7+ Cosas que has hecho mal toda tu vida

Curiosidades
hace 1 año

¿Cuántas hojas de afeitar en buen estado has tirado porque se habían oxidado? ¿Y cuánto papel higiénico has desperdiciado porque no sabías aprovecharlo? Por suerte, eso puede cambiar si sigues unos simples consejos. Supongamos que acabas de llegar del supermercado. Las bolsas están llenas de productos frescos y artículos refrigerados. Si eres una persona del tipo A, probablemente mires tu refrigerador vacío y eches las cosas sin ningún tipo de organización. Pero, si eres del tipo B, es posible que te detengas un momento para evaluar la situación y buscar la mejor manera de distribuir tus alimentos. Sea cual sea tu situación, apuesto a que has estado guardando algunos productos esenciales de la manera incorrecta.

Como los huevos. Estamos acostumbrados a que vengan bien colocados en sus bandejas de cartón, listos para ser tomados de a uno y trasladados al compartimiento para huevos en la puerta del refrigerador. Pero, ¿alguna vez te has detenido a pensar si ese es el mejor lugar para guardarlos? ¡Resulta que no es el lugar ideal para ellos! La puerta es una de las partes más calientes del refrigerador, ya que se abre y se cierra constantemente, lo que compromete la calidad general de los huevos. Según los expertos en seguridad alimenticia, existe un orden correcto para guardar los alimentos dentro del refrigerador. La refrigeración desempeña un papel importante en la conservación de los alimentos. La primera regla para mantener los alimentos frescos es revisar siempre la temperatura de los lugares donde se almacenan.

La temperatura en el interior de los armarios de la cocina debe estar entre los 10 y los 21 grados. Y en lo que respecta al refrigerador, debe estar en torno a los 3 grados, mientras que el congelador nunca debe superar los 18 grados bajo cero. Refrigera tus alimentos según la temperatura de cocción, desde la temperatura más baja en los estantes superiores hasta la temperatura de cocción más alta en los estantes inferiores. Guarda los alimentos listos para consumir que necesitan poca o ninguna cocción en el primer estante del refrigerador. Después, organiza el resto de los estantes siguiendo la temperatura de cocción. En este caso, los huevos irían en el tercer o cuarto estante, ya que se cocinan entre los 63 y los 68 grados. Ahora, el pan. Si eres un consumidor de carbohidratos, seguramente has perdido varios paquetes de pan en el pasado. Son famosos por sus fechas de caducidad superrápidas y por las colonias de moho que aparecen de la nada y nos obligan a arrojar rebanadas enteras.

Tengo una buena noticia: existe una forma de mantener tu pan fresco durante semanas e incluso meses. Y contrariamente a lo que sucede con los huevos y la leche, el refrigerador no es el medio adecuado para ello. Separa las rebanadas de pan y guárdalas en una bolsa de plástico. Ahora, cierra la bolsa y elimina todo el aire de su interior. Asegúrate de dejar la bolsa tan libre de aire como puedas; eso es lo que garantizará un almacenamiento seguro. Guarda las bolsas de plástico herméticas en un congelador, y voilá. ¡Tu pan puede durar hasta 3 meses de esta manera! ¿Y qué hay de los pepinillos y otros frascos de condimentos? Para que duren más tiempo, guárdalos boca abajo, ya que así evitarás la aparición de moho. Y sí, puedes guardarlos en la puerta de tu refrigerador, no hay ningún problema. Antes de salir de la cocina, prueba esto. Siempre que compres una nueva olla o sartén antiadherente, sazónala antes de preparar algo en ella.

En primer lugar, necesitarás aceite. Frota los bordes de tu olla y déjala en el horno unos 60 segundos. Deja que absorba el calor. Después, retírala del fuego y déjala enfriar. Limpia el exceso de aceite ¡y ya está! De este modo, el aceite rellenará los pequeños huecos o poros de la olla, alisando la superficie hasta que todo quede uniforme. Ahora puedes exponerla a altas temperaturas sin dañarla. Pasemos al baño. El papel higiénico es fácilmente uno de los artículos domésticos más desperdiciados. Por más que nos demos cuenta, no hacemos mucho para cambiar nuestra manera de usarlo. Más allá de la clásica discusión sobre cómo debemos colocarlo, hay un hábito menos conocido que solemos ignorar. En caso de que no estés al tanto, la ciencia del papel higiénico ha debatido durante mucho tiempo si la forma correcta de colgar el rollo es con el extremo suelto colgado hacia adelante o hacia atrás, junto a la pared. Y aunque apuesto a que muchos de ustedes ya conocen la respuesta, me gustaría que me dieran un redoble de tambor, por favor.

Si dijiste “con el extremo suelto colgado hacia adelante”, estás en lo cierto. Es así por la sencilla razón de que esta posición facilita el acceso al extremo suelto del papel y minimiza el riesgo de que se acumulen gérmenes en la pared y tus manos. Pero el ingenio del papel higiénico no acaba aquí. ¿Sabías que, para reducir el desperdicio de papel, debes aplastar los rollos antes de colgarlos en el baño? Cuando digo aplastar, me refiero a apoyarlos horizontalmente y apretarlos con la mano hasta que su centro esférico se haya convertido en un óvalo casi aplanado. Sí, debes aplanar el papel higiénico, y no, no perdí la cabeza: eso ya pasó hace mucho tiempo. El objetivo de esta práctica es dificultar la rotación del papel higiénico. Cuando lo cuelgas en su forma habitual y circular, gira con demasiada facilidad. De este modo, nos permite a nosotros (los usuarios del papel higiénico) disfrutarlo sin esfuerzo y de forma ilimitada. Dependiendo de la fuerza que utilicemos para tirar del papel, terminaremos teniendo el doble o el triple de la cantidad que necesitábamos en un principio.

Y claro, podríamos volver a enrollar el exceso. Pero apuesto a que la mayoría de nosotros no lo hacemos y terminamos desperdiciando trozos enormes. Ya entiendes la idea, ¿verdad? Un papel con forma ovalada obliga a una rotación más controlada y, por lo tanto, a un menor desperdicio de papel. Después tenemos las hojas de afeitar. Si eres de los que no paran de comprar hojas porque la que compraste hace cinco días ya está oxidada por la humedad de tu baño, tal vez quieras escuchar esto. No es cierto que las cuchillas de afeitar tengan una esperanza de vida tan corta. Pueden y deberían durar más tiempo en nuestros armarios de baño, solo hay que saber manejarlas. No hace falta ser un experto para saber que un ambiente cálido y húmedo no se lleva bien con el acero de las cuchillas. Así que, para empezar, siempre debes secarlas después de usarlas, sobre todo si el último uso fue en la ducha. Luego, guárdalas en un lugar fresco y seco, incluso fuera del baño. De esta manera, durarán mucho más.

El uso de una cuchilla oxidada puede ser especialmente perjudicial para la piel, ya que contribuye a la aparición de infecciones bacterianas o fúngicas. Por eso, dejar la hoja boca abajo en un charco de agua de la ducha no es una buena idea, tenlo en cuenta. Después de esa deliciosa ducha, algunas personas van a sus habitaciones. Si se acerca la hora de dormir, puede que hasta decidan encender esa vela en la mesita de noche para disfrutar de su agradable aroma a almizcle blanco y vainilla. Pero si tu vela se consume demasiado rápido, prueba estos trucos para ver si dura más. Puedes recortar la mecha de tu vela varias veces y mantenerla lo más alejada posible del agua y la humedad. Así garantizarás que la cera de se mantenga firme y estable y, por lo tanto, siga ardiendo más lentamente y por más tiempo.

Otro pequeño consejo sobre las velas: una vez que se hayan consumido, nunca tires los recipientes. Supongamos que has llegado al final de la vela, ¡felicidades! Hierve un poco de agua, lava el recipiente con detergente y agua tibia, limpia los restos de cera ¡y reutilízalo! Puedes plantar una suculenta, guardar pinceles o usarlo para cualquier cosa que tú quieras. Y ahí lo tienes. Los pequeños cambios en tus hábitos pueden lograr grandes resultados en tu vida diaria. Asegúrate de conocerlos todos, y cuéntanos en los comentarios cuál fue tu favorito. Yo planeo hacer velas con papel higiénico. Ya veremos qué tal me va...

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