20 Pruebas de que con un poco de amabilidad, podemos darle un giro positivo al día de alguien más

Dicen que escoger el nombre de un bebé es una gran responsabilidad, ya que lo llevará consigo durante toda su vida. Aunque esto puede sonar intimídate, algunas veces los padres se equivocan y terminan arrepintiéndose, pero solo algunos de ellos deciden cambiar la forma en que llaman a sus hijos, formalmente. Eso es lo que le ocurrió a la mujer de esta historia, quien decidió modificar el nombre de su hijo de 2 años.
Comencé a dudar de la decisión que habíamos tomado mi esposo y yo, cuando el pequeño empezó a hablar. Cuando alguna persona le pedía que dijera cómo se llamaba, él, en su media lengua, decía “Pedo”. Poco a poco, la gente empezó a decir que mi pequeño podría ser molestado en la escuela por los apodos que podrían ponerle. Con nuestro primer hijo, no se nos hizo difícil escoger el nombre, pero con el segundo, estábamos luchando por encontrar el correcto y nos decidimos por “Pedro” después de verlo en una lista de nombres en internet. Pensé que encajaría cuando nació, pero después de un tiempo ya no me sentía a gusto.
Llegó un punto en el que ya no lo soporté más: había llevado a mis hijos al parque y, estando allí, otros niños se acercaron a mi hijo menor para jugar con él. Todo iba bien, hasta que le preguntaron su nombre. Al escuchar que él mismo se llamaba “Pedo”, los niños empezaron a reírse y a burlarse escandalosamente, haciendo que Mateo se sienta muy mal y corra llorando hacia mí. Después de ese incidente, hablé con mi hermana Valentina. Le comenté lo que había pasado y cómo me sentía y ella sugirió que, si no estaba feliz, que le cambiara el nombre. Ella dijo, con mucha naturalidad: “¿por qué no se lo cambias? Todavía es joven y no es como si estuviera apegado al nombre”. Fue como si me diera el permiso para hacerlo.
Antes de tomar la decisión, hablé con mi esposo Sebastián, de 35 años, para ver si estaba de acuerdo en empezar a probar nombres nuevos para nuestro hijo. Nunca nos habíamos emocionado mucho con el nombre “Pedro”, pero después de buscar por mucho tiempo uno que nos gustara a ambos, nos decidimos por este, ya que era el único que realmente nos había llamado la atención.
El siguiente paso fue iniciar el proceso para cambiar legalmente el nombre de nuestro hijo a “Mateo”, pero debido a problemas con el papeleo, tuvimos que esperar un año para que el cambio sea oficial. A pesar de todo, estoy contenta de haberlo hecho y no tengo planeado volver a cambiárselo.
Ahora creo que a las mujeres embarazadas no se les debería permitir elegir el nombre para sus hijos hasta que nazca el pequeño. Siento que debería ser ilegal elegir un nombre cuando estás embarazada, debido a la tonelada de hormonas que cargas encima. Mateo sabe que se llamó Pedro durante dos años. Es una parte divertida de su historia.