Genial
NuevoPopular
Inspiración
Creación
Admiración

Durante 5 años he intentado no dañar el medio ambiente, y quiero contarte las ventajas y desventajas de mi decisión

¡Hola! Me llamo Mila. Hace 5 años comencé a viajar mucho y uno de los primeros países que visite fue Alemania. Me sorprendió la forma tan cuidadosa en que sus habitantes tratan el medio ambiente: separan la basura, instalan paneles solares, entregan botellas en máquinas recicladoras y rechazan el uso de las bolsas de plástico. Inspirándome en su ejemplo, también decidí ayudar a la naturaleza y reducir la cantidad de basura en el planeta.

Para los lectores de Genial.guru, hice una lista de hábitos ecológicos que he tratado de aplicar en la vida cotidiana y contaré honestamente cuáles fueron más fáciles y con cuáles tuve más dificultad.

La mayoría de los consejos ecológicos resultaron ser fáciles de aplicar en la vida

Prácticamente, comencé de inmediato:

  • Llevar bolsas de tela al supermercado. En general, esto también lo hacen las personas que no piensan en la ecología. Las bolsas densas se venden en casi todos los grandes supermercados. Es muy cómodo llevar en ellas productos y también ahorras en bolsas de plástico.
  • Usar botellas reutilizables. Voy al gimnasio 3 veces a la semana. Antes, todos los días compraba una botella de agua en el supermercado. Después de pasar a un estilo de vida ecológico, pedí en internet una botella reutilizable y comencé a llevarla a todos lados: al gimnasio, a los paseos, a la universidad, a los viajes. Al igual que las bolsas de tela, también te ayudan a ahorrar en tus finanzas.
  • Usar bolsas de tela en lugar de bolsas de plástico. Si observamos de dónde obtenemos la mayor cantidad de basura de plástico en casa, nos daremos cuenta de que proviene de envolturas de productos y bolsas de plástico. Para evitarlas, ordené en línea unas bolsitas reutilizables y comencé a pesar las verduras y frutas en ellas, las cuales anteriormente colocaba en bolsas de plástico. Al principio, los cajeros se sorprendían cuando veían las bolsitas en la banda transportadora. Pero después se convirtió en una tendencia y ahora muchas bolsas reutilizables se venden en todos los grandes supermercados.
  • Entregar ropa y pilas para reciclar. Comencé a llevar la ropa innecesaria y otros textiles a los puntos de entrega en mi ciudad y las pilas a las tiendas de electrodomésticos. Prácticamente en todas hay un bote en donde se pueden colocar.
  • Entregar cosas innecesarias a buenas manos. Muchas cosas se vuelven innecesarias cuando todavía están en buen estado. En ese caso, me dirijo a un foro local o publico en línea “Entrego gratis”. En un día puedes encontrar personas que las necesitan y ellos mismos recogen las cosas. Es bueno para todos: hay menos basura en el medio ambiente, me deshago de cosas innecesarias y otros reciben gratis lo que necesitaban y así ahorran dinero.
  • Comprar productos locales. La leche que produjeron a centenas de kilómetros de mí, deja un gran rastro ecológico en comparación con aquella que proviene de una productora local. Para entregar los productos de regiones lejanas, se gastan muchos recursos, sobre todo, combustible. De mi región, la leche llegará hasta la tienda más cercana con un rastro ecológico menor. Por eso trato de comprar la mayoría de los productos de productores locales.
  • Usar pilas recargables. En algún momento, me harté de llevar las pilas a reciclar. Entonces busqué en Google qué pilas recargables existían. En el supermercado compré un kit de cargador, dos pilas AA y dos pilas AAA. Como resultado, en los últimos años, me he olvidado de la compra de pilas desechables.
  • Separar la basura. Al principio, puedes tener dificultades con la separación de la basura, en mi región simplemente no existía esto. Después comenzaron a aparecer diferentes estaciones en donde se podía entregar determinados tipos de plástico. Pero los puntos de entrega se ubicaban en las afueras de la ciudad y no siempre era cómodo ir hasta allá. Sin embargo, hace 2 o 3 años, cerca de mi casa colocaron otro contenedor de basura. Allí se puede colocar papel, cartón, vidrio y botellas de plástico. Así, adquirí otra cubeta en la cual coloco toda la basura reciclable y después la llevo al contenedor especial.
  • Leer libros electrónicos en lugar de los de papel. ¡Posiblemente esta sea la iniciativa ecológica más fácil! Además de una cuidadosa actitud hacia los recursos naturales, tiene otras ventajas. Así, gasto menos en libros electrónicos, puedo llevar mi propia biblioteca a todos lados y no cansarme, hacer notas y subrayar los momentos interesantes directamente en las páginas sin tener miedo de maltratar las hojas.
  • Rechazar los popotes de plástico. Es igual de fácil que con los libros de papel. No vi una diferencia fundamental en tomar una bebida a través de un popote o sin él.
  • Rechazar detergentes con componentes agresivos. En internet leí que los tensoactivos agresivos y micropartículas contaminan el agua. Entonces probé a reemplazar todos los detergentes con un jabón normal, del que usaban nuestras abuelas. Es sorprendente, pero en cinco años no he encontrado ninguna mancha que esto no haya podido combatir.
  • Reducir el consumo de electricidad. Para esto me enseñé a mí misma a apagar las luces en cuanto salgo de un espacio y cargar los dispositivos solo durante el día. Si lo haces en la noche, el teléfono se cargará dentro de un par de horas y el resto del tiempo el cargador le hará daño a la batería. Como resultado, aumentará la frecuencia de su reemplazo. Para eliminar una batería estropeada y la producción de una nueva, se gastarán muchos recursos, por eso es mejor cuidar la que ya tienes.
  • Comprar cotonetes a base de madera en lugar de plástico. En los supermercados solo veía cotonetes con una base de plástico, por eso comencé a ordenarlos en línea. Compro para que me alcance para todo el año. Así sale más barato y cómodo.

Al mismo tiempo, muchas iniciativas terminaron fracasando

No logré:

  • Comprar productos a granel. La mayor parte de los productos resultaron ser de mala calidad: granos de arroz y chícharos rotos, el trigo sarraceno con cáscara, la pasta se cuece rápido y se pone pegajosa. Lo único que me gustó comprar a granel fueron los frutos secos, pasas y rosa mosqueta para hacer bebidas calientes. Trato de comprar lo demás en un envase de papel o un paquete grande de 5 kilogramos.
  • Convertirme en vegetariana. Frecuentemente, la ganadería es la culpable de perjudiciales consecuencias ecológicas y la producción de gases de efecto invernadero. En un momento, pensé en este problema y traté de rechazar la carne. No lo logré. Cambiar un hábito de más de 20 años es casi imposible. Además, mi organismo no estaba listo para consumir una mayor cantidad de fibra y comenzó a rebelarse. Finalmente, continué siendo carnívora. Lo máximo que pude hacer fue reducir el consumo de carne roja a una vez a la semana y darles preferencia al pescado, pollo y pavo.
  • Comprar menos. Antes de adoptar un estilo de vida ecológico, no tenía idea de lo compulsiva que era al comprar. Resulta que comprar cosas bonitas para la casa, ropa nueva, cosméticos y otros artículos innecesarios solo son una manera de complacerme. Métodos como “posponer la compra hasta la siguiente semana y pensarlo bien” funcionan con éxito y yo, anualmente, sigo repartiendo mis cosas innecesarias por Internet.
  • Aquellos que tienen una piel seca o normal en el rostro, pueden usar cosméticos naturales sin problemas, ya que las marcas ecológicas de cosmética tienen un montón de buenos productos hidratantes. Pero yo no tuve suerte con mi piel: es grasa con tendencia al acné. Los cosméticos de las farmacias me ayudan a controlar la situación. La cosmética natural solo contamina mis poros debido a los aceites y causa irritación debido a la abundancia de extractos vegetales. Los bloqueadores son otro asunto. Escuché que contienen octorileno y otros filtros que contaminan el agua, pero aún no han inventado otro método contra las quemaduras.
  • Ahorrar agua. No avancé más allá de cerrar la llave cuando cepillo mis dientes. Además, probé a limitar el tiempo de mis duchas a entre 5 y 10 minutos, pero entendí que hay que mostrar un alto nivel de conciencia y controlar cada movimiento para bañarse rápido. Desafortunadamente, no lo pude hacer.
  • Comprar ropa y zapatos de segunda mando. No pude superar mi propia repugnancia al comprar ropa de segunda mano. En estas tiendas realizan una minuciosa desinfección, pero precisamente el olor químico me quitó la ganas de probarme prendas.
  • Usar fibras ecológicas para lavar los platos. Junto con los cotonetes con una base de madera y bolsas para verduras, pedí en internet fibras ecológicas. En general, las hacen a base de goma o de tela. Tales fibras casi no hacen espuma y el proceso tal cual me demora mucho tiempo. Finalmente, regresé a las de goma espuma pero todavía estoy en busca de una alternativa digna.
  • Rechazar las bolsas de basura. En la infancia, tenía mucho tiempo libre y sin problemas iba a tirar la basura a petición de mi mamá. Ahora no me puedo permitir tales paseos y después lavar la cubeta de residuos. Es más fácil tirar la basura en una bolsa de camino al gimnasio o a la tienda. Solo encontré una forma de ceder en algo: comprar bolsas biodegradables.
  • Usar la copa menstrual en lugar de toallas femeninas desechables. Hace un año leí que la copa ayuda a ahorrar en toallas femeninas y así reducir la cantidad de basura. Ordené dos piezas de diferentes tamaños. El primer día, todo se salió. Los siguientes meses, descubrí que era muy difícil fijarla adentro. Por muy bien que colocara la copa, de todos modos se deslizaba y se me salía todo. Tuve que volver a usar las toallas femeninas.

Estoy planeando seguir mis hábitos ecológicos y aplicar nuevos

Ahora, mi meta principal es reducir el consumo. A pesar de los fracasos en la reducción en la cantidad de mis compras, considero que tenemos que aspirar a la reducción en general al llevar un estilo de vida ecológico.

En este sentido, trato de moverme poco a poco y no limitarme a todo de inmediato. Es como las dietas: tarde o temprano te cansas. Lo mismo ocurre con las compras al limitarlas, tarde o temprano terminarás colapsando. Por eso comencé con los gastos principales: ropa y zapatos.

Apliqué un método de moda y creé un guardarropa cápsula. Ahora, en mi armario tengo aproximadamente 40 piezas de ropa y zapatos para todas las temporadas, los cuales se combinan libremente entre ellos. Además, he rechazado casi por completo las prendas blancas, ya que se ensucian más rápido y las desecho con mayor frecuencia. Actualmente, prácticamente todas las prendas en mi guardarropa son oscuras, pero se combinan fácilmente y los atuendos se ven con mucho más estilo sin aplicar tanto esfuerzo.

Compré mi guardarropa cápsula hace medio año. En los próximos años no tendré que agregar nada, excepto playeras básicas, cuando se desgasten las que tengo.

¿Qué hábitos podrías introducir a tu vida y cuáles no adoptarías?

Imagen de portada Depositphotos