba abrazando al recién nacido y le comenté: “Qué lindo consintiendo al nietito”, y me respondió de muy mal modo: “Es mi hijo”. Salí inmediatamente de la habitación. © Olga Villegas / Facebook
  • Yo trabajé con una chica que no tenía una manita, creo que así nació. Un día vi un dato curioso en Facebook de que las personas que tenían una cicatriz en un dedo de la mano izquierda era porque habían conocido al amor de su vida en su vida pasada. Alguna tontería así. Total que le enseñé qué yo tenía esa cicatriz y le dije: “A ver tú”, pero ella no tenía esa manita y yo me puse roja, ya no supe qué decir, me dieron muchas ganas de reír de vergüenza, pero resistí. © Bren García / Facebook
  • Un conocido me dijo que había fallecido su mamá y hablamos de eso durante todo el recorrido del autobús. Cuando estaba por bajarme le dije: “Mándale un beso a tu madre de mi parte”, inmediatamente me di cuenta y le dije “Ay no, a tu padre”. Todos en el autobús me miraron". © Yiovana Gordillo / Facebook
  • Hace años atendía las llamadas telefónicas en una radio religiosa. En general, la gente llamaba para pedir oración por sus problemas, pero sobre todo por enfermedades. Una noche llamó una señora que estaba enferma. Durante toda la charla traté de levantarle el ánimo. Cuando nos despedíamos, ya que ella se sentía algo mejor anímicamente, le dije: “Que descanses en paz”, y corté. No llamó nunca más. © Miriam Degi / Facebook
  • Una vez una amiga había terminado con su novio, y sin querer le dije: “Bueno, ni modo, te dejó por algo mejor”. Y en ese momento se puso a llorar. No me quedo más que pedir disculpas, pero todos los demás se terminaron riendo. © Ricardo Rabindanaht Pacheco Ramirez / Facebook
  • Iba caminando por la calle y vi adelante de mí a una señora. Al pasar, muy gentilmente le dije: “Señora, se le cayeron las medias, están arrugadas”. Ella volteó muy molesta y me respondió: “Hoy no me puse medias”. Hasta el día de hoy, cuando veo algo parecido en la calle prefiero no hacer comentarios. © Maria Elena Ortiz / Facebook
  • Yo siempre la riego, pero la más reciente fue cuando una amiga subió en su estado una prueba de embarazo positiva. Luego, cuando la vi en persona, me puse a sobarle la pancita, cuando ya no aguantó me dijo que no estaba embarazada. Le dije que por qué había subido ese estado y me dijo que era de su cuñada. © Marie Antnz / Facebook
  • Felicité a un compañero por su compromiso cuando días antes había terminado con la novia porque le puso el cuerno. © Nelly Cruz / Facebook
  • Un amigo fotógrafo tenía varios cuadros de quinceañeras, a mí se me ocurrió decirle cuáles estaban bonitos. Le señalé una y le dije: “Esa, por ejemplo, no me gusta como se ve. Su vestido es muy sencillo, sin chiste, las demás se ven bien bonitas”. Y que me dice: “Ella es mi hija”. Me quedé callado y le dije: “Bueno, pues, ya me voy a trabajar”. © Hector Acapulco Mix / Facebook
  • Una vez vi a una vecina a lo lejos y dije: “ahí viene la tonta esa que me cae mal”, cuando alguien detrás de mí me responde: “Esa tonta es mi hermana”. No me percaté de que su hermano estaba atrás de mí. Bueno, en realidad no sabía que él era su hermano. Ese día no sabía ni donde meterme, pero era verdad sí me caía mal. © Alejandra Anaya / Facebook
  • Un día estando en un puesto de seguridad dejamos el estacionamiento abierto. Se acercó una camioneta que empezó a dar vueltas, intentaba entrar, pero no entraba. Empezó a dar vueltas y más vueltas por el sitio hasta que se me ocurrió decir en voz alta: “Esa señora sí es bien loca y tonta para manejar”. Entonces un señor que estaba al lado mío, y que era médico, simplemente me miró y me contestó: “Esa señora loca y tonta viene a recogerme, es mi esposa”. Le contesté: “ah, menos mal que es cumplida, llegó a tiempo para recogerlo. Buen día, con permiso”. © German Cantor / Facebook
Imagen de portada Ana Lia Morales / Facebook

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