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La historia de un padre soltero que se enfrentó a la condena de la sociedad por el hecho de separar a su hija de su madre

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En la sociedad moderna, los niños de los padres divorciados casi siempre se quedan con su madre, a menudo sin entender con cuál de los padres el niño se sentirá realmente bien. En los casos excepcionales en que el padre logra explicarle a su esposa y a la corte que es mejor educando al niño que su mamá, se enfrenta a la condena de la sociedad. La gente cree que separó al niño de su madre, y probablemente lo hizo recurriendo al engaño.

Un padre soltero apodado Mordoraptor que se encontró en una situación similar, cuenta sobre su divorcio en una red social. Su historia enseguida dio lugar a un debate, aparecieron un montón de comentarios como, “Es decir, ¿pusiste a tu hija en contra de su madre y presumes de ello?”. Genial.guru no pudo pasar por alto su conmovedora historia, ya que demuestra que algunos padres pueden cuidar a sus hijos mejor que las madres.

Mi exesposa y yo tenemos una gran diferencia de edad de 12 años. Después de dar a luz, ella sufrió una fuerte depresión, la cual, a veces, se agravaba, y luego se calmaba. Ahora entiendo que era necesario consultar a los médicos para recibir tratamiento, pero en aquel entonces no me daba cuenta de la gravedad de lo que estaba sucediendo.

Mi esposa se echaba a llorar 2-3 veces al mes, tirándome objetos pesados. Me gritaba, también solía insultarme en presencia de nuestra hija. Mi hija rompía en llanto, y yo tenía que calmarlas a las dos. Entonces, la esposa se disculpaba jurando que me amaba, y me parecía que a partir de ahora todo estaría bien, hasta el próximo episodio de histeria. Mi mujer tomaba varios sedantes, pero no le servían de nada.

A la edad de un año, nuestra hija comenzó a morderse las uñas, ni siquiera teníamos que cortarlas: no había nada que cortar. Intentamos romperle este hábito, pero ninguno de los métodos funcionó.

Pensaba que las vacaciones conjuntas nos iban a ayudar. Cuando la niña cumplió un año y medio, fuimos a Tailandia por primera vez, luego a Turquía y otra vez a Tailandia. Los viajes apenas mejoraron la situación, durante las vacaciones, mi esposa solo veía cosas negativas a su alrededor: hace mucho calor, la nevera es pequeña, no hay tiendas al lado del hotel.

Ahora creo que, para salvar a la familia, debimos llevar a la niña con su abuela e ir de vacaciones juntos. Quizás de esta forma podríamos haber salvado el matrimonio. Pero ahora es demasiado tarde para hablar de eso.

A fines del verano de 2017, los episodios histéricos de mi esposa se reanudaron. Le gritaba a la niña si ella no se quedaba dormida en un par de minutos, derramaba o rompía algo. La bebé tenía marcas de palmadas en sus nalgas, se negaba a dormir cuando la acostaba su madre, exigía que lo hiciera yo.

Mi bebé y yo siempre fuimos unidos. Pasé mucho tiempo con ella: casi desde el nacimiento paseaba y jugaba con mi hija, le leía cuentos de hadas, la bañaba, la alimentaba, la acostaba... Regresaba corriendo a casa del trabajo para ver a mi niña y a mi mujer. No intentaba pasar el mayor tiempo posible en algún lugar fuera de la casa, como lo hacen muchos padres, y cuando regresaba a nuestro hogar, no solía sentarme en la computadora para jugar a los “tanques” o navegar por Internet.

Me tocaba llevar a nuestra hija a la clínica: sentía pena por mi esposa, no quería que viera las lágrimas de la niña después de las inyecciones. Por lo tanto, yo solía llevar a nuestra hija a los médicos y a ponerle las vacunas, pasé una semana con ella en el hospital cuando la chiquita se contagió con rotavirus a la edad un año y medio.

En el otoño, mi esposa me rechazó y se mudó a otra habitación para dormir en el sofá. Ella dijo que necesitaba pensar en nosotros y no podía estar conmigo. Intenté hablar con ella, pero se encerró en sí misma. Cuando regresaba a casa del trabajo, la encontraba hablando por teléfono y a la niña viendo la tele.

No quiero contar lo que sucedió al final. Solo puedo decir que averigüé de sus conversaciones con amigos que, sobre todo, soñaba con divorciarse. Que ya no quería estar conmigo, sino que quería vivir sola. Había muchas otras cosas que no quiero compartir con todo el mundo y gracias a las cuales me di cuenta de que esta mujer se había convertido en una extraña para mí. Ella no quería buscar formas de reparar nuestra relación, mientras que yo no sé perdonar la traición.

Entonces decidí por cualquier medio asegurarme de que mi hija se quedara conmigo.

En enero de 2018, estábamos planeando ir a Tailandia con toda la familia, pero mi esposa entregó su boleto, diciendo que necesitaba estar sola y pensar. Fuimos juntos solo mi hija y yo.

Durante un mes en la Tierra de las Sonrisas, disfrutamos de un gran descanso. Todo este tiempo estaba pensando mucho en cómo establecer comunicación con mi esposa, que se convirtió en una desconocida para mí, para que la niña no fuera llevada a casa de mi suegra a 2 000 km de nuestra ciudad. Era posible que mi esposa estuviera en contra de que me quedara con nuestra hija después de divorcio, en este caso, la abuela se dedicaría a criar a nuestra hija. Y yo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que la niña se quedara conmigo. No podía dejar a mi hija.

Cuando regresamos, mi esposa todavía trataba de ser amigable, pero aun así se mantenía distante. Al final, le pregunté sobre su deseo de vivir sola. Al principio lo negaba, pero luego confesó. Tuvimos varias conversaciones, hablé con ella con mucho cuidado, convenciéndola de que sería mejor para todos.

Nos divorciamos El juez se sorprendió mucho cuando leyó la decisión del tribunal. Probablemente, eran muy raros los casos de divorcio en los que las parejas decidían dejar al niño con el padre sin discusión.

Primero, mi hija fue a un jardín de niños privado, a partir de septiembre de 2018 la inscribí en una guardería estatal. Ella es muy sociable; una pequeña agresión hacia otros niños, que mostraba al principio, gradualmente quedó en nada. En el verano, mi hija dejó de morderse las uñas. Ahora está feliz de estar en la guardería, le encanta cantar y bailar. Dos veces a la semana vamos a la piscina.

Mis padres viven casi tan lejos como los padres de mi esposa, así que tengo que enfrentar todos los problemas yo solo. Es difícil, por supuesto, pero se me da bien.

Ahora mi hija tiene 3,5 años, ella ama a su madre. Si le preguntas dónde está su mami, te dirá que mamá está en el trabajo. Nunca le digo que no tiene madre o que su madre es mala.

Al principio, mi exesposa visitaba a la niña 3-4 veces por semana, ahora, solo los fines de semana. Después del divorcio, la relación con ella mejoró. Cuando viene a visitar a nuestra hija, hablamos como buenos amigos.

¿Qué piensas? ¿Puede un padre hacer frente a la crianza de un hijo solo o es mejor confiarlo a su madre?

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