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17 Lectores de Genial contaron cómo pusieron en su lugar a los maleducados de forma rápida y con tacto

Algunas personas se entrometen descaradamente en los asuntos de los demás con sus consejos innecesarios, haciendo preguntas demasiado personales y comportándose de manera desdeñosa con el otro. Seguro que cada uno de ustedes también se ha encontrado con personas que entran al consultorio del médico sin esperar su turno, que estacionan descaradamente frente a la entrada o que te preguntan cuándo vas a tener un bebé. Y a menudo, aquellos que te rodean no reaccionan de ninguna manera, solo se indignan mentalmente.

En Genial.guru creemos que los insolentes se sienten muy cómodos precisamente porque su grosería se tolera en silencio. Pero nuestros lectores no son así: saben poner a los desubicados en su lugar de forma rápida y con tacto, sin deliberaciones innecesarias.

  • Una vez me preguntaron: “¿Estás segura de que podrás comprar ropa en nuestra tienda?”. Respondí: “No, no estoy segura. Si la ropa no me gusta, no la compraré”. © Olga Egorova / Facebook
  • Una vez me pasó esto. Aprendí cómo hacer pepinos encurtidos para que quedasen crujientes. ¡Todos los comían y alababan el crujido! Un hombre decidió hacer una broma y dijo: “Tienen una especie de crujido artificial”. Yo, sin pensarlo dos veces, le contesté que, al parecer, los mordía con dientes artificiales. Todos se rieron menos él. Y no supo qué contestar. © Yulia Isakson / Facebook
  • Mucha gente conoce los problemas de estacionamiento en las zonas comunes. Un hombre con un todoterreno estacionaba en dos plazas, a pesar de que podía caber en una. Aguantamos un tiempo, pero el hombre no respondía a las peticiones. No pude soportarlo y dejé una nota en el parabrisas: “Buena gente, ayúdenme a juntar dinero para la escuela de manejo, no sé estacionar bien”. Como por arte de magia, empezó a estacionar el coche correctamente. © Tatiana Telnova / Facebook
  • En mi juventud tenía muchos rizos. En la escuela técnica, un compañero de clase que era uno de los peores estudiantes dijo: “Es mejor ser malo que tener rizos”. A lo que respondí tranquilamente: “¡A cada uno lo suyo!”. Todo el mundo se echó a reír (yo era una excelente estudiante, el orgullo del curso). © Anna Kiriyak / Facebook
  • Un vecino sacó el árbol de Navidad en febrero y llenó toda la entrada de agujas. Esperamos dos días para ver si lo limpiaba, pero no lo hizo. Colgué una nota abajo: “Querido vecino, nos alegramos de que por fin te hayas deshecho de tu árbol, pero te has olvidado de cubrir tus huellas. Ese mismo día cuando llegué a casa, lo vi barriendo, frustrado. © Tatiana Telnova / Facebook
  • Una vez estuve buscando que alguien adoptara a un cachorro común y corriente que encontré en la calle. Una chica me envió un mensaje y me dijo: “¿De qué raza es?”. Dije: “La raza es ’el cachorro más lindo buscando una familia’”. Respondió: “Pues no, no queremos un perro que no sea de raza”. Le dije: “Bueno, igual no iba a dártelo sin un certificado de que eres la pariente directa de una reina”. © Natalia Alyoshkina Moliva / Facebook
  • Soy una mujer bastante menuda. Cuando la gente “considerada y con buenos modales” me pregunta por qué soy tan pequeña, respondo: “A algunos Dios les da más altura, y a otros les da más cerebro”. © Zoya Larionova / Facebook
  • A la extraña pregunta: “¿Por qué tu hija no se parece a su madre?”, mi marido siempre respondía: “¡Nos cambiaron la madre en la maternidad!”. © Alexsandrina Alex / Facebook
  • Entré al ascensor y detrás de mí subió una mujer con bolsas. Mirando al número de piso que yo estaba marcando, me dijo: “¡Oh, así que eres tú quien pone la música a todo volumen!”. Y yo le dije: “Oh, ¿eres tú la que camina por el departamento en tacones desde las 5 de la mañana?”. Ella se calló. Por cierto, yo no escucho música en casa, y una de mis vecinas sí camina con tacones a las 5 de la mañana. © Irina Demidova / Facebook
  • En el supermercado, estaba poniendo los productos en mi bolsa y la clienta que estaba detrás de mí, que debía tener prisa, me dijo: “¿Podrías hacerlo con más alegría?”. Dije: “¿Qué quieres que te cante?”. © Lina Sova / Facebook
  • Una vez se me acercó en la calle una mujer que no conocía y me dijo: “Esta no es tu hija, es adoptada, ¿no es así?”. Le dije que no, que era mía, pero la mujer empezó a argumentar que no se parecía a mí y que era obvio que era adoptada, y ¿por qué negaba lo evidente? Aparentemente no consideró en absoluto la posibilidad de que la niña pudiera ser más parecida a su padre. Al final, después de varios intentos fallidos de deshacerme de ella cortésmente, tuve que comportarme con descaro y decirle algo así como: “Tú tienes el cerebro adoptado”. Menos mal que mi hija era una bebé (de un año y medio) y no entendió nada de esta conversación. © Galina Tazmania / Facebook
  • He engordado bastante, lo sé. Se me acercó una clienta y me dijo frente a toda la gente que estaba en la tienda: “¿Estás embarazada?”. Todos me miraban. Le contesté: “No. Solo aumenté de peso. Pero por alguna razón, a los demás les preocupa mucho”. © elena panasenko / Facebook
  • Di a luz a los 40 años y no me avergonzaba si me llamaban abuela. Simplemente respondía: “Soy la mamá. Ella es mi hija”. Y luego la gente se avergonzaba y se disculpaba por su falta de tacto. © Maria Semka / Facebook
  • Mi hermano y yo nos llevamos 12 años, yo soy la mayor. Cuántas veces he escuchado a la gente decirme con indignación que yo, tan jovencita, diera a luz, y seguramente sin marido. Solía enfadarme mucho hasta que mi padre me enseñó a responder: “Y todavía no has visto a mi hijo mayor”. Normalmente, todo el mundo se callaba después de eso. © Ilona Dabriyan / Facebook
  • Tenía unos 40 años. Un día fui a un centro comercial y me gustó mucho el escaparate de una tienda de moda. Entré y empecé a mirar, cuando de repente la vendedora (una joven de unos 25 años) me dijo: “¡Aquí no hay nada para tu edad!”. Me sorprendió e incluso me confundió un poco esa “cortesía”. Le contesté: “Es obvio que tú tampoco te vistes en esta tienda”. Me fui sin comprar nada allí. © Lala Zhukova / Facebook
  • Yo trabajaba en una tienda de carretera. Uno de los clientes, al negarme a dar mi número, me dijo: “¿Pero qué te crees? ¿Te has visto? Tienes un aspecto sumamente rural”. “Bueno, tendré que usar este”, dije. © Olga Resitskaya / Facebook
  • Varias veces en las tiendas me he encontrado con un grosero “no tenemos nada de tu talla”. Siempre respondo: “¿Parezco una persona totalmente sola? ¿Tampoco podría tener hijos? ¿Piensas que no tengo a nadie a quien comprarle ropa, excepto a mí misma?”. © Natalia Pechenko / Facebook

¿Cómo respondes a las preguntas sin tacto?

Imagen de portada Yulia Isakson / Facebook
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