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13 Historias sobre la traición de amigos, tras la cual, las personas tardaron mucho en recuperarse

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Los amigos son como una segunda familia y, a veces, incluso la primera. Les confías tus secretos más íntimos, tus problemas, tus alegrías y, en última instancia, toda tu vida. Y no esperas que ellos respondan con una sola pizca de maldad o traición. Pero, desgraciadamente, sucede, y normalmente, cuando más desprevenido estás.

Cuando las personas no tienen con quien compartir sus desdichas, lo hacen a través de Internet. Genial.guru leyó muchas historias tristes y decidió compartir las más impactantes para que puedas verlas desde fuera y comprobar si a tu lado se encuentra algún “amigo” de este tipo.

  • Mi esposa tenía una amiga. Esta, a menudo, venía de visita y siempre pedía algo. Veía alguna cosa y empezaba su canción: “¡Oh, qué bonita! ¡Me gustaría tener una así!”. Nosotros vivimos bien, por eso mi esposa, con frecuencia, le regalaba estas cosas. Y hace poco, nos enteramos de que esta amiga las vendía en páginas de segunda mano. © Vipman84 / Pikabu

  • Mi amiga, llamémosla Irene, y yo éramos muy unidas desde la escuela y ahora tenemos ya 32 años. Una vez pasé por un período muy difícil en la vida, donde cometí muchos errores. Por ejemplo, justo tras conocer a un chico, acabé en su cama. Fue en la primera cita. Sentía mucha vergüenza por lo ocurrido y se lo conté a mi amiga. Entonces, un día, Irene me escribió que había conocido a un joven que, después del primer momento íntimo, la dejó, asegurando que una chica decente no llegaría a eso en la primera cita. Por supuesto, en esta conversación escrita también me acordé de mi caso. Para que mi esposo no pudiera leer esto, iba borrándolo todo de inmediato. Pero mi “amiga” hizo capturas de pantalla de esta conversación escrita y después se lo mandó todo a mi marido. Tuvimos una discusión grave, porque mi relación indecente quedó al descubierto y a mi esposo le molestó mucho, a pesar de que esta sucediese mucho antes de que él apareciera en mi vida. © Escuchado por casualidad / Zen.yandex

  • Un amigo mío de la infancia estaba a punto de casarse y quiso celebrar su boda, no en nuestra pequeña tierra natal, sino en la capital, donde, justo en ese momento, vivía yo. Yo tenía mi propio departamento, por lo que me lo pidió para alojarse allí junto a su futura esposa. Decidí no molestar a los novios, por eso mi esposa y yo nos mudamos por una semana a la casa de sus padres. ¡Qué no harías por tu mejor amigo! Cuando solo quedaba un día para su boda, sospeché que algo andaba mal: mi amigo no me llamaba, desapareció como si lo hubiese tragado la tierra. Me dirigí a mi casa, ya era el día de la boda. Al ver el departamento, me quedé de piedra: suciedad, un desorden como si se hubiera celebrado una “buena” fiesta. Llamé a mi amigo, pero él no me contestó. Al día siguiente, conseguí ponerme en contacto con él. Respondió a mis preguntas diciendo algo así: “Vaya, se me olvidó decirte que había dejado las llaves del departamento al conserje”. Más tarde, a través de nuestros amigos en común, me enteré de que ni siquiera tenía pensado invitarme a su boda (su futura esposa quería ver en la celebración solo a sus propios amigos), sino que simplemente quería pasar un tiempo en mi departamento y celebrar su boda según tenía planeado. Ni tan siquiera sé quién de ellos era más raro: si mi amigo o su esposa. No hace falta decir que ya no tenemos relación alguna. Por cierto, se divorció de su mujer y volvió a llamarme, proponiendo quedar. Pero ya no me apetece.

  • Decidí hacer negocios y alquilé a un amigo un hueco en su tienda. Este me puso un precio simbólico de 10 USD por el alquiler. Y, a cambio de eso, lo ayudaba con las reformas. Poco a poco, mi negocio empezó a ir cuesta arriba, y de repente, mi amigo me planteó algunos cambios respecto al precio. Paulatinamente, su sed comenzó a aumentar. Un día le llevé el dinero del alquiler (en ese momento, ya era de 300 USD), y mi amigo me dijo: “Decidimos aumentarte el pago, desde enero [ya era mayo], así que me debes más”. Finalmente, me fui de la tienda de mi amigo y alquilé otro local cerca. Él se espabiló y empezó a vender el mismo producto que ofrecía yo. Ahora somos competencia. La amistad perdió en la batalla por el dinero. © 5065 / Pikabu

  • Un montón de “amigos” le contaron a mi ex, que me perseguía, dónde estaba yo y cómo llegar hasta mí. © FluffyMonster / Pikabu

  • Lucía y yo trabajamos en el mismo despacho. Éramos amigas y pasábamos mucho tiempo juntas fuera del trabajo. Todo comenzó a deteriorarse cuando nos pusieron a un nuevo jefe. Lucía todo el tiempo hablaba solo de él, mientras que yo no exponía mis sentimientos hacia él. De repente, Antonio (el nuevo jefe) comenzó a entrar a menudo en nuestro despacho para charlar con nosotras. Pensé que le había gustado Lucía y decidí dejar mi empleo. Pero mi jefe solo se puso muy contento, diciendo que ahora podría, por fin, invitarme a una cita. Finalmente, Antonio y yo empezamos a vivir juntos e iniciamos los planes de boda. Lucía, al enterarse de nuestra relación, se puso muy molesta. Tres días antes de la boda, nos invitó a mí y a Antonio a cenar a su casa. Después de esto, los dos empezamos a sentirnos mal y tuvimos que llamar a una ambulancia. Al día siguiente nos dijeron que sobrevivimos de milagro. La boda tuvo que aplazarse. Lloré y lloré. El día en que debía ser la celebración, me visitó Lucía:

    —Lucía, comimos algo en mal estado en alguna parte. Tuvimos que aplazar la boda —yo no podía contener las lágrimas.
    —¿En qué sentido “en alguna parte”? Lo han comido en mi casa —Lucía se rio con maldad.
    —¿Qué quieres decir?
    —Hipócrita, ¿qué pensabas? ¿Qué me quitarías a mi hombre y serías feliz? ¡Ni hablar! ¡Los envenené a ustedes dos para que la vida no sea de color de rosa! Esto es la venganza y la justicia, amiguita mía. © historias femeninas / Zen.yandex

  • Ella comenzó a salir con mi novio. Cuando le pedí que dejara de hacerlo, me contestó que ya estaba cansada de hacer felices a todos los demás y que llegó su hora de ser feliz. © Bubblicius / Reddit

  • Tenía una amiga de la escuela, vivíamos en la misma ciudad. Me fui para ingresar en la universidad en la capital, mientras que ella se quedó en nuestra ciudad natal. Se convirtió en peluquera y yo, informática. Siempre que visitaba mi tierra, nos veíamos y ella, por supuesto, me cortaba el pelo y me lo teñía por un precio asequible. Una vez más estuve en el sillón de su peluquería y, por alguna razón, el rostro de mi amiga carecía de alegría desde el principio. Eso no me detuvo ni me hizo sospechar nada. Traté de averiguar cuál era el motivo. Me respondió con un silencio. El resultado de mi peinado superó todas mis expectativas: cabello quemado que casi se me caía de la cabeza. Prácticamente, comencé a sollozar. Le pregunté: “¿Qué has hecho con mi pelo?”. Y ella me miró así, de arriba a abajo, y me contestó: “Lo que te merecías. ¡No deberías ir a otros peluqueros en la capital para que te corten el cabello! ¡Ahora quédate calva, una buena lección para ti!”. No hace falta decir que, tras este episodio, no tenemos relación alguna.

  • Un amigo me presentó a su amiga en una fiesta. Me gustó, así que le pregunté si a él le importaría si yo empezaba a intentar algo con ella. No tuvo nada que objetar. Disfrutamos de una gran cita ella y yo. Al día siguiente, mi amigo me llamó y dijo que la dama había perdido su interés en mí, pero no sabía cómo cortarlo de manera cortés, por lo que le pidió que me dijera que ella ya no esperaba mis llamadas. Un par de meses después, me emborraché en un grupo de amigos y entonces decidí llamarla. Resultó que fue mi amigo quien le dijo que yo ya no estaba interesado en ella y que ya no volvería a llamarla. © FluffyMonster / Pikabu

  • Una familiar mía tenía un bolso de piel muy bonito, el cual llevaba solo en ocasiones especiales. Entonces, un día, quería ir de visita, abrió el armario para sacar su bolso y se sorprendió: allí estaba su favorito, pero su aspecto se veía algo gastado. Mi pariente estuvo perpleja, preguntándose qué tipo de magia era esta, para luego darse cuenta: una amiga suya, que la visitó por el Año Nuevo, tenía un bolso igual. Solo que esta lo usaba todos los días, por lo que su aspecto era mucho más deslucido. La amiga reemplazó a escondidas el bolso de mi familiar por el suyo desgastado con la esperanza de que esta no notaría el cambio. Realmente, pudo darse cuenta solo 4 días después. Llamó a su amiga, y esta, por supuesto, lo negó todo: no sé nada, no me llevé ningún bolso. © Юля Инамора / Zen.yandex

  • A los 15 años, tenía botas de invierno muy resbaladizas. Un día, mi mejor amiga y yo quisimos ir a una discoteca de la ciudad. María, por supuesto, se hizo la manicura. Mientras que yo me puse esas mismas botas porque eran las únicas que tenía. Entonces, caminábamos cuando yo, de repente, me caí hacía atrás con fuerza, sobre el hielo, dándome contra este con la nuca y provocando un sonido muy fuerte. Tras pasar un par de minutos, pude volver a ver este mundo, y con este, a María. Ella, por supuesto, se reía. ¿De qué te sirven los amigos si no puedes reirte de ellos en estos momentos? Intentando levantarme, me di cuenta de que no podía darme la vuelta sin un apoyo adicional. Estiré la mano hacia María y le pedí ayuda. Me miró pensativa, luego se fijó en sus uñas recién pintadas. Después, otra vez, me miró a mí y, de nuevo, a sus uñas. Y por si acaso, retrocedió para que yo no agarrase su mano por mi cuenta. © Makovkat/ Pikabu

  • Esto pasó en la escuela, en el último año. Yo era una persona que pasaba desapercibida, miesntras que mi amiga era la estrella de la escuela. Ambas soñábamos con un hermoso vestido para la fiesta de graduación, así que a menudo íbamos de tiendas juntas para encontrar ese “mismo” vestido. Me gustó uno, pero mi amiga me dijo que no me quedaba del todo bien y el color, además, añadía demasiada sencillez a la imagen. Pero no le hice caso y me compré aquel vestido. Me quedé aterrorizada, envuelta en una pesadilla, cuando en la fiesta de graduación vi a mi amiga con un vestido igual. Los compañeros de clase se le acercaban, diciéndole cumplidos y de mí tan solo decían que había copiado la imagen de mi amiga, qué perversa era yo, añadían. Tras recibir el título, me fui corriendo a casa y lloré toda la noche. Sin embargo, este incidente hizo que empezase a dibujar bocetos de vestidos y de otros atuendos, me gradué de la universidad en esta rama y me convertí en diseñadora de moda. También comencé a tomarme con más consideración la elección de mis amigas.

  • En los últimos años de la secundaria, me enamoré de un chico guapo y secretamente suspiré por él durante un par de meses. Cuando por fin decidí pasar de los “encuentros por casualidad” a tomar la iniciativa, mi mejor amiga me dijo que llevaba ya un mes saliendo con él. A mi sincera indignación, ella respondió: “En todo caso, no están hechos el uno para el otro. Lo hice para protegerte”. En ese momento, mi mundo se resquebrajó de manera significativa. © EvaMartina / Pikabu

En tu vida, ¿alguna vez, tus amigos cometieron acciones indecentes de este tipo? ¿Cortaste con ellos enseguida o les diste una segunda oportunidad?

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