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13 Prescripciones médicas que solemos ignorar y que nos generan graves consecuencias

Imaginemos una situación: te duele algo y, al visitar al médico, recibes una lista de instrucciones e indicaciones. ¿Qué haces? ¿Cumples las órdenes o haces todo a tu manera? Se ha demostrado que a la mayoría de los pacientes les gusta hacer pequeños ajustes al plan de tratamiento ejerciendo su criterio, y esas “correcciones” no siempre son inofensivas.

Genial.guru recopiló los ejemplos más comunes de recomendaciones de médicos que nos parecen insignificantes, pero cuyo incumplimiento puede empeorar nuestra salud.

1. Uso de la solución salina para la nariz

Según los fabricantes, los aerosoles con agua de mar no tienen ningún efecto secundario. A menudo, cuando tenemos un resfriado, felizmente reemplazamos las gotas prescritas con ellas. Pero a los médicos no les gustan mucho. Por supuesto, limpian perfectamente e hidratan la membrana mucosa. Pero debes recordar que la nasofaringe se comunica con la cavidad del oído medio, la trompa de Eustaquio (auditiva). Por lo tanto, si se usan incorrectamente (con una congestión fuerte, echando la cabeza hacia atrás y sin ajustar la presión), corremos el riesgo de contraer otitis. Esto es especialmente peligroso para los niños, cuya trompa es recta y más corta.

2. Usar gotas vasoconstrictoras solo por el tiempo indicado en las instrucciones

Los aerosoles y las gotas vasoconstrictoras, por ejemplo, xilometazolina, no fueron inventados para que pudiéramos vivir usándolos durante años. Son remedios sintomáticos antiedematosos, y se recomienda su uso estrictamente de acuerdo con las instrucciones: no más de 5 a 7 días y preferiblemente 1-2 veces a diario (por ejemplo, a la hora de acostarse). Es muy fácil contraer rinitis medicamentosa con su abuso, una verdadera adicción que provoca que la nariz no pueda respirar sin ellas, y es muy probable que este problema deba resolverse quirúrgicamente. Otra opción más rara, pero no menos desagradable, es la ocena (rinitis atrófica), acompañada de inflamación crónica y pérdida del olfato.

3. Normas de preparación para exámenes médicos

¿Te dijeron que tenías que hacerte una ecografía con el estómago vacío y que siguieras una dieta durante un par de días antes del examen, pero decidiste que nada sucedería si comías una ligera ensalada de manzana y repollo? Entonces, no esperes “imágenes” claras. No seguir todas las normas de preparación para procedimientos endoscópicos como la gastroscopiala colonoscopia no solo te causarán problemas a ti y al médico, sino que además te obligarán a repetir el desagradable examen. Las reglas para prepararse están dictadas por la práctica, y no por el deseo personal de los médicos de matarte de hambre o hacerte seguir una dieta. Recuerda esto cuando decidas romperlas la próxima vez.

4. Ser franco con un médico

Pocas personas ocultarán el hábito de fumar cuando se trata de enfermedades pulmonares, pero muchos consideran inocente, por ejemplo, saltarse este punto en una charla con un ginecólogo, o no mencionar el estrés en el trabajo y el consumo abusivo de un popular sedante. Como resultado, las medicinas prescritas pueden ser ineficaces o incluso aumentar el riesgo de padecer problemas de salud (por ejemplo, tromboembolismo). Deja que tu médico decida si tus hábitos son relevantes en el contexto del problema o no.

5. Cumplir con las restricciones de actividad física

Cuando tu médico clínico te recomienda hacer reposo, generalmente eso no significa que tienes que estar en cama todo el día. En caso de enfermedades leves, es más probable que se trate de una recomendación de reducir la actividad física y descansar más. Se sabe que la limitación del ejercicio durante una afección provoca una redistribución de los recursos: lo “ahorrado” se destina a mejorar la inmunidad. Además, muchas enfermedades “habituales” tienen doble fondo. Por ejemplo, si vas a trabajar teniendo angina, puedes contraer fiebre reumática con graves consecuencias para el corazón, el cerebro y las articulaciones.

6. No cambiar medicamentos recetados a otros por elección propia

Probablemente, todos escucharon acerca de las listas de análogos baratos de medicamentos caros. La realidad es cruel: incluso los llamados genéricos pueden diferir en las condiciones de producción, el grado de purificación y la composición. Además, a menudo se consideran análogos los medicamentos apenas similares, como el miramistin caro y la clorhexidina barata (que no posee propiedades antivirales, produce muchos más efectos secundarios cuando se aplica a las membranas mucosas y genera placa en los dientes). La mejor opción es consultar a tu médico. Como regla general, él ya tiene estadísticas sobre el uso de varios medicamentos y puede decir si es posible reemplazarlos con unos más baratos, o si esos análogos tienen mala fama.

7. Consumo de antidepresivos y diuréticos

Un cóctel de antidepresivos y furosemida (diurético) que fue popular hace 10 años hoy está “pasado de moda”, y eso es bueno. Se demostró que tomar estos medicamentos puede causar aumento de peso. En su lista de efectos secundarios, además de la pérdida de apetito (que, por cierto, no necesariamente va a presentarse), puedes encontrar trastornos digestivos, somnolencia diurna, insomnio, confusión y pensamientos suicidas. Y el uso demasiado frecuente de diuréticos aumenta el riesgo de sufrir un ataque al corazón. Puedes tomar tales medicamentos estrictamente bajo la supervisión de tu médico y por prescripción.

8. Usar recipientes estériles a la hora de hacerse un análisis

Hoy en día, cuando los recipientes estériles se venden por monedas en farmacias y supermercados, el uso de frascos de cualquier tipo es bastante desconcertante. Pero todavía hay a quienes les resulta más fácil lavar que comprar. Debes recordar que es imposible limpiar a la perfección un contenedor usado, no importa cuánto lo intentes. La precisión será menor y, bajo un microscopio, el técnico puede detectar muchas impurezas secundarias. Es por eso por lo que en muchos laboratorios reciben el material biológico solo en un recipiente desechable, lo que provocaría que, en caso de no respetar eso, tengas que regresar otro día.

9. No usar antisépticos fuertes y pomadas antibacterianas en heridas abiertas

“Si sientes que arde, entonces funciona” es una frase que memorizamos desde la infancia. De hecho, esa sensación puede ser más probablemente un síntoma de una quemadura química que otra cosa. Vale la pena recordar que es mucho más preferible escuchar a un médico y usar clorhexidina o povidona yodada (betadine) para tratar las heridas, en lugar de recurrir al yodo habitual, pero traumático. También debes tener cuidado con el uso de pomadas antibacterianas (la más popular es Levomekol). Su propósito es tratar heridas infectadas, e incluso las instrucciones explican que debe usarse hasta la limpieza completa, y no hasta la curación.

10. Prestar atención a los tratamientos designados

Muchos, tras recibir indicaciones de un terapeuta por una enfermedad respiratoria aguda, por regla general, leen solo hasta el final de la lista de medicamentos necesarios. Y eso está mal. Varios pueden aliviar significativamente el estado de un paciente ya en los primeros días. Sin embargo, vale la pena recordar que no son un sustituto para el tratamiento completo y tienen contraindicaciones. Aplicarlos por tu cuenta puede ser perjudicial para tu salud.

  • Las inhalaciones facilitarán la eliminación de mocos y esputos del tracto respiratorio, y con el uso de un nebulizador, es posible aplicar el medicamento en el lugar indicado. Pero recuerda que este método tiene contraindicaciones (por ejemplo, fiebre alta, problemas en el corazón, pulmones y alergias). Además, las inhalaciones populares de vapor están totalmente prohibidas para los niños (ya que existe un alto riesgo de que sufran quemaduras).
  • Las gárgaras con agua tibia y sal, furatsilina y otros enjuagues de prescripción médica, pueden aliviar el dolor de garganta y eliminar las bacterias patógenas, mientras que el medicamento principal combate la enfermedad.

11. Dejar de fumar durante una enfermedad

Fumar realmente alarga el curso de las enfermedades respiratorias. También se ha demostrado que puede reducir la eficacia de ciertos medicamentos y aumentar los síntomas de afecciones que ni siquiera están asociadas con los pulmones. Por ejemplo, fue confirmado el deterioro del estado de los pacientes fumadores con enfermedades intestinales (colitis y enfermedad de Crohn).

12. Relajarte y no escuchar las historias de horror de los “sobrevivientes” ante un procedimiento desagradable

Al escuchar las impresiones de un “sobreviviente” después de una u otra manipulación dolorosa, te anticipas de antemano al dolor. Diversos estudios han demostrado que este efecto funciona en ambas direcciones. Nos duele menos si, por ejemplo, pensamos que tomamos un analgésico y, por el contrario, las sensaciones son más fuertes cuando esperamos la llegada del sufrimiento. Es por eso por lo que los médicos suelen decir: “Será un poco desagradable, pero tolerable”. Además, muchos procedimientos son mucho menos dolorosos si el paciente está relajado.

13. No duplicar una dosis si olvidaste tomar un medicamento

Todo el mundo sabe que no se puede interrumpir la toma, por ejemplo, de antibióticos, hormonas o antidepresivos. Pero, según las estadísticas, más del 80 % de los pacientes al menos una vez se olvida de tomar una pastilla. El mayor error es ingerir una dosis doble la próxima vez. La mayoría de los medicamentos están diseñados para mantener una concentración constante de este en la sangre, y no necesitamos aumentarla. Si no tienes instrucciones del médico para esos casos, generalmente se recomienda:

  • Tomar el medicamento tan pronto como lo recuerdes si aún falta mucho tiempo para la siguiente dosis.
  • Tomar una dosis normal a la hora habitual.

Y, por supuesto, vale la pena poner un recordatorio para tomar medicamentos, para que no vuelvas a olvidarte del tratamiento.

¿Has cometido alguno de estos “13 Pecados capitales de pacientes”? ¿Hay alguna indicación tradicional que prefieras ignorar? ¿Por qué?

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