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17 Trucos que aprendí cuando trabajé como mercadólogo en una red comercial (no volverás a caer en ellos)

¡Hola a todos! Mi nombre es Pablo, y durante muchos años trabajé como mercadólogo en oficinas de diferentes empresas donde aprendí, utilicé y desarrollé diferentes trucos para hacer que las personas compraran más de lo que realmente necesitaban. Confieso que ya estaba cansado de confundir a los simples compradores, así que dejé mi profesión, por lo que ahora puedo hablarte honestamente sobre algunos trucos que podrían utilizar contigo en prácticamente todas las tiendas.

Especialmente para Genial.guru revelaré un par de secretos que me enseñó la profesión de mercadólogo para que, en tu próxima ida al supermercado, los trucos de los vendedores no golpeen fuertemente tu bolsillo.

1. Por qué te ofrecen probar algo comestible de manera gratuita en las tiendas

Frecuentemente se puede ver a simpáticos promotores realizando una degustación de un nuevo tipo de embutido, pasta y otros productos. Sin embargo, esto no se hace para que te enamores del sabor de ese alimento.

En realidad, te ofrecen probar algo comestible de manera gratuita únicamente para que te sientas obligado a comprarlo. Por ejemplo, al recibir un regalo inesperado por parte de un amigo decides que tienes que darle un presente como respuesta.

Las presentaciones emocionales de cualquier producto causan en los compradores potenciales una mayor actividad neuronal en el cerebro en comparación con la presentación sencilla de un objeto, y, para las tiendas, un comprador emocional es mucho mejor que uno racional.

2. Magia de los números en los precios

Sabemos que las redes comerciales adoran escribir 99,99 en lugar de 100 para que inconscientemente el producto nos parezca más barato. Además, las cifras sin redondear nos causan una mayor credibilidad. No obstante, existe una magia en aquellos números que le gustan más a nuestro cerebro. Estamos acostumbrados a ver el 9 en los precios, pero créeme, los números 7, 5 y 4 también funcionan.

Por ejemplo, para aumentar las ventas de un tipo de producto, simplemente se puede colocar al lado uno similar con un número “horrible” en el precio (1, 2, 3, 6, 8). Nuestro cerebro rápidamente escogerá aquel producto en cuyo precio se encuentren presentes los números “agradables”, incluso si este es un poco más caro o barato que un artículo de la competencia.

3. Espejos en el piso de los comercios

¿Has notado que en los supermercados frecuentemente hay superficies bien pulidas en las que puedes ver tu reflejo? Esto no se hace para que te admires a ti mismo. Los espejos que, por ejemplo, frecuentemente se pueden ver sobre los estantes con frutas y verduras no están allí por casualidad. Ellos te ayudan a ver el artículo que se encuentra en el rincón más alejado, ampliando visualmente el espacio.

Pero lo esencial es que los espejos en los pisos de los comercios te hacen moverte más lento. Y, si te detienes para ver tu reflejo (ya que esto frecuentemente ocurre de forma inconsciente), entonces, con un elevado porcentaje de probabilidad prestarás atención a los artículos que se encuentran colocados al lado de la superficie con el espejo, y lo más probable es que quieras comprarlos.

4. Doble significado en las palabras del embalaje

Si el recipiente de tu kétchup o mayonesa favorita de pronto se hizo más grande y sobre él destaca claramente la leyenda: “20 % más”, no significa que se trate de un generoso incremento en el total del producto. A veces hay una nota sobre esta frase (en algún lugar con letras pequeñas en el reverso del embalaje) la cual explica que tú recibirás 20 por ciento más de sabor o de satisfacción, y no necesariamente del total de producto.

Tal jugada engañosa de los mercadólogos, por ejemplo, puede servir como un argumento (como te puede parecer a primera vista) razonable para un insignificante aumento en el precio de un producto sin un aumento en el costo de su elaboración, ya que rara vez un comprador lee toda la información en el reverso del embalaje y prácticamente nunca ve los párrafos que se encuentran después de la descripción de la composición del producto, únicamente si no se trata de una lata de perfume para el baño.

5. El querer solucionar nuestros problemas es el mayor motivo para comprar

Frecuentemente, en el embalaje de un artículo y también en los anuncios publicitarios podemos ver mensajes que estipulan que tal producto puede resolver prácticamente todos nuestros problemas. Por ejemplo, con una mayor probabilidad escogerás una crema en cuya etiqueta se encuentre escrito que ralentiza el envejecimiento, y no aquella que simplemente humedece o relaja la piel (a pesar de que su composición y precio no difiera).

Por muy paradójico que suene esto, un punto de presión causa una mayor estimulación para realizar una compra en comparación con el simple placer. Es decir, un producto en el cual se encuentra escrito que ayudará a resolver todos nuestros problemas o evitarlos siempre tendrá demanda, ya que lo importante para nuestro cerebro es simplemente una elección correcta de palabras en la etiqueta en lugar de la composición del producto.

6. Los vendedores y compradores deben tener un enemigo común

En la vida, nosotros podemos relacionarnos con quien sea si queremos demasiado a la misma persona, y podemos aliarnos con otros si no soportamos a alguien. Lo mismo sucede en las ventas. Los mercadólogos intentan encontrar un enemigo en común para los consumidores de su producto y hacer que compren el “mejor” artículo.

Por ejemplo, muchos fabricantes saben lo mucho que deseas algo dulce cuando estás haciendo dieta, por eso lanzan al mercado productos bajos en calorías, los cuales, aun así, contienen demasiado azúcar. En tal caso, el exceso de calorías constituye un enemigo en común para ti y para los mercadólogos, el cual se puede vencer fácilmente si seleccionas un producto con un mínimo contenido calórico.

7. Palabras llamativas

Existen muchas palabras que utilizan los creativos publicistas para que te den ganas de comprar más de un determinado artículo. En las tiendas frecuentemente se pueden ver enormes precios en rojo sobre el techo, en los cuales suele estar escrito, por ejemplo, “Todo por 1 USD”.

El hecho es que tales palabras adicionales, las cuales se agregan al precio del artículo, inconscientemente minimizan el costo. Es decir, existe la posibilidad de que a nuestro cerebro le parezca que entre un artículo por “1 USD” y un producto “Todo por 1 USD”, una oferta más lucrativa resida precisamente en el último ejemplo.

8. Más no significa barato

Recuerda que un pedazo de queso gratis únicamente existe en una ratonera. Cualquier artículo en el cual se encuentre escrito que junto con su compra obtendrás algo gratis siempre implica que el regalo esté incluido en el precio. Y, por ejemplo, no siempre 5 paquetes de goma de mascar embalados juntos con una tentadora leyenda cuestan mucho más barato que 5 paquetes por separado.

Con mucha frecuencia, tales ofertas del mismo producto se encuentran en diferentes lados de la tienda para que no puedas comparar su precio y darte cuenta de un beneficio inexistente.

9. La consistencia del producto como motor de venta

Los mercadólogos no solo inventan ruidosos eslóganes y campañas publicitarias, sino que también pueden tomar participación en la elaboración de la composición de un producto. Por ejemplo, saben que la textura crujiente de un producto no te permitirá detenerte a la mitad del paquete, y la cremosidad de un alimento crea la ilusión de un contenido bajo en calorías, ya que prácticamente se derrite en tu boca, por lo cual, el cerebro lo percibe como un ligero aperitivo, y ni siquiera te das cuenta de que comiste de más.

10. La salivación influye en la percepción del sabor de un producto

La mantequilla, el chocolate y diferentes salsas aumentan la salivación y permiten percibir mejor el sabor de un determinado producto. Por eso, los artículos con tales componentes frecuentemente nos parecen más deliciosos y seductores, incluso cuando solo vemos el embalaje con su imagen.

11. El color de los plátanos es lo que nos hace comprarlos

Los proveedores de plátanos saben qué color deben tener los frutos para que los consideres frescos y quieras comprarlos. Para esto incluso han inventado un nombre único, Buttercup (“Ranúnculo)”, debido a la semejanza con un tono especial a “frescura”. El color amarillo de los plátanos que las personas quieren comprar es similar al de la famosa flor.

12. Regar para conseguir una sensación de frescura

Para que las frutas y verduras en los estantes del supermercado parezcan más frescas, en Dinamarca se instalaron pequeños rociadores, los cuales automáticamente lanzan agua a los productos. Las pequeñas gotas se ven como rocío, y nuestro cerebro lo percibe como un signo de frescura. Actualmente, en muchas tiendas, se utilizan atomizadores para conseguir ese efecto.

13. Pagar más por el embalaje que por el producto

En la actualidad, los artículos en las tiendas son tantos que los productores comienzan a competir entre ellos, no solo cambiando el volumen, la manera de colocación y la composición de un artículo, sino también su embalaje. Por ejemplo, para destacar una botella de agua habitual entre decenas de productos similares inventan una forma original para que tú, o, mejor dicho, tus hijos, se fijen en ella y quieran comprarla.

Además, un cambio en el embalaje de un artículo frecuentemente conduce a un aumento en el costo del producto, a pesar de que su composición y calidad siga siendo la misma. Sin embargo, con felicidad estás dispuesto a pagar un poco más, ya que simplemente te agrada la nueva decoración.

14. Posición específica de un producto

Una gran parte del presupuesto publicitario de los fabricantes de productos se destina a comprar los mejores lugares en las tiendas, para que, con toda seguridad, las personas puedan observar sus artículos y quieran comprarlos. Por ejemplo, las ventas de productos colocados en el mostrador son 20 % más altas en comparación con aquellos que se encuentran en los estantes de la tienda.

Para que la elección caiga sobre ti, a veces, los mercadólogos lanzan basura a los mostradores de la competencia o artículos adicionales de un determinado producto para que se vea desagradable y los compradores no tengan deseos de tomar un artículo desde tales sitios.

15. Productos de bajo costo

Cuando vas a la tienda por algún producto muy popular, este habitualmente se encuentra cerca del borde de las estanterías, y esto no es por casualidad. Tal artículo permite llamar la atención y vender los productos vecinos, los cuales verás en cualquier caso. Por ejemplo, cuando buscas tu champú favorito en un estante de una tienda sin fin.

Generalmente, cuando el artículo no se encuentra en el estante, los productos vecinos pueden estar allí durante semanas. Y precisamente por eso los empleados de la tienda supervisan detenidamente para que no haya vacíos en los estantes. Los productos se mueven de manera constante y se colocan exactamente en las estanterías para que te confundas con tal enorme selección y permanezcas por más tiempo en la tienda.

16. Parejas de grupos

Al colocar ciertos artículos en el mismo piso de comercio se utiliza el principio de emparejamiento lógico, como té, café y confitería, embutidos, salchicha y kétchup. Esto solamente se hace para que puedas realizar más compras, incluso si únicamente fuiste al supermercado por un cepillo de dientes, pero pronto recordaste que deberías cambiar la pasta dental que solías usar y encontraste un buen descuento válido solo por ese día.

17. Vigilancia

Las videocámaras en los supermercados no están instaladas para vigilar a los ladrones, ya que, por lo general, en el precio de prácticamente todos los productos en la sala de comercio se incluye un recargo en caso de que los artículos sean robados, rotos o comidos directamente en el lugar. En realidad, las cámaras son necesarias para que los especialistas en ventas de productos puedan observar el comportamiento de los compradores.

Incluso existen dispositivos que observan la temperatura del cuerpo y capturan las pequeñas emociones de la persona cuando ve un determinado producto. Estos datos se recopilan y analizan solo para entender qué influyó en la decisión del comprador para adquirir o posponer la compra un producto, además de encontrar el mejor lugar para su ubicación en la tienda.

Bono: cómo tomar un carrito del supermercado sin usar monedas

Para tomar un carrito del supermercado ya no necesitas una moneda. Simplemente saca tus llaves y coloca el anillo de tu llavero en el lugar indicado. Cuando el candado se separe, entonces inmediatamente podrás sacar el anillo. Este truco es para un caso en el cual no tengas a la mano una moneda, pero no olvides devolver el carrito a su lugar y colocarlo bajo candado cuando termines de hacer tus compras.

¿Tienes tus propios trucos que te ayudan a no caer en las trampas de los mercadólogos en los supermercados? Cuéntanos en la sección de comentarios.